‘Chabelita’ Pantoja es una auténtica hija de su madre. Al
menos ha heredado de la tonadillera la capacidad de encadenar escándalos y
portadas del corazón. No había cumplido la mayoría de edad y una cuenta atrás
presagiaba que en Cantora había un bombo y platillo de chismes. Ahí empezó su
escarceo con la socialité bizarra, inaugurando los 18 siendo madre y con un
machirulo de dudosa reputación. Desde entonces su vida ha sido una sucesión de
hechos informativamente absurdos, pero de cuantioso cotilleo. Eso sí, dando un
pésimo ejemplo como joven expuesta al público. Sin estudios ni ganas de llevar
una vida activa, dando bandazos a golpe de exclusiva. Su madre poco podía
reconducir la situación, rejas mediante, aunque se ve que la muchacha atiende
poco a razones. Se gasta un genio importante, que no es directamente
proporcional a su madurez. El caso es que el otro día se hizo un ‘Deluxe’, que
no es ninguna salsa, sino el programa que costea el surrealismo patrio, su
marido veinteañero. Un chico que aparecía devastado por las infidelidades
(siete que supiera) y los meneos emocionales de la celebrity-teen.
Su relato se
elevó a la categoría de ‘imprescindible’ y los dientes de los colaboradores se
afilaron hasta infinito. Con los euros frescos y el despecho en el ídem el
insípido entrevistado repasó sus cuitas más vergonzantes. Y es que, al parecer,
su mujercita no le ayudaba a superar la cornamenta, es más le torturaba con la
dotación (genital) de los amantes. Todo muy rosa. Lo triste fue comprobar cómo
pusieron sobre el plató un tema tan doloroso como el de la Violencia de Género.
Con demasiada frivolidad se contaron chantajes con fotos explícitas, llamadas a
la Policía, vídeos de arrepentimiento… Tremendo que se trate con tanta ligereza
un drama nacional, con la cifra sangrienta de víctimas. Rotular el 016, número
de atención a las mismas, no justifica semejante amarillismo. Tampoco pensar
que alguien pueda jugar a extorsionar así a su pareja y asegurarse un titular
de suculento cheque. Quiero pensar que la juventud actual no está tan
intoxicada por tan patéticos rituales. El maltrato no se puede normalizar, como
tampoco el burlarse de una persona y restregar la intimidad sin pudor. El amor
es otra cosa. Puede que Isabel Pantoja no sea el mejor ejemplo, si es que ha
contado todo su historial a su pequeña del alma. Su hermano, en fin. Ni tampoco
todo ese círculo de interés, de montajes y dientes, dientes.
Nos hemos malacostumbrado a consumir historias y personajes
que dicen muy poco de los valores sociales. Carnes de memes, tertulias de risotada
o grupos de WhatsApp. Mi miedo es que esa generación a la que pertenece el ridículo
matrimonio asuma esos vacíos como propios. Quizá sea muy negativo al pensar que
la deshumanización se ha apoderado de nosotros, pero es que asomándote a
cualquier pantalla se muestra ese reflejo. Seré un intenso o un aburrido a los
ojos de quien gusta del escarnio, la torticería y esa maldad sin edulcorar. No
entiendo que alguien monetice el querer y su bragueta. Menos que así acumule
poder mediático y seguidores que aplaudan sus idas y venidas. Estos críos,
incluso con uno a su cargo, han banalizado su realidad. Alguien adulto debiera
cortar de raíz este tormento, sin conexiones en directo o filtraciones a
periodistas afines. Porque ellos habrán encendido la mecha, pero todos hemos
contribuido a que su bola se haga más grande. Tanto que la aquí protagonista
dice (previopago) haber vuelto con el machirulo de los orígenes que contó lo
más grande de ella y su familia en la tele, se casó con una ex de su hermano DJ
(¿?) y se desnudó sin vergüenza alguna. ‘Chabelita’ y su libre albedrío.
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