miércoles, marzo 25, 2020

¡Quiero rollo!



De expresión refrotíl cani a mantra social descontrolado. Es curioso cómo el papel higiénico se ha convertido en bien de ansiedad compartida. Nadie lo señaló como imprescindible en la prevención, espontáneamente los consumidores lo auparon a la categoría de tesoro. ¿El resultado? Estantes y palés vacíos de contenido. Rollos ocupando espacios y despensas en modo apocalíptico. Y el humor como la evasión más terapéutica en estos tiempos para olvidar. Con su uso ciertamente inverosímil asegurando la carcajada. Porque otra cosa no, pero la guasa está más despierta que nunca. Es un antídoto al margen de la investigación, brota libre y estimula a la masa. De retos cual balones a plantaciones ecológicas. Todo vale para voltear el papel común y divertir. Dado el entretenimiento se justifica lo insólito de su exceso. Que unos cuantos metros de celulosa ocupen titulares y conversaciones resulta raro. Siempre que haya abastecimiento parece que el fenómeno seguirá vivo, más allá de su uso establecido.

Suma y sigue. En las escasas incursiones a los comercios de primera necesidad nos cuentan que protagonizan compras y más compras. Poco importa si son de marca blanca, triple capa o efecto seda. La pasión por acumular justifica cualquier variedad. Me interrumpo para hacer recuento y aplaudo que los míos no han perdido el juicio. Habemus cantidad, pero en pocos días me temo que necesitaremos cruzar los dedos y que las existencias den una tregua. Supongo que habrán subido los precios y ahora la limpieza personal sea un bien de lujo. Las paradojas no tienen fin ni con el confín. La mía tampoco, pues mi cabeza vuela sola y piensa nuevos usos al papel, más allá de lo que se impone redes mediante. Si fueran las últimas hojas escribiría esa carta pendiente a corazón abierto. La suma de letras que impondría paciencia y trazo fino. Sin remitente, con las emociones a prueba de malos rollos. De sello, un latido sincero. Es pura imaginación. Como dibujar nubes con infinitos cortes. Así, llenaría los techos con un cielo hiperbólico y lleno de melancolía. Para construir ese escenario de cuento que daría otra oportunidad a mi niño interior. El que vive atrapado y pide respirar. Ahora, difícil.

Abro los ojos o casi cuando me entero que la insólita acumulación avivó un incendio en Granada. Papelón, papelón. Incluso hay inventos que calculan el tiempo útil de tus provisiones. Me imagino a la gente haciendo esa matemática e imponerse llenar un carrito por evitar el vacío. Los expertos hablan de comportamiento global, cuando yo pensaba que era una rareza nuestra. La higiene es básica para evitar el contagio, pero en los protocolos recomendados se habla de más de papel desechable que de enrollarse con los botines de rollos. Y no puedo evitar pensar en los trabajadores que reponen de pequeñas a grandes superficies. ¿Se asegurarán un buen número antes de colocar el género? ¿Pensarán que sus clientes están locos perdidos? Sin duda, este papel estaba escrito para el higiénico y lo está bordando.

martes, marzo 24, 2020

Azar confinado



No vale pensar que el encierro nos pilló por sorpresa. Otra cosa es que nadie quisiera ponerse en lo peor y asumir que llegaría el fatídico momento. Era inevitable compartir drama con tantos, porque en esto no existían fronteras. Llegó y nos golpeó fuerte. Aún sigue haciéndolo, porque la curva se resiste. Maldita, maldito. Es difícil desconectar de sus efectos. Si recurro a las palabras es porque no conozco mejor terapia para volcar emociones, rabia, incluso miedos. Pienso mucho en historias y protagonistas, nada nuevo, pero algo ha cambiado. O más. Puede que sea el total desconocimiento, el mismo que nos impone el ahora como motivación. ¿Error o supervivencia? Admito que sigo impulsado por un no sé qué, qué sé yo. Imperfecta definición que me tiene inquieto. Procuro abstraerme y son las teclas las que hacen el resto. Pienso que este episodio se escribe de mil maneras. Estos días la compañía se cotiza al alza, aunque sea a través de una pantalla. Y es que las distancias pesan quintales. Más si el azar ha querido que la cuarentena se sufra en soledad. Lo que en otro momento hubiera sido un ejercicio de autoconocimiento y desconexión, ahora se convierte en una prueba compleja. De nada sirve caer en la negatividad, pero la psicosis tiene una sombra demasiado alargada.

Soy débil. Siempre lo fui, más cuando la tensión marca el ritmo. Así que dudo de mi capacidad para vivir solo en un percal como el que nos ocupa y preocupa. Podría tirar de recursos e ingenio, pero me abatiría entre las paredes de esta escenografía asfixiante. Suerte de mí porque el destino me pillara en convivencia, lejos de mi espacio propio. Allí dejé muchos sueños e ilusiones, aquí me inspira el saberme querido en pocos metros cuadrados. Basta una sonrisa para entender que todo encaja. Y sí, pienso en quienes no pueden contarlo en suma. Con un yoísmo forzoso. La tecnología permite minimizar daños, pero me entristece especialmente que muchos mayores se hayan visto confinados sin remedio. Porque no hay arruga que soporte esto, por mucha biografía intensa. Tiempo sobra. O no. En su caso, avocados al riesgo, más vale extremar las precauciones y cuidar de ellos. Aunque sea poniendo los besos y abrazos entre paréntesis. El material sensible puede esperar cuando se trata de seguir contando esta fábula de final en el aire.

Nos atormentan muchas preguntas sin respuesta. El sentido de la vida misma está en entredicho. No hace falta ser un líder de la intensidad para cuestionarse los hechos y el provecho que semejante vaivén tendrá en nuestra esencia. Esa que no distingue de clases sociales ni acentos. Por eso es importante articular un todos sin fisuras para finiquitar cuanto antes el reto. Aupando a nuestros héroes sin capa que curan, alimentan, patrullan, limpian y un largo etcétera con el convencimiento de hacer lo correcto. No han tenido ocasión de tomar aire y calcular el contexto. Han hecho de la valentía su compromiso más sincero. Se merecen más que aplausos, porque encaran el peligro con una fuerza inhumana. Y, agotados, vuelven a casa. Convirtiéndose en personajes tan frágiles como el resto. Sometidos a las cifras y tantos testimonios que duelen como propios. Con la esperanza de un continuará que debemos conjugar entre todos.

lunes, marzo 23, 2020

Los otros



Nos rodeamos de semejantes para construir nuestro particular universo. Y es que somos una sociedad en suma que hace lo propio para escribir su camino. Aunque fuera de nuestros círculos hay más personas, esas mismas que obviamos hasta que se produce el punto de giro. Una metáfora demasiado simplista para lo que nos toca vivir. La pandemia global también es un escaparate del absurdo atomizado. Esos pocos que hacen mucho ruido con sus acciones cuestionables. Por más que el mensaje de excepción haya vaciado nuestros escenarios cotidianos, aún quedan irresponsables que juegan a saltar toda norma con tal de pasearse como de costumbre. El sentido cívico se diluye en estos fenómenos extraños que burlan la alarma, poniendo en peligro esta marea de solidaridad. No se trata de un juego, aunque lo parezca, porque aquí las vidas no son infinitas. Que se lo pregunten a tantas familias que despiden a seres queridos como nunca se hubieran imaginado. Con un dolor marcado por esta distancia que nos confina.

Nadie duda de la extraña sensación de aislarse y dejar que el calendario haga el resto. Aunque bien diferente es dejarse llevar por las excusas para cruzar la puerta. Los medios informan de denuncias y casos insólitos. La vergüenza no va por barrios y el sentido moral tampoco. Porque el virus nos iguala. Es lo que puede no alcancen a ver esos que hacen de sus idas y venidas un sainete. El miedo, la incertidumbre y la indignación son materia común, pero nunca un arma arrojadiza que puede complicar las cosas. La decencia se demuestra a puerta cerrada. Todo lo demás sobra. Como sobran quienes sacan su peor cara y delinquen aprovechándose de los más débiles. Intentos de robo, estafas telefónicas o correos virales son ejercicios patéticos de un mundo que no funciona. Algo habremos hecho mal hasta ahora si en medio de tanta desolación reclaman su denunciable sitio. Son esos otros desconocidos los que protagonizan los peores instintos. Sin justificación, con una humanidad a prueba de cuarentenas.

Si ya es difícil aceptar el hecho coronado, asistir día a día a tantas muestras de estupidez gratuita o maldad insólita nos resulta desolador. Es una pena perder energías en asimilar este lado oscuro. Nos necesitamos fuertes y conscientes para afrontar cada última hora. Unidos frente el baile de cifras que apaga esta primavera, más gris que nunca. Es lógico volcar la rabia, no callar y hasta denunciar desde los balcones. La educación nos retrata, el resto nos resta. Y no queremos una matemática imperfecta que nos lastre. Bastante tenemos con digerir los positivos. No caben negativos ni titulares fuera de contexto.  

domingo, marzo 22, 2020

Parece que fue ayer



La imaginación nos ayuda a reinventar los días raros. Tendremos que exprimir al máximo nuestra capacidad de aguante, sostenernos y evitar que lo peor nos minimice. Y es que las noticias imponen más a más. Asistimos incrédulos a la inhumanidad con todo tipo de pruebas, pero nos consuela pensar que los aplausos sanitarios y comprometidos retumban en los corazones. A esos otros irresponsables les resbala el estado excepcional que compartimos. Ajenos a lo común, que es el dolor y la incredulidad por vivir esta realidad tan de ficción. Así, vuelvo al último día de calles pisadas y miradas anónimas. Llevaba tiempo mascando la posibilidad de caer en la pesadilla, pero nunca hubiera apostado por despedirme, de repente, de lo cotidiano. Y eso que confieso que entonces hubiera firmado una huida terapéutica, pero nunca así.

Madrugué más que de costumbre y acepté que el calendario marcaba consulta médica. Mi cuerpo reacciona con rechazo a todo lo que se traduzca en hospitales y salas de espera. La biografía no perdona y la desgana me podía pensando en cumplir con una nueva cita. Cuatro letras que hubiera preferido reformular en buena compañía, pero se trataba de salud y avanzar. El miedo ya convivía con todos y las distancias empezaban a definir los momentos. Éramos pocos los llamados a consulta con una recepción en aparente normalidad. El silencio se rompía en conversaciones olvidables con apariciones estelares del hecho coronado. Las agujas del reloj bailaban con su coreografía acompasada, pero parecían más torpes esta vez. Y entonces mi nombre llenó aquellos metros cuadrados de incertidumbre. Me levanté y seguí los pasos del doctor. Joven, de atuendo informal y sonrisa espontánea. Su despacho era impersonal, pero su carácter afable llenaba los vacíos. Fue una conversación amable, cercana, productiva. O al menos eso quise interpretar. Pensándolo con distancia, no fue un mal punto y aparte del hecho social. Porque poco después volví a casa e hice de ella mi particular fortaleza.

El tráfico rugía en la ciudad y las rutinas parecían desoír los ecos de lo que estaba por venir. Seguramente que de haber sabido que era la despedida hubiera alargado al máximo las posibilidades y no hubiera perdonado abrazos que ahora duelen por lejanos. Como yo otros tantos, diría que todos, hubieran reformulado esas horas antes de encerrar la piel y privarla de otras. La supuesta normalidad podía ser un lastre para cualquiera, pero nada como la jaula de cuatro paredes que asfixian hasta la sociedad misma. Presos de la incertidumbre y las medidas que alertan de consecuencias de pésimo encaje. En ese ayer marcado a fuego, todo parecía lógico y oportuno, con la cadencia de los hechos sin última hora. Hermano pequeño de este hoy angustioso y lleno de dudas sin mascarilla. Nos lavábamos las manos por buenas costumbres y ahora lo hacemos como sinónimo de vida. Sí, todo ha cambiado. Nosotros, más. Y desconocemos cuál será el siguiente capítulo, como yo no adiviné que mi médico fuera protagonista de estas letras. Mucho menos que su profesión fuera el faro que nos ilumina en este mal sueño. Su lucha contra el elemento merece un capítulo propio, desprovistos de capa, pero con una heroicidad a prueba de tristes positivos.

sábado, marzo 21, 2020

Los besos perdidos



No recuerdo que nos enseñaran a gestionar las emociones. Con los años hemos tenido que adivinar cómo se articulaban y nos hacían personas. En este momento coronado que nos tiene como extraños en nuestro paraíso del hogar, tecleo por la necesidad de compartir las ausencias. Esos latidos robados por nosotros mismos que atormentan entre silencios. Cuando todo para, el corazón bombea más fuerte e impone su propia memoria. No es una confesión, más bien una descripción, si comparto mi yo más sensible. Desde pequeño, rodeado de cariño y mayores entregados, construí una personalidad abierta y sociable. Torbellino, supongo, pero emocionalmente libre. De ahí que siempre me gustara el contacto, el sentir y mostrar el cariño sin condiciones. Pronto entendí que no todo el mundo actuaba igual, incluso que el miedo se imponía al sincerarse sobre esos lazos invisibles. No hablo necesariamente de amor, que también, pero hubiera derruido tantos muros e inseguridades para que todo fluyera de otro modo. Defiendo que las relaciones han de alimentarse de verdades y, si se quiere, no hay nada de malo en verbalizarlo. Es más, ese nudo en el estómago y el sufrir la entraña significan que estamos vivos.

Sé que no tiene mérito el volcar toda esta intensidad aplicada al contexto, pero necesito contar que me arrepiento. Mucho. Como muchos son los besos perdidos que jamás recuperaré. Serán otros, puede que mejores. Ojalá. No los mismos, porque los dejé pasar. Y si lo son, estarán teñidos de nostalgia, incluso deuda. Eso no los invalidará, pero sí condicionará ese afecto contenido en cada ejercicio de darse a otros. O en singular, en el caso de la persona. Esa que habita tu balcón romántico, al que te asomas con la esperanza de reescribir la historia. Que te tiene sin palabras y protagoniza tus días, incluso en la distancia y el desconocimiento. No vale de nada predicar con el ejemplo cuando perdiste la oportunidad de expresar, compartir, amar. Podrás intentar traspasar las pantallas y recuperar ese tiempo que dejaste escapar. Las prisas, el estrés, esa vorágine imperfecta nos ha superado y ahora somos víctimas de nuestra realidad, por mucho que ahora parezca de ficción. El bicho nos ha dejado en evidencia, pero ganaremos esta batalla. Nos merecemos esa segunda oportunidad y cobrarnos los te quieros callados.

Sin duda, nos intoxica la sobreinformación, optamos por el entretenimiento y convivimos con el miedo. El impuesto y el que tratamos de aislar. Es momento de dar un paso adelante (figurado) y dejar que hablen esas emociones. De nada sirve guardarse para futuro cuando ni siquiera sabemos que tal cosa sea posible. No es negatividad, es instinto de supervivencia. Tienen que vencer las ganas de imponer esa mejor versión, sin filtros ni vacíos. Dejemos que el mal sueño tenga un efecto saludable. Y si se trata de besar, besemos. Que nada ni nadie detenga los sentimientos, mucho menos un virus importado. Lo que de verdad importa es otra cosa. Y sabiéndolo, no debemos frenar su naturaleza emocional.

miércoles, enero 01, 2020

Versión 20.20




Podemos decidir muchas cosas en los próximos 365+1 días que vienen por delante, pero mi mayor deseo es que abramos los ojos y el corazón a lo bueno. A veces cuesta verlo, incluso valorarlo, pero debemos hacer ese ejercicio, en lugar de empeñarnos en intoxicarnos para mal con personas o situaciones que nos restan. Aunque siempre fui de letras, apuesto por la matemática en positivo. ¿Cuento contigo? Será lo mejor para ti y para todos. Y lo sabes… #Feliz2020

miércoles, diciembre 25, 2019

#FelizVida



Hoy todos recibiremos muchos mensajes, memes y palabras directas de Google. Lo siento, me salto el protocolo y lo que me sale es desear más que una noche, gente buena. Porque con ella todos haremos de nuestra vida algo especial. Siempre. Y te lo mereces. Nos lo merecemos. ¡Que así sea! ♥

viernes, junio 28, 2019

Sigue el camino de baldosas arcoíris



Si alguien cuestiona el querer tiene un problema serio. Alguien decidió que fuéramos seres humanos y eso implica entender la diferencia. No tolerar, sino respetar y dar valor a los sentimientos, sean del color que sean. Lágrimas, víctimas, silencios, golpes... ¡Basta! Nadie merece que cuestionen el piel con piel que alimente sus días. Ni el corazón que dibuja en su árbol, sin importar quién protagoniza ese latido. Quiero que la libertad sea real, que los besos nos hagan sentir únicos y nuestras vidas sean emocionantes. ¡Sigamos el camino de baldosas arcoríris sin tener que sentir nunca más miedo!

¡Orgullo de tantxs!
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domingo, mayo 05, 2019

#MamáMía



Madres. En las malas y en las peores. Conjugando el querer con los siempres. Derribando miedos para construir familia. Heroínas decapadas, pero invencibles. Únicas por definición. Ellas. ¡Gracias tantos imposibles y más!

¡Felices días (todos) a las madres (todas)!

lunes, marzo 25, 2019

Así me quieras siempre



Desaprendí a contar los noes cuando entendí que nunca seríamos uno. Entonces se me paró el tiempo y pensé que ya nada volvería a tener sentido. Sí, vivía con el drama incorporado y en bucle hasta que llegó él. No pidió permiso. Sólo sonrió y dejé que su verdad me hiciera derretirme. Hasta entonces había asimilado que junto a la definición de corazón roto saldría ese retrato que me hiciste en playa. Nos creíamos felices y plenos, pero en realidad estabas planeando cómo acabar conmigo. Con todo. Pensarás que no tiene sentido escribirte, pero mis palabras son esa terapia que tanto te gustaba. Me pedías una frase cada noche, a modo de resumen, consiguiendo que el reto de lo cotidiano me resultara cada vez más difícil. Quería impresionarte, mostrarme creativo y talentoso. Pero tu aura era tan infinita, que me empequeñecía sin haber marcado un punto y aparte. Nunca fui capaz entonces, ahora he tomado la distancia que su salvavidas me ha marcado. ¿Te he hablado ya de él? Claro, lo estoy haciendo.

Seguro que a tus ojos sería un niñato soñador. Porque no oculta que son sueños su particular gasolina. Que se impulsa y brinca entre la realidad con pasión. En eso me recuerda a ti. Te admiraba tanto. Con él me pasa lo mismo. A cada segundo se descubre arrebatador y perfecto. Siempre hablábamos de dos mitades fundidas, como se quedó mi corazón en tu ausencia. Siempre te dije que no era bueno en los tránsitos y que los destinos finales me asustaban. Lo sabías y me abrazabas tan fuerte que me sentía protegido. Siempre. Contigo. Repito, el uno que nos arrebataste. ¿Por qué? Nunca alcancé a entender ese adiós que me vació. Recuerdo que te fuiste de casa como cualquier otro día. Un beso de labios cómplices y esa mirada que me hacía tanto bien. Y así firmaste nuestro adiós. Fundido a negro. Negro luto. Había quien me llamaba frívolo, pero es lo que sentía. Guardar el dolor y no aspirar a curar la herida. He vuelto con él a esa postal. A nuestros entonces y me ha gustado saber que entiende que nuestro fuimos jamás manchará este presente de luz. Porque si me pides una palabra para él, como tantas veces hacías con las personas que nos rodeaban, diría luz. La electrificante que me devuelve a la vida y la sobrenatural que le hace especial.

Ahora es cuando me confiesas que es el auténtico regalo de despedida. Que esperabas este momento para que me volteara feliz. Ciertamente, lo necesitaba. Y ha tardado en llegar. Me habrás visto caminar sin rumbo, perdido e incapaz de entender que mis momentos estaban huérfanos de dueño. Te pienso y dejo que te cueles por la ventana. Esa a la que te asomabas con cara de pícaro, desafiante y seguro. Sabrás que sigo en casa. La nuestra. No me resisto a despegarme de nuestra historia. Él escucha tus bondades y hasta habla de ti como si también le pertenecieras un poquito. Me conmueve. De vez en cuando se me escapa una lágrima espontánea y la hace suya con una delicadeza. ¿Pero era necesario? Aún suena el teléfono fijo y me estremezco. Mi grito se recuerda en el vecindario como anecdotario del dolor sin derrama. Esa la pagué yo solo. No necesitaba herencia. Quería tus caricias, los silencios, los domingos tontos. Todo. Te quería. Te quiero. Porque el querer nunca se elige. Lo sabías y lo sentirás estés donde estés. Gracias por tantos capítulos. No te pierdas este continuará porque no permitiré que él se vaya contigo. Otra vez, no.

Relato basado en (des)hechos irreales, ¡inspiración de aeropuerto!

sábado, enero 05, 2019

Pasado real



Este soy yo. Era pequeño y no sabía lo que la vida me iba a regalar. Sonreía y serpenteaba algunas palabras. Mírame. Seguramente nunca pensé en el futuro ni en las ausencias. Jugaba a ser mayor. Si pudiera compartiría muchas lecciones con este pequeño. Esquivaría problemas y lágrimas. Aunque le diría que conservar la esencia es justo y necesario. Porque vivir es un verbo y una elección. Y nunca es tarde para sacar brillo a la corona... ¡Felices Reyes y Reinas!

lunes, diciembre 31, 2018

¡Ojo con el 19!



Estrenamos folio en blanco y 365 días para que nuestras vidas nos sorprendan con una versión imperfecta, pero real. ¡Por un gran 2019!

lunes, diciembre 24, 2018

¡Spot, ho, ho, ho!



Nunca seré un chico de anuncio, pero mi mensaje lo es.

¡Feliz Navidad!

domingo, diciembre 02, 2018

¡Sí a vivir!



Vivimos tiempos confusos, en los que atendemos lo absurdo y descuidamos lo importante. Hay que saber protegerse y no dar nada por hecho. El desconocimiento es un enemigo a batir y el placer pasa por cuidarse. Hagamos del lazo rojo una decisión de VIHDA. Afrontemos los miedos con información y empatía con quien sufre el estigma. ¡Aprendamos a querer y entender en positivo!

domingo, noviembre 25, 2018

Radiografía del malquerer



No imagino cómo tiene que ser cambiar latidos por golpes. Besos por reproches. Miradas por miedo. Querer es otra cosa. Porque el maltrato nunca debió tener un día en el calendario ni una lista infinita de lágrimas negras. 

25 de Noviembre | Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

domingo, noviembre 18, 2018

Taras en bucle



Puede que las prisas nos lleven a radiografiar demasiado rápido a las personas. O que la experiencia permita identificar al vuelo cómo son. El caso es que llevo un tiempo compartiendo el mundo de las taras, las propias y las ajenas, descubriendo que nuestro grado de tolerancia es cada vez más reducido. Creo que nos perdemos mucho porque ese aguante ha menguado infinito. Somos seres llenos de miedos, rarezas y absurdeces que nos construyen, así que no hay nada malo en aceptar a los otros. Está claro que es importante conocerse y conocer, pero también entender y empatizar. Se nos olvida que las realidades cambian y muchas veces están ocultas bajo capas de superación. Ese ejercicio de seguir, pese a todo o todos, es muy sano. El recrearse no ayuda, por mucho que resulte un peaje necesario. Los últimos meses han sido convulsos, intensos y creo que han supuesto un aprendizaje que valoraré con el tiempo. Me quiero quedar con eso y hacerlo extensible a los demás. Porque la vida nos regala momentos y personas que no debemos relativizar, sino todo lo contrario. Para bien o para mal, todos somos unos imperfectos tarados.

sábado, octubre 13, 2018

¡Maldito ladrón!



Hace tiempo que empecé a mirarme desde fuera y pude sentir que no era quien me gustaría ser. Es más, no me reconocía. El maldito punto de giro, la mala decisión que pesó demasiado, el entonces que lamento, una mala suma que arrastro. El tiempo ha pasado (y pesado) demasiado desde entonces. Menguando el yo que construí honestamente y desdibujándome hacia un ser bastante triste. Reconozco que tengo mis momentos, que sé dar a ciertas teclas para no hacer del drama mi telenovela íntegra, pero siento que la trama principal ha mutado para mal. O peor. Voces ajenas, de gente decidida y valiente, asumen que todo es decisión propia, que la realidad muta al antojo, pero lo dudo. Asisto a mi infelicidad como espectador sufrido, ejerciendo de dramas. ¿Hasta cuándo? Convivo con el pellizco y la duda, absorto en mi drogaína.

El monstruo que me atropelló para siempre. Alimento su voracidad, incapaz de frenar el exceso, la obsesión y la nulidad que impone al resto de facetas. No me importa reconocerlo, porque de no estar en su jaula feroz, me empequeñezco más para volverme del todo insoportable. Necesitaría un mágico equilibrio, saber vivir, respirar y relajarme. ¿Por qué no te lo permites? ¡Reacciona! Es más, te lo has ganado, podrás pensar. Pienso que son los miedos los que me bloquean. Haciéndome ridículo, un desastre de dimensiones infinitas. Perdiendo mucho. Demasiado. Y todo por no saber gestionarme y relativizar. Triste, absurdo, patético. Todo y más. Obviando el egoísmo, por respeto al resto, por decencia y dignidad propia, tendría que ser capaz de recolocar las piezas. De liberarme y sentir, sin dobleces ni lamentos. Conozco la cara B y es dantesca, pero me empeñó en serpentear por el vértigo. ¡Qué cruel! Ojalá pudiera retroceder y reescribirme, porque he perdido mucho y temo que es tarde para actualizar la vida que me robé.

lunes, agosto 13, 2018

Mi princesa guerrera



La vida te pone en el camino de personas que te dan mucho sin pedir nada. Ella es así. Generosa y única, un ejemplo de buena amiga y compañera entregada. Compartimos muchos momentos que no merecen ser escritos, pero siempre sabremos valorar lo positivo y es que el tiempo nos hizo querernos y entendernos. Siempre cabal, con la palabra precisa y el consejo más sensato. Admiro su capacidad de reinvención y superación, sin perder la sonrisa por mucho que la realidad haya querido torpedearla. Saca una fuerza infinita y demuestra que no pierde su esencia, pase lo que pase. Es un gran ejemplo, pero nunca quiso serlo. Porque jamás necesitó titulares ni primeros planos, ella se conforma con ser y estar. Eso la engrandece porque sabe relativizar todo y hasta tomarse a broma ridiculeces supinas.

Es auténtica por naturaleza, eso viene de familia. No necesita filtros ni postureos. Quererla es fácil, porque su mirada tranquiliza y te da la paz que esconde su nombre. Hoy es su cumpleaños, pero no necesito motivos para reconocer y transmitir mi agradecimiento. Querida, has sabido entender mis miedos, siempre cómplice y cariñosa. Saltamos del mostrador a los días, con aliadas perfectas de caminos y brindis sin excusas. Somos así y así nos apoyamos. Habrá kilómetros de distancia, aunque la emocional es cero cuando nos vemos y el tiempo se evapora. Contigo quiero escribir capítulos enteros y reír por tonterías que nadie entendería. ¡No nos importa! Lo importante es ese vínculo que cual hilo invisible nos ata felizmente.

¡Te Quiero, Irena!

domingo, julio 01, 2018

Soy como tú



Hay miradas de muchos tipos. Unas te enamoran. Otras inspiran. Algunas provocan instintos malvados y crueles. Muchas te perdonan la vida. Tristemente, quedan de esas que te humillan con su golpe de vista. Me miran/nos miran por ser diferentes. Parece que aún cuesta asumir que la libertad es inherente a la persona y sufrimos desprecios por querer de otro modo. Ni mejor ni peor, porque los sentimientos no deben cuestionarse, sean del tipo que sean. Ni tengan un protagonismo fuera de la ‘norma’. Esa misma que por el mero hecho de mencionarse no deja de ser absurda. Porque cada la riqueza está en la variedad, en la capacidad de entregarse a la vida sin cortapisas. Estos días estamos inmersos en la celebración de un Orgullo LGTBIQ que sigue siendo muy necesario. Habrá referentes, armarios abiertos y visibilidad, pero no alcanza, ni mucho menos, a toda la sociedad. Aún quedan frentes oscuros, de discriminación e intolerancia.

Me ha alegrado mucho que en Santander se celebrara la primera manifestación con una ALEGA al frente, mucho más que una asociación. Un referente en la vida de muchas personas como yo. Hace muchos años alguien querido me animó a cruzar las puertas de su Centro Arcoíris y pude conocer a muchos iguales. Me emociono al recordar a aquel muchacho perdido, con necesidad de que le escucharan y entender la realidad que empezaba a despertar ante sus ojos. Agradeceré siempre aquella ayuda, las primeras piedras para construir mi identidad. Como aplaudo la lucha incansable de tantas y tantos que han hecho del activismo en Cantabria su constante. Que hoy en día pelean y logran ejercicios geniales como llenar las calles con un autobús multicolor, cargado de pasajeros desbordantes de amor y verdad. Imposible no recordar a quienes no están, pero desde su rincón en lo más alto observan que sus consejos no cayeron en saco roto. O que una Leticia Sabater haya puesto patas arriba el Río de la Pila con sus canciones innecesarias, pero ese talante arrebatador. Que llenara esa cuesta imposible también es una muestra de que otro Santander es posible.

Con más espectadores y las mismas ganas de mostrar orgullosos su talento compartí el concierto de OT, en el Bernabéu. Que los triunfitos sumaran discursos en positivo era otro motivo para celebrar que algo está cambiando. Son la nueva generación de ídolos y sienten que esconderse sería un error. Ya podían tomar ese camino más compañeros de profesión, encerrados en jaulas y asustados por el qué dirán. Pues dirán que eres persona, ames a quien ames. Como Cepeda al besar a Aitana. O Agoney al encogerse frente a un frío Raoul. La piel con piel no puede pasarse como las páginas de un libro. Ha de vivirse, aunque dé mucho miedo. Demasiado. Eso lo cuenta muy bien la película, del todo recomendable, ‘Con amor, Simon’. Fue especial compartir cada plano con alguien que nunca dejará de estar en el tráiler de mis días, pase lo que pase. Y disfrutar de una historia que retrata a quienes nos pensábamos enfermos, cuestionando esos pálpitos imposibles de frenar. Con momentos en los que cuestionabas todo y hubieras firmado dar la vuelta a la realidad. Cruzar no de acera, sí de pesadilla.

Porque no era fácil. Por mucho que tuvieras entornos en positivo, había microhomofobias duras de asimilar. Con los años toda esa maldad pasa factura y vuelve a martirizarte de la forma más tonta. Por eso es importante dar pasos, reeducar, implicar y compartir que no es un delito poner tu corazón a disposición de la vida. Con orgullo y pasión. No se olvida todo ese tormento, pero no merecemos castigarnos por nada. Activemos el modo ‘A quién le importa’. Así que aunque no esté en la multitud de Madrid los próximos días me sentiré allí de espíritu. Celebrando con los míos esas fiestas sin prejuicios, llenas de felicidad por ser. Y sí, soy como tú. Si lo dudas, te invito a conocerte.

viernes, junio 29, 2018

¡Qué orgullo!



Sentir no se elige. Humillar, agredir, intoxicar y despreciar, sí. Orgullo de tantxs que no pueden contar que la sociedad avanza, pero aún tiene mucho camino por entender.