miércoles, agosto 06, 2014

Salud



El latido de la ciudad va por horas. Sus habitantes, también. Hay quien de buena y primerísima mañana sale de casa a poner las calles. Entre ellos se conocen. Apenas cruzan miradas. Han asimilado cada ruido, cada rutina y ya poco rompe su esquema de días. Hoy me he sumado a su cruzada de realidad. He saltado de la cama y, de pronto, me he visto perdido en su universo. Absorto, imbuido del paisanaje particular, he decidido sentarme en un banco. Solo. Cerrar los ojos y dejarme llevar por los sonidos del despertar a un miércoles cualquiera. Subidas y bajadas de sonoridad como estados de ánimo imperfectos han sacudido mis entrañas. Cuando recobré la visión, algo cegado por el ejercicio de abstracción, me di cuenta de que no era el único practicando el ejercicio zen. A mi derecha, una mujer rondando los setenta, peinado semanal de peluquería, vestido dos piezas en flor, sandalias cómodas y joyas de amor a cuestas practicaba la meditación mañanera. O eso interpreté. Siempre he fantaseado con las historias ajenas. Pero la suya estaba servida en bandeja. Sólo me faltaba llegar a su monólogo interior. Que lo había. Entre inquieta y placentera, dejó pasar los minutos. Hasta que me di cuenta que verbalizaba entre dientes un mantra, rezo o palabrerío sentido. Al tiempo, acariciaba y daba vueltas a una alianza. Mucho más que un símbolo. Una conexión con su querer lejano, pensé. Qué emoción. La suya y la mía, por asistir a ese ritual tan auténtico. Quedan esperanzas para los descreídos de la cosa latida. En ese momento mi vecina anónima se levantó decidida. Había marcado su punto y seguido. Con destino ¿feliz? Sus pasos se encaminaron hacia el hospital que se levantaba a escasos metros. Sería su miedo, sería su talismán, pero era ella la protagonista de su propia historia. A su Salud lo comparto. Ojalá haya recibido buenas noticias.   
  

jueves, julio 31, 2014

Tanto



Hay muchas formas de terapia, pero perderme y encontrarme entre letras es mi salvación. No son sólo palabras, son retazos de verdad. Ejercicios no verbalizados que cobran alas en forma de teclas. Contengo demasiado, silencio por prudencia, pero intento aquí mostrarme sin ninguna doblez. Desprotegido, quizá. Atrevido, a veces. Inquieto, siempre. Mi esencia me pasa factura, pero seguiré en el esfuerzo de ser más fuerte. Podría contar mil historias, expresar tantas dudas, quejarme sin remedio, denunciar absurdos y surrealismos pero me gustaría limitar todo ese torrente y canalizarlo hacia la creación. Porque no pretendo caer en el drama, exhibirme en modo doliente. Pero sí construir, aprender y entenderme. Es la única manera de afrontar el horizonte con valentía y arrestos. No puedo permitirme divagar en terrenos en los que otros se recrean. Ni ser víctima de sus torticerías. De mi depende el trascender todo eso y caminar sin mochila molesta. Puede que mis metáforas y juegos de palabras se queden vacíos, incluso planos, pero mientras me sirvan de válvula de escape bienvenidos sean. Me queda tanto por decir que es momento de poner el punto y seguido.  

viernes, julio 18, 2014

Adiós, monstruo



Una lágrima marcó su fin. Densa, resumen de tanto dolor. La despedida resultó tan inesperada como el impulso amoroso que conectó aquellos polos opuestos. Ella se había convertido en una descreída de las relaciones. Cansada de promesas, buenas palabras y ejercicios inauditos de don juanes de pacotilla. Él supuso una bocanada de aire fresco, con su altanería y esa sonrisa de encantador de serpientes. Enseguida supo entretejer cada latido de arrastrada enamorada. Y llegado ese punto desplegó todas sus argucias de malo sin película. La primera bofetada consintió en anécdota. No tardaría en acostumbrarse a los golpes y los insultos. Revulsivos dolorosos en ausencia de te quieros. Su corazón se deshacía por momentos, pero era incapaz de huir. Se temía, ya no podía respirar sin sus bocanadas violentas. Callaba, obedecía y él machacaba su verdad. Se aprovechaba de esa dependencia nefasta. Eran dos caras de distinta moneda, ahogados en una suma imperfecta. Perdió toda su esencia, se desdibujó por obra y desgracia de su monstruo. Los pocos momentos que fantaseaba con otra vida, un amor sin denuncias, un felices para siempre, el contexto tornaba en infierno.

Era un día cualquiera, como todos para su martirio. Enlutada a sus treinta y pocos, confinada en los escasos metros cuadrados de su cocina. Su dueño llegó, siguiendo el guión de cada día, con unas copas de más y unas formas de menos. La empotró contra la pared y forzó el piel con piel. No tardaría en finiquitar su salvaje clímax. El hambre carnal despertó la fobia de ella. Hastiada de ser su juguete roto, desprendida de cualquier placer. Una vez servida su otra comida, emplatada a su gusto, prosiguió con su ritual de insufrible hombre de la casa. Una siesta separaba por un tiempo sus dos realidades. Sueño y nada. Aún aterida por su voracidad sufrió una reacción mecánica. Abrió un cajón, sacó un cuchillo y corrió hacia él. Una tras otra, cada puñalada era una respuesta, una deuda emocional pendiente. Como un cerdo, lo que era, él reaccionó entre sacudidas hasta que anuló la vida de quien hizo lo propio con ella. La sangre corría a su antojo a lo largo del sofá en el que estaba sentado. Pero en estado de shock se limitó a lavarse las manos en el fregadero, buscar una bolsa de la compra y envolver el arma blanca. Salió de casa con lo puesto. Lo tiró en la basura y fue a entregarse. De camino lloró, fue en ese preciso momento. Un fin que llegó demasiado lejos. Demasiado tarde.  

/// 016 Teléfono de atención a las Víctimas de Violencia Género ///

lunes, julio 07, 2014

Mi episodio 3.1



La mejor versión de uno mismo. ¿Un objetivo? O mucho más que eso. El tiempo nos recoloca y obliga a hacer balance(s). Más cuando el calendario impone soplar velas, acumular recuerdos y peinar canas de más. Durante 24 horas focalizas cariño, cercanía y buenas palabras. Y te das cuenta de que la fortuna se puede medir en algo más que números. Por suerte, siempre me he sentido muy querido y bien acompañado en esta aventura que es vivir. Pero ilusiona que tu gente, como concepto abstracto y peculiar, te dedique un tiempo de calidad, sea en el medio de expresión que sea. Porque así entiendes que algo habrás hecho bien en estas décadas que ya se van alargando. Porque no pierdes la emoción espontánea de abrir un regalo, de compartir una mirada cómplice. Siempre subestimé el peso de la cifra impresa en DNI. Pero es sumar y sentir su efecto. Seguramente porque las circunstancias no hayan jugado a mi favor, como ocurre casi en general. No estoy donde pensaba, pero tampoco me arrepiento de mi tránsito. Es más, algo me dice que todo puede cobrar un nuevo rumbo. Que si me escucho de una santa vez, que si actúo con honestidad con mi yo profundo, todo encajará. Son sólo sensaciones, tan necesarias para afrontar los días. Enarbolando la lucha y la verdad como valores personales, considero que en este episodio por escribir los párrafos serán tan oportunos como auténticos. Y para mí, lo más importante será el saberme respaldado por una familia única, el mejor ejemplo. Con unos padres que demuestran su espíritu intachable. Supervivientes natos y buenísimas personas. Unos hermanos siempre cómplices y con gran un futuro. Y mi otro núcleo familiar, el de mi gente, amistades históricas, nuevas incorporaciones, hermanas casi de sangre, equipos de trabajo que se convirtieron de vida. Gracias a todas y todos soy. Tres letras que debo y agradezco hasta infinito. Prometo seguir conjugando, sintiendo y entregándome.   

/// fotografía Borja Uría ///

sábado, junio 28, 2014

Orgullosamente



Estaríamos perdidos si el sentir fuera programado por ordenador. Nos llevaríamos las manos a la cabeza, víctimas de la invasión tecnológica, dueña de nuestros latidos. Lo espontáneo mutado a código binario. Pero por muy insólito, impensable o inalcanzable hay quien aplaudiría tal insensatez. De hecho, lo han intentado históricamente negando, condenando y rechazando la libertad emocional de muchos. Es triste que a estas alturas queden mentes tan obtusas que no entienden de respeto. Y sí, me centro en la celebración de los derechos de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales. De las personas que aman diferente. Con orgullo, con pasión, con libertad. Palabras huecas para los moralistas y antiguos, incapaces de esforzarse en tolerar. ¿Acaso va alguien a atacar su estructura de vida? No, pues que no hagan ese ejercicio cercenador con el resto. Los años me llenan de argumentos para pensar que todos esos neandertales no son más que víctimas. Encerrados en sus mundos opresores. Limitados por miedo a ser ellos mismos. No podemos permitirnos más silencios, ocultar nuestros besos, esas caricias impulsivas o las miradas de deseo. Así se da alas a los tristes de espíritu y sumamos peso a su impertinente negación. Desde mis primeros pasos de reafirmación personal, encuentros con luchadores adalides de la visibilidad, juergas iniciáticas, amores equivocados... mucho hemos avanzado. Lo sé. Tenemos una ley de matrimonio y hay muchas conquistas (necesidades) en cuestiones de salud si hablamos de VIH o disforia de género. Pero queda mucho camino por recorrer. Aquí y mucho más fuera de nuestras fronteras. Incluso más allá de Chueca y su arcoiris al viento. Un prestigioso psicólogo/sexólogo me decía hace unos días que ya no encuentra testimonios desgarradores de identidad como hace unos años. Sí de condena, de efectos secundarios por el rechazo frontal en familias o entornos propios o de la pareja. Imposibilitando así quereres auténticos, por la bajeza emocional de esos ¿seres? ¿queridos? No podemos permitirnos rebajar libertades, depositar en manos ajenas nuestra verdad. Violencia, insulto son manifestaciones de su incapacidad. Basta ya de hacernos pequeños. Queremos, somos y estamos orgullosos. Y si a ti no te gusta habla con tu mano o con tu armario. 

sábado, junio 21, 2014

Recuerdos



La memoria de la piel y las entrañas sobrecoge. Lo sentí el otro día al volver fortuitamente a los muros del colegio que me vio crecer. Al contexto donde empecé a escribir mi guión. Fue curiosa la sensación de nostalgia, angustia y emoción en miscelánea. Fotogramas de unos días felices (y no tanto) se agolparon en segundos, viéndome desde la distancia del paso del tiempo. Recordando las risas del patio, los nervios de exámenes, los amores sin besar, las conversaciones de mayores, los bocadillos rebosantes, los profesores emblema... No sé qué le diría a aquel niño que fui. Me quedaría callado, observando sus movimientos, siempre locuaz y dicharachero. Seguramente envidiaría su ingenuidad, sus ganas de comerse el mundo, su espíritu inquieto. Parte de él está, se resiste a abandonarme. Pero muchas otras volaron por lo destructivo de la realidad. Curiosamente poco después me encontré con un par de compañeros, ya hombres. Se hace raro asimilar ese cambio, es como si un experimento científico haya agrandado de golpe a uno de tus cómplices. Sin acabar de verlo como lo que es hoy, remitiendo aún a lo que era. Y no pude evitar sentir una desconexión total, una barrera que la vida ha levantado. Quien compartió contigo tanto, de pronto muta a perfecto desconocido. Y sí, juegas al bienquedismo, a las frases hechas, a programar un reencuentro que sabes nunca llega. Porque, ¿tiene sentido? ¿Hay que forzar algo sólo llevado por los recuerdos? Si algo echo de menos de mi yo es la sensación de caminar sin mochila. Obviar los problemas, sobreponerse a todo. Mi intensidad me impide hoy vivir como el propio verbo define. Y me da mucha rabia. Por eso me removió tanto el contemplar mi pasado pisado, regresar por unos instantes a vestir uniforme, a rezar por las mañanas y subir aquella cuesta que me dirigía hacia mi futuro. Es lo paradójico de todo, que el tiempo es una ceremonia de la confusión constante. ¿Lograré encontrarme?

lunes, junio 09, 2014

Lady Pestaña



Sus pestañeos delataban sus emociones. Era incapaz de ocultar sus pasiones a golpe de miradas intensas. Cada revolución hormonal, cada instinto pseudoamoroso se manifestaba a golpe de pestaña. Tal cual. Ella decía que era incapaz de controlar ese contoneo frenético, de presentarse cual ninfa ansiosa de placer. Lo intentaba aplicándose una máscara para tal apéndice que ni cemento armado. Pero ni con esas. Cada vez que veía a un objeto de latidos incontrolados su motor ojiplático se accionaba compulsivamente. Lo curioso es que ocurría a cada poco. Pues se decía enamoradiza. Pasear por la ciudad se convertía en un ejercicio vertiginoso. Una suma imposible de improvisados quereres. Qué sería de la piel entregada a tanta efusividad. Un día cualquiera, en un lugar cualquiera, pensando cualquier cosa se cruzó con un chico que resultó hipnótico. Nadie hasta entonces había logrado paralizar su pestañeo voraz. Él sí. No dudó un instante en acercarse para desentramar tan enigmático misterio. Tocó su hombro y sintió una electrizante cercanía. Lo que empezó en una conversación espontánea, a pie de calle, se convirtió en un amor vibrante. Predestinados, felices y completos. Como sus pestañas, en su sitio, cómplices de la historia. No querían perderse ni un solo detalle, por eso desde entonces permanecen erguidas, inmóviles. Sin más coreografía que el compás de la vida. El amor es eso, un golpe duro en la línea de flotación de nuestra realidad. Una condena de plenitud, un estímulo que cuestiona todo nuestro yo. Lo demás son entretenimientos vacíos, ejercicios de deshonestidad con nuestras tripas. Ni la ansiedad ni el conformismo conectan con la estructura auténtica del enamoramiento. Las pestañas necesitaron mucho tiempo para comprenderlo. Y por más que se agitaban, sólo cuando hubo de pasar pasó. 

martes, junio 03, 2014

Siempre tacón



La actualidad marca realeza. Y me salto el protocolo para hablar de ellas, divas irredentes y genuinas en su especie underground. Las travestis, dragqueens y diosas del glitter en general, protagonistas absolutas de ¡Que trabaje Rita!, la fiesta del momento en Madrid. Sus surrealismos de lentejuela y sombras imposibles suman momentos impagables, de buen rollo y personalidad. Precisamente son líderes en eso, en reivindicarse y hacer visibles, desoyendo críticas y esquivando las miradas de los neandertales. Los mismos que siguen violentando y atacando el ejercicio de vivir de los que se escapan de sus cortas miras. Tremendo seguir derribando tantos muros y soportando intolerancias por sentir. Desde lo alto de sus tacones todo parece de color arcoiris, pero no lo es. Y nunca me cansaré de defender el derecho a ser uno mismo. Eso sí, me quedaré con esa capacidad de reinvención, un espíritu tan singular como hilarante. Cada domingo que me he sumergido en su cosmos ha resultado peculiar, intenso y divertido. Ahí no podían faltar Alaska y Mario, adalides de la movida 2.0, entregados a la noche. Cercanos y profesionales de la cosa celebrity, posando con sonrisas y compartiendo risotadas con toda la concurrencia festera. Derroche flúor, focazos y una perfecta vajilla de platos DJ anima a cualquiera. El ánimo crece a medida que las miradas se pierden y la belleza se encuentra. Y mucho. Luego es cosa de canciones de estribillo pegadizo, copas que se evaporan y risas que marcan nostalgias. Como descubrir a las Azúcar Peluca Moreno, no sin mi laca... más travestis que toda la población travesti en sí misma. Sin olvidar el momento foto recuerdo, el freakismo compartido con rostros que se hacen clásicos. Desde Cindys Lauper de extrarradio a pequeños grandes hombres saltarines o aparcacoches venidos de un hotel dos estrellas de la Costa del Sol. No importa quién seas sino lo que representas: libertad. Rita trabaja por todos que nosotros seguimos de fiesta... 

jueves, mayo 15, 2014

¿Fe?



No es fácil conservar tal cosa. En cualquiera de sus sentidos posibles. Más divinos o terrenales. Más abstractos o personales. El caso es que hace mucho que no gasto de tal cosa. Justo desde el momento en que entendí que la realidad era del todo menos justa. No es un recurso a la pataleta, pero sí una sensación de mala suerte la que se apodera de mi. Total, que no veo brotes verdes, mientras tanto absurdo se frota las manos. Hoy me deseaban felicidad y me parecía insólito. Claro que quiero ser feliz, me encantaría. Sueño con ello. Pero parece que las circunstancias se han puesto en fila para torpedearme lo más posible. No quiero despertar una inquietud concreta, es más bien un todo que me hace no ser mi mejor versión. Y eso me duele. Por no decir/escribir algo más rotundo y zafio. La propia vida perra me ha dado muchas lecciones, puede que pensarme menos sea una de ellas. Pero cuesta, más contemplando tanta ineptitud, tanta limitación ajena. Que tristemente tiene efectos colaterales y arrastra a los demás sin remedio. Estar quejoso me da pereza, la verdad, pero es que tengo que desahogarme aunque en este ejercicio de decir sin decir nada. Cada día me convierto en un ermitaño imposible, decadente incluso. Víctima de tanto y tantos. Me da miedo que este estado de las cosas se enquiste. No lo merezco. Creo que he demostrado mi valía, mi entrega profesional y personal, mi capacidad de superación... Parece que nada es suficiente. Quizá mi momento pasó y no supe digerirlo. Puede que ahora me limite a dar bandazos en una búsqueda fútil. Me hago mil preguntas y me atormento con el silencio. Así que fe, cero.    

domingo, mayo 04, 2014

A ti, mamá



Sé que un montón de palabras es insuficiente. Que el calendario no marca mis sentimientos. Ni tampoco las campañas de los grandes almacenes. Lo nuestro es diferente. Es real. Una conexión única. Supongo que desde tu interior nos esforzamos por conocernos y querernos. Y vaya si lo hicimos. Tanto que no concibo mi vida sin ti. Sería como si mi mundo se fuera a negro. Porque tú me das ese aliento que tanto necesito. Porque tus palabras son mucho más que sabias. Cada mirada me hace mejor, me alimenta. Y es algo que desde la distancia aprecio más, evidentemente. Te tengo al otro lado del teléfono, pero me resulta poco. Porque no me canso de ti. De tus sonrisas espontáneas. De tu honestidad. De tu generosidad infinita. De tu carácter afable. No sé si habré heredado algo de ti o si podré continuar tu perfecto legado. Lo que tengo claro es que mis días a tu lado han sido inmensos. Como una campeona te sobrepones a la adversidad. Te duele el dolor de los demás y callas el tuyo. Así eres. No duermes preocupada por tu gente querida. Dando vueltas siempre a las circunstancias, intentando facilitarnos la realidad. Podrán intentar atacarte y respondes como un ser humano intachable. Lo has demostrado siempre, entregada a los tuyos. Así lo hiciste por nosotros, por mi el primero. Abandonando tu realización profesional por darme un mundo de posibilidades. Siempre será el mejor regalo, porque no olvidaré mi infancia a tu lado. Tu ayuda constante, tu tesón de madre.

Darte las gracias me resulta tan simple. Te mereces mucho más. Esa felicidad que siempre has perseguido y que espero algún día entre todos podamos devolverte. Has apoyado mis locuras, mis pasiones y siempre has mostrado una fe ciega en este hijo que ahora te escribe. Siento no poder acompañarte en el día a día, pero sé que entiendes que mi búsqueda vital ahora no está en casa. Y no es capricho. Porque desayunar cada mañana a tu lado no tiene precio. Aunque me eches café de más. No importa. Nada importa si sale de ti, porque sé que responde a tu mejor voluntad. Cada esfuerzo, cada ejemplo. Somos muy afortunados quienes te tenemos, porque nos das cada día lecciones de lo cotidiano. Incluso he heredado de ti esa tontería de guardar la ropa nueva para ocasiones especiales. Y como es una manía tan tuya no pienso perderla. Me encantaría decirte todo esto mirándote a los ojos, viendo cómo las lágrimas recorren tu rostro. Emocionados porque somos así de sentimentales. Así me hiciste. Por siempre jamás. Mamá sólo quiero que estés orgullosa de mi. Valoro tanto que nunca hayas presumido ni alardeado de nada. Natural, auténtica, sentida, elegante. Lamento que mi vida te asustara. Que tuvieras que temer perderme. No me lo perdonaré nunca. Pero el destino no podía separarnos. Ni lo hará. Seguro. Te quiero, mamá. 

domingo, abril 13, 2014

La llamada



No es una. Son muchas. A cada cual más definitiva. Esperamos con ansiedad, o todo lo contrario, que el teléfono suene, vibre o nos anuncie ceremonialmente ese momento, esas palabras, ese deseo, ese hecho, ese drama, ese te quiero... Si a todos nos preguntan podríamos quedarnos con una para el recuerdo. Por suponer ese antes y después necesario. Por romper en dos nuestra realidad. Por callar nuestro mundo interior. La tecnología nos ha convertido en esclavos de su poder infinito. La mala cobertura, en víctimas peripatéticas. Lo que me inquieta es pensar la importancia que le damos a un telefonazo, cuando otro puede hundirnos sin remedio. Estos días, envuelto en mi suma surreal de contextos, angustiado por tonterías de lo cotidiano, recibí una llamada. No era la esperada. Ni de quien me hubiera gustado y levantado el suelo a mis pies. No. Era de alguien querido que me anunciaba una muerte. Un adiós sin preguntas. No se trataba de un familiar directo, pero sí de uno de esos secundarios que están en nuestra vida por algo. Con pocas líneas de diálogo, pero con tantas miradas de complicidad. Justo entonces, al conocer la noticia de su marcha, entendí que soy un ser absurdo. Que pierdo tantas energías, que me consumo por mis circunstancias y personajos protagónicos, que no puedo permitirme restarme. No cuando lo importante es hacer de la vida un ejercicio sano, transparente y enriquecedor. Lo demás son capas grises y ridículas que nos anexionamos para mal. Así que he pensado que podrá sonar el teléfono. Podrán apilarse mensajes instantáneos. Podrán hacer del chat una barra libre. Podrá acabarse la batería. Pero mi auténtica llamada ya ha tenido respuesta.

lunes, marzo 31, 2014

De nuevo



El tiempo nos acciona a su antojo. Hoy lo pude comprobar. Sus casualidades han querido que acabe volviendo a un lugar que supuso todo y nada. Un inicio y un final abrupto. He mirado al cielo y he entendido que nada es fortuito. Que si entonces mi historia tuvo un punto y aparte, ahora es momento de iniciar un nuevo párrafo. Mi historia así lo requiere, después de un cúmulo surrealista que tampoco me apetece convertir en palabras. Sí mi total intención de hacer de mi apuesta personal un cambio más radical. La respuesta a una necesidad dormida. Puede que sea madurez o necesidad, pero el momento me tiene reconfigurado. Bastante desconectado, asimilando el desafío. No quiero ir más a remolque, deposito las dependencias en el cajón de lo olvidable y miro ligero de equipaje. Sin esperas, con actitud. Entonces caminaba con pasión. Hoy lo hago con desconfianza. Pero con la osadía de no querer dejar nunca de aprender. Quisiera seguir y seguir volcando todo lo que se me pasa por la cabeza, pero el cansancio me vence. ¡Buena señal!

miércoles, marzo 19, 2014

Papá



Puede que se lo diga poco. Incluso que me cueste. Pero con él nunca he necesitado muchas palabras. Nos separan tantas cosas, pero la piel justifica el resto. Supongo que no respondo al canon de hijo perfecto, pero quién dijo que la perfección tuviera sentido. Recuerdo momentos desde mi niñez juntos, que ahora me resultan insólitos. Acompañándole en su afición futbolera, que en mi caso se convertía en momento de relaciones públicas. Su risa tan particular, entre el ahogo y el escándalo. Sus bromas, caras indescriptibles y gracietas de sello propio. La diligencia al volante, haciendo realidad mi sueño sobre cuatro ruedas ¡un chófer! Nos soporta mucho, pero sin perder nunca su norte. Y admiro cómo no oculta su amor a ella, ni en los pequeños detalles. Seguramente de pequeño nunca quise ser como él. Ahora de mayor, a ratos. Evolución lógica de la especie mediante. Pero escribo esto solo. En medio de una aventura que no sé cómo me va a salir. Añorando esos ratos cómplices, de cocina, de baño, de salón... Aunque sea subidos a dos en su coche. Y pienso que el tiempo tiene muchas cosas buenas y que, una de ellas, es aprender a no guardarse nada. Sin hacer daño, que luego ella me riñe. Pero con la honestidad de dejar hablar al corazón. Hoy papá quiero decirte lo que resume todo, que te quiero. Que aunque reniegue si alguien me dice que me parezco más a ti, en el fondo me enorgullece. Porque eres especial para quienes estamos en tu vida. Y a eso es a lo que yo aspiro. A ser especial. No sé si padre. Pero sí hijo tuyo. Que tuvo claro quién fue su padre, de apodo astro del fútbol, o mote pseudochino. Lo importante es que nunca has renunciado a tu esencia: elegante, caballeroso, generoso, divertido. No cambies nunca. Te Quiero. 

lunes, marzo 03, 2014

¡Hola Ola!



Con distancia e incredulidad asisto a la ceremonia del mal tiempo que asola mi casa, mi tierra, mis rincones. El fin del mundo pasado por agua. Con esas olas majestuosas que esconden una ferocidad brutal. Asustan por impredecibles. O todo lo contrario. No es la primera vez que nos azota con tanta fuerza, pero cada ocasión en que nos asola sorprende. Me produce auténtico pavor, imaginar un mundo derrotado por los mares. Con toda la carga que eso conlleva. No entiendo a toda esa gente que, envalentonada, se presenta frente al temporal y juega al gato y el ratón. Salen mojados, arrastrados, cuando no peor. Yo no me jugaría el tipo de ese modo. Es más, agradezco no estar ahí para evitar sufrir esos envites del viento, esas caladuras indiscriminadas. Es curioso cómo hay fenómenos que resultan tan poderosos que nos arruinan. Literalmente. La suma de daños de estas ciclogénesis explosivas crece por momentos. Y lo tremendo es pensar que la meteorología, la atmósfera, los elementos, llámalo como quieras, es/son capaz/ces de dominarnos y dar al traste con nuestro día. Se nos escapa la vida en un instante y no lo procesamos. Eso sí, lo retratamos con profusión. Me cuentan que hay zonas de Cantabria con atascos monumentales por animados visionarios. Ni en verano con una tasa infinita de ocupación hotelera. Vienen las olas, amigos, y salimos. Vaya, si salimos. Los vídeos se convierten en virales. Temporal, en trending topic. La anécdota se propaga cual humo de móvil en móvil. Perfecto. Algo así inquieta, a la vez que despierta curiosidad. Pero con las cosas buenas, ¿por qué no ocurre lo mismo? Mira que nos cuesta vendernos, apoyar iniciativas, comentar en positivo. Tenemos unos bemoles enormes. Y unas olas ídem.

lunes, febrero 17, 2014

Amor sin santo



No necesitamos ser esclavos del calendario. Mucho menos en cuestión de sentimientos, porque perderían toda su esencia. Hay quien encuentra negocio en impregnar de corazones nuestra realidad y aspira a imponer su fetichismo de latidos previo pago. Es una tontería supina, porque el querer no se estanca, se desarrolla cual ser vivo. Para bien o para mal. Igual que los seres vivos. Y como sabemos, tantos se han ido por el lado del mal... El caso es que defiendo la valentía del amor continuo. Sin dobleces. De verdad. Nada que ver con el producto de una comodidad mal entendida y una relación cogida con pinzas. No. Aplaudo las parejas que apuestan a la inversa, sin ambages. Que no silencian los problemas, es más los ponen sobre la mesa y son capaces de argumentar, debatir y encontrar salidas oportunas. Me asquea el dejarse llevar por la circunstancia y el roce en suma, sin mediar palabras honestas. Porque esa es la clave. Cada cual sabrá cómo se gestiona en cuestiones horizontales, pero falsear planteamientos de amoríos por cubrir un expediente resulta patético. Siempre digo lo mismo, pero hay quien se empeña en cubrir ese hueco, papel, rol de enamorado con quien sea. Con prisas. Ansiedad y cero criterio. Así no se construye nada, muchachada. Ese tipo de persona suele tener disfunciones varias (esto se escribe habiendo pasado por) y una suma de miedos que impide naturalizar el proceso amoroso. Se vuelcan (o casi) en historias que no aportan más que vacíos y conviven con su necesidad real. Caen en defender lo indefendible, convertir en buenismos los típicos rancismos y así sucesivamente.

Mucha gente que aún no ha llegado a enamorarse se pregunta qué se siente. Justo lo contrario a estas pseudo pasiones. El estómago da ese vuelco. Sí. Lo da. No habrá mariposas, pero algo dentro de ti indica quién es. Así, a las claras. Que luego pegues la vuelta es otro tema. Las entrañas no mienten, nuestra psicología inversa sí. Y en estas la soledad por deconstruir es básica para acceder después al mundo duado. Cada cual debe entenderse, soportarse y, lo más importante, quererse. Sin eso no hay opción para acabar arrejuntado y buscando nidito de dos. Mi nulidad sentimental me ha pesado mucho en el tiempo, pero he llegado al punto de disfrutar de mi yo. Y punto. Ni pienso en esforzarme por, ni aspiro a tener nada con. Es más, me da una pereza horrorosa. Como María José Cantudo, igual. Más cuando sales a las calles y te encuentras con fast food love. O ligoteo low cost. Hordas de desesperación se entregan al trago más frenético. Embutidas presas se alborozan cuando los cazadores disparan. Se me entiende. Que es un rollo macabeo y se necesita a un ejército de CSI para localizar a ejemplares ajenos al embrutecimiento y lo chabacano. Su suma de muescas triunfales supera en número a los que reparten cada día en la cola de la charcutería. Nada fina. Y uno tiene sus límites. Por eso me reía el otro día del San amoroso, que debería mutar de Valentín a Calentín por mímesis con los tiempos que corren. Lógicamente, también en reflexivo. De momento, mi única reflexión es esta. Con amor. Mi amor.

miércoles, febrero 05, 2014

Vuestro



Es de bien nacido ser agradecido. Y ha llegado el momento de rendirme y mostrar mi total admiración y gratitud. Sin ellas, ni yo ni nadie seríamos lo que somos. Porque su suma nos ha permitido hacer del viaje de la vida un ejercicio único. No importa su tamaño, sí su carácter y el tono. Se delatan a sí mismas. Y se pegan, unas a otras, culebreando. Cada usuario se apropia de su inmensidad, acentuando su verdad y jugando con su riqueza infinita. Se regalan y tantas veces se desperdician, pero siempre alcanzan un significado. Analizarlas puede ser tan sesudo como divertido. Muchas veces complican la existencia, poniéndose capas para redefinirse. Me conquistaron de pequeño, desde mi inconsciencia. Y, algunas veces, sufrí mi incapacidad total para verbalizar su esencia. Recuerdo las bromas que me hacían por atreverme a ser mayor, salpicando mi discurso de loco bajito con algunas piezas robadas a la madurez. Por aquella época, me rodeaba tanto de mayores que asimilaba deprisa y corriendo multitud de ejemplares sin saber, ni mucho menos, qué escondían. Porque suelen ser burlonas y travestidas. Otras extranjeras, dudo que con papeles, vinieron para quedarse. Eso sí, la gente se apropia de su valor de mala manera, dando pie a la risión de los más exquisitos.

Algunas consiguen muchos premios, gracias al talento de unos cuantos hábiles en su deporte. Otras tienen mala prensa y se procura alejarlas de los más pequeños. Pero, no nos engañemos, tarde o temprano se rendirán a ellas, incluso a las peor vistas. Se pueden formular de tantas maneras que las nuevas tecnologías consiguen ponerlas en peligro. De pronto, se acortan y quedan en nada, víctimas del trastorno vago de quienes las necesitan. Son de amor. Y de dolor. Hasta un compromiso que no necesita firma. Son tantas, que resulta imposible conocerlas a todas. No habría contactos suficientes en el móvil, ni permisos de amistad en el caralibro. Se manifiestan por las calles, aunque Delegación de Gobierno no conoce mecanismo para contabilizarlas adecuadamente. Hay quien intenta callarlas, borrarlas o someterlas pero su poder acaba ganando en aliados. Lo mismo están en la música que en el metro. En un pueblo profundo que en la gran ciudad. Me fascina su capacidad para ser tan profundas como festivas. Raramente irrepetibles, de ahí su grandeza. Ahora entendéis que necesitara hacer públicamente esta declaración. Vacío de ellas no soy nada ni nadie. Desde aquí doy las gracias a las palabras por haberme dado tanto y lo que os rondaré amigas...

martes, enero 28, 2014

Sentirás volar



Cuando se secan las lágrimas pensamos que ya no hay modo de expresar el dolor. El vacío que provoca tuerce nuestro rostro, congela el alma. Así, arrastrando la injusticia impropia de lo que fue, se pierde toda energía interior. Es momento de dejarse atrapar por la magia y entender que las alas vienen para quedarse. Lo pude comprobar en la exposición Mujer Mariposa, hasta el 9 de Marzo en La Posada del Dragón (Madrid). Escalón a escalón ascendí a un universo de sensibilidad y delicadeza únicas. En este contexto de prisas y hastíos, conviene pararse y entender el valor de las imágenes. Cada fotografía es un canto a la libertad bien entendida, a la feminidad como impulso y reivindicación en positivo. Frente a los noes y los obtusos, las artistas proponen un viaje cuasi infinito. A cada mirada corresponde llegar a ese más allá. Las mariposas aladas no son más que el hilo conductor de un escenario tan imaginario como dolorosamente real. El juego de la luz inquieta como atrapa, pero a nadie dejará indiferente. La piel allí contada traspasa y se siente próxima. Tanto que quieres acariciar su textura y recorrer en silencio su bella dimensión. Cada objetivo muestra sin juzgar, abrazando la esencia mística y frágil de sus protagonistas. El propio ritual que allí se crea invita a reflexionar con la voz interior y ascender a la verdad de quien narra la vida. La misma que se escapa entre nuestros dedos, escurridiza y emocional. Los miedos paralizan frente a las alas majestuosas, reafirmación perfecta del yo herido. Del mismo que tiran las cómplices voladoras, hechas a sí mismas con la determinación de su salvación. Mis palabras son humildes trazos de un todo que llena y acciona la necesidad de hacer de los días un ejercicio de honestidad. Costará limpiar de toxicidad nuestro esqueleto socio-sentimental, pero se puede y se debe. Volando, mariposas mías, llegaremos lejos.

Pd. Mi enhorabuena especial y sentida a mi admirada CaraMela Revuelta (autora de la imagen). Lo que ven tus ojos alimentan nuestras emociones siempre. No cambies.

Mujer Mariposa
hasta el 9 de marzo 2014
La Posada del Dragón
Cava Baja, 14 (Madrid)
posadadeldragon.com

jueves, enero 16, 2014

Me estoy quitando



Cada día somos más tecnológicos y nos volvemos menos lógicos. Perdemos realidad a cambio de apostar la mirada en pantallas. Hace un tiempo que me quema, y mucho, la dependencia al teléfono. El aparato útil, que ocupaba un lugar privilegiado en nuestras casas, se ha convertido en nuestra extensión allá donde vayamos. Un estudio revelaba estos días que miramos una media de 150 veces nuestro móvil en el tránsito de 24 horas. Yo confieso que seguramente las supere y me preocupa. Por mucho que quiera 'quitarme', se complica cuando muchas relaciones laborales y amistosas se circunscriben ya sólo a través del dichoso smartphone. Se está perdiendo el valor real de la palabra, todo va muy deprisa y prestamos cero atención a nuestros mensajes. Los que escribimos y los que contamos. Mal camino, más para quienes confiamos en el poder de la comunicación en positivo. Hemos cambiado los cafés y las miradas por textos exprés ilegibles. Las quedadas en grupo por chat colectivos de desmadre, que me levantan auténtico dolor de cabeza. Me quitaría de todos, pero tampoco quiero parecer un raruno. Como seres sociales no podemos renunciar a la esencia del entendernos, del sabernos cómplices y sentir la piel. Lo demás son meros adyacentes, complementarios pero nunca exclusivos. Ahora se hace hasta raro tener una conversación telefónica, asimilar la entonación, el sentido y la personalidad de cada charla y/o charlante. En la limitación telefónica se crea confusión y se pierden detalles, muchas veces esenciales.

Lo peor de todo, a mi juicio, son los ejercicios de mala educación que cometemos por ese victimismo pantallizado. No es posible prestar más atención a lo que nos vibra que a la persona que comparte nuestro tiempo. Eso está muy feo. A nadie le gusta que le ignoren pero así, a la cara y con descaro, queda fatal. Escuchando la radio contaban muy sorprendidos que un miembro de su equipo no tenía terminal y se hacía imposible localizarlo... Fuera de su horario de trabajo no tiene que estar supeditado al control. Pero claro, parece un extraterrestre al renunciar a su movilidad. Yo no llego a fantasear con ello, porque en momentos de ausencia de mi pequeño ¿hola, qué tal? lo he pasado francamente mal. Aunque sí asumo la necesidad de rebajar esa ansiedad y cuidar las relaciones interpersonales fuera de redes sociales y whastappeos espontáneos. Me entrego, por tanto, a disfrutar de momentos y contextos que hablen por sí solos. Sin melodías ni pitidos personalizados.

¿Cuándo quedamos? 
   

martes, enero 07, 2014

Encantado de conocerme



Llámalo momento. O quizá contexto. Puede que instante. Sea como sea, sumamos retales de realidad que nos hacen personas. Algunas buenas y algunas, algunas... No podemos abstraernos de la fuerza de las emociones, de los sentidos bien entendidos, del querer de latido feliz... Nos empeñamos en perder energías en tonterías varias y anulamos el verdadero motivo que nos impulsa. Tras fechas entrañables o todo lo contrario, escenificaciones impúdicas de falsedad, materialismos a golpe de tarjeta, comilonas fuera de báscula... retomamos el mundo de lo cotidiano, nuestro particular circo. En pista, bajo los focos, parecemos nuestra peor caricatura. Desdibujados por egoísmos y absurdeces enquistadas. Presos de un guión de propósitos, de esperanzas y patrañas de autocomplacencia. No quiero caer en esta trampa de miradas equivocadas, de evidencias tapadas para no afrontar la verdad. Me niego a ser bufón de cortes injustas y catetas, venidas arriba por la fuerza de la ignorancia. Quererse es sinónimo de diálogo con uno mismo, sin más doblez que el de la sábana que duerme los sueños. Las esperanzas no son suficientes sin el auténtico empeño de apostar por el yo. Dos letras y el infinito por escribir. Seré yo quien se salga de los márgenes, en caso de emergencia, insolencia o descuido. Mi autor de párrafo largo, con sintaxis juguetona y verbo del revés. Lo seré por elección, no por imposición fatal ni corriente social. Echo fuego por verme estático, imposibilitado por las circunstancias. El no ya no es tal, sino una opción más de voltear las cosas. Creyendo que los días son mi lienzo particular, daré el brochazo de mi impulsividad y estamparé mi firma. Al precio que sea. Imputados serán los desconvocados a la fiesta, los jetas vacíos de contenido. Mis sonrisas no serán su juicio, sólo mi supervivencia.

Hola, ¿qué tal año nuevo? Un placer conocerte, pero más conocerme... 

jueves, enero 02, 2014

3,2,1... 2014



Que las palabras nos pillen por sorpresa... ¡¡¡Feliz Año Nuevo!!!