jueves, agosto 20, 2015

Gracias a ti, Lina



Hoy todos estamos agradecidos y emocionados. Nos resistíamos a despedirnos de ella, pero ha llegado el momento de bajar el telón y dar el último gran aplauso a Lina Morgan. Una estrella como pocas, que hizo del humor su modo de vida. Tanto que quizá se olvidó de sí misma y relegó su vida personal en pro de los escenarios. Hoy me vienen a la memoria tantas noches en familia, especialmente con mi abuelo, disfrutando de sus éxitos en televisión. Aquellas revistas míticas, sus gags surrealistas y, cómo no, las películas que tienen un hueco reservado en nuestras retinas. Como loco bajito e insensato jugaba desde bien peque a recrear esos mundos que ella protagonizaba. ¡Qué atrevimiento por mi parte! Me atrapaba su capacidad para conquistar la pantalla, sin ningún artificio, sólo con su arte innato. Era, sin casi, patrimonio nacional, aunque a diferencia de otras compañeras fuera discreta al máximo. Mientras unos especulaban, ella se esforzaba por seguir dando rienda suelta a su pasión: el espectáculo. Siempre con su mirada tan vivaracha como triste, vacía por momentos.

Vivió y actuó con frenesí, sin perder nunca su personalidad. Ya podía doblar torpemente sus piernas, torcer el morro cual gansa o defenderse como la sempiterna solterona. Fuera como fuera, cautivaba. En otro país le hubieran rendido un homenaje en vida como merecía, con estrellas, boas y lentejuelas, pero aquí pecamos de injustos. Hoy muchos se limitan a morbosear con su final y juzgar su decisión de morir prácticamente sola. Dicen, quienes la conocían, que no quiso que la recordaran enferma, mermada, incapaz. Por eso se retiró e hizo del silencio su último gran papel. Y hasta en eso fue única. Allá donde esté seguirá arrancando sonrisas y bajando las escaleras con un porte inimitable. Porque no necesitó ser una mujer florero, ella era todo el ramillete de talento, del que hoy carecemos. Muchas actrices de ego supino tendrían que aprender del ejemplo profesional que representaba Lina. Sin ella el teatro y la comedia españoles se quedan muy huérfanos. No te robaremos nunca el estribillo que hizo Historia, solamente te podemos decir, gracias a ti por tanto sonreír. 

sábado, agosto 15, 2015

Inmunes



El más difícil todavía hace tiempo que salió de las carpas de los circos, para instalarse en nuestra realidad. Cada día, la actualidad se ha recrudecido con noticias que van de lo rocambolesco a lo dantesco. Y, especialmente, en el apartado de sucesos. Siempre han ocurrido historias fatales, pero los últimos años asistimos a la sobreexposición de finales inverosímiles, personajes que ni el más retorcido guionista hubiera parido, hechos que ponen de punta algo más que los ‘pelos’, directamente el alma. Nos hemos ‘acostumbrado’ a que informaciones así sean el pan nuestro de cada día, pasando de la plena atención al olvido, cual fast food de titulares. Se ha caído en la espectacularización del suceso en sí mismo, reconvertido en material que arrasa en audiencias, visitas digitales y agota tiradas de periódicos. Las otroras tertulias infinitas en televisión de latidos corazonales han mutado en mesas con expertos, que escrutinan datos y perfilan a implicados, víctimas, sospechosos, vecinos y familiares. Todo, con un tufillo morboso, que hace perder el sentido trágico. La gente consume, de forma voraz, este tipo de información, relegando el trasfondo por lo superficial. Así, creo que nos estamos convirtiendo en inmunes frente al dolor.

Son tantas las bofetadas, los vuelcos que nos han provocado este tipo de situaciones, que hemos perdido totalmente la capacidad de empatía. Eso sí, sacamos nuestros peores instintos a la plaza pública. Es donde muchos se erigen de sabios. Hablamos de las redes sociales, donde juzgan y comentan al libre albedrío y, una vez expresada su posición, pasan a otro tema con igual vehemencia. El libre pensamiento se ha formateado en reality show. Es el resultado de la estrategia de muchos medios y profesionales, que han considerado que lo emocional vende. Y mucho. En este tipo de exposiciones trágicas es el complemento perfecto, porque consiguiendo que la ‘opinión pública’ sea partícipe, estiran un contenido altamente eficaz. Mucho criticaron programas de los noventa, con rubia presentadora trasnochada y preguntas cogidas con pinzas de anatomía forense, pero lo que hoy, día a día, se ve en nuestros canales es la actualización de aquellas imposibles narraciones, esos silencios que hacían daño. Entonces, como hoy, primeros planos, foco en el drama, intensidad provocada hasta la lágrima y ¡zasca!, éxito. Como ciudadanos, tenemos que reconsiderar nuestro papel social y no entrar a este tipo de juegos macabros. Por respeto a los auténticos protagonistas del horror. Basta de especulaciones baratas y minutos catódicos prefabricados. Una muerte, un asesinato, un acto de violencia no tiene que ser, jamás, carne de share.  

miércoles, julio 29, 2015

Vésame



Era amor. Así lo sentí. Aquella noche no prometía nada. El más de lo mismo con las chicas. Nos sabíamos a fuego la coreografía de cada juerga de verano. Mismos bares, idénticas copas, absurdos con palabras encendidas. Estaba harta de sentirme dentro de un bucle. Sí, estábamos de vacaciones y parecía que se imponía brindar a lo tonto, sonreír por nada y bailar espasmódicamente. Sabía que me llamarían rancia o aguafiestas, pero cogí mi cartera de mano multicolor, besé a quien pude como despedida y me encaminé hacia casa sufriendo los tacones. Siempre llevo los auriculares en el bolso y la noche estrellada me pedía una banda sonora acorde. Tenía ya puesto el derecho, a punto de completar el par, cuando oí un silbido. En otro momento no hubiera hecho caso, pero era tarde, la calle estaba desierta y no era por creerme nada, pero era claramente para mí. Me giré y entonces le vi. ¿De dónde había salido? Apoyado contra la pared, cual James Dean, con una simbólica camiseta blanca. Sus ojos azules prometían mares de sensaciones, incluso desde bien lejos. Se quedó quieto, esperando que, cautivada, me plantificara frente a él y le dijera, por lo menos, ¿quieres ser el padre de mis hijos? El auricular izquierdo truncó sus expectativas, una vez bien colocado, me di media vuelta con cara de ¡y tú de qué vas, chavalín! y continué con mi camino. No llevaba ni dos acordes de un temazo cualquiera, cuando me tocaron el hombro. Me volví enérgica con un mi palma abierta para posarse contra la jeta del jeta de turno. Era él, más encantador en las distancias cortas, parando mi bofetón impulsivo con una sonrisa de anuncio. Soy Carlos. Me quedé tan parada, que no me salían las palabras. Te he estado observando toda la noche, continuó. Debí parecerle gilipollas, porque seguía embobada repasando esa cara perfecta, su mirada que prometía historias, aquellos labios que aseguraban escándalo. Perdona nosécómotellamas, si te molesto me voy. Me reí, con una de esas risas que llevan asociada una cara de tonta importante. Las mismas que de peque eras incapaz de ocultar con el chico que te hacía tilín. Y este, sinceramente, me hacía tolón, tolón. Perdona, me has asustado. Lo siguiente que recuerdo es que nos fundimos en un beso largo, húmedo, como rodado a cámara lenta. Aquella gallardía tuvo recompensa, pues me dejé llevar y acabamos refugiándonos en un portal cercano. No hizo falta verbalizar nada, porque las construcciones linguolabiales monopolizaron el contexto.

Pasados unos besos de más… Soy Marta. Encantado. Y continuamos el ceremonial de conocernos. Mi piel parecía feliz, con la carne vibrante de festín. Nunca me había pasado enzarzarme así, sin prolegómenos, con tanta intensidad. Vivo cerca.  En ese momento se me aparecieron todas las Vírgenes a las que nos hacían rezar en el cole cada mañana. No era ninguna mojigata, pero siempre había pretendido una coherencia sexual, y tener unas cuantas citas base para que entraran en la mía para marcar un tanto. Hasta el momento lo había cumplido, pero Carlos, ay, Carlos. Se levantó, evidenciando que algo más estaba en lo más alto, y me llevó espontáneamente. Aprovechando, eso sí, todo el camino para seguir buceándonos. Ni en mi mejor película podía imaginar un coprotagonista así. Llegamos a su casa. No me pidas detalles, porque no sabría dártelos. Se quitó la camiseta blanca, los vaqueros, limitándose a unos slips, también blancos, que no podían ocultar que tenía mucho amor que dar. ¿Estoy depilada? Me ofusqué por un momento pensando en los pelos o no pelos, pero si los había no parecía importarle. Me recorrió con ganas, hundiendo su mejor versión para trasportarme lejos, sellando varias veces mi pasaporte de la pasión. ¿Orgasmo? De limón y todos los sabores. Aquello no fue una escena de cama, fue una saga perfecta, bien escrita a dos. El calor del verano nos pegaba, pero así, juntos, hicimos historia. Al menos, en mi historial de niña en busca de querer. Dormimos desnudos y abrazados, terminando en un fundido a negro. ¿Fue real?, dirás. Claro que lo fue. Irrepetible. Porque a la mañana siguiente hubo desayuno perfecto y más besos, una auténtica orgía de salivas. Y así se acabó todo, porque Carlos desapareció. Su explicación, sincera y directa. Es verano y en verano yo escribo los besos con v. Hoy contigo y mañana, quién sabe. Pero limitarse es un error. Me quedé tan cuajada, que sólo pude recoger mis cosas y escapar con la música a otra parte. Adiós, vesos. 

viernes, julio 10, 2015

Años de luz



Los años. Ese concepto que pesa y encierra tantos recuerdos, momentos y personas. A la mayoría no volverás y la frustración se convierte así en materia a aprobar cada junio. Yo llevo notazas en estos 32 recién estrenados. Porque sí, me asumo intenso, me pienso mucho y me remonto demasiado. Hace unos días volvía a una foto que no debía. A una mirada robada, a unos labios que perdí y, cómo no, me desestabilicé. Soy así de frágil. De pronto, se cae mi castillo de naipes y me flagelo por infelicidad supina. Necesito un golpe de realidad y, entonces, me doy cuenta de que todo pasa por algo. Y si hay ausencias, más de lo mismo. El escozor se alivia y caigo en la importancia del hoy, el momento que se escapa entre los dedos. Las oportunidades que vuelan por cabezonería, por miedos infundados, por herencia mal entendida. Qué pena, somos víctimas de nosotros mismos y ya va siendo hora de reaccionar y activarnos para bien. Un ejercicio al que no renuncio, más en época de soplar velas, es a retornar a la infancia. A mirar al espejo del tiempo. Me reencuentro con mi mini yo, con su inquietud ingenua, sus ideas locas, su verborrea incansable. Reconozco que aplaudo aquella versión. Albergaría sufrimiento e incomprensión, seguro, pero manejaba perfectamente la libertad de ser uno mismo. Jugaba a ser mayor, a conquistar contextos, a verbalizar imposibles. Y, con orgullo, creo que he cumplido la mayoría de los sueños de aquél loco bajito.

Cierto es que el amor se resiste y Sergio quería pintarlo por todas las paredes, gritarlo a susurros, compartirlo con una complicidad única. Pero si aún no ha llegado será porque espera en algún rincón, haciendo números y cogiendo fuerzas para comenzar una historia que érase una vez de cuento. Cada vez vivo con menos ansiedad este vacío de latidos. En mi lenguaje emocional eso se llama madurez. Antes anhelaba ese nosotros, tanto que fagocité las opciones. Ahora no desespero, disfruto de esta soledad bien compartida. Porque soy un ser afortunado, tan bien rodeado, que cualquier ocasión es buena para reconocerlo. Sumo muchos enteros con personas especiales, de esas que sé puedo esperar lo mejor. Podrá haber silencios, pero nunca incomprensión. La historia está para rellenarla de párrafos imperfectos  y es ahí donde, juntos, entramos en acción. Palabras que nos hacen, dando sentido al contexto que compartimos. Familia y amigos, entes maravillosos que aceptan mi surrealismo. Sin ellos mi yo no tendría construcción posible. Te veo bien, me decían algunos hace unos días. Y no sé si llevan razón, porque no sabría responder a la pregunta ¿estás bien? O sí, pero no sé si sería justo al contestar. Y es que esa injusticia con uno mismo marca y mucho. Se arrastra, padece e impide sentir, en todo la amplitud del verbo. Sólo sé que quiero limpiar mis gafas y seguir contemplando este mundo, con ganas de crear, crecer y convencer de que se puede. Que la oscuridad está ahí, pero la luz nos favorece a todos.   

domingo, junio 28, 2015

Mi cama es mía



Hoy para muchos es un día más, vacío de contenido. Para otros tantos este domingo es todo un símbolo, la expresión máxima de la libertad robada, silenciada, dormida… Y es que cada 28 de Junio, hace ya unos cuantos años, se celebra el Día del Orgullo LGTB (lésbico-gay-transexual-bisexual). Una fecha en el calendario y mucho más, el emblema para millones de personas en el mundo, víctimas, en su mayoría, de intolerancia, desprecio, rechazos varios… ¿Y todo por qué? Ni más ni menos que por querer diferente, a su manera, rompiendo con lo establecido. Pero, ¿quién dicta qué es normal y qué no? Cuando uno gana en años y canas no asume tanta sinrazón y se carga de argumentos frente a los obtusos de mente plana. Pero, cuando se despierta a esos sentimientos a la contra se sufre. Y mucho. El pesar de la incomprensión, los miedos infinitos a sufrir la bofetada (real o no) de los tuyos, la necesidad de buscar escondites y susurros temerosos. No es fácil transmitir toda esa suma de malestar. Por suerte, los tiempos han ido a mejor. Hoy se habla más de homosexualidad, existen referentes públicos, ídolos reafirmados y aplaudidos por su valentía de visibilidad. Sin armarios, sólo con vestidores abiertos al querer, a cada latido de libertad. En España la conquista del matrimonio igualitario fue un antes y un después. Esta semana celebramos el #LoveWins de EE.UU. y serán muchas parejas las que articulen el ‘Sí, Quiero’ con todas las de la ley. Pero, ¿qué pasa cuando ya no están los focos? Cuando los titulares pasan de fecha y las banderas se guardan en el cajón de las reivindicaciones. Pues, ni más ni menos, que la realidad impone aún demasiados ejercicios de negación, insultos, golpes, despidos injustificados, miradas de desaprobación, familias rotas, lágrimas sin consuelo… Eso me encoge el corazón, porque nadie tiene derecho a negar un sentimiento, tan personal e intransferible. Quien ocupe mi cama es sólo asunto mío. ¿Por qué he de pagar los platos rotos del egoísmo de otros? Nadie tiene que imponer modelos de vida, hagamos del respeto un valor social en mayúsculas. Sólo entonces podremos darnos la mano y besos espontáneos sin mirar atrás, con ese nudo en el estómago que no es el del amor, sino el del pavor. A que te hostien por ser tú. El día que no tengamos más que celebrar que el hecho de vivir, como si fuera poco, entonces, cuando no importe quién alegre tus despertares ni quién llene tu whatsapp de mensajes para enmarcar, sólo entonces habremos terminado de conquistar la capacidad de ser nosotros mismos. Esa que algún día un acomplejado reprimido e incapaz de asumirse nos robó.  

domingo, junio 21, 2015

La matemática perfecta



Ayer no ejercí de profesional, sólo de amigo emocionado, que no pudo evitar los nervios al compartir este texto que nacía desde el corazón. Fue un día inolvidable. Feliz Amor, Laura&Javi | Fotografía: Okland, 100% recomendables, fotones con personalidad

Hoy no hablaré de ecuaciones, derivadas, ni mucho menos integrales. Pero sí de matemáticas. Las de del amor. Esas que el destino impone en suma perfecta. El mercado de las emociones está fatal, pero, afortunadamente no para todos. El ejemplo, tan bien emparejado, se viste hoy de gala. Una, encantadora, talentosa, divertida, cariñosa...  Otro, lo mismo en adjetivo masculino. No, no es un cuento. Tampoco un problema... Lo llamaremos historia. La vuestra. Dos que se encuentran y se piensan. Miradas, complicidad, palabras para recordar, sonrisas tontas... Enamorarse a poquitos, coleccionando momentos y los primeros nosotros. Esos que ya se susurran y generan una electricidad libre de impuestos. Sin prisa, pero sin pausa, conquistando a dos la realidad, y sabiendo, cada día, que no habría un mañana sin despertares juntos. Acabarse las frases fue sólo el inicio de saberse el uno para el otro. Incluso argumentos inverosímiles, de ficción, se guionizaron solos, brotando espontáneos y con la réplica precisa. Compartiendo aire, gastronomía del querer, sueños entre almohadas y bocanadas de calendario. Así se ejercita el cariño. Un día en el campo de juego, otro en la carretera, a zancadas. Pero siempre juntos. ¿Falta algo? Sí. Algún maullido cómplice y los pasos firmes, de la mano, con el corazón acompasado... hasta llegar a palacio. Y aquí estamos, quienes os queremos y hemos asistido a esta película que amenaza con sagas infinitas, celebrando que quererse es mucho más que un compromiso. Es una necesidad de piel con piel. Es ahí donde se formula la matemática perfecta que os hace únicos, el uno más el otro, igual a vosotros. Una operación mágica, donde el resultado se reformula, una y otra vez. Porque sois protagonistas indisolubles de este amor incalculable.

martes, junio 09, 2015

Irrepetible Zerolo



Hay personas de paso y muy pocas de peso. Pero, sin duda, él tenía una misión que cumplió con creces. Dignificar la libertad, luchar sin descanso por el amor sin barreras, sin prejuicios. Hoy nos hemos levantado con la triste noticia del fallecimiento de Pedro Zerolo. Un hombre que nos deja muy vacíos, porque su ejemplo de ciudadano íntegro, luchador, dialogante, capaz no encuentra sustituto posible. Tuve ocasión de conocerlo hace unos años, en las distancias cortas de la palabra. Aquella no fue una entrevista, sí una charla cercana en la que sus ojos inquietos y sus manos en idas y venidas lo contaban todo. Eran su carta de presentación. Hablamos de muchas cosas, pero nunca olvidaré su gratitud. Quería ser escuchado y no se cansaba de articular, una y otra vez, aquellos derechos robados que tanta sangre, sudor y lágrimas le habían causado. Por suerte, pudo ver y vivir un país más decente, igualitario y social. Trabajó tanto porque así fuera. No necesitaba más bandera que él mismo. Nombre y apellidos que fue la suma de un todo. Un símbolo. Su partido no se lo puso fácil, pero no cejó en sus empeños, y jamás se rindió ante los misiles de intolerancia ni el verbo pacato de los neandertales de la moral cerrada. Esos que torpedearon siempre, y lo siguen haciendo, víctimas de sus miedos. Él si los tenía se los callaba, porque sólo quería un mundo mejor. Y lo era, hasta que se cruzó en su camino la palabra maldita. La misma que le consumió, pero no le hizo pequeño, ni calló su voz. Gracias, Pedro, por tanto. Fuiste un ejemplo único, un político sin más cartera que la dignidad. El arcoíris llora tu ausencia, pero allá donde estés volverás a demostrar quién eres y cómo, con personalidad, uno deja un legado irrepetible.

viernes, mayo 22, 2015

Archivo propio

 
 
Prefiero no revisitar mis palabras. Me llevaría más de un susto y tendría que asumir una incoherencia tras otra. Y es que los días impulsan ideas y filosofía por teclear, que con el tiempo resulta poco asumible. Siempre he defendido que quería ser mayor. Muy mayor. Con la idea de vida estable que la realidad niega. Tampoco confío en los repeinados y maquilladas de campaña. Érase una vez carne de botar (con b intencionada). En este momento, envidio que mi hermana empiece, en breve, una etapa única y estimulante como es la universitaria. Me cambiaría por ella sin pensarlo. Volvería a estudiar Comunicación y repetiría algunos errores. Sólo algunos, porque otros los borraría con fruición. Me replantearía decisiones, cuestionaría muchas relaciones, rebajaría determinadas pasiones y, todo ello, sin perder mi esencia. Si es que la tengo… Estoy en un momento raro, así en general. Dudo de dónde vengo y más hacia dónde me encamino. Sin tener nada claro, salvo una cosa, que me gustaría alcanzar un poso de tranquilidad que mis días no tienen. Me frustro por nada, me machaco sin remedio, balanceo entre el bien y el mal, vaciando la casilla de la confianza. Muchos argumentos se pierden por el camino viendo surrealismos, sufriendo gestiones pésimas, aceptando estercoleros para pagar facturas. La luz se aleja y el ánimo mengua. Nos imponen quedarnos en lo superficial y mirar hacia otro lado, para negar las consecuencias patéticas de quienes han decidido peor. Y sí, tan pronto me siento víctima como decido airear la capa de superhéroe. La misma que me llevo a parar y contemplarlo todo desde lo alto de mi rascacielos personal. Esa que me enseñó a desplegar otra campeona, diosa de las palabras y las miradas cómplices. Ella me esperaba al otro lado de la mesa, donde hasta el mayor imposible era posible. El tiempo solidifica recuerdos, al tiempo que convierte las sensaciones en material de archivo. La pena es que no pueden desempolvarse así como así. Porque me encantaría recuperar unas cuantas y deshacerme de tanta tontería.
 

martes, mayo 05, 2015

De Jesús a Hermida



Ayer las palabras, las mismas en las que se recreaba, se quedaron en shock. Se marchaba el maestro de contar historias, el gran prestidigitador de la realidad. Se iba Jesús Hermana y con él, una parte fundamental de la historia de la televisión en España. Quienes amamos este medio nos quedábamos huérfanos hace tiempo, desde que su pelazo entupetado abandonara la pequeña pantalla. Pero ahora, al saber de su marcha, el vacío se deshacía en titulares. Su genialidad era homenajeada por tantos compañeros, muchos de ellos su auténtico legado profesional. Porque fueron cien por cien obra suya. Hablo de las chicas y los chicos Hermida, cuyos nombres y apellidos sobran en este texto, pues nos viene a la cabeza su foto de familia, sus especiales con las mejores galas… Hubiera dado tanto por aprender a su lado y llenarme hoy la boca diciendo ¡gracias, maestro! Pero he reconocer que aprender, aprendí, desde bien pequeño postrado frente al televisor, empapándome de sus modos de hacer, de su espectáculo de lo cotidiano, de su grandilocuencia bien entendida. Ese cabecear, esas frases extendidas con genial hilaridad. Conseguía hipnotizar con aquello que transmitía. Trajo a España los grandes formatos matinales, auténticos shows, donde todo cabía en perfecto equilibrio. ¡Y en directo…! ¡Ay, el directo! Cuando la vida me puso la oportunidad de hacer tele, salvando las distancias, me inspiró lo mucho que había captado de su esencia. Magazine, qué gran palabra, tan denostada por muchos y valientemente defendida por su capacidad de comunicador innato. Nos hizo viajar a la Luna, sacó los colores a personajes de la Historia, demostró que el Periodismo se podía escribir en mayúsculas. Sin despeinarse cuando tenía que sacar a relucir su cara B, la de showman, que lo mismo montaba un teatrillo que cantaba a su manera. Quienes hoy ocupan los grandes medios, en realidad, quienes hoy ocupan los despachos de los grandes medios (y otros tantos pequeños) bien debían aprender de un hombre íntegro, profesional, capaz, decidido, innovador… Pues quienes vamos a su compás arrastramos sus miserias y no entendemos que nuestro sueño de contar historias, el que tan bien cumplió Jesús, se desinfle. Nos merecemos más ejemplos como él, atrapando a las cámaras y a los televidentes, amigos en la distancia. Se coló en nuestras casas tantas veces, hasta convertirse en casi uno más que, al decir adiós, se dice, se cuenta, se rumorea que se te echará mucho de menos, Jesús.
 

viernes, abril 17, 2015

Adiós, contigo



El sinsentido se llama tú. Desde que apareciste con esa media mirada, esa media sonrisa, ese medio querer… supe de mi condena, pero quise convencerme de mi seguro contra terroristas del corazón. Callabas, observando a todos, pero entreteniéndote en mi enganche. Era incapaz de apartarme de ti. El más mínimo roce con tu piel era suficiente para alimentar mi fantasía. Nos veía lejos. Felices. Plenos. Ajenos a tanto. Ausentes de todos. Nos terminábamos las frases como en un juego iniciático de enamorados, en ebullición y construyendo su dos en uno. Necesitaba esos pequeños momentos, entre el grupo, pero saltando el espacio/tiempo para susurrarnos nadas que decían infinitos. Presumías de madurez y despertabas mi necesidad de protección. Te habrían contado mis taras, pues parafraseabas cada remedio eficaz. Mi estructura de vida se ponía a tus pies por momentos. Mi salvador. El destino hecho media pieza de fruta amorosa, fresca, vigorosa. Desaparecían las dudas, las contradicciones, el caparazón histórico. Iluminabas cada paso que a dúo se antojaba una polisemia rica, vibrante y sabrosa. Como imaginaba tus labios. Tan rítmicos e insinuantes, cómplices y socarrones. Conseguiste que mi cabeza desacompasara con los latidos cardiacos. Locos y en fulgor de ti. Escribiste emociones nuevas que no sabría trasladar a palabras. Era tanto y tan genial lo que en mi provocabas que lo nunca imaginé es que fueras preso del miedo. Que te replegaras y escondieras bajo esa careta. Acopocado, incauto, desdibujado frente a mi verdad, que era la tuya. Mi discurso menguaba tu fuerza. No era consciente de que fueras a reaccionar así. Me hubiera tirado a la piscina sin agua, por ti no habría reto imposible. Pero si lo hice fue en respuesta a esas señales, esas pistas que dosificabas para alimentar mi ansia. No eran imaginaciones mías. ¿Sabes? Se acabó el pensar que eras mi antídoto frente a la infelicidad. Digo adiós a malgastar energías ni mi tiempo contigo. Porque el contigo ha mutado en conmigo por siempre jamás.

¿Qué tendrá el desamor que tanto inspira? Estas palabras no tienen dueñ@, ni fecha en el calendario. Sí múltiples protagonistas de testimonio compartido, ¿no es cierto?

lunes, marzo 23, 2015

Pisa Moreno, pisa con caspa



Quien me conozca sabrá de mi total enganche televisivo. Un medio que conozco y defiendo con pasión. Siempre que su base sea la del talento, una suma de profesionales cualificados y entregados a crear un producto de calidad. Así debiera ser con todo, no sólo en el medio catódico. Pero cuando hablamos del ente público, lo que se presupone ha de ser ley. Ahí está el dinero de nuestros impuestos construyendo una parrilla de dudoso gusto. Hace tiempo que critico su pésima gestión, que se traduce en audiencias nefastas. Dicen que el público consume sin juicio crítico, pero hemos perdido la cuenta desde que la audiencia apagó indiscriminadamente La 1 y La 2. Si creíamos que con Mariló el mando había colmado el vaso, de repente, retorna cual ave fénix el señor ventrílocuo de nombre JL y Moreno de rayo UVA. Productor omnipresente y con un curriculum infinito, como el estercolero que crea a cada paso. Su último hito es repetir, caspa mediante, esa bazofia de programa de noche, donde el espectáculo rezuma de cabecera a despedida. Espectáculo dantesco. Ahora han pasado la noche de fiesta por una alfombra roja (irreal). Veinte personas de público dan buena cuenta del ir y venir de artistas de verbena y presentadoras transparentosas. Comedietas machistas, desfiles descontextualizados, humor grueso (esto no va por Charo Reina, creí morir en su papel de asistenta bebida de más, por Dior). Una pena, así en resumidas cuentas. Porque seguro que aspiran a alimentar a muchas familias de este esperpento televisado, en vista de la cuadrilla de ‘actores’ y ‘colaboradores’, que no tenían nada mejor que hacer que maquillarse y microfonarse por la gracia del Moreno de turno. Todo está inventado en la tele. O casi. Pero este invento ya creíamos haberlo superado. Los sindicatos claman al cielo, lógico. Y yo me pregunto, ¿antes de aprobar un programa no piden un piloto? De haberlo mostrado, ¿sus conductoras irían de ursulinas y en el ‘falso’ directo mutaban a cuerpos del delito? Sea como fuere, espero que la vida de este atentado al mal gusto y la absurdez en caja tonta terminen pronto. En su lugar, las universidades están llenas de chicas y chicos desbordantes de ilusión e inocencia esperando a un directivo de televisión que apueste por sus ideas. Recuerdo a unos muchachos que soñaban mucho y hasta en voz alta. Total, que Antena 3 robó su idea de programa. Jajajaja. Y no, no fue el pérfido JL. 

martes, marzo 03, 2015

Allen, la llave que quería ser otra



Ser una más, nunca. Una frase de folclórica que era curioso se hubiese convertido en el mantra de vida de una llave Allen. Estaba harta de criar polvo en el maletín de herramientas de turno y esperar, sin pena ni gloria, que su dueño recurriera a ella para la chapuza más insospechada. Ella aspiraba a más. Era adicta a los programas de Bricomanía y se imaginaba salerosa en primer plano. Porque en manos del rudo presentador se aseguraba la gloria entre el resto de sus hieráticas compañeras. Cada día le resultaba más polvoriento en el garaje de Manolo. Así se llamaba su dueño, un solterón que se había dedicado toda la vida a trabajar en una fábrica de vidrios. Demasiado tiempo como para olvidarse de sus vicios, pensaba para sí la llave con ínfulas de estrella. Por ella se hubiese casado con un tornillo XXL, a más grande, más posibles. Pero pasaba tan desapercibida entre la multitud cacharrera que su idílico matrimonio de postín no llegaba nunca. Guardaba para sí sus fantasías, pues temía la tomaran por loca u oxidada. Bueno, decir eso sería mentir. En una ocasión, se la ocurrió contar a las tuercas que antes de ir a parar allí había protagonizado Cuéntame cómo lo monto yo, un documental del handmade muy prestigioso. Ninguna creyó su relato de llave mediática, por muchos detalles que acompañaran su batallita. Fue la comidilla durante un largo tiempo. Por eso, en su hierro interno no podía dejar de imaginarse fuera de aquella caja tan vieja, como poco glamourosa. Se esforzaba en pensar un plan perfecto que la catapultara a la fama y dejara con la broca abierta a todas las cotillas del lugar.

Fue un sábado, como de costumbre, que Manolo se afanó en demostrar su cum laude en chapuzas. Esta vez debía montar un mueble para un sobrino muy pesado, el típico que no sabe armar ni un mueble de Ikea con instrucciones. Seleccionó a unas cuantas de la caja, las que intuitivamente pensó que podía necesitar. Allen fue de las primeras. A su lado, un destornillador encendió en ella una bombilla. Ni estaba como de costumbre, algo se había hecho. ¿Una puesta a punto? ¿Un lavado de material? Parecía otro. Ella no quería ser menos. Se prometió a sí misma que aquella sería la última intervención como una herramienta del montón. Ella quería los focos sobre su torneado cuerpo. Aquella noche no durmió, su plan no debía tener ningún cabo suelto. Pensó que el único modo de alcanzar su propósito era siendo otra. Diferente. Especial. Única. Otra. Inventándose una nueva vida, un pasado glorioso lejos de Manolo, todo iría sobre ruedas. ¿Cómo lo conseguiría? Pensó en darse de lado a lado del maletín, para provocarse curiosos abollones y hendiduras, que la dieran un aspecto más moderno y dinámico. Sabía que las demás eran de sueño profundo, así que si lo hacía en plena madrugada nadie se daría cuenta. Se armó de valor y empezó el refrote impetuoso. A un lado y otro. Una y otra vez. Notaba cómo, poco a poco, briznas de hierro caían de diferentes zonas de todo su ser. Era como un lifting por las bravas. Estuvo así durante un buen rato, hasta que se dio por satisfecha. Recogió los restos, que eran el pasaporte a su futuro, y volvió a su hueco habitual como si nada. Intentó pegar ojo, pero se veía como portada de las revistas de bricolaje, seleccionada por McGyver como una de sus joyas de colección o protagonizando una campaña de El Corte de Mangas... Se acumulaban sus visiones, el pasaporte al estrellato que tanto (se decía) merecía. Pero hay veces que si deseas algo muy fuerte y manipulas tu propio destino, la realidad golpea más fuerte. Tanto como para acabar en la basura. Y es que ese fue el sitio que Manolo decidió se convirtiera en su resort de vacaciones indefinidas. Al ver a la llave maltrecha y desgastada pensó que ya era hora de jubilarla. Y de golpe y estercolero, se acabaron sus aspiraciones faranduleras. Pobre llave Allen.

sábado, febrero 21, 2015

Hijo de la tele



De todos mis recuerdos de infancia, la mayoría se sitúan en el salón. Frente al televisor. Devorando concursos, magazines y series. Solo, con mi abuelo o con mis padres. Me maravillaba la cantidad de cosas que pasaban en esa caja grande que irradiaba luz. Y sí, soñaba con colarme y ser uno más entre tanta agitación. En aquellos momentos, en el fulgor del medio, sin tanta presión de audiencias ni anunciantes, se cometían excesos y todo lo contrario, se apostaba por formatos genuinos, singulares y con mucha personalidad. Los rostros de la tele eran amables, inspiradores, cercanos... Para un niño en busca de su propia identidad, con ganas de descubrir, de crear y sonreír la suma de posibilidades era infinita. ¿Resultado? Todo aquello me despertó la pasión comunicativa y la decisión, inflexible, de dedicarme al oficio del entretenimiento. Porque eso era, en realidad, lo que me llenaba. A la mínima ocasión montaba mi show. Concursos de espectáculos en el colegio, galas improvisadas con mis primos, revistas surrealistas impresas en casa, programas de radio grabados en cinta de casete... Lo que fuera, con tal de dar rienda suelta a tantas ideas, referencias, surrealismos. Así que tuve claro qué quería estudiar y dónde acabar microfonado. El tiempo, la suerte y el esfuerzo jugaron a mi favor, llegando a cumplir un sueño muy joven: tener mi propio programa. Dirigirlo y presentarlo. En él, volqué muchos contenidos y gentes interesantes, como mis grandes programas referentes, los de Jesús Hermida. El magazine de toda la vida, con todo y más. Y un tono desenfadado, personal y sincero. Nunca entendí el recurrir a esa distancia entre el habitante de la televisión y sus receptores. Fui feliz, tuve total libertad e hice cosas experimentos televisivos a la escala de nuestras posibilidades. Las circunstancias agotaron demasiado pronto esa etapa, que admito añoraré siempre. Experiencias posteriores e intentos de abrir puertas me demostraron que hay que tener mucho cuajo para hacer de la TV tu vida. Consejos de absurdos con éxito, trepismos supinos, enchufes de instalación dudosa, Explotación (mayúscula pretendida)... Da lo mismo, porque la inocencia y la ingenuidad que me empujaron hacia lo mediático ya se esfumaron.

Mi tristeza es que, a día de hoy, se ha perdido la esencia pura de la televisión. Las cadenas se pelean absurdamente y se empeñan en copiarse. Los profesionales son siempre los mismos, con escasa opción para las nuevas y talentosas generaciones. Ahí es donde reconozco que no encajo, porque mi fe ciega es con un medio insólito, atrevido, capaz de sorprender. Me ocurre, incluso, con la ficción. Antes era más defensor de las producciones nacionales, pero cada día estoy más enganchado a las ideas made in USA ('Jane the Virgin', 'Empire', 'Looking', 'Pretty Little Liars', 'Revenge'...). Y así, por el camino, pierdo mi fascinación por nuestra industria televisiva. Necesitamos una renovación, historias de verdad, menos mediocridad y más atreverse a explorar territorios creativos. En definitiva, con magia. Ahora que nuestras dos grandes cadenas privadas cumplen 25 años, pienso que sus directivos tienen que replantearse sus modelos de parilla. Reivindico las galas petardas, bien hechas, porque la de Antena 3 por su fastuoso aniversario se quedó en nada. Antes se hacían espacios tan peculiares como incomprensibles, he ahí su valor. Viendo 'Ochéntame otra vez' esta semana, me resultó genial recuperar en imágenes aquellos especiales de Eurovisión, con un corrillo de jurado con ilustres. Memorable el que presentó Marta Sánchez, perdida y con regalo de pirulí TVE por su noche de pifias. Pirulí que abandonó en una mudanza, resultando en manos de un eurofan neurótico y protagónico. Ojalá vuelvan esos espacios polisémicos, aunque estoy expectante por la nueva temporada de 'Alaska y Segura'. Espero me inspire un poco (o mucho). Lo necesito.

sábado, febrero 07, 2015

De tal palo



La realidad vuela. Antes quedábamos a viva voz de un día para otro, con total complicidad, y ahora somos esclavos de un aparato que vibra compulsivamente. La evolución nos tiene sometidos a tantas dependencias absurdas, nos condena al materialismo y caemos en esa trampa sin rechistar. Entre los últimos fenómenos ¡un paloooo! se ha colado en nuestras vidas. Unido a otro neologismo masificado, el selfie (la autofoto de toda la vida). Pues bien, con ferocidad este palo extensible ha pasado a ser el complemento de moda, el surrealismo más vendido. La gente sale a la calle con sus frustraciones, sus miserias y su palo de selfies. En ese orden o viceversa. No es más que la copia indiscriminada de una fenómeno viralizado entre los famosos. Las redes sociales han democratizado las ínfulas de celebridad. Cada día vemos cómo muchas personas emulan las maneras de sus ídolos, haciendo de otro nuevo cuño, el postureo, una forma de vida. Encanta visibilizar, airear lo cotidiano, posando con morritos y añadiendo frases de dudosa intensidad. Ahí es donde el palo ha añadido vistosidad, mejorando el resultado final de la foto frontal de careto imprevisible. Palo que se cuela en muchas de ellas, aportando al dueño una dosis de modernidad y poderío. ¿Palocentrismo? ¿Palofilia? Recuerdo que en mi adolescencia te daban el palo, literal, arrebatando un bien preciado o esa paga que ansiabas en gastar. Ahora el palo va incorporado, cual extensión insólita de la necesidad de ser una oveja tendenciosa en el rebaño social. Me preocupa que vamos perdiendo espíritu crítico, asimilamos sin filtro y deshumanizamos esta sociedad. Mucha culpa tiene la penosa estructura educativa, los valores que construyen a nuestros pequeños y los mandamases que aprietan manos, manchadas estas de ego y codicia. Son ellos quien se parapetan en un plasma o en la censura, creando una pésima inercia. Así que la conclusión es que menos palos para fotografiar y más para otorgarnos la oportunidad de tener un contexto mejor. 

lunes, enero 26, 2015

La cara B



Tenemos una vida ¿predestinada? Cada uno de nuestros actos, cada decisión, las personas que están a nuestro lado, todo lo fue (y lo es) en detrimento de otras opciones. Me remueve demasiado el pensar que soy víctima de pésimas opciones. Lamento ausencias y silencios, condicionados por el momento o por miedo. Y sí, me planteo qué sería de mi en caso de haber optado por el otro camino. Si hubiera sido valiente en unos casos, menos osado en otros. ¿Cómo se escribiría mi cara B? Puede que el contexto peripatético no ayude. Que mi autoexigencia cuestione en demasía. Pero hay demasiado vacío y una extraña sensación de rechazo a este yo que visto y calzo. Admiro a la gente que transita con alegría y despreocupación, mascando cada instante con pasión y espontaneidad. Mis taras me impiden soltarme la melena y pelear por lo que/quien quiero. Me hago bichobola sin remedio y me dedico a balancearme entre mi espada y la pared. Es enfermizo, lo sé. Hay sabios que nos lanzan a la acción, al frenesí de lo desconocido y construir desde ahí tal o cual propósito. Pero yo me quedo mirando desde lo alto del precipicio, esperando el empujón que nunca llega. Estoy cansado de sumar errores, de luchar contra una corriente que me hace nulo favor. He ahí la oportunidad de romper y empezar un reto con nombre y apellidos, los míos. Me quedo agazapado y temeroso, asumiendo que ese bienestar no me pertenece. Hay demasiado que psicoanalizar aquí, los divanes ya conocen mis dramas y nuestro diálogo se esfuma con demasiada facilidad. Tampoco me buscan las sonrisas cómplices ni los besos robados. Y me pierdo entre palabras e historias de otros para cimentar un momento entre paréntesis. El que he levantado, de lado a lado, para olvidar para siempre este tiempo (¡años ya!) de un cinta que pide a gritos un cambio de cara. 

sábado, enero 17, 2015

Los Chungazos



Asumo que nadie es políticamente correcto las 24 horas del día. Es más, superar el reto de exponerse a las cámaras y mostrarse sin dobleces me resulta muy complicado. Vaya por delante que yo no lo superaría. Pero de ahí a hacer del insulto y la zafiedad el valor diferencial van muchos pasos. La polémica expulsión de Los Chunguitos en GHVIP llegó tarde. El reality estiró al máximo su estancia en la casa, de la que ellos planeaban huir asqueados, con el fin de rentabilizarlo en términos de audiencia. Y vaya si lo hicieron, consiguiendo datos casi históricos (4,3 millones de espectadores y 31,5% de share). Las andanzas de la suma de pseudofamosos parece ha calado hondo entre los televidentes, con permiso del melenado de bendiciones  y futurología de mesa camilla.  El elenco singular, con princesa de pueblo hinchada por la vida, exconcejala onanista/exhibicionista o adán de liana incorporada sin taparrabos, entre otros, ha cumplido con el morbo del showbusiness. Se esperaba que el humor lo firmaran los hermanos por subtitular. Nadie dijo que sus maneras fueran finas, pero por el camino destrozaron colectivos, sensibilidades y educación. Mi reflexión supera las paredes de Guadalix. Si estos artistas, de giras y venidas, de amplios (¿?) círculos sociales y hermanas rotundas de glucosa piensan así... ¿Cuánta gente presumirá, como ellos, de comentarios neandertales e intolerancia supina? A estas alturas muchos defienden que la libertad ha sido una conquista. Y no es cierto. Es una lucha continua, incansable y rotunda frente a gentuza de esta calaña. 

Escupen por sus bocas de singles mal escritos cualquier cosa, llevándose por delante la dignidad de otros. No hay que pedir perdón a nadie por ser uno mismo, ni permiso para vivir conforme a unos sentimientos y/o necesidades. Considero tibia la medida de expulsar a Los Chungazos del programa y permitir su estancia en plató. Es un sí, pero no. Un modo de contener bajo los focos la esencia absurda de estos clows de extrarradio. Siempre defiendo que un medio de comunicación privado puede tomar cualquier tipo de decisión empresarial, por incomprensible que sea. Es ahí cuando el espectador debe tomar su propia decisión de hacer uso inteligente del mando. Con contenidos del medio público el debate es otro (y necesario). Pero aquí pienso que Mediaset se confunde, al mantener esa ventana de visibilidad y facturación de dos energúmenos de la palabra y los modales. No tengo nada en contra de su raza, merecen todo el respeto, el mismo que ellos han negado, una y otra vez, con sus embrutecidas bravuconadas de machos ¿alfa? Su escenificación en la gala de disculpas en alharacas hacia el colectivo LGTB (¡Vivan, vivan!) me resultó igualmente fuera de lugar. Como el beso de Judas a un amigo, encantado de servir a la causa chunga. ¡Qué pena! Cada día nuestra televisión pierde todo, por permitir que habitantes de este tipo ocupen horas y comentarios. Quienes amamos el medio no entendemos los niveles incomprensibles de encefalograma plano, referentes para muchos consumidores del electrodoméstico en tecnicolor. El off es la salvación.    
  

domingo, enero 11, 2015

Oh, cielos



De tanto esperar, desesperó. Así reza en el epitafio de A.S., un joven lleno de ilusiones, talento y energía. Parecía no ser suficiente, pues la realidad consumió su esencia. Tanto que acabó con su vida. Entre sus amigos era conocido como el luchador, incansable y armado de valor. Se ponía el mundo por montera y su primera respuesta era siempre una sonrisa. Desde bien pequeño sus padres le habían enseñado que este mundo era todo un reto. Que los cuentos eran eso, cuentos, y que los finales felices eran carne de guión. Tuvo una infancia feliz, por mucho que algunos le tildaran como el bicho raro. Siempre entre mayores, acabó hablando como ellos. Así que a los niños les parecía un extraño. Entonces cuando le preguntaban ¿qué quieres ser de mayor? contestaba segurísimo que hombre del tiempo. ¡Como Maldonado! De hecho unos Reyes Magos le sorprendieron con un mapa enorme que llenó de soles, nubes y rayos. Jugaba con ellos y se inventaba pronósticos llenos de anticiclones y borrascas. El juego se convirtió en empeño y superación personal. Tuvo que irse fuera a estudiar y cumplir su sueño meteorológico. Sus notazas avalaban su vocación. Tanto como su mirada, siempre perdida en el cielo. Decía que buscaba formas entre los nubarrones, pero cualquiera diría que se comunicaba con el infinito azul en busca de la predicción perfecta.

Pronto encontró trabajo en un importante canal de televisión. Iluminaba las casas de los espectadores con su personalidad única, esos ojos vivarachos y la cercanía, su marca personal. Se hizo un hueco en el día a día de tanta gente que veía en él mucho más que un contador de isobaras. Asociaba cada día a una palabra, que guardaba celosamente en su libreta de cabecera. Un día me confesó que la escribía tantas veces como hiciera falta, con tal de dejarse contagiar de su significado. Imagino que en esos días, de éxito y realización profesional, aquellas páginas eran la suma de su optimismo. Pero como le habían enseñado de pequeño, la vida era un ciclo. Y no siempre perfecto. Hubo una reestructuración en la cadena y prescindieron de su hombre del tiempo. Una voz en off se encargaría desde entonces de cubrir su papel, el que había construido con pasión y entrega. Desde ese momento se apagaron sus soles y la tormenta, en forma de lágrimas, se apoderó de él. Además, supuso el final de su relación de pareja. Algunos le habíamos advertido del carácter interesado de su chica, pero él con su bondad e ingenuidad negaba toda duda. Una pena. Ella fue ver cómo perdió su posición y perderse en busca de otro objetivo. Cayó en una brutal depresión. Una enfermedad durísima, a la que muchos tratan con frivolidad. Se encerró, calló y sufrió el paso del tiempo.

Dicen que salía de noche, a dar vueltas cerca de su casa. No tenía que esconderse, pero sus sentimientos le pedían a gritos ese aislamiento. Su castillo de naipes se derrumbó y con él se desdibujó su sonrisa. Su madre, el ángel de la guardia que no se separó de su hijo jamás, cuenta como él repetía una y otra vez: hay que esperar. Pero veía cómo se marchitaba. Se ponía cintas de sus intervenciones televisivas y lloraba amargamente. Ya no quería ni mirar a su cielo cómplice. El trabajo de sus sueños y el amor de latido infeliz que siempre había perseguido, los dos se fueron para no volver. Y él decidió seguir su camino. Hoy me toca vestirme de negro. Por él. Y sí, miraré a las nubes a ver si me reencuentro con su sonrisa.      

jueves, enero 01, 2015

Suma 2015



No necesito exclusivas ni retoques de PhotoShop, sólo buenas energías para dar la bienvenida al año nuevo. 2015, esperamos mucho de ti, no puedes defraudarnos. Más justicia y menos absurdez, por favor. Escribamos juntos un año tan apasionante como especial. Que la negatividad se exilie para siempre...

miércoles, diciembre 24, 2014

Felices días Felices



Nunca entendí que el calendario nos impusiera un estado de ánimo... Por eso mi deseo no se acota en fechas, sino en ilusiones, proyectos, sueños... Escribe tu vida con tu mejor versión.

lunes, diciembre 22, 2014

Mocito (in)feliz



Algo muy gordo, o el Gordo directamente, tiene que pasar para que el 22 de Diciembre sea bueno en mi vida. El destino lo asocia a disgustos, tropezones, decepciones... Será caprichoso el calendario o una fijación personal que remarca lo malo en un día tal, pero me cuesta pasar estas 24 horas. El tiempo, dicen, lo cura todo. Y no siempre es cierto. Porque hay recuerdos, flashbacks inoportunos, sensaciones que te hacen pequeño. No de edad, de angustia. Y hoy es uno de esos días en que se me acumulan todas esas trabas, esas muescas en negativo. Últimamente siento la necesidad imperiosa de un cambio radical, de una liberación, de respirar y reencontrarme con mi esencia. El momento mengua, incomoda y frustra. Desde esa premisa construir algo se antoja complicado. Y cuando la bola se hace más grande el bichobola crece de forma proporcional. Como los Pokemon, pero sin cromos. Sigo sin entender la absurdez supina que parece tenemos que encajar. El poder que no me representa, los desvaríos que nos han traído hasta aquí. Hasta Facebook me pregunta '¿Qué estás pensando?' y yo le diría tantas cosas y ninguna. Fuera de juego, bloqueado, desanimado. Sé, positivamente, que este no es mi momento. Llegará, espero. Lo necesito. Me cuesta reconocerme y eso me alerta. Por suerte mañana será 23 de Diciembre y espero que el día me sorprenda. Cruzarme contigo inesperadamente, regalar palabras perdidas, reírnos como nos gustaba, besarnos hasta infinito... Soñar es casi gratis y sino que se lo pregunten a quienes hoy se han visto sacudidos por la suerte. ¡Protagonistas del Telediario! Carne de foco de Mariló o AR. Ojalá los euros tengan un efecto positivo en sus vidas, tanto como la salud para los que buscan consuelo. El mío aspiro a que sigan siendo las palabras. Sin necesidad de niños repelentes de San Ildefonso ni Mocito Feliz que quiera colarse en la foto.