Quien me conozca sabrá de mi
total enganche televisivo. Un medio que conozco y defiendo con pasión. Siempre
que su base sea la del talento, una suma de profesionales cualificados y
entregados a crear un producto de calidad. Así debiera ser con todo, no sólo en
el medio catódico. Pero cuando hablamos del ente público, lo que se presupone
ha de ser ley. Ahí está el dinero de nuestros impuestos construyendo una
parrilla de dudoso gusto. Hace tiempo que critico su pésima gestión, que se
traduce en audiencias nefastas. Dicen que el público consume sin juicio
crítico, pero hemos perdido la cuenta desde que la audiencia apagó indiscriminadamente La 1 y La
2. Si creíamos que con Mariló el mando había colmado el vaso, de repente,
retorna cual ave fénix el señor ventrílocuo de nombre JL y Moreno de rayo UVA.
Productor omnipresente y con un curriculum infinito, como el estercolero que
crea a cada paso. Su último hito es repetir, caspa mediante, esa bazofia de
programa de noche, donde el espectáculo rezuma de cabecera a despedida.
Espectáculo dantesco. Ahora han pasado la noche de fiesta por una alfombra roja
(irreal). Veinte personas de público dan buena cuenta del ir y venir de
artistas de verbena y presentadoras transparentosas. Comedietas machistas,
desfiles descontextualizados, humor grueso (esto no va por Charo Reina, creí
morir en su papel de asistenta bebida de más, por Dior). Una pena, así en
resumidas cuentas. Porque seguro que aspiran a alimentar a muchas familias de
este esperpento televisado, en vista de la cuadrilla de ‘actores’ y ‘colaboradores’, que no tenían nada mejor que hacer que maquillarse y microfonarse por la gracia
del Moreno de turno. Todo está inventado en la tele. O casi. Pero este invento
ya creíamos haberlo superado. Los sindicatos claman al cielo, lógico. Y yo me
pregunto, ¿antes de aprobar un programa no piden un piloto? De haberlo
mostrado, ¿sus conductoras irían de ursulinas y en el ‘falso’ directo mutaban a
cuerpos del delito? Sea como fuere, espero que la vida de este atentado al mal
gusto y la absurdez en caja tonta terminen pronto. En su lugar, las
universidades están llenas de chicas y chicos desbordantes de ilusión e
inocencia esperando a un directivo de televisión que apueste por sus ideas.
Recuerdo a unos muchachos que soñaban mucho y hasta en voz alta. Total, que
Antena 3 robó su idea de programa. Jajajaja. Y no, no fue el pérfido JL.
lunes, marzo 23, 2015
martes, marzo 03, 2015
Allen, la llave que quería ser otra
Ser una más, nunca. Una frase de
folclórica que era curioso se hubiese convertido en el mantra de vida de una
llave Allen. Estaba harta de criar polvo en el maletín de herramientas de turno
y esperar, sin pena ni gloria, que su dueño recurriera a ella para la chapuza
más insospechada. Ella aspiraba a más. Era adicta a los programas de Bricomanía
y se imaginaba salerosa en primer plano. Porque en manos del rudo presentador
se aseguraba la gloria entre el resto de sus hieráticas compañeras. Cada día le
resultaba más polvoriento en el garaje de Manolo. Así se llamaba su dueño, un
solterón que se había dedicado toda la vida a trabajar en una fábrica de
vidrios. Demasiado tiempo como para olvidarse de sus vicios, pensaba para sí la
llave con ínfulas de estrella. Por ella se hubiese casado con un tornillo XXL,
a más grande, más posibles. Pero pasaba tan desapercibida entre la multitud
cacharrera que su idílico matrimonio de postín no llegaba nunca. Guardaba para
sí sus fantasías, pues temía la tomaran por loca u oxidada. Bueno, decir eso
sería mentir. En una ocasión, se la ocurrió contar a las tuercas que antes de
ir a parar allí había protagonizado Cuéntame cómo lo monto yo, un documental
del handmade muy prestigioso. Ninguna creyó su relato de llave mediática, por
muchos detalles que acompañaran su batallita. Fue la comidilla durante un largo
tiempo. Por eso, en su hierro interno no podía dejar de imaginarse fuera de
aquella caja tan vieja, como poco glamourosa. Se esforzaba en pensar un plan
perfecto que la catapultara a la fama y dejara con la broca abierta a todas las
cotillas del lugar.
Fue un sábado, como de costumbre, que Manolo se afanó en
demostrar su cum laude en chapuzas. Esta vez debía montar un mueble para un
sobrino muy pesado, el típico que no sabe armar ni un mueble de Ikea con
instrucciones. Seleccionó a unas cuantas de la caja, las que intuitivamente
pensó que podía necesitar. Allen fue de las primeras. A su lado, un
destornillador encendió en ella una bombilla. Ni estaba como de costumbre, algo
se había hecho. ¿Una puesta a punto? ¿Un lavado de material? Parecía otro. Ella
no quería ser menos. Se prometió a sí misma que aquella sería la última
intervención como una herramienta del montón. Ella quería los focos sobre su
torneado cuerpo. Aquella noche no durmió, su plan no debía tener ningún cabo
suelto. Pensó que el único modo de alcanzar su propósito era siendo otra.
Diferente. Especial. Única. Otra. Inventándose una nueva vida, un pasado
glorioso lejos de Manolo, todo iría sobre ruedas. ¿Cómo lo conseguiría? Pensó
en darse de lado a lado del maletín, para provocarse curiosos abollones y
hendiduras, que la dieran un aspecto más moderno y dinámico. Sabía que las
demás eran de sueño profundo, así que si lo hacía en plena madrugada nadie se
daría cuenta. Se armó de valor y empezó el refrote impetuoso. A un lado y otro.
Una y otra vez. Notaba cómo, poco a poco, briznas de hierro caían de diferentes
zonas de todo su ser. Era como un lifting por las bravas. Estuvo así durante un
buen rato, hasta que se dio por satisfecha. Recogió los restos, que eran el
pasaporte a su futuro, y volvió a su hueco habitual como si nada. Intentó pegar
ojo, pero se veía como portada de las revistas de bricolaje, seleccionada por
McGyver como una de sus joyas de colección o protagonizando una campaña de El
Corte de Mangas... Se acumulaban sus visiones, el pasaporte al estrellato que
tanto (se decía) merecía. Pero hay veces que si deseas algo muy fuerte y
manipulas tu propio destino, la realidad golpea más fuerte. Tanto como para acabar
en la basura. Y es que ese fue el sitio que Manolo decidió se convirtiera en su
resort de vacaciones indefinidas. Al ver a la llave maltrecha y desgastada
pensó que ya era hora de jubilarla. Y de golpe y estercolero, se acabaron sus
aspiraciones faranduleras. Pobre llave Allen.
sábado, febrero 21, 2015
Hijo de la tele
De todos mis recuerdos de
infancia, la mayoría se sitúan en el salón. Frente al televisor. Devorando
concursos, magazines y series. Solo, con mi abuelo o con mis padres. Me
maravillaba la cantidad de cosas que pasaban en esa caja grande que irradiaba
luz. Y sí, soñaba con colarme y ser uno más entre tanta agitación. En aquellos
momentos, en el fulgor del medio, sin tanta presión de audiencias ni anunciantes,
se cometían excesos y todo lo contrario, se apostaba por formatos genuinos,
singulares y con mucha personalidad. Los rostros de la tele eran amables,
inspiradores, cercanos... Para un niño en busca de su propia identidad, con
ganas de descubrir, de crear y sonreír la suma de posibilidades era infinita.
¿Resultado? Todo aquello me despertó la pasión comunicativa y la decisión,
inflexible, de dedicarme al oficio del entretenimiento. Porque eso era, en
realidad, lo que me llenaba. A la mínima ocasión montaba mi show. Concursos de
espectáculos en el colegio, galas improvisadas con mis primos, revistas
surrealistas impresas en casa, programas de radio grabados en cinta de casete...
Lo que fuera, con tal de dar rienda suelta a tantas ideas, referencias,
surrealismos. Así que tuve claro qué quería estudiar y dónde acabar
microfonado. El tiempo, la suerte y el esfuerzo jugaron a mi favor, llegando a
cumplir un sueño muy joven: tener mi propio programa. Dirigirlo y presentarlo. En él, volqué muchos
contenidos y gentes interesantes, como mis grandes programas referentes, los de
Jesús Hermida. El magazine de toda la vida, con todo y más. Y un tono
desenfadado, personal y sincero. Nunca entendí el recurrir a esa distancia
entre el habitante de la televisión y sus receptores. Fui feliz, tuve total
libertad e hice cosas experimentos televisivos a la escala de nuestras
posibilidades. Las circunstancias agotaron demasiado pronto esa etapa, que
admito añoraré siempre. Experiencias posteriores e intentos de abrir puertas me
demostraron que hay que tener mucho cuajo para hacer de la TV tu vida. Consejos
de absurdos con éxito, trepismos supinos, enchufes de instalación dudosa, Explotación
(mayúscula pretendida)... Da lo mismo, porque la inocencia y la ingenuidad que
me empujaron hacia lo mediático ya se esfumaron.
Mi tristeza es que, a día de hoy, se ha
perdido la esencia pura de la televisión. Las cadenas se pelean absurdamente y
se empeñan en copiarse. Los profesionales son siempre los mismos, con escasa
opción para las nuevas y talentosas generaciones. Ahí es donde reconozco que no
encajo, porque mi fe ciega es con un medio insólito, atrevido, capaz de
sorprender. Me ocurre, incluso, con la ficción. Antes era más defensor de las
producciones nacionales, pero cada día estoy más enganchado a las ideas made in
USA ('Jane the Virgin', 'Empire', 'Looking',
'Pretty Little Liars', 'Revenge'...). Y así, por el camino, pierdo mi
fascinación por nuestra industria televisiva. Necesitamos una renovación,
historias de verdad, menos mediocridad y más atreverse a explorar territorios
creativos. En definitiva, con magia. Ahora que nuestras dos grandes cadenas
privadas cumplen 25 años, pienso que sus directivos tienen que replantearse sus
modelos de parilla. Reivindico las galas petardas, bien hechas, porque la de
Antena 3 por su fastuoso aniversario se quedó en nada. Antes se hacían espacios
tan peculiares como incomprensibles, he ahí su valor. Viendo 'Ochéntame otra vez' esta semana, me
resultó genial recuperar en imágenes aquellos especiales de Eurovisión, con un
corrillo de jurado con ilustres. Memorable el que presentó Marta Sánchez,
perdida y con regalo de pirulí TVE por su noche de pifias. Pirulí que abandonó
en una mudanza, resultando en manos de un eurofan neurótico y protagónico. Ojalá
vuelvan esos espacios polisémicos, aunque estoy expectante por la nueva
temporada de 'Alaska y Segura'. Espero
me inspire un poco (o mucho). Lo necesito.
sábado, febrero 07, 2015
De tal palo
La realidad vuela. Antes
quedábamos a viva voz de un día para otro, con total complicidad, y ahora somos
esclavos de un aparato que vibra compulsivamente. La evolución nos tiene
sometidos a tantas dependencias absurdas, nos condena al materialismo y caemos
en esa trampa sin rechistar. Entre los últimos fenómenos ¡un paloooo! se ha
colado en nuestras vidas. Unido a otro neologismo masificado, el selfie (la autofoto de toda la vida).
Pues bien, con ferocidad este palo extensible ha pasado a ser el complemento de
moda, el surrealismo más vendido. La gente sale a la calle con sus
frustraciones, sus miserias y su palo de selfies.
En ese orden o viceversa. No es más que la copia indiscriminada de una fenómeno
viralizado entre los famosos. Las redes sociales han democratizado las ínfulas
de celebridad. Cada día vemos cómo muchas personas emulan las maneras de sus
ídolos, haciendo de otro nuevo cuño, el postureo,
una forma de vida. Encanta visibilizar, airear lo cotidiano, posando con
morritos y añadiendo frases de dudosa intensidad. Ahí es donde el palo ha
añadido vistosidad, mejorando el resultado final de la foto frontal de careto
imprevisible. Palo que se cuela en muchas de ellas, aportando al dueño una
dosis de modernidad y poderío. ¿Palocentrismo?
¿Palofilia? Recuerdo que en mi
adolescencia te daban el palo, literal, arrebatando un bien preciado o esa paga
que ansiabas en gastar. Ahora el palo va incorporado, cual extensión insólita
de la necesidad de ser una oveja tendenciosa en el rebaño social. Me preocupa
que vamos perdiendo espíritu crítico, asimilamos sin filtro y deshumanizamos esta
sociedad. Mucha culpa tiene la penosa estructura educativa, los valores que
construyen a nuestros pequeños y los mandamases que aprietan manos, manchadas estas
de ego y codicia. Son ellos quien se parapetan en un plasma o en la censura,
creando una pésima inercia. Así que la conclusión es que menos palos para
fotografiar y más para otorgarnos la oportunidad de tener un contexto mejor.
lunes, enero 26, 2015
La cara B
Tenemos una vida ¿predestinada?
Cada uno de nuestros actos, cada decisión, las personas que están a nuestro
lado, todo lo fue (y lo es) en detrimento de otras opciones. Me remueve
demasiado el pensar que soy víctima de pésimas opciones. Lamento ausencias y
silencios, condicionados por el momento o por miedo. Y sí, me planteo qué sería
de mi en caso de haber optado por el otro camino. Si hubiera sido valiente en
unos casos, menos osado en otros. ¿Cómo se escribiría mi cara B? Puede que el
contexto peripatético no ayude. Que mi autoexigencia cuestione en demasía. Pero
hay demasiado vacío y una extraña sensación de rechazo a este yo que visto y
calzo. Admiro a la gente que transita con alegría y despreocupación, mascando
cada instante con pasión y espontaneidad. Mis taras me impiden soltarme la
melena y pelear por lo que/quien quiero. Me hago bichobola sin remedio y me
dedico a balancearme entre mi espada y la pared. Es enfermizo, lo sé. Hay
sabios que nos lanzan a la acción, al frenesí de lo desconocido y construir
desde ahí tal o cual propósito. Pero yo me quedo mirando desde lo alto del
precipicio, esperando el empujón que nunca llega. Estoy cansado de sumar
errores, de luchar contra una corriente que me hace nulo favor. He ahí la
oportunidad de romper y empezar un reto con nombre y apellidos, los míos. Me
quedo agazapado y temeroso, asumiendo que ese bienestar no me pertenece. Hay
demasiado que psicoanalizar aquí, los divanes ya conocen mis dramas y nuestro
diálogo se esfuma con demasiada facilidad. Tampoco me buscan las sonrisas
cómplices ni los besos robados. Y me pierdo entre palabras e historias de otros
para cimentar un momento entre paréntesis. El que he levantado, de lado a lado,
para olvidar para siempre este tiempo (¡años ya!) de un cinta que pide a gritos
un cambio de cara.
sábado, enero 17, 2015
Los Chungazos
Asumo que nadie es políticamente
correcto las 24 horas del día. Es más, superar el reto de exponerse a las
cámaras y mostrarse sin dobleces me resulta muy complicado. Vaya por delante
que yo no lo superaría. Pero de ahí a hacer del insulto y la zafiedad el valor
diferencial van muchos pasos. La polémica expulsión de Los Chunguitos en GHVIP
llegó tarde. El reality estiró al máximo su estancia en la casa, de la que
ellos planeaban huir asqueados, con el fin de rentabilizarlo en términos de
audiencia. Y vaya si lo hicieron, consiguiendo datos casi históricos (4,3
millones de espectadores y 31,5% de share). Las andanzas de la suma de
pseudofamosos parece ha calado hondo entre los televidentes, con permiso del
melenado de bendiciones y futurología de
mesa camilla. El elenco singular, con
princesa de pueblo hinchada por la vida, exconcejala onanista/exhibicionista o
adán de liana incorporada sin taparrabos, entre otros, ha cumplido con el morbo
del showbusiness. Se esperaba que el humor lo firmaran los hermanos por
subtitular. Nadie dijo que sus maneras fueran finas, pero por el camino destrozaron
colectivos, sensibilidades y educación. Mi reflexión supera las paredes de
Guadalix. Si estos artistas, de giras y venidas, de amplios (¿?) círculos
sociales y hermanas rotundas de glucosa piensan así... ¿Cuánta gente presumirá,
como ellos, de comentarios neandertales e intolerancia supina? A estas alturas
muchos defienden que la libertad ha sido una conquista. Y no es cierto. Es una
lucha continua, incansable y rotunda frente a gentuza de esta calaña.
Escupen
por sus bocas de singles mal escritos cualquier cosa, llevándose por delante la
dignidad de otros. No hay que pedir perdón a nadie por ser uno mismo, ni
permiso para vivir conforme a unos sentimientos y/o necesidades. Considero
tibia la medida de expulsar a Los Chungazos del programa y permitir su estancia
en plató. Es un sí, pero no. Un modo de contener bajo los focos la esencia
absurda de estos clows de extrarradio. Siempre defiendo que un medio de
comunicación privado puede tomar cualquier tipo de decisión empresarial, por
incomprensible que sea. Es ahí cuando el espectador debe tomar su propia
decisión de hacer uso inteligente del mando. Con contenidos del medio público
el debate es otro (y necesario). Pero aquí pienso que Mediaset se confunde, al
mantener esa ventana de visibilidad y facturación de dos energúmenos de la
palabra y los modales. No tengo nada en contra de su raza, merecen todo el
respeto, el mismo que ellos han negado, una y otra vez, con sus embrutecidas bravuconadas
de machos ¿alfa? Su escenificación en la gala de disculpas en alharacas hacia
el colectivo LGTB (¡Vivan, vivan!) me resultó igualmente fuera de lugar. Como
el beso de Judas a un amigo, encantado de servir a la causa chunga. ¡Qué pena!
Cada día nuestra televisión pierde todo, por permitir que habitantes de este
tipo ocupen horas y comentarios. Quienes amamos el medio no entendemos los
niveles incomprensibles de encefalograma plano, referentes para muchos
consumidores del electrodoméstico en tecnicolor. El off es la salvación.
domingo, enero 11, 2015
Oh, cielos
De tanto esperar, desesperó. Así reza en el epitafio de A.S., un
joven lleno de ilusiones, talento y energía. Parecía no ser suficiente, pues la
realidad consumió su esencia. Tanto que acabó con su vida. Entre sus amigos era
conocido como el luchador, incansable y armado de valor. Se ponía el mundo por
montera y su primera respuesta era siempre una sonrisa. Desde bien pequeño sus
padres le habían enseñado que este mundo era todo un reto. Que los cuentos eran
eso, cuentos, y que los finales felices eran carne de guión. Tuvo una infancia
feliz, por mucho que algunos le tildaran como el bicho raro. Siempre entre
mayores, acabó hablando como ellos. Así que a los niños les parecía un extraño.
Entonces cuando le preguntaban ¿qué
quieres ser de mayor? contestaba segurísimo que hombre del tiempo. ¡Como
Maldonado! De hecho unos Reyes Magos le sorprendieron con un mapa enorme que
llenó de soles, nubes y rayos. Jugaba con ellos y se inventaba pronósticos
llenos de anticiclones y borrascas. El juego se convirtió en empeño y
superación personal. Tuvo que irse fuera a estudiar y cumplir su sueño
meteorológico. Sus notazas avalaban su vocación. Tanto como su mirada, siempre
perdida en el cielo. Decía que buscaba formas entre los nubarrones, pero
cualquiera diría que se comunicaba con el infinito azul en busca de la
predicción perfecta.
Pronto encontró trabajo en un importante canal de
televisión. Iluminaba las casas de los espectadores con su personalidad única,
esos ojos vivarachos y la cercanía, su marca personal. Se hizo un hueco en el
día a día de tanta gente que veía en él mucho más que un contador de isobaras.
Asociaba cada día a una palabra, que guardaba celosamente en su libreta de
cabecera. Un día me confesó que la escribía tantas veces como hiciera falta,
con tal de dejarse contagiar de su significado. Imagino que en esos días, de
éxito y realización profesional, aquellas páginas eran la suma de su optimismo.
Pero como le habían enseñado de pequeño, la vida era un ciclo. Y no siempre
perfecto. Hubo una reestructuración en la cadena y prescindieron de su hombre
del tiempo. Una voz en off se encargaría desde entonces de cubrir su papel, el
que había construido con pasión y entrega. Desde ese momento se apagaron sus
soles y la tormenta, en forma de lágrimas, se apoderó de él. Además, supuso el
final de su relación de pareja. Algunos le habíamos advertido del carácter
interesado de su chica, pero él con su bondad e ingenuidad negaba toda duda.
Una pena. Ella fue ver cómo perdió su posición y perderse en busca de otro
objetivo. Cayó en una brutal depresión. Una enfermedad durísima, a la que
muchos tratan con frivolidad. Se encerró, calló y sufrió el paso del tiempo.
Dicen que salía de noche, a dar vueltas cerca de su casa. No tenía que
esconderse, pero sus sentimientos le pedían a gritos ese aislamiento. Su
castillo de naipes se derrumbó y con él se desdibujó su sonrisa. Su madre, el
ángel de la guardia que no se separó de su hijo jamás, cuenta como él repetía
una y otra vez: hay que esperar. Pero
veía cómo se marchitaba. Se ponía cintas de sus intervenciones televisivas y
lloraba amargamente. Ya no quería ni mirar a su cielo cómplice. El trabajo de
sus sueños y el amor de latido infeliz que siempre había perseguido, los dos se
fueron para no volver. Y él decidió seguir su camino. Hoy me toca vestirme de
negro. Por él. Y sí, miraré a las nubes a ver si me reencuentro con su sonrisa.
jueves, enero 01, 2015
Suma 2015
No
necesito exclusivas ni retoques de PhotoShop, sólo buenas energías para
dar la bienvenida al año nuevo. 2015, esperamos mucho de ti, no puedes
defraudarnos. Más justicia y menos absurdez, por favor. Escribamos juntos un año tan apasionante como especial. Que la negatividad se exilie para siempre...
miércoles, diciembre 24, 2014
Felices días Felices
Nunca entendí que el calendario nos impusiera un estado de ánimo... Por eso mi deseo no se acota en fechas, sino en ilusiones, proyectos, sueños... Escribe tu vida con tu mejor versión.
lunes, diciembre 22, 2014
Mocito (in)feliz
Algo muy gordo, o el Gordo
directamente, tiene que pasar para que el 22 de Diciembre sea bueno en mi vida.
El destino lo asocia a disgustos, tropezones, decepciones... Será caprichoso el
calendario o una fijación personal que remarca lo malo en un día tal, pero me
cuesta pasar estas 24 horas. El tiempo, dicen, lo cura todo. Y no siempre es
cierto. Porque hay recuerdos, flashbacks inoportunos, sensaciones que te hacen
pequeño. No de edad, de angustia. Y hoy es uno de esos días en que se me
acumulan todas esas trabas, esas muescas en negativo. Últimamente siento la
necesidad imperiosa de un cambio radical, de una liberación, de respirar y
reencontrarme con mi esencia. El momento mengua, incomoda y frustra. Desde esa
premisa construir algo se antoja complicado. Y cuando la bola se hace más
grande el bichobola crece de forma proporcional. Como los Pokemon, pero sin
cromos. Sigo sin entender la absurdez supina que parece tenemos que encajar. El
poder que no me representa, los desvaríos que nos han traído hasta aquí. Hasta Facebook
me pregunta '¿Qué estás pensando?' y yo le diría tantas cosas y ninguna. Fuera
de juego, bloqueado, desanimado. Sé, positivamente, que este no es mi momento. Llegará,
espero. Lo necesito. Me cuesta reconocerme y eso me alerta. Por suerte mañana
será 23 de Diciembre y espero que el día me sorprenda. Cruzarme contigo inesperadamente,
regalar palabras perdidas, reírnos como nos gustaba, besarnos hasta infinito...
Soñar es casi gratis y sino que se lo pregunten a quienes hoy se han visto
sacudidos por la suerte. ¡Protagonistas del Telediario! Carne de foco de Mariló
o AR. Ojalá los euros tengan un efecto positivo en sus vidas, tanto como la
salud para los que buscan consuelo. El mío aspiro a que sigan siendo las
palabras. Sin necesidad de niños repelentes de San Ildefonso ni Mocito Feliz
que quiera colarse en la foto.
sábado, diciembre 13, 2014
A mí que me reprogramen
No estoy hecho para el hoy. Cada
día me doy más cuenta. Tengo la sensación de no encajar, de no entender lo que
está pasando y me siento desarmado frente a esta realidad absurda. Así, sin
dobleces. Me ahoga mi contexto, camino a duras penas y todo porque quiero creer
en mí y en lo que hago. En quien soy. Pero parece no ser suficiente para
quienes deciden. Estoy harto de sufrir mandamases sin dedos ni coherencia de
frente. Estamos como estamos por muchos culpables, nosotros incluidos, pero las
malas gestiones y el cazurrismo de altas esferas nos ha condenado, de todas,
todas. Hoy he ido a mi tienda pidiendo que me reprogramen, sí. Porque mis
comandos de serie parece están obsoletos. No sé si me compraron en oferta o fui
víctima de una partida en mal estado. El caso es que en esta sociedad un robot
como yo no tiene cabida. Los consejos de gurús nunca han ido conmigo, algunos
me animaron a venderme, literalmente, pero hasta ahora pensaba que sería un
error. Hasta ahora. He llegado a la conclusión que lo mejor será que me
reajusten como consideren y adaptarme a esta situación. Imaginarme olvidado en
un almacén criando polvo, cual cacharro sin utilidad me apena. Quiero que por
mis cables corran emociones, vivencias únicas, tecnología puntera. Cueste lo
que cueste. Ya ni pienso en encontrar a otro robotoide con quien
cortocircuitar. Si viene haré hueco en mi caja, pero hasta entonces mi objetivo
es actualizarme para no quemar mis chips intentando asimilar este estado de las
cosas. Nadie dijo que la vida deshumanizada fuera fácil, pero afrontar
violencia, corrupciones, enchufismos, insensibibilidad... Hemos acabado peor
que nuestros creadores. Si pensaban que con nuestra era se acabaría todo ese
oscurantismo que reventó su bienestar, estaban muy equivocados. Por imitación,
hemos hecho nuestras tantas taras que involucionaron su mundo. Bueno, yo en
realidad no. No, de momento... De ahí mi lamento. Poco tengo que ver con esas
máquinas despiadadas que se afanan en torpedear cada paso programado. Se me
hace imposible aguantar más y quiero, decididamente, que me hagan uno más de ellos.
Sí, me uno al enemigo por desgaste y fracaso total de la ingenuidad, la
ilusión, la verdad... Me gustaría no tener que verme en esta situación, pero
esta sensación de vacío, de aparato caduco, me ha vencido. Me quema por dentro,
y corro peligro de explosión, lo sé. Pero hay que saber poner punto y final a
una historia. Y la mía se apaga.
domingo, noviembre 30, 2014
El no saludo
Hay muchos tópicos sobre
Santander y los santanderinos. Aunque duela reconocerlo, más de uno ganado a
pulso. Y es que hoy quiero escribir sobre el no saludo, ese que esquivamos y
pasamos por alto. Básicamente porque nos da la gana o todo lo contrario el
cruzar una breve frase con otra persona. En este grupo entran aquellos
conocidos y viceversa que por causa del tiempo o cualquier otro tipo de lejanía
pasan a convertirse en desconocidos no anónimos. Interpretamos un paripé para
superar tal circunstancia, llamada de móvil, mirada levadiza, frunce de ceño,
despiste impostado... Todo con tal de no tomar la iniciativa en el ejercicio de
cordialidad. Es muy tonto este show, especialmente cuando se da la situación
real de reencuentro con el otro, recordando las ausencias y callando la
tontería mutua. Así somos. Yo he de reconocer mi despiste galopante y timidez
en las distancias cortas con este tipo de humanos de grado de separación
mayúsculo. Puede que en otras geografías se pasen en alharacas y
grandilocuencias en el tú a tú, sea del tipo que sea, pero hemos de reconocer
que es absurdo negar un saludo por imperativo antisocial. Por mucho que la
contraparte se guarde a la par su gesto,
holaquétal o lo que sea. ¿Hemos perdido toda educación? ¿Qué nos impide ser
correctos y bienquedas? Y si así anulamos toda una red de contactos que vete tú
a saber qué nos puede aportar... El caso es que me resisto a pensar que todo esto
va en un gen santanderino. Siempre que algún foráneo repite que somos muy
cerrados, que aquí cuesta hacer amigos, yo niego con rotundidad, poniéndome en
primera persona. Y lo pienso con vehemencia, pues a mis pruebas de vida me
remito. Pero en el tema del no saludo me veo 100% partícipe. El otro día
cruzaba un semáforo y justo enfrente estaba 'el objeto andante no salutativo'. En
alguna ocasión necesité contactar con ella por temas de trabajo, pero nunca nos
tratamos con profusión. ¿Sabrá quién soy yo? Igual no me reconoce, pensé.
Total, no voy a decir nada porque lo mismo ni me identifica. Cuando quise sumar
pensamientos, el verde marcó los pasos y nuestros destinos se cruzaron sin
saludar. ¿Pensaría ella lo mismo? Quién sabe. Pero como ese paso de peatones
muchos otros contextos con otros tantos coprotagonistas se quedaron en vacío.
Una pena, porque si estamos de paso qué cuesta regalar una sonrisa o un hasta
luego. Desde aquí me pongo el hola por montera y me propongo retirar el no
saludo para saludar sin miramientos. Que pase quien tenga que pasar. ¡Adiós, no
amigo!
domingo, noviembre 16, 2014
Basada en un amor irreal
Lo hice. No aguantaba más. ¿Quién
quiere hacer daño deliberadamente? Cada beso, cada caricia me resultaban un
esfuerzo. Me ¿enamoré? de ella. Ahora sé que no. Estos años han sido una farsa.
Era la chica ideal, la madre perfecta para mis hijos, la mujer diez. Pero ninguno
de esos clichés bastaba. Nada podía ocultar mi verdad. Mi corazón rechazaba
esta idea de dos. Y lo que sentía por ella no era querer, era una comodidad
emocional mal entendida. Cuando caminaba por la calle y veía a esas parejas
pletóricas, vivas y entregadas sentía lo irreal de mi historia. Mi infelicidad plena, con una co-protagonista digna de Hollywood. Con su sonrisa y su
mirada siempre cómplice. Supongo que con otra me hubiera resultado más fácil.
Ella ponía toda la carne en el asador y yo asumía mi horrible dieta de querer.
El mismo en que ella no entraba. En el trabajo me preguntaban por lo nuestro y
me limitaba a responder con evasivas. No quería dar hondura a lo que sabía era
una tapadera. Pero, ¿hasta dónde podría llegar? Dónde quedaban mis sentimientos
de verdad... ¿Y mis padres? Sus fotos en el mueble del salón, la taza con su
nombre y el calcetín por Navidad demostraban del todo su implicación con
Natalia. Había guionizado en mi cabeza el momento. Con el argumento de
necesitar un tiempo lograría distancia y, poco a poco, zanjar lo nuestro
definitivamente. Me sentiría culpable pero era un buen momento, se cumplía un
año de su plaza como agente de policía y había conseguido una plaza cerca de
casa. Su seguridad poco tenía que ver con la mía, víctima de mi absurda
irrealidad. Intenté mantener las formas y no caer en tentaciones, hasta que
llegó él... Y con él, el día del finiquito a mi noviazgo de catálogo.
Como cada
domingo comimos en casa de mis padres, enfrentándonos a la típica pregunta de
¿para cuándo la boda? Me atraganté, lo reconozco. Ella me miró extrañada, pero
mi madre recondujo el momento con la crónica más exhaustiva del bodorrio de la
vecina del tercero. Tras la comida nos fuimos a mi piso, como de costumbre, a
pasar una tarde ¿tranquilos? Estábamos viendo un telefilm soporífero cuando empezó
a sonar el teléfono. Era él. Colgué. Me armé de valor. Silencié el televisor. Y
empecé 'a romper', entre titubeos. Mi discurso no pareció convencer a Natalia
que se desquició como nunca había visto. Sus ojos cándidos estaban fuera de
órbita. Quise calmarla y propuse hablarlo en unos días, más tranquilos. Fui a
la cocina a por un vaso de agua y cuando volví al salón estaba apuntándome con
una pistola. Su pistola. Como en las películas y las series americanas que tanto nos
gustaban. Me reí, no entendía nada. Pero el odio se había apoderado de ella. "O
estás conmigo o no estás", repetía. ¿Su amor se había convertido en locura? Traté
de disuadirla, pero sus gritos silenciaban mis argumentos. Me abalancé sobre
ella y cayó al suelo. La pistola se desplazó y logré hacerme con ella. "No
me das otra opción". Ella o yo. Y opté por su final y escribir el mío entre puntos
suspensivos. No puedo decir más. Es lo que pasó. Me entró mucho miedo, pero más
el pensar que para siempre tendría que vivir una doble vida. O peor, no vivirla
por su desquicie. Nunca pensé que fuera necesario acabar así. Ahora todos me
odian y tienen un motivo. Qué triste que mi vida se haya convertido en el
argumento de película de sobremesa. Basada en un amor irreal.
lunes, noviembre 03, 2014
La celda folclórica
A estas horas puede que Isabel Pantoja esté ensayando el nuevo estribillo de su popular tema. Y es que sólo un último recurso de súplica separa a la tonadillera de la cárcel. Fiscalía y Audiencia Provincial de Málaga se oponen a que quede en libertad condicional, lo que desata el drama folclórico. De nada sirvió la petición in extremis de 'dineros' de su sobrina a los ricos de la tele, esta vez sin el socorro a una María del Monte (hasta la peineta). De poco ayudaron los lamentos en concierto de la cantante, ni las negociaciones para deshacerse de parte de su patrimonio. Es lo que tiene el equivocarse de color. Optó por el blanqueo, cuando los colores vivos siempre sacaron más a sus rasgos sureños. Fuera bromas, casos como el suyo demuestran dos cosas. Punto uno: - Hay que enamorarse con precauciones, pues tu fuente de deseo puede convertirse en tu peor pesadilla. Punto dos: - Controlemos la necesidad de avaricia, el ansía por defraudar, pues no lleva a nada bueno. Para todo se necesita buenos consejeros y mucho me temo en la familia de la susodicha andan escasos. Más bien se rodean de palmeros, entregados a la alabanza absurda y con cero capacidad de crítica. De ahí el recorrido de Paquirrines, Chabelitas y demás fauna surrealista. Estercolero de la realidad, que se retroalimentan para el estupor ciudadano medio. Cualquiera diría que una artista histórica sea incapaz de llevar una vida medianamente digna. Lo suyo ha sido una sucesión de amarillismos exaltados, de titulares previopago, de álbumes que daban mucho más que el cante. Ni el mejor guionista hubiera acertado en el cúmulo insólito de episodios de días de colorín y bata de cola. IP no supo depilarse los bellos innecesarios, se enzarzó en historias y altanerías ridículas. ¿Resultado? Un presunto final infeliz. Quién sabe si germen de una teleserie de la factoría 'toma Moreno'. Ahí va la sinopsis: Coplera entra en prisión, crea un grupo de flamenco con sus compañeras, se va de gira por cárceles de provincias y se enamora. Su archienemiga entre barrotes descubre un lío de bolsas (para tirar la basura presidiaria) y decide jurar venganza. Éxito de audiencia, seguro. Con debate posterior de momias recicladas del fantoche couché. Pase lo que pase, aprendamos la lección. Queramos sin un single mal escrito, ni ambición infinita. Siempre nos quedarán los dientes (dientes).
viernes, octubre 24, 2014
Me roban el corazón
Seré frívolo, nostálgico,
insensible o absurdo. Pero estos días la noticia que más me ha inquietado ha
sido el adiós a los Kojak de sabores, las piruletas de corazón y los
Fresquitos, productos más que dulces de la marca Fiesta S.A. Y es que han sido
cómplices de mi infancia y más allá, porque nunca me he resistido a terminar
con la lengua coloreada. Muchos recuerdos van asociados a estos productos de
palo de papel. Me encantaba morderlo con ahínco y deshacerlo, poco a poco, para
después romperlo en mil pedazos. Me vienen a la cabeza días de cole. De esos
que salía con prisas y tenía las monedas recontadas para comprar ese capricho
de caramelo. O tardes de vacaciones, sin más obligación que matar el tiempo con
burbujas de chicle. Y cómo no, la mezcla picante y refrescante a la vez del
pica-pica, con ese dedo inquieto que apuraba cada esquina del envoltorio. Siempre
me pudo la ansiedad con los Kojak. Devoraba los de sabor Coca-Cola, la chispa
de mi vida. Quería apurar el caramelo al máximo para después disfrutar del
chicle explosivo, pero me era imposible. Acababa mordiendo el círculo sabroso y
elaborando un chicle a base de tropezones genuinos. Es curioso cómo nuestra
vida está marcada porque pequeños grandes detalles como estos. Cómo nuestra
memoria asocia una marca, un objeto, una frase a nuestra verdadera esencia. No
quiero que me arrebaten esta fiesta sin bolas de discoteca ni guirnaldas
multicolor. Las nuevas generaciones se merecen festejar con unas 'gominolas'
auténticas, diferentes, divertidas, a la vez que clásicas. Que alguien rescate
a nuestros amigos y nos permita volver a ser niños una y otra vez. Querida
Raffaella reivindica esta Fiesta, tan fantástica que seguro volverá a ser
rentable.
Última hora. Leo que desmienten la noticia y mi alegría es enorme.
Continúa la producción y no habrá despidos. Por supuesto, pienso celebrarlo.
Atracón de Kojak, Fresquitos y piruletas de corazón... ¿Alguien quiere?
domingo, octubre 12, 2014
Más que belleza
La belleza será efímera. Pero no
los recuerdos que me deja el certamen Rey&Reina de la Belleza España. Han
sido días intensos, evidentemente en lo profesional, pero me quedo con lo
personal. Porque entre todo el equipo y con los candidatos y candidatas hemos
logrado hacer una piña tan divertida como compacta. Los nervios e ilusiones de
jóvenes con ganas de comerse el mundo se contagian. ¡Aire fresco! Incluso
cuando tu propia realidad dista mucho de esas energías. Y es que, cuando menos
te lo esperas, una sonrisa, un gesto o una broma hace que uno se olvide del
contexto. Me sumé al barco cuando ya había zarpado en forma de convivencia. La
confianza de Linac Media, gracias Charlie
García y Nora Lavín, me dio la
oportunidad de integrarme en el proyecto. Desde el principio me dejé llevar por
el buen rollo y la espontaneidad de todos las bellas y los bellos. Su
complicidad, su verdad, su juventud arrolladora. Grabaciones, ensayos, pruebas
de vestuario, más ensayos, consejos de profesionales, remates de ensayos... Ha
sido un bucle infinito de aprendizaje para ellos. Quienes me conocen saben que
siempre me gusta ser uno más desde el minuto uno. Me involucro con ganas,
pregunto sin límites, me esfuerzo en empatizar con los protagonistas de cada
historia que me toca contar. Así soy y así me he mostrado en todo momento.
Detrás de sus bandas había mucho más. Y ahí estaba yo para empaparme de cada
intrahistoria, de la esencia que cada uno transmitía.
Desde la cena de gala no me
deshice de mis pajaritas y me lancé a mi mundo de palabras. Aquella noche me
sorprendió su elegancia, que desbordó el Hotel
Milagros Golf, de Mogro. Entregaron presentes a la ciudad de Santander. Y a
falta de alcalde gentleman, su anfitriona fue la reina saliente, Sofía del Prado, musa y emblema. Sin
duda, a sus 19 años es una gran profesional de la moda. Derrocha actitud. Y
auguro para ella un futuro deslumbrante. Su sencillez enamora, como su mirada. Lo
pasamos bien pero no podíamos trasnochar en exceso que de martes a jueves
teníamos un reto: dar vida a la Santander
Fashion Week. Ellos como el elenco de pasarela y yo como maestro de
ceremonias. Un honor ser la cara visible de este evento de Coercan, que cumplía su décimo aniversario. El diseño estuvo muy
bien representado por nombres consagrados de la alta costura como Ángel Palazuelos o Alejandro de Miguel, así como la brutal arquitecta en patrones Jessica Conzen (ganadora Jóvenes
Diseñadores de Moda de Cantabria 2013). Más talento y de Cantabria el de Carla Ibars, que debutaba con su
primera gran colección. O la creatividad desbordante de Silvia (Coolmanía), que homenajeó con mucho
arte a Matisse. El aire del Sur lo bordó Paz
Gómez con sus diseños flamencos. Y las tendencias para el hombre
tuvieron gran representación con las colecciones de Di Prego (adoro sus pajaritas en madera), Sinigual o la camisería siempre perfecta de Corso Italia 47. Sin olvidar los trajes únicos de Roberto Vicentti, seleccionados por Don Félix. Para ellas conquistó la moda
de La Envidia Sana y Cloe, comercios que entienden y visten
el universo femenino. Pero, con permiso del resto, tengo que remarcar un
desfile. Unas prendas que me hicieron viajar,
soñar, sentir... Y un nombre, Lucas
Balboa. Sabía de su trabajo como director artístico, de hecho estos días he
tenido el honor de trabajar bajo sus órdenes. Pero no había tenido ocasión de
conocer el trabajo de moda del tinerfeño. Nos llevó a la India en telas y
creaciones apasionantes que visten a un hombre decidido, auténtico, sin más
etiqueta que su personalidad arrolladora. Colores vivos, complementos
polisémicos, esencia pura de creación. Sin palabras. Con pasión. Todos hicieron
posible tres días tan locos como geniales. Con los reyes y reinas entregados a
cada pose, cada diseño. En un no parar de selfies e improvisados photocalls. Mucha
gente trabajó por hacer posible unas tardes intensas de tendencias, de trapos
con historia. A los profesionales de vídeo, fotografía, iluminación, producción,
seguridad... muchas gracias por las facilidades. Y, cómo no, a las chicas de
maquillaje. Grata sorpresa el encuentro con mi querida Elena Calzada, musa de los broches y pinceles. Junto Andrea Saavedra, implicada al 200%, y Lucía Montes consiguieron restaurarnos
con precisión. El resultado fue una SFW muy completa, variada y explosiva en
cuanto a belleza, gracias a los monarcas de la cosa guapa.
Pero el gran reto estaba por
llegar. Gran Gala Final de Rey&Reina Belleza de España. Bajo la dirección
de Antonio Marhuenda y Lucas Balboa en el apartado artístico
la noche del viernes 10 prometía otro 10, como mínimo. Y creo, sinceramente,
superamos la nota. Días antes me comunicaron que compartiría escenario con la
guapísima María José Suárez, todo un
lujazo. Sus tablas y experiencia en estos certámenes era perfecta para contar
este cuento con final feliz de corona y cetro. Las chicas y chicos tuvieron una
agenda muy completa, entre ensayos de cada pase, pulir la coreografía,
entregarse al centurión de peluquería y maquillaje... Yo observaba cada
movimiento, cada rostro, el cariño ganado a pulso de unos con otros... Era su
día y aunque la competencia no se escondía, su comportamiento fue chapeau. Era inevitable tener favoritos
pero no te lo ponían nada fácil, porque había tanto nivel, tanta majura concentrada
que no hubiera querido ser jurado. Yo a lo mío, a parlotear sin fin. Pasaron
las horas y el ritual profesional se aceleró. El maquillaje tapó mis ojeras y
un traje guante seleccionado por Félix
Pellejero hizo el resto, ya era todo un presentador de ocasión. Me reuní
con mi compañera empezamos a repasar escaleta con toda la complicidad del
mundo. Quedaba menos. Sentía el calor humano que poco a poco llenaba el Palacio
de los Deportes de Santander. Tan majestuoso que impresiona. Pero saber que
quienes te quieren (o casi todos) estarían allí, cómplices, con aplausos y
emoción, todo lo vence.
No nací con un pan debajo del
brazo, sino con un mando de televisión. Desde pequeño me atraparon sus
personajes y grandes espectáculos. Y me recuerdo viviendo con pasión los
certámenes de belleza televisados cada año. Y ahora verme dentro de uno de
ellos, compartiendo momentos con tanta gente que desbordaba ganas, entusiasmo y
guapura... Un reto profesional importante que viví desde la tranquilidad y las
ganas de disfrutar. Y así lo hice, volqué mis energías en entregarme al
público, a mi compañera y a dar un show interesante. Creo que lo logramos.
Gracias, cómo no, al esfuerzo de los treinta y ocho dioses y diosas de este
país tan ecléctico como único. Anécdotas y surrealismos hubo, como en todo
evento, pero me quedo con los recuerdos de vivir nervioso la elección final de
ganadores. Conocer el acta del jurado, ver quiénes eran los elegidos, y sentirme
emocionado y feliz por ellos. Todos merecían llevarse algo y se han ido
cargados de experiencias, buena gente y contextos diez. Los premios eran la
guinda. Y el pastel se repartió especialmente para Andalucía, Marta Rodríguez, nueva Reina Belleza
España 2014, y Castilla-La Mancha, Antonio
Jaime, flamante Rey Belleza España 2014. Nombraría aquí a todas las
comunidades, porque son geniales y conmigo se han portado de diez, pero mis chicos
de Cantabria, Rosa y Diego,
son un encanto. Pero todas y todos me
han enseñado e impulsado en un momento que lo necesitaba. Gracias, de verdad. A
toda la organización del certamen nacional. A David Ibars, de Norevents. A Jorgen
Esteban, rey saliente, un tío 10. A los peluqueros. Al equipo de Lucas
Balboa, siempre encantadores. A Don Félix por vestirme de gala deluxe. A la
discoteca Zen por darnos una
post-fiesta genial. A los cómplices que valoraron mi trabajo. A los que no lo
hicieron. A todos. ¡Qué bello es hacer lo que a uno le gusta y ser uno mismo! Volveremos
a encontrarnos, con o sin banda...
domingo, septiembre 21, 2014
Él no
Juan creció enfadado con el
mundo. Desde bien pequeño, se familiarizó con las lágrimas. Con las despedidas
y las bofetadas de realidad. Sus padres querían que relativizara el dolor y apostaron
por una educación católica. Pero él siempre se mostró reticente y descreído.
¿Cómo alguien todopoderoso permitía que su pequeño primo Ernesto muriera con
sólo cinco años? O la señora Teresa, vecina del quinto izquierda, la mujer más
sana que conoció nunca y que, por sorpresa, falleció aquel verano. Dicen que de
un infarto. La muerte despertaba su ira, pero también aumentaba sus miedos. "Moriré
joven, por rebelde", repetía una y otra vez. Pero en su mirada se
agazapaba una sensación de desazón evidente. Recuerdo que cada mañana se afanaba
en mirar las necrológicas para comprobar quién causaba baja de su entorno.
Siempre me pareció muy macabro, pero con los años entendí que era una liturgia
muy personal que mantenía despierta su conexión social. Día sí y día también,
se recreaba imaginando las causas y maldiciendo a la mortalidad supina. Yo me
escapaba de su lado, pero él me buscaba para ponerme al día de la actualidad
funeraria. Por respeto escuchaba y callaba, porque a mí me daba más vértigo
pensar en el final. En la despedida. Sobre todo, en la suya. ¿Qué sería de mi
vida sin él? Los hijos tenían sus vidas y las nuestras eran una suma de rutinas
que hacían cayo.
Los primeros olvidos los solventó con su gracia. "¿Juan y
el pan?". Y me tocaba a mi bajar a por la barra sin sal que le había
impuesto el médico. Me llamó la atención el primer día que tampoco compró el
periódico, su bien más preciado. "¿Qué te pasa, Juan?". Farfullaba
cualquier cosa y yo seguía como si nada. Se lo comenté a mi hija María, que
aunque es profesora de niños siempre quiso estudiar Medicina. "Son cosas
normales a vuestra edad", me decía. Pero mi Juan otra cosa no, pero cabeza
siempre tuvo. Hablar con él no era una opción, porque no atendía a razones.
Tanto genio me enamoró de él, pero reconozco que muchas veces me he merecido un
premio a la paciencia. El caso es que un día, aprovechando que tenía cita en el
médico para las recetas de mis medicinas de la tensión se lo comenté al bueno
del Doctor Arteaga. Media vida ha cuidado de nosotros y con solo mirarnos sabe
qué nos pasa. Le hablé de los despistes de Juan y me previno de algo que yo
misma no había querido pensar. "María Ángeles, no quiero que te asustes
pero podría ser Alzheimer". Una lágrima brotó sola y descarada. La primera
de tantas. Había oído hablar de ello en la televisión, que si un político
catalán lo tiene, que si cada día gente más joven lo sufre... Pero no quería
hacerme a la idea de mi Juan. Él no.
Pues sí, los recuerdos se fueron de poco a
poco para no volver. No podía alejarme ni un minuto de su lado porque me temía
lo peor. Mis hijos han hecho lo posible por ayudarme, pero me toca a mi ser su
compañera de viaje. Como siempre quise. Me da pena que ya haya olvidado mi
nombre. Que me mire y sienta su extrañeza. Lloro en silencio, él lo hace en voz
alta y al segundo ríe a carcajadas. Es muy duro. Es mi vida. La suya. La
nuestra. Y sí, ahora soy yo quien lee, para él, a diario las esquelas. Me duele
reconocerlo, pero fantaseo con el día en que sea la suya la que esté ahí frente
a mis ojos. No quiero que sufra más. No es justo, como el dijo siempre, que la
vida nos ponga en esta situación. Te quiero Juan, aunque tú ya no me lo digas.
21 de Septiembre /// Día Mundial del Alzheimer.
Con todo mi cariño para los enfermos y familiares.
El corazón no olvida.
21 de Septiembre /// Día Mundial del Alzheimer.
Con todo mi cariño para los enfermos y familiares.
El corazón no olvida.
sábado, septiembre 13, 2014
No conmigo
Estamos de paso. Pero si, de paso
que estamos, hacemos las cosas bien, mejor. Cuanto más alcanzamos a saber del
despropósito de realidad que nos han confeccionado entre unos cuantos los
niveles de indignación, hartura y quemazón superan límites admisibles. Conviene
no olvidarlo y emplear esa información a futuro, para penalizar según
corresponda. Pero he aquí cuando cada cual debe hacer una lectura
introspectiva, un análisis de ombligo sin dobleces y sacar conclusiones. Porque,
nos guste o no, todos nosotros hemos contribuido, de una u otra forma, a elevar
el surrealismo. Entonar meas culpas, entender fallos y malos hábitos
profesionales, ciudadanos, emocionales nos llevará al camino de la liberación.
Los abusos de autoridad, los desprecios sin sentido, los egos sin curar... Todo
eso que suma y nos resta, ha creado este estado de las cosas. Me niego a
contribuir más. No quiero tolerar a indecentes caraduras, jetas que no valoran
los ejercicios profesionales, insospechados ejemplares venidos a más, no
conmigo. En nosotros empieza la construcción eficaz de un mundo de
posibilidades, de ilusiones y verdades expuestas. El resto no es más que
menudencia sometida a los fantasmas que nos consumen. El yo en positivo es la
vitamina que cada día debemos ingerir. El camino nos impone hacer de nuestra
marca personal un impulso. Estamos en una guerra y debemos ser conscientes de
nuestras mejores armas para la contienda. Y las sonrisas siempre son efectivas.
Pese a quien pese.
domingo, agosto 31, 2014
Tan solo tú
Hay muchas actualidades. Unas más
tremendas que otras. Pero en estos últimos días se viene hablando mucho de
armarios. Y no porque Ikea haya lanzado su nuevo catálogo (que también), sino
por la espontánea declaración de amor lésbico de una Miss España. La bellísima
Patricia Yurena Rodríguez ha llegado a lo más alto en certámenes
internacionales y poco tenía que perder en mostrarse sin dobleces. Fue en una
foto y con un pie de tal muy elocuente. Romeo y Julieta. Y donde muchos
hubieran esperado a un fornido Ken, aparecía una muchacha. La responsable de
erizar su piel día a día. Los comentarios incendiaron las redes sociales y la
protagonista asumió con total normalidad su muestra de amor. Un gesto que habla
de libertad, normalización, avances, dignidad... El mismo que silencian, por
miedo, tantos y tantas en su pleno derecho de guardar intimidad, pero víctimas
de las consecuencias sociales de mostrarse tal cual son, tal cual quieren. He
ahí el drama. No en el ejercicio personal e intransferible de salir del mundo
gris y oscuro de las mentiras, del ocultismo sentimental. Sino del efecto que
la verdad tiene sobre las carreras profesionales, la imagen pública, el entorno
familiar, de quienes aman en contrasentido. Si se pude considerar contrasentido
AMAR, así en mayúsculas.
Toreros, futbolistas, cantantes, peones de obra,
modelos, bomberos, policías... Un desempeño profesional poco tiene que ver con
las cabriolas de cama que cada cual realiza con quien le da la real gana. Las
mentes obtusas siguen negando y condenando al ostracismo, en mi opinión por
traumas y bajas pasiones mal curadas. Llamó mi atención que, al rebufo de la
guapísima con banda, una presentadora de televisión lanzara un discurso que
pretendía de máximos y resultó de mínimos. Si quería normalizar se mostró
descafeinada, porque no dio el paso al frente definitivo que se espera de
alguien con notoriedad pública, que puede ayudar a un gay o lesbiana de pueblo
a tener un referente real. Se necesitan modelos en positivo para construir una
identidad pública fuerte, capaz de asumir la lapidación verbal, cuando no
física, que los neandertales ejercen sí o sí. Chueca hay sólo una y fuera de
sus límites no es fácil expresar deseo, acariciar a tu pareja, caminar juntos
de la mano, besaros como si no hubiera un mañana. ¿Quién tiene que dictar las
normas del amor? ¿Por qué juzgar a los otros por sentir? ¿Hace mejor o peor
persona a alguien que su pareja sexual sea un hombre o una mujer? ¿Cuándo
dejará de ser noticia que alguien salga del armario? ¿Cuándo dejaremos de cotillear
sobre qué o quién gusta a tal o cual persona? Es absurdo perder energías y
hacer de nuestra vida una mentira a cuenta de la ineptitud ajena. No es
necesario etiquetarse, ni mucho menos, pero nunca negar la esencia personal.
Compartirla es decisión propia.
domingo, agosto 17, 2014
¡Acción...!
Los días pasan como las cosas. Y
su efecto sobre nuestra piel y entrañas resultan devastadores. Podremos negar,
callar, restar valor pero ciertamente somos seres afectados/afectivos. Por ello
defiendo el pensarse, el introspectar, el ombliguismo bien entendido para sacar
conclusiones. Hay quien se empeña en la ausencia de pensamiento, la ligereza
como estado del bienestar. Respeto pero no entiendo, porque no conduce más que
a la confusión. A la lucha interna que explota a su antojo. Y ya sabemos las
consecuencias nefastas de tal cosa. Este contexto nos tiene entre enfadados,
dormidos, depresivos... Poco bueno se puede esperar esperando. Menos con la
ineptitud henchida de poder. El caso es que el rescate depende de nosotros
mismos. Sabemos lo que queremos y debemos reivindicarnos. Que el camino no será
de rosas, que las espinas tienen nombre y actitudes, pero la inmovilidad sólo
empeorará esta realidad nefasta. No hablo sólo de la cosa económica, también de
la emocional. Estamos apolillados en una crisis de valores, en unas carencias
de sentimientos, en unos silencios del querer que analizados asustan. Y me
niego a dejarme empapar más de este oscurantismo. Expondré mi conciencia,
salpicaré mi verdad, me quemaré si hace falta. Cambiarán las circunstancias y
con ellas cambiaré yo. Seguro. Para bien. Porque quiero. Porque me quiero.
Porque es el momento... Mi mantra es mucho más que palabras, es una necesidad.
Y, a la vez, un símbolo. Porque la acción tiene que encontrarnos actuando antes
del sonido de la claqueta. Sólo así seremos más veloces que esta inercia que
nos desdibuja. Que siga la película... Si todo va bien firmamos trilogía.
miércoles, agosto 06, 2014
Salud
El latido de la ciudad va por
horas. Sus habitantes, también. Hay quien de buena y primerísima mañana sale de
casa a poner las calles. Entre ellos se conocen. Apenas cruzan miradas. Han
asimilado cada ruido, cada rutina y ya poco rompe su esquema de días. Hoy me he
sumado a su cruzada de realidad. He saltado de la cama y, de pronto, me he
visto perdido en su universo. Absorto, imbuido del paisanaje particular, he
decidido sentarme en un banco. Solo. Cerrar los ojos y dejarme llevar por los
sonidos del despertar a un miércoles cualquiera. Subidas y bajadas de sonoridad
como estados de ánimo imperfectos han sacudido mis entrañas. Cuando recobré la
visión, algo cegado por el ejercicio de abstracción, me di cuenta de que no era
el único practicando el ejercicio zen. A mi derecha, una mujer rondando los
setenta, peinado semanal de peluquería, vestido dos piezas en flor, sandalias
cómodas y joyas de amor a cuestas practicaba la meditación mañanera. O eso
interpreté. Siempre he fantaseado con las historias ajenas. Pero la suya estaba
servida en bandeja. Sólo me faltaba llegar a su monólogo interior. Que lo
había. Entre inquieta y placentera, dejó pasar los minutos. Hasta que me di
cuenta que verbalizaba entre dientes un mantra, rezo o palabrerío sentido. Al
tiempo, acariciaba y daba vueltas a una alianza. Mucho más que un símbolo. Una
conexión con su querer lejano, pensé. Qué emoción. La suya y la mía, por asistir
a ese ritual tan auténtico. Quedan esperanzas para los descreídos de la cosa
latida. En ese momento mi vecina anónima se levantó decidida. Había marcado su
punto y seguido. Con destino ¿feliz? Sus pasos se encaminaron hacia el hospital
que se levantaba a escasos metros. Sería su miedo, sería su talismán, pero era
ella la protagonista de su propia historia. A su Salud lo comparto. Ojalá haya
recibido buenas noticias.
jueves, julio 31, 2014
Tanto
Hay muchas formas de terapia,
pero perderme y encontrarme entre letras es mi salvación. No son sólo palabras,
son retazos de verdad. Ejercicios no verbalizados que cobran alas en forma de
teclas. Contengo demasiado, silencio por prudencia, pero intento aquí mostrarme
sin ninguna doblez. Desprotegido, quizá. Atrevido, a veces. Inquieto, siempre.
Mi esencia me pasa factura, pero seguiré en el esfuerzo de ser más fuerte.
Podría contar mil historias, expresar tantas dudas, quejarme sin remedio,
denunciar absurdos y surrealismos pero me gustaría limitar todo ese torrente y
canalizarlo hacia la creación. Porque no pretendo caer en el drama, exhibirme
en modo doliente. Pero sí construir, aprender y entenderme. Es la única manera
de afrontar el horizonte con valentía y arrestos. No puedo permitirme divagar
en terrenos en los que otros se recrean. Ni ser víctima de sus torticerías. De
mi depende el trascender todo eso y caminar sin mochila molesta. Puede que mis
metáforas y juegos de palabras se queden vacíos, incluso planos, pero mientras
me sirvan de válvula de escape bienvenidos sean. Me queda tanto por decir que
es momento de poner el punto y seguido.
viernes, julio 18, 2014
Adiós, monstruo
Una lágrima marcó su fin. Densa,
resumen de tanto dolor. La despedida resultó tan inesperada como el impulso
amoroso que conectó aquellos polos opuestos. Ella se había convertido en una
descreída de las relaciones. Cansada de promesas, buenas palabras y ejercicios
inauditos de don juanes de pacotilla. Él supuso una bocanada de aire fresco,
con su altanería y esa sonrisa de encantador de serpientes. Enseguida supo
entretejer cada latido de arrastrada enamorada. Y llegado ese punto desplegó
todas sus argucias de malo sin película. La primera bofetada consintió en
anécdota. No tardaría en acostumbrarse a los golpes y los insultos. Revulsivos
dolorosos en ausencia de te quieros. Su corazón se deshacía por momentos, pero
era incapaz de huir. Se temía, ya no podía respirar sin sus bocanadas violentas.
Callaba, obedecía y él machacaba su verdad. Se aprovechaba de esa dependencia
nefasta. Eran dos caras de distinta moneda, ahogados en una suma imperfecta.
Perdió toda su esencia, se desdibujó por obra y desgracia de su monstruo. Los
pocos momentos que fantaseaba con otra vida, un amor sin denuncias, un felices
para siempre, el contexto tornaba en infierno.
Era un día cualquiera, como todos para su martirio. Enlutada a sus treinta y pocos, confinada en los escasos metros cuadrados de su cocina. Su dueño llegó, siguiendo el guión de cada día, con unas copas de más y unas formas de menos. La empotró contra la pared y forzó el piel con piel. No tardaría en finiquitar su salvaje clímax. El hambre carnal despertó la fobia de ella. Hastiada de ser su juguete roto, desprendida de cualquier placer. Una vez servida su otra comida, emplatada a su gusto, prosiguió con su ritual de insufrible hombre de la casa. Una siesta separaba por un tiempo sus dos realidades. Sueño y nada. Aún aterida por su voracidad sufrió una reacción mecánica. Abrió un cajón, sacó un cuchillo y corrió hacia él. Una tras otra, cada puñalada era una respuesta, una deuda emocional pendiente. Como un cerdo, lo que era, él reaccionó entre sacudidas hasta que anuló la vida de quien hizo lo propio con ella. La sangre corría a su antojo a lo largo del sofá en el que estaba sentado. Pero en estado de shock se limitó a lavarse las manos en el fregadero, buscar una bolsa de la compra y envolver el arma blanca. Salió de casa con lo puesto. Lo tiró en la basura y fue a entregarse. De camino lloró, fue en ese preciso momento. Un fin que llegó demasiado lejos. Demasiado tarde.
Era un día cualquiera, como todos para su martirio. Enlutada a sus treinta y pocos, confinada en los escasos metros cuadrados de su cocina. Su dueño llegó, siguiendo el guión de cada día, con unas copas de más y unas formas de menos. La empotró contra la pared y forzó el piel con piel. No tardaría en finiquitar su salvaje clímax. El hambre carnal despertó la fobia de ella. Hastiada de ser su juguete roto, desprendida de cualquier placer. Una vez servida su otra comida, emplatada a su gusto, prosiguió con su ritual de insufrible hombre de la casa. Una siesta separaba por un tiempo sus dos realidades. Sueño y nada. Aún aterida por su voracidad sufrió una reacción mecánica. Abrió un cajón, sacó un cuchillo y corrió hacia él. Una tras otra, cada puñalada era una respuesta, una deuda emocional pendiente. Como un cerdo, lo que era, él reaccionó entre sacudidas hasta que anuló la vida de quien hizo lo propio con ella. La sangre corría a su antojo a lo largo del sofá en el que estaba sentado. Pero en estado de shock se limitó a lavarse las manos en el fregadero, buscar una bolsa de la compra y envolver el arma blanca. Salió de casa con lo puesto. Lo tiró en la basura y fue a entregarse. De camino lloró, fue en ese preciso momento. Un fin que llegó demasiado lejos. Demasiado tarde.
/// 016 Teléfono de atención a las Víctimas de Violencia Género ///
lunes, julio 07, 2014
Mi episodio 3.1
La mejor versión de uno mismo.
¿Un objetivo? O mucho más que eso. El tiempo nos recoloca y obliga a hacer
balance(s). Más cuando el calendario impone soplar velas, acumular recuerdos y
peinar canas de más. Durante 24 horas focalizas cariño, cercanía y buenas
palabras. Y te das cuenta de que la fortuna se puede medir en algo más que
números. Por suerte, siempre me he sentido muy querido y bien acompañado en
esta aventura que es vivir. Pero ilusiona que tu gente, como concepto abstracto
y peculiar, te dedique un tiempo de calidad, sea en el medio de expresión que
sea. Porque así entiendes que algo habrás hecho bien en estas décadas que ya se
van alargando. Porque no pierdes la emoción espontánea de abrir un regalo, de compartir
una mirada cómplice. Siempre subestimé el peso de la cifra impresa en DNI. Pero
es sumar y sentir su efecto. Seguramente porque las circunstancias no hayan
jugado a mi favor, como ocurre casi en general. No estoy donde pensaba, pero
tampoco me arrepiento de mi tránsito. Es más, algo me dice que todo puede
cobrar un nuevo rumbo. Que si me escucho de una santa vez, que si actúo con
honestidad con mi yo profundo, todo encajará. Son sólo sensaciones, tan necesarias
para afrontar los días. Enarbolando la lucha y la verdad como valores
personales, considero que en este episodio por escribir los párrafos serán tan
oportunos como auténticos. Y para mí, lo más importante será el saberme
respaldado por una familia única, el mejor ejemplo. Con unos padres que
demuestran su espíritu intachable. Supervivientes natos y buenísimas personas.
Unos hermanos siempre cómplices y con gran un futuro. Y mi otro núcleo
familiar, el de mi gente, amistades históricas, nuevas incorporaciones,
hermanas casi de sangre, equipos de trabajo que se convirtieron de vida.
Gracias a todas y todos soy. Tres letras que debo y agradezco hasta infinito.
Prometo seguir conjugando, sintiendo y entregándome.
/// fotografía Borja Uría ///
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