lunes, marzo 23, 2015

Pisa Moreno, pisa con caspa



Quien me conozca sabrá de mi total enganche televisivo. Un medio que conozco y defiendo con pasión. Siempre que su base sea la del talento, una suma de profesionales cualificados y entregados a crear un producto de calidad. Así debiera ser con todo, no sólo en el medio catódico. Pero cuando hablamos del ente público, lo que se presupone ha de ser ley. Ahí está el dinero de nuestros impuestos construyendo una parrilla de dudoso gusto. Hace tiempo que critico su pésima gestión, que se traduce en audiencias nefastas. Dicen que el público consume sin juicio crítico, pero hemos perdido la cuenta desde que la audiencia apagó indiscriminadamente La 1 y La 2. Si creíamos que con Mariló el mando había colmado el vaso, de repente, retorna cual ave fénix el señor ventrílocuo de nombre JL y Moreno de rayo UVA. Productor omnipresente y con un curriculum infinito, como el estercolero que crea a cada paso. Su último hito es repetir, caspa mediante, esa bazofia de programa de noche, donde el espectáculo rezuma de cabecera a despedida. Espectáculo dantesco. Ahora han pasado la noche de fiesta por una alfombra roja (irreal). Veinte personas de público dan buena cuenta del ir y venir de artistas de verbena y presentadoras transparentosas. Comedietas machistas, desfiles descontextualizados, humor grueso (esto no va por Charo Reina, creí morir en su papel de asistenta bebida de más, por Dior). Una pena, así en resumidas cuentas. Porque seguro que aspiran a alimentar a muchas familias de este esperpento televisado, en vista de la cuadrilla de ‘actores’ y ‘colaboradores’, que no tenían nada mejor que hacer que maquillarse y microfonarse por la gracia del Moreno de turno. Todo está inventado en la tele. O casi. Pero este invento ya creíamos haberlo superado. Los sindicatos claman al cielo, lógico. Y yo me pregunto, ¿antes de aprobar un programa no piden un piloto? De haberlo mostrado, ¿sus conductoras irían de ursulinas y en el ‘falso’ directo mutaban a cuerpos del delito? Sea como fuere, espero que la vida de este atentado al mal gusto y la absurdez en caja tonta terminen pronto. En su lugar, las universidades están llenas de chicas y chicos desbordantes de ilusión e inocencia esperando a un directivo de televisión que apueste por sus ideas. Recuerdo a unos muchachos que soñaban mucho y hasta en voz alta. Total, que Antena 3 robó su idea de programa. Jajajaja. Y no, no fue el pérfido JL. 

martes, marzo 03, 2015

Allen, la llave que quería ser otra



Ser una más, nunca. Una frase de folclórica que era curioso se hubiese convertido en el mantra de vida de una llave Allen. Estaba harta de criar polvo en el maletín de herramientas de turno y esperar, sin pena ni gloria, que su dueño recurriera a ella para la chapuza más insospechada. Ella aspiraba a más. Era adicta a los programas de Bricomanía y se imaginaba salerosa en primer plano. Porque en manos del rudo presentador se aseguraba la gloria entre el resto de sus hieráticas compañeras. Cada día le resultaba más polvoriento en el garaje de Manolo. Así se llamaba su dueño, un solterón que se había dedicado toda la vida a trabajar en una fábrica de vidrios. Demasiado tiempo como para olvidarse de sus vicios, pensaba para sí la llave con ínfulas de estrella. Por ella se hubiese casado con un tornillo XXL, a más grande, más posibles. Pero pasaba tan desapercibida entre la multitud cacharrera que su idílico matrimonio de postín no llegaba nunca. Guardaba para sí sus fantasías, pues temía la tomaran por loca u oxidada. Bueno, decir eso sería mentir. En una ocasión, se la ocurrió contar a las tuercas que antes de ir a parar allí había protagonizado Cuéntame cómo lo monto yo, un documental del handmade muy prestigioso. Ninguna creyó su relato de llave mediática, por muchos detalles que acompañaran su batallita. Fue la comidilla durante un largo tiempo. Por eso, en su hierro interno no podía dejar de imaginarse fuera de aquella caja tan vieja, como poco glamourosa. Se esforzaba en pensar un plan perfecto que la catapultara a la fama y dejara con la broca abierta a todas las cotillas del lugar.

Fue un sábado, como de costumbre, que Manolo se afanó en demostrar su cum laude en chapuzas. Esta vez debía montar un mueble para un sobrino muy pesado, el típico que no sabe armar ni un mueble de Ikea con instrucciones. Seleccionó a unas cuantas de la caja, las que intuitivamente pensó que podía necesitar. Allen fue de las primeras. A su lado, un destornillador encendió en ella una bombilla. Ni estaba como de costumbre, algo se había hecho. ¿Una puesta a punto? ¿Un lavado de material? Parecía otro. Ella no quería ser menos. Se prometió a sí misma que aquella sería la última intervención como una herramienta del montón. Ella quería los focos sobre su torneado cuerpo. Aquella noche no durmió, su plan no debía tener ningún cabo suelto. Pensó que el único modo de alcanzar su propósito era siendo otra. Diferente. Especial. Única. Otra. Inventándose una nueva vida, un pasado glorioso lejos de Manolo, todo iría sobre ruedas. ¿Cómo lo conseguiría? Pensó en darse de lado a lado del maletín, para provocarse curiosos abollones y hendiduras, que la dieran un aspecto más moderno y dinámico. Sabía que las demás eran de sueño profundo, así que si lo hacía en plena madrugada nadie se daría cuenta. Se armó de valor y empezó el refrote impetuoso. A un lado y otro. Una y otra vez. Notaba cómo, poco a poco, briznas de hierro caían de diferentes zonas de todo su ser. Era como un lifting por las bravas. Estuvo así durante un buen rato, hasta que se dio por satisfecha. Recogió los restos, que eran el pasaporte a su futuro, y volvió a su hueco habitual como si nada. Intentó pegar ojo, pero se veía como portada de las revistas de bricolaje, seleccionada por McGyver como una de sus joyas de colección o protagonizando una campaña de El Corte de Mangas... Se acumulaban sus visiones, el pasaporte al estrellato que tanto (se decía) merecía. Pero hay veces que si deseas algo muy fuerte y manipulas tu propio destino, la realidad golpea más fuerte. Tanto como para acabar en la basura. Y es que ese fue el sitio que Manolo decidió se convirtiera en su resort de vacaciones indefinidas. Al ver a la llave maltrecha y desgastada pensó que ya era hora de jubilarla. Y de golpe y estercolero, se acabaron sus aspiraciones faranduleras. Pobre llave Allen.

sábado, febrero 21, 2015

Hijo de la tele



De todos mis recuerdos de infancia, la mayoría se sitúan en el salón. Frente al televisor. Devorando concursos, magazines y series. Solo, con mi abuelo o con mis padres. Me maravillaba la cantidad de cosas que pasaban en esa caja grande que irradiaba luz. Y sí, soñaba con colarme y ser uno más entre tanta agitación. En aquellos momentos, en el fulgor del medio, sin tanta presión de audiencias ni anunciantes, se cometían excesos y todo lo contrario, se apostaba por formatos genuinos, singulares y con mucha personalidad. Los rostros de la tele eran amables, inspiradores, cercanos... Para un niño en busca de su propia identidad, con ganas de descubrir, de crear y sonreír la suma de posibilidades era infinita. ¿Resultado? Todo aquello me despertó la pasión comunicativa y la decisión, inflexible, de dedicarme al oficio del entretenimiento. Porque eso era, en realidad, lo que me llenaba. A la mínima ocasión montaba mi show. Concursos de espectáculos en el colegio, galas improvisadas con mis primos, revistas surrealistas impresas en casa, programas de radio grabados en cinta de casete... Lo que fuera, con tal de dar rienda suelta a tantas ideas, referencias, surrealismos. Así que tuve claro qué quería estudiar y dónde acabar microfonado. El tiempo, la suerte y el esfuerzo jugaron a mi favor, llegando a cumplir un sueño muy joven: tener mi propio programa. Dirigirlo y presentarlo. En él, volqué muchos contenidos y gentes interesantes, como mis grandes programas referentes, los de Jesús Hermida. El magazine de toda la vida, con todo y más. Y un tono desenfadado, personal y sincero. Nunca entendí el recurrir a esa distancia entre el habitante de la televisión y sus receptores. Fui feliz, tuve total libertad e hice cosas experimentos televisivos a la escala de nuestras posibilidades. Las circunstancias agotaron demasiado pronto esa etapa, que admito añoraré siempre. Experiencias posteriores e intentos de abrir puertas me demostraron que hay que tener mucho cuajo para hacer de la TV tu vida. Consejos de absurdos con éxito, trepismos supinos, enchufes de instalación dudosa, Explotación (mayúscula pretendida)... Da lo mismo, porque la inocencia y la ingenuidad que me empujaron hacia lo mediático ya se esfumaron.

Mi tristeza es que, a día de hoy, se ha perdido la esencia pura de la televisión. Las cadenas se pelean absurdamente y se empeñan en copiarse. Los profesionales son siempre los mismos, con escasa opción para las nuevas y talentosas generaciones. Ahí es donde reconozco que no encajo, porque mi fe ciega es con un medio insólito, atrevido, capaz de sorprender. Me ocurre, incluso, con la ficción. Antes era más defensor de las producciones nacionales, pero cada día estoy más enganchado a las ideas made in USA ('Jane the Virgin', 'Empire', 'Looking', 'Pretty Little Liars', 'Revenge'...). Y así, por el camino, pierdo mi fascinación por nuestra industria televisiva. Necesitamos una renovación, historias de verdad, menos mediocridad y más atreverse a explorar territorios creativos. En definitiva, con magia. Ahora que nuestras dos grandes cadenas privadas cumplen 25 años, pienso que sus directivos tienen que replantearse sus modelos de parilla. Reivindico las galas petardas, bien hechas, porque la de Antena 3 por su fastuoso aniversario se quedó en nada. Antes se hacían espacios tan peculiares como incomprensibles, he ahí su valor. Viendo 'Ochéntame otra vez' esta semana, me resultó genial recuperar en imágenes aquellos especiales de Eurovisión, con un corrillo de jurado con ilustres. Memorable el que presentó Marta Sánchez, perdida y con regalo de pirulí TVE por su noche de pifias. Pirulí que abandonó en una mudanza, resultando en manos de un eurofan neurótico y protagónico. Ojalá vuelvan esos espacios polisémicos, aunque estoy expectante por la nueva temporada de 'Alaska y Segura'. Espero me inspire un poco (o mucho). Lo necesito.

sábado, febrero 07, 2015

De tal palo



La realidad vuela. Antes quedábamos a viva voz de un día para otro, con total complicidad, y ahora somos esclavos de un aparato que vibra compulsivamente. La evolución nos tiene sometidos a tantas dependencias absurdas, nos condena al materialismo y caemos en esa trampa sin rechistar. Entre los últimos fenómenos ¡un paloooo! se ha colado en nuestras vidas. Unido a otro neologismo masificado, el selfie (la autofoto de toda la vida). Pues bien, con ferocidad este palo extensible ha pasado a ser el complemento de moda, el surrealismo más vendido. La gente sale a la calle con sus frustraciones, sus miserias y su palo de selfies. En ese orden o viceversa. No es más que la copia indiscriminada de una fenómeno viralizado entre los famosos. Las redes sociales han democratizado las ínfulas de celebridad. Cada día vemos cómo muchas personas emulan las maneras de sus ídolos, haciendo de otro nuevo cuño, el postureo, una forma de vida. Encanta visibilizar, airear lo cotidiano, posando con morritos y añadiendo frases de dudosa intensidad. Ahí es donde el palo ha añadido vistosidad, mejorando el resultado final de la foto frontal de careto imprevisible. Palo que se cuela en muchas de ellas, aportando al dueño una dosis de modernidad y poderío. ¿Palocentrismo? ¿Palofilia? Recuerdo que en mi adolescencia te daban el palo, literal, arrebatando un bien preciado o esa paga que ansiabas en gastar. Ahora el palo va incorporado, cual extensión insólita de la necesidad de ser una oveja tendenciosa en el rebaño social. Me preocupa que vamos perdiendo espíritu crítico, asimilamos sin filtro y deshumanizamos esta sociedad. Mucha culpa tiene la penosa estructura educativa, los valores que construyen a nuestros pequeños y los mandamases que aprietan manos, manchadas estas de ego y codicia. Son ellos quien se parapetan en un plasma o en la censura, creando una pésima inercia. Así que la conclusión es que menos palos para fotografiar y más para otorgarnos la oportunidad de tener un contexto mejor. 

lunes, enero 26, 2015

La cara B



Tenemos una vida ¿predestinada? Cada uno de nuestros actos, cada decisión, las personas que están a nuestro lado, todo lo fue (y lo es) en detrimento de otras opciones. Me remueve demasiado el pensar que soy víctima de pésimas opciones. Lamento ausencias y silencios, condicionados por el momento o por miedo. Y sí, me planteo qué sería de mi en caso de haber optado por el otro camino. Si hubiera sido valiente en unos casos, menos osado en otros. ¿Cómo se escribiría mi cara B? Puede que el contexto peripatético no ayude. Que mi autoexigencia cuestione en demasía. Pero hay demasiado vacío y una extraña sensación de rechazo a este yo que visto y calzo. Admiro a la gente que transita con alegría y despreocupación, mascando cada instante con pasión y espontaneidad. Mis taras me impiden soltarme la melena y pelear por lo que/quien quiero. Me hago bichobola sin remedio y me dedico a balancearme entre mi espada y la pared. Es enfermizo, lo sé. Hay sabios que nos lanzan a la acción, al frenesí de lo desconocido y construir desde ahí tal o cual propósito. Pero yo me quedo mirando desde lo alto del precipicio, esperando el empujón que nunca llega. Estoy cansado de sumar errores, de luchar contra una corriente que me hace nulo favor. He ahí la oportunidad de romper y empezar un reto con nombre y apellidos, los míos. Me quedo agazapado y temeroso, asumiendo que ese bienestar no me pertenece. Hay demasiado que psicoanalizar aquí, los divanes ya conocen mis dramas y nuestro diálogo se esfuma con demasiada facilidad. Tampoco me buscan las sonrisas cómplices ni los besos robados. Y me pierdo entre palabras e historias de otros para cimentar un momento entre paréntesis. El que he levantado, de lado a lado, para olvidar para siempre este tiempo (¡años ya!) de un cinta que pide a gritos un cambio de cara. 

sábado, enero 17, 2015

Los Chungazos



Asumo que nadie es políticamente correcto las 24 horas del día. Es más, superar el reto de exponerse a las cámaras y mostrarse sin dobleces me resulta muy complicado. Vaya por delante que yo no lo superaría. Pero de ahí a hacer del insulto y la zafiedad el valor diferencial van muchos pasos. La polémica expulsión de Los Chunguitos en GHVIP llegó tarde. El reality estiró al máximo su estancia en la casa, de la que ellos planeaban huir asqueados, con el fin de rentabilizarlo en términos de audiencia. Y vaya si lo hicieron, consiguiendo datos casi históricos (4,3 millones de espectadores y 31,5% de share). Las andanzas de la suma de pseudofamosos parece ha calado hondo entre los televidentes, con permiso del melenado de bendiciones  y futurología de mesa camilla.  El elenco singular, con princesa de pueblo hinchada por la vida, exconcejala onanista/exhibicionista o adán de liana incorporada sin taparrabos, entre otros, ha cumplido con el morbo del showbusiness. Se esperaba que el humor lo firmaran los hermanos por subtitular. Nadie dijo que sus maneras fueran finas, pero por el camino destrozaron colectivos, sensibilidades y educación. Mi reflexión supera las paredes de Guadalix. Si estos artistas, de giras y venidas, de amplios (¿?) círculos sociales y hermanas rotundas de glucosa piensan así... ¿Cuánta gente presumirá, como ellos, de comentarios neandertales e intolerancia supina? A estas alturas muchos defienden que la libertad ha sido una conquista. Y no es cierto. Es una lucha continua, incansable y rotunda frente a gentuza de esta calaña. 

Escupen por sus bocas de singles mal escritos cualquier cosa, llevándose por delante la dignidad de otros. No hay que pedir perdón a nadie por ser uno mismo, ni permiso para vivir conforme a unos sentimientos y/o necesidades. Considero tibia la medida de expulsar a Los Chungazos del programa y permitir su estancia en plató. Es un sí, pero no. Un modo de contener bajo los focos la esencia absurda de estos clows de extrarradio. Siempre defiendo que un medio de comunicación privado puede tomar cualquier tipo de decisión empresarial, por incomprensible que sea. Es ahí cuando el espectador debe tomar su propia decisión de hacer uso inteligente del mando. Con contenidos del medio público el debate es otro (y necesario). Pero aquí pienso que Mediaset se confunde, al mantener esa ventana de visibilidad y facturación de dos energúmenos de la palabra y los modales. No tengo nada en contra de su raza, merecen todo el respeto, el mismo que ellos han negado, una y otra vez, con sus embrutecidas bravuconadas de machos ¿alfa? Su escenificación en la gala de disculpas en alharacas hacia el colectivo LGTB (¡Vivan, vivan!) me resultó igualmente fuera de lugar. Como el beso de Judas a un amigo, encantado de servir a la causa chunga. ¡Qué pena! Cada día nuestra televisión pierde todo, por permitir que habitantes de este tipo ocupen horas y comentarios. Quienes amamos el medio no entendemos los niveles incomprensibles de encefalograma plano, referentes para muchos consumidores del electrodoméstico en tecnicolor. El off es la salvación.    
  

domingo, enero 11, 2015

Oh, cielos



De tanto esperar, desesperó. Así reza en el epitafio de A.S., un joven lleno de ilusiones, talento y energía. Parecía no ser suficiente, pues la realidad consumió su esencia. Tanto que acabó con su vida. Entre sus amigos era conocido como el luchador, incansable y armado de valor. Se ponía el mundo por montera y su primera respuesta era siempre una sonrisa. Desde bien pequeño sus padres le habían enseñado que este mundo era todo un reto. Que los cuentos eran eso, cuentos, y que los finales felices eran carne de guión. Tuvo una infancia feliz, por mucho que algunos le tildaran como el bicho raro. Siempre entre mayores, acabó hablando como ellos. Así que a los niños les parecía un extraño. Entonces cuando le preguntaban ¿qué quieres ser de mayor? contestaba segurísimo que hombre del tiempo. ¡Como Maldonado! De hecho unos Reyes Magos le sorprendieron con un mapa enorme que llenó de soles, nubes y rayos. Jugaba con ellos y se inventaba pronósticos llenos de anticiclones y borrascas. El juego se convirtió en empeño y superación personal. Tuvo que irse fuera a estudiar y cumplir su sueño meteorológico. Sus notazas avalaban su vocación. Tanto como su mirada, siempre perdida en el cielo. Decía que buscaba formas entre los nubarrones, pero cualquiera diría que se comunicaba con el infinito azul en busca de la predicción perfecta.

Pronto encontró trabajo en un importante canal de televisión. Iluminaba las casas de los espectadores con su personalidad única, esos ojos vivarachos y la cercanía, su marca personal. Se hizo un hueco en el día a día de tanta gente que veía en él mucho más que un contador de isobaras. Asociaba cada día a una palabra, que guardaba celosamente en su libreta de cabecera. Un día me confesó que la escribía tantas veces como hiciera falta, con tal de dejarse contagiar de su significado. Imagino que en esos días, de éxito y realización profesional, aquellas páginas eran la suma de su optimismo. Pero como le habían enseñado de pequeño, la vida era un ciclo. Y no siempre perfecto. Hubo una reestructuración en la cadena y prescindieron de su hombre del tiempo. Una voz en off se encargaría desde entonces de cubrir su papel, el que había construido con pasión y entrega. Desde ese momento se apagaron sus soles y la tormenta, en forma de lágrimas, se apoderó de él. Además, supuso el final de su relación de pareja. Algunos le habíamos advertido del carácter interesado de su chica, pero él con su bondad e ingenuidad negaba toda duda. Una pena. Ella fue ver cómo perdió su posición y perderse en busca de otro objetivo. Cayó en una brutal depresión. Una enfermedad durísima, a la que muchos tratan con frivolidad. Se encerró, calló y sufrió el paso del tiempo.

Dicen que salía de noche, a dar vueltas cerca de su casa. No tenía que esconderse, pero sus sentimientos le pedían a gritos ese aislamiento. Su castillo de naipes se derrumbó y con él se desdibujó su sonrisa. Su madre, el ángel de la guardia que no se separó de su hijo jamás, cuenta como él repetía una y otra vez: hay que esperar. Pero veía cómo se marchitaba. Se ponía cintas de sus intervenciones televisivas y lloraba amargamente. Ya no quería ni mirar a su cielo cómplice. El trabajo de sus sueños y el amor de latido infeliz que siempre había perseguido, los dos se fueron para no volver. Y él decidió seguir su camino. Hoy me toca vestirme de negro. Por él. Y sí, miraré a las nubes a ver si me reencuentro con su sonrisa.      

jueves, enero 01, 2015

Suma 2015



No necesito exclusivas ni retoques de PhotoShop, sólo buenas energías para dar la bienvenida al año nuevo. 2015, esperamos mucho de ti, no puedes defraudarnos. Más justicia y menos absurdez, por favor. Escribamos juntos un año tan apasionante como especial. Que la negatividad se exilie para siempre...

miércoles, diciembre 24, 2014

Felices días Felices



Nunca entendí que el calendario nos impusiera un estado de ánimo... Por eso mi deseo no se acota en fechas, sino en ilusiones, proyectos, sueños... Escribe tu vida con tu mejor versión.

lunes, diciembre 22, 2014

Mocito (in)feliz



Algo muy gordo, o el Gordo directamente, tiene que pasar para que el 22 de Diciembre sea bueno en mi vida. El destino lo asocia a disgustos, tropezones, decepciones... Será caprichoso el calendario o una fijación personal que remarca lo malo en un día tal, pero me cuesta pasar estas 24 horas. El tiempo, dicen, lo cura todo. Y no siempre es cierto. Porque hay recuerdos, flashbacks inoportunos, sensaciones que te hacen pequeño. No de edad, de angustia. Y hoy es uno de esos días en que se me acumulan todas esas trabas, esas muescas en negativo. Últimamente siento la necesidad imperiosa de un cambio radical, de una liberación, de respirar y reencontrarme con mi esencia. El momento mengua, incomoda y frustra. Desde esa premisa construir algo se antoja complicado. Y cuando la bola se hace más grande el bichobola crece de forma proporcional. Como los Pokemon, pero sin cromos. Sigo sin entender la absurdez supina que parece tenemos que encajar. El poder que no me representa, los desvaríos que nos han traído hasta aquí. Hasta Facebook me pregunta '¿Qué estás pensando?' y yo le diría tantas cosas y ninguna. Fuera de juego, bloqueado, desanimado. Sé, positivamente, que este no es mi momento. Llegará, espero. Lo necesito. Me cuesta reconocerme y eso me alerta. Por suerte mañana será 23 de Diciembre y espero que el día me sorprenda. Cruzarme contigo inesperadamente, regalar palabras perdidas, reírnos como nos gustaba, besarnos hasta infinito... Soñar es casi gratis y sino que se lo pregunten a quienes hoy se han visto sacudidos por la suerte. ¡Protagonistas del Telediario! Carne de foco de Mariló o AR. Ojalá los euros tengan un efecto positivo en sus vidas, tanto como la salud para los que buscan consuelo. El mío aspiro a que sigan siendo las palabras. Sin necesidad de niños repelentes de San Ildefonso ni Mocito Feliz que quiera colarse en la foto.   

sábado, diciembre 13, 2014

A mí que me reprogramen



No estoy hecho para el hoy. Cada día me doy más cuenta. Tengo la sensación de no encajar, de no entender lo que está pasando y me siento desarmado frente a esta realidad absurda. Así, sin dobleces. Me ahoga mi contexto, camino a duras penas y todo porque quiero creer en mí y en lo que hago. En quien soy. Pero parece no ser suficiente para quienes deciden. Estoy harto de sufrir mandamases sin dedos ni coherencia de frente. Estamos como estamos por muchos culpables, nosotros incluidos, pero las malas gestiones y el cazurrismo de altas esferas nos ha condenado, de todas, todas. Hoy he ido a mi tienda pidiendo que me reprogramen, sí. Porque mis comandos de serie parece están obsoletos. No sé si me compraron en oferta o fui víctima de una partida en mal estado. El caso es que en esta sociedad un robot como yo no tiene cabida. Los consejos de gurús nunca han ido conmigo, algunos me animaron a venderme, literalmente, pero hasta ahora pensaba que sería un error. Hasta ahora. He llegado a la conclusión que lo mejor será que me reajusten como consideren y adaptarme a esta situación. Imaginarme olvidado en un almacén criando polvo, cual cacharro sin utilidad me apena. Quiero que por mis cables corran emociones, vivencias únicas, tecnología puntera. Cueste lo que cueste. Ya ni pienso en encontrar a otro robotoide con quien cortocircuitar. Si viene haré hueco en mi caja, pero hasta entonces mi objetivo es actualizarme para no quemar mis chips intentando asimilar este estado de las cosas. Nadie dijo que la vida deshumanizada fuera fácil, pero afrontar violencia, corrupciones, enchufismos, insensibibilidad... Hemos acabado peor que nuestros creadores. Si pensaban que con nuestra era se acabaría todo ese oscurantismo que reventó su bienestar, estaban muy equivocados. Por imitación, hemos hecho nuestras tantas taras que involucionaron su mundo. Bueno, yo en realidad no. No, de momento... De ahí mi lamento. Poco tengo que ver con esas máquinas despiadadas que se afanan en torpedear cada paso programado. Se me hace imposible aguantar más y quiero, decididamente, que me hagan uno más de ellos. Sí, me uno al enemigo por desgaste y fracaso total de la ingenuidad, la ilusión, la verdad... Me gustaría no tener que verme en esta situación, pero esta sensación de vacío, de aparato caduco, me ha vencido. Me quema por dentro, y corro peligro de explosión, lo sé. Pero hay que saber poner punto y final a una historia. Y la mía se apaga. 

domingo, noviembre 30, 2014

El no saludo



Hay muchos tópicos sobre Santander y los santanderinos. Aunque duela reconocerlo, más de uno ganado a pulso. Y es que hoy quiero escribir sobre el no saludo, ese que esquivamos y pasamos por alto. Básicamente porque nos da la gana o todo lo contrario el cruzar una breve frase con otra persona. En este grupo entran aquellos conocidos y viceversa que por causa del tiempo o cualquier otro tipo de lejanía pasan a convertirse en desconocidos no anónimos. Interpretamos un paripé para superar tal circunstancia, llamada de móvil, mirada levadiza, frunce de ceño, despiste impostado... Todo con tal de no tomar la iniciativa en el ejercicio de cordialidad. Es muy tonto este show, especialmente cuando se da la situación real de reencuentro con el otro, recordando las ausencias y callando la tontería mutua. Así somos. Yo he de reconocer mi despiste galopante y timidez en las distancias cortas con este tipo de humanos de grado de separación mayúsculo. Puede que en otras geografías se pasen en alharacas y grandilocuencias en el tú a tú, sea del tipo que sea, pero hemos de reconocer que es absurdo negar un saludo por imperativo antisocial. Por mucho que la contraparte se guarde a la par su gesto, holaquétal o lo que sea. ¿Hemos perdido toda educación? ¿Qué nos impide ser correctos y bienquedas? Y si así anulamos toda una red de contactos que vete tú a saber qué nos puede aportar... El caso es que me resisto a pensar que todo esto va en un gen santanderino. Siempre que algún foráneo repite que somos muy cerrados, que aquí cuesta hacer amigos, yo niego con rotundidad, poniéndome en primera persona. Y lo pienso con vehemencia, pues a mis pruebas de vida me remito. Pero en el tema del no saludo me veo 100% partícipe. El otro día cruzaba un semáforo y justo enfrente estaba 'el objeto andante no salutativo'. En alguna ocasión necesité contactar con ella por temas de trabajo, pero nunca nos tratamos con profusión. ¿Sabrá quién soy yo? Igual no me reconoce, pensé. Total, no voy a decir nada porque lo mismo ni me identifica. Cuando quise sumar pensamientos, el verde marcó los pasos y nuestros destinos se cruzaron sin saludar. ¿Pensaría ella lo mismo? Quién sabe. Pero como ese paso de peatones muchos otros contextos con otros tantos coprotagonistas se quedaron en vacío. Una pena, porque si estamos de paso qué cuesta regalar una sonrisa o un hasta luego. Desde aquí me pongo el hola por montera y me propongo retirar el no saludo para saludar sin miramientos. Que pase quien tenga que pasar. ¡Adiós, no amigo!

domingo, noviembre 16, 2014

Basada en un amor irreal



Lo hice. No aguantaba más. ¿Quién quiere hacer daño deliberadamente? Cada beso, cada caricia me resultaban un esfuerzo. Me ¿enamoré? de ella. Ahora sé que no. Estos años han sido una farsa. Era la chica ideal, la madre perfecta para mis hijos, la mujer diez. Pero ninguno de esos clichés bastaba. Nada podía ocultar mi verdad. Mi corazón rechazaba esta idea de dos. Y lo que sentía por ella no era querer, era una comodidad emocional mal entendida. Cuando caminaba por la calle y veía a esas parejas pletóricas, vivas y entregadas sentía lo irreal de mi historia. Mi infelicidad plena, con una co-protagonista digna de Hollywood. Con su sonrisa y su mirada siempre cómplice. Supongo que con otra me hubiera resultado más fácil. Ella ponía toda la carne en el asador y yo asumía mi horrible dieta de querer. El mismo en que ella no entraba. En el trabajo me preguntaban por lo nuestro y me limitaba a responder con evasivas. No quería dar hondura a lo que sabía era una tapadera. Pero, ¿hasta dónde podría llegar? Dónde quedaban mis sentimientos de verdad... ¿Y mis padres? Sus fotos en el mueble del salón, la taza con su nombre y el calcetín por Navidad demostraban del todo su implicación con Natalia. Había guionizado en mi cabeza el momento. Con el argumento de necesitar un tiempo lograría distancia y, poco a poco, zanjar lo nuestro definitivamente. Me sentiría culpable pero era un buen momento, se cumplía un año de su plaza como agente de policía y había conseguido una plaza cerca de casa. Su seguridad poco tenía que ver con la mía, víctima de mi absurda irrealidad. Intenté mantener las formas y no caer en tentaciones, hasta que llegó él... Y con él, el día del finiquito a mi noviazgo de catálogo.

Como cada domingo comimos en casa de mis padres, enfrentándonos a la típica pregunta de ¿para cuándo la boda? Me atraganté, lo reconozco. Ella me miró extrañada, pero mi madre recondujo el momento con la crónica más exhaustiva del bodorrio de la vecina del tercero. Tras la comida nos fuimos a mi piso, como de costumbre, a pasar una tarde ¿tranquilos? Estábamos viendo un telefilm soporífero cuando empezó a sonar el teléfono. Era él. Colgué. Me armé de valor. Silencié el televisor. Y empecé 'a romper', entre titubeos. Mi discurso no pareció convencer a Natalia que se desquició como nunca había visto. Sus ojos cándidos estaban fuera de órbita. Quise calmarla y propuse hablarlo en unos días, más tranquilos. Fui a la cocina a por un vaso de agua y cuando volví al salón estaba apuntándome con una pistola. Su pistola. Como en las películas y las series americanas que tanto nos gustaban. Me reí, no entendía nada. Pero el odio se había apoderado de ella. "O estás conmigo o no estás", repetía. ¿Su amor se había convertido en locura? Traté de disuadirla, pero sus gritos silenciaban mis argumentos. Me abalancé sobre ella y cayó al suelo. La pistola se desplazó y logré hacerme con ella. "No me das otra opción". Ella o yo. Y opté por su final y escribir el mío entre puntos suspensivos. No puedo decir más. Es lo que pasó. Me entró mucho miedo, pero más el pensar que para siempre tendría que vivir una doble vida. O peor, no vivirla por su desquicie. Nunca pensé que fuera necesario acabar así. Ahora todos me odian y tienen un motivo. Qué triste que mi vida se haya convertido en el argumento de película de sobremesa. Basada en un amor irreal.

lunes, noviembre 03, 2014

La celda folclórica



A estas horas puede que Isabel Pantoja esté ensayando el nuevo estribillo de su popular tema. Y es que sólo un último recurso de súplica separa a la tonadillera de la cárcel. Fiscalía y Audiencia Provincial de Málaga se oponen a que quede en libertad condicional, lo que desata el drama folclórico. De nada sirvió la petición in extremis de 'dineros' de su sobrina a los ricos de la tele, esta vez sin el socorro a una María del Monte (hasta la peineta). De poco ayudaron los lamentos en concierto de la cantante, ni las negociaciones para deshacerse de parte de su patrimonio. Es lo que tiene el equivocarse de color. Optó por el blanqueo, cuando los colores vivos siempre sacaron más a sus rasgos sureños. Fuera bromas, casos como el suyo demuestran dos cosas. Punto uno: - Hay que enamorarse con precauciones, pues tu fuente de deseo puede convertirse en tu peor pesadilla. Punto dos: - Controlemos la necesidad de avaricia, el ansía por defraudar, pues no lleva a nada bueno. Para todo se necesita buenos consejeros y mucho me temo en la familia de la susodicha andan escasos. Más bien se rodean de palmeros, entregados a la alabanza absurda y con cero capacidad de crítica. De ahí el recorrido de Paquirrines, Chabelitas y demás fauna surrealista. Estercolero de la realidad, que se retroalimentan para el estupor ciudadano medio. Cualquiera diría que una artista histórica sea incapaz de llevar una vida medianamente digna. Lo suyo ha sido una sucesión de amarillismos exaltados, de titulares previopago, de álbumes que daban mucho más que el cante. Ni el mejor guionista hubiera acertado en el cúmulo insólito de episodios de días de colorín y bata de cola. IP no supo depilarse los bellos innecesarios, se enzarzó en historias y altanerías ridículas. ¿Resultado? Un presunto final infeliz. Quién sabe si germen de una teleserie de la factoría 'toma Moreno'. Ahí va la sinopsis: Coplera entra en prisión, crea un grupo de flamenco con sus compañeras, se va de gira por cárceles de provincias y se enamora. Su archienemiga entre barrotes descubre un lío de bolsas (para tirar la basura presidiaria) y decide jurar venganza. Éxito de audiencia, seguro. Con debate posterior de momias recicladas del fantoche couché. Pase lo que pase, aprendamos la lección. Queramos sin un single mal escrito, ni ambición infinita. Siempre nos quedarán los dientes (dientes). 

viernes, octubre 24, 2014

Me roban el corazón



Seré frívolo, nostálgico, insensible o absurdo. Pero estos días la noticia que más me ha inquietado ha sido el adiós a los Kojak de sabores, las piruletas de corazón y los Fresquitos, productos más que dulces de la marca Fiesta S.A. Y es que han sido cómplices de mi infancia y más allá, porque nunca me he resistido a terminar con la lengua coloreada. Muchos recuerdos van asociados a estos productos de palo de papel. Me encantaba morderlo con ahínco y deshacerlo, poco a poco, para después romperlo en mil pedazos. Me vienen a la cabeza días de cole. De esos que salía con prisas y tenía las monedas recontadas para comprar ese capricho de caramelo. O tardes de vacaciones, sin más obligación que matar el tiempo con burbujas de chicle. Y cómo no, la mezcla picante y refrescante a la vez del pica-pica, con ese dedo inquieto que apuraba cada esquina del envoltorio. Siempre me pudo la ansiedad con los Kojak. Devoraba los de sabor Coca-Cola, la chispa de mi vida. Quería apurar el caramelo al máximo para después disfrutar del chicle explosivo, pero me era imposible. Acababa mordiendo el círculo sabroso y elaborando un chicle a base de tropezones genuinos. Es curioso cómo nuestra vida está marcada porque pequeños grandes detalles como estos. Cómo nuestra memoria asocia una marca, un objeto, una frase a nuestra verdadera esencia. No quiero que me arrebaten esta fiesta sin bolas de discoteca ni guirnaldas multicolor. Las nuevas generaciones se merecen festejar con unas 'gominolas' auténticas, diferentes, divertidas, a la vez que clásicas. Que alguien rescate a nuestros amigos y nos permita volver a ser niños una y otra vez. Querida Raffaella reivindica esta Fiesta, tan fantástica que seguro volverá a ser rentable.

Última hora. Leo que desmienten la noticia y mi alegría es enorme. Continúa la producción y no habrá despidos. Por supuesto, pienso celebrarlo. Atracón de Kojak, Fresquitos y piruletas de corazón... ¿Alguien quiere?

domingo, octubre 12, 2014

Más que belleza



La belleza será efímera. Pero no los recuerdos que me deja el certamen Rey&Reina de la Belleza España. Han sido días intensos, evidentemente en lo profesional, pero me quedo con lo personal. Porque entre todo el equipo y con los candidatos y candidatas hemos logrado hacer una piña tan divertida como compacta. Los nervios e ilusiones de jóvenes con ganas de comerse el mundo se contagian. ¡Aire fresco! Incluso cuando tu propia realidad dista mucho de esas energías. Y es que, cuando menos te lo esperas, una sonrisa, un gesto o una broma hace que uno se olvide del contexto. Me sumé al barco cuando ya había zarpado en forma de convivencia. La confianza de Linac Media, gracias Charlie García y Nora Lavín, me dio la oportunidad de integrarme en el proyecto. Desde el principio me dejé llevar por el buen rollo y la espontaneidad de todos las bellas y los bellos. Su complicidad, su verdad, su juventud arrolladora. Grabaciones, ensayos, pruebas de vestuario, más ensayos, consejos de profesionales, remates de ensayos... Ha sido un bucle infinito de aprendizaje para ellos. Quienes me conocen saben que siempre me gusta ser uno más desde el minuto uno. Me involucro con ganas, pregunto sin límites, me esfuerzo en empatizar con los protagonistas de cada historia que me toca contar. Así soy y así me he mostrado en todo momento. Detrás de sus bandas había mucho más. Y ahí estaba yo para empaparme de cada intrahistoria, de la esencia que cada uno transmitía.

Desde la cena de gala no me deshice de mis pajaritas y me lancé a mi mundo de palabras. Aquella noche me sorprendió su elegancia, que desbordó el Hotel Milagros Golf, de Mogro. Entregaron presentes a la ciudad de Santander. Y a falta de alcalde gentleman, su anfitriona fue la reina saliente, Sofía del Prado, musa y emblema. Sin duda, a sus 19 años es una gran profesional de la moda. Derrocha actitud. Y auguro para ella un futuro deslumbrante. Su sencillez enamora, como su mirada. Lo pasamos bien pero no podíamos trasnochar en exceso que de martes a jueves teníamos un reto: dar vida a la Santander Fashion Week. Ellos como el elenco de pasarela y yo como maestro de ceremonias. Un honor ser la cara visible de este evento de Coercan, que cumplía su décimo aniversario. El diseño estuvo muy bien representado por nombres  consagrados de la alta costura como Ángel Palazuelos o Alejandro de Miguel, así como la brutal arquitecta en patrones Jessica Conzen (ganadora Jóvenes Diseñadores de Moda de Cantabria 2013). Más talento y de Cantabria el de Carla Ibars, que debutaba con su primera gran colección. O la creatividad desbordante de Silvia (Coolmanía), que homenajeó con mucho arte a Matisse. El aire del Sur lo bordó Paz Gómez con sus diseños  flamencos. Y las tendencias para el hombre tuvieron gran representación con las colecciones de Di Prego (adoro sus pajaritas en madera), Sinigual o la camisería siempre perfecta de Corso Italia 47. Sin olvidar los trajes únicos de Roberto Vicentti, seleccionados por Don Félix. Para ellas conquistó la moda de La Envidia Sana y Cloe, comercios que entienden y visten el universo femenino. Pero, con permiso del resto, tengo que remarcar un desfile. Unas prendas que me hicieron viajar,  soñar, sentir... Y un nombre, Lucas Balboa. Sabía de su trabajo como director artístico, de hecho estos días he tenido el honor de trabajar bajo sus órdenes. Pero no había tenido ocasión de conocer el trabajo de moda del tinerfeño. Nos llevó a la India en telas y creaciones apasionantes que visten a un hombre decidido, auténtico, sin más etiqueta que su personalidad arrolladora. Colores vivos, complementos polisémicos, esencia pura de creación. Sin palabras. Con pasión. Todos hicieron posible tres días tan locos como geniales. Con los reyes y reinas entregados a cada pose, cada diseño. En un no parar de selfies e improvisados photocalls. Mucha gente trabajó por hacer posible unas tardes intensas de tendencias, de trapos con historia. A los profesionales de vídeo, fotografía, iluminación, producción, seguridad... muchas gracias por las facilidades. Y, cómo no, a las chicas de maquillaje. Grata sorpresa el encuentro con mi querida Elena Calzada, musa de los broches y pinceles. Junto Andrea Saavedra, implicada al 200%, y Lucía Montes consiguieron restaurarnos con precisión. El resultado fue una SFW muy completa, variada y explosiva en cuanto a belleza, gracias a los monarcas de la cosa guapa.

Pero el gran reto estaba por llegar. Gran Gala Final de Rey&Reina Belleza de España. Bajo la dirección de Antonio Marhuenda y Lucas Balboa en el apartado artístico la noche del viernes 10 prometía otro 10, como mínimo. Y creo, sinceramente, superamos la nota. Días antes me comunicaron que compartiría escenario con la guapísima María José Suárez, todo un lujazo. Sus tablas y experiencia en estos certámenes era perfecta para contar este cuento con final feliz de corona y cetro. Las chicas y chicos tuvieron una agenda muy completa, entre ensayos de cada pase, pulir la coreografía, entregarse al centurión de peluquería y maquillaje... Yo observaba cada movimiento, cada rostro, el cariño ganado a pulso de unos con otros... Era su día y aunque la competencia no se escondía, su comportamiento fue chapeau. Era inevitable tener favoritos pero no te lo ponían nada fácil, porque había tanto nivel, tanta majura concentrada que no hubiera querido ser jurado. Yo a lo mío, a parlotear sin fin. Pasaron las horas y el ritual profesional se aceleró. El maquillaje tapó mis ojeras y un traje guante seleccionado por Félix Pellejero hizo el resto, ya era todo un presentador de ocasión. Me reuní con mi compañera empezamos a repasar escaleta con toda la complicidad del mundo. Quedaba menos. Sentía el calor humano que poco a poco llenaba el Palacio de los Deportes de Santander. Tan majestuoso que impresiona. Pero saber que quienes te quieren (o casi todos) estarían allí, cómplices, con aplausos y emoción, todo lo vence.

No nací con un pan debajo del brazo, sino con un mando de televisión. Desde pequeño me atraparon sus personajes y grandes espectáculos. Y me recuerdo viviendo con pasión los certámenes de belleza televisados cada año. Y ahora verme dentro de uno de ellos, compartiendo momentos con tanta gente que desbordaba ganas, entusiasmo y guapura... Un reto profesional importante que viví desde la tranquilidad y las ganas de disfrutar. Y así lo hice, volqué mis energías en entregarme al público, a mi compañera y a dar un show interesante. Creo que lo logramos. Gracias, cómo no, al esfuerzo de los treinta y ocho dioses y diosas de este país tan ecléctico como único. Anécdotas y surrealismos hubo, como en todo evento, pero me quedo con los recuerdos de vivir nervioso la elección final de ganadores. Conocer el acta del jurado, ver quiénes eran los elegidos, y sentirme emocionado y feliz por ellos. Todos merecían llevarse algo y se han ido cargados de experiencias, buena gente y contextos diez. Los premios eran la guinda. Y el pastel se repartió especialmente para Andalucía, Marta Rodríguez, nueva Reina Belleza España 2014, y Castilla-La Mancha, Antonio Jaime, flamante Rey Belleza España 2014. Nombraría aquí a todas las comunidades, porque son geniales y conmigo se han portado de diez, pero mis chicos de Cantabria, Rosa  y Diego, son un encanto.  Pero todas y todos me han enseñado e impulsado en un momento que lo necesitaba. Gracias, de verdad. A toda la organización del certamen nacional. A David Ibars, de Norevents. A Jorgen Esteban, rey saliente, un tío 10. A los peluqueros. Al equipo de Lucas Balboa, siempre encantadores. A Don Félix por vestirme de gala deluxe. A la discoteca Zen por darnos una post-fiesta genial. A los cómplices que valoraron mi trabajo. A los que no lo hicieron. A todos. ¡Qué bello es hacer lo que a uno le gusta y ser uno mismo! Volveremos a encontrarnos, con o sin banda... 

domingo, septiembre 21, 2014

Él no



Juan creció enfadado con el mundo. Desde bien pequeño, se familiarizó con las lágrimas. Con las despedidas y las bofetadas de realidad. Sus padres querían que relativizara el dolor y apostaron por una educación católica. Pero él siempre se mostró reticente y descreído. ¿Cómo alguien todopoderoso permitía que su pequeño primo Ernesto muriera con sólo cinco años? O la señora Teresa, vecina del quinto izquierda, la mujer más sana que conoció nunca y que, por sorpresa, falleció aquel verano. Dicen que de un infarto. La muerte despertaba su ira, pero también aumentaba sus miedos. "Moriré joven, por rebelde", repetía una y otra vez. Pero en su mirada se agazapaba una sensación de desazón evidente. Recuerdo que cada mañana se afanaba en mirar las necrológicas para comprobar quién causaba baja de su entorno. Siempre me pareció muy macabro, pero con los años entendí que era una liturgia muy personal que mantenía despierta su conexión social. Día sí y día también, se recreaba imaginando las causas y maldiciendo a la mortalidad supina. Yo me escapaba de su lado, pero él me buscaba para ponerme al día de la actualidad funeraria. Por respeto escuchaba y callaba, porque a mí me daba más vértigo pensar en el final. En la despedida. Sobre todo, en la suya. ¿Qué sería de mi vida sin él? Los hijos tenían sus vidas y las nuestras eran una suma de rutinas que hacían cayo.

Los primeros olvidos los solventó con su gracia. "¿Juan y el pan?". Y me tocaba a mi bajar a por la barra sin sal que le había impuesto el médico. Me llamó la atención el primer día que tampoco compró el periódico, su bien más preciado. "¿Qué te pasa, Juan?". Farfullaba cualquier cosa y yo seguía como si nada. Se lo comenté a mi hija María, que aunque es profesora de niños siempre quiso estudiar Medicina. "Son cosas normales a vuestra edad", me decía. Pero mi Juan otra cosa no, pero cabeza siempre tuvo. Hablar con él no era una opción, porque no atendía a razones. Tanto genio me enamoró de él, pero reconozco que muchas veces me he merecido un premio a la paciencia. El caso es que un día, aprovechando que tenía cita en el médico para las recetas de mis medicinas de la tensión se lo comenté al bueno del Doctor Arteaga. Media vida ha cuidado de nosotros y con solo mirarnos sabe qué nos pasa. Le hablé de los despistes de Juan y me previno de algo que yo misma no había querido pensar. "María Ángeles, no quiero que te asustes pero podría ser Alzheimer". Una lágrima brotó sola y descarada. La primera de tantas. Había oído hablar de ello en la televisión, que si un político catalán lo tiene, que si cada día gente más joven lo sufre... Pero no quería hacerme a la idea de mi Juan. Él no.

Pues sí, los recuerdos se fueron de poco a poco para no volver. No podía alejarme ni un minuto de su lado porque me temía lo peor. Mis hijos han hecho lo posible por ayudarme, pero me toca a mi ser su compañera de viaje. Como siempre quise. Me da pena que ya haya olvidado mi nombre. Que me mire y sienta su extrañeza. Lloro en silencio, él lo hace en voz alta y al segundo ríe a carcajadas. Es muy duro. Es mi vida. La suya. La nuestra. Y sí, ahora soy yo quien lee, para él, a diario las esquelas. Me duele reconocerlo, pero fantaseo con el día en que sea la suya la que esté ahí frente a mis ojos. No quiero que sufra más. No es justo, como el dijo siempre, que la vida nos ponga en esta situación. Te quiero Juan, aunque tú ya no me lo digas.

21 de Septiembre /// Día Mundial del Alzheimer. 
Con todo mi cariño para los enfermos y familiares.
El corazón no olvida.

sábado, septiembre 13, 2014

No conmigo



Estamos de paso. Pero si, de paso que estamos, hacemos las cosas bien, mejor. Cuanto más alcanzamos a saber del despropósito de realidad que nos han confeccionado entre unos cuantos los niveles de indignación, hartura y quemazón superan límites admisibles. Conviene no olvidarlo y emplear esa información a futuro, para penalizar según corresponda. Pero he aquí cuando cada cual debe hacer una lectura introspectiva, un análisis de ombligo sin dobleces y sacar conclusiones. Porque, nos guste o no, todos nosotros hemos contribuido, de una u otra forma, a elevar el surrealismo. Entonar meas culpas, entender fallos y malos hábitos profesionales, ciudadanos, emocionales nos llevará al camino de la liberación. Los abusos de autoridad, los desprecios sin sentido, los egos sin curar... Todo eso que suma y nos resta, ha creado este estado de las cosas. Me niego a contribuir más. No quiero tolerar a indecentes caraduras, jetas que no valoran los ejercicios profesionales, insospechados ejemplares venidos a más, no conmigo. En nosotros empieza la construcción eficaz de un mundo de posibilidades, de ilusiones y verdades expuestas. El resto no es más que menudencia sometida a los fantasmas que nos consumen. El yo en positivo es la vitamina que cada día debemos ingerir. El camino nos impone hacer de nuestra marca personal un impulso. Estamos en una guerra y debemos ser conscientes de nuestras mejores armas para la contienda. Y las sonrisas siempre son efectivas. Pese a quien pese. 

domingo, agosto 31, 2014

Tan solo tú



Hay muchas actualidades. Unas más tremendas que otras. Pero en estos últimos días se viene hablando mucho de armarios. Y no porque Ikea haya lanzado su nuevo catálogo (que también), sino por la espontánea declaración de amor lésbico de una Miss España. La bellísima Patricia Yurena Rodríguez ha llegado a lo más alto en certámenes internacionales y poco tenía que perder en mostrarse sin dobleces. Fue en una foto y con un pie de tal muy elocuente. Romeo y Julieta. Y donde muchos hubieran esperado a un fornido Ken, aparecía una muchacha. La responsable de erizar su piel día a día. Los comentarios incendiaron las redes sociales y la protagonista asumió con total normalidad su muestra de amor. Un gesto que habla de libertad, normalización, avances, dignidad... El mismo que silencian, por miedo, tantos y tantas en su pleno derecho de guardar intimidad, pero víctimas de las consecuencias sociales de mostrarse tal cual son, tal cual quieren. He ahí el drama. No en el ejercicio personal e intransferible de salir del mundo gris y oscuro de las mentiras, del ocultismo sentimental. Sino del efecto que la verdad tiene sobre las carreras profesionales, la imagen pública, el entorno familiar, de quienes aman en contrasentido. Si se pude considerar contrasentido AMAR, así en mayúsculas.

Toreros, futbolistas, cantantes, peones de obra, modelos, bomberos, policías... Un desempeño profesional poco tiene que ver con las cabriolas de cama que cada cual realiza con quien le da la real gana. Las mentes obtusas siguen negando y condenando al ostracismo, en mi opinión por traumas y bajas pasiones mal curadas. Llamó mi atención que, al rebufo de la guapísima con banda, una presentadora de televisión lanzara un discurso que pretendía de máximos y resultó de mínimos. Si quería normalizar se mostró descafeinada, porque no dio el paso al frente definitivo que se espera de alguien con notoriedad pública, que puede ayudar a un gay o lesbiana de pueblo a tener un referente real. Se necesitan modelos en positivo para construir una identidad pública fuerte, capaz de asumir la lapidación verbal, cuando no física, que los neandertales ejercen sí o sí. Chueca hay sólo una y fuera de sus límites no es fácil expresar deseo, acariciar a tu pareja, caminar juntos de la mano, besaros como si no hubiera un mañana. ¿Quién tiene que dictar las normas del amor? ¿Por qué juzgar a los otros por sentir? ¿Hace mejor o peor persona a alguien que su pareja sexual sea un hombre o una mujer? ¿Cuándo dejará de ser noticia que alguien salga del armario? ¿Cuándo dejaremos de cotillear sobre qué o quién gusta a tal o cual persona? Es absurdo perder energías y hacer de nuestra vida una mentira a cuenta de la ineptitud ajena. No es necesario etiquetarse, ni mucho menos, pero nunca negar la esencia personal. Compartirla es decisión propia. 

domingo, agosto 17, 2014

¡Acción...!



Los días pasan como las cosas. Y su efecto sobre nuestra piel y entrañas resultan devastadores. Podremos negar, callar, restar valor pero ciertamente somos seres afectados/afectivos. Por ello defiendo el pensarse, el introspectar, el ombliguismo bien entendido para sacar conclusiones. Hay quien se empeña en la ausencia de pensamiento, la ligereza como estado del bienestar. Respeto pero no entiendo, porque no conduce más que a la confusión. A la lucha interna que explota a su antojo. Y ya sabemos las consecuencias nefastas de tal cosa. Este contexto nos tiene entre enfadados, dormidos, depresivos... Poco bueno se puede esperar esperando. Menos con la ineptitud henchida de poder. El caso es que el rescate depende de nosotros mismos. Sabemos lo que queremos y debemos reivindicarnos. Que el camino no será de rosas, que las espinas tienen nombre y actitudes, pero la inmovilidad sólo empeorará esta realidad nefasta. No hablo sólo de la cosa económica, también de la emocional. Estamos apolillados en una crisis de valores, en unas carencias de sentimientos, en unos silencios del querer que analizados asustan. Y me niego a dejarme empapar más de este oscurantismo. Expondré mi conciencia, salpicaré mi verdad, me quemaré si hace falta. Cambiarán las circunstancias y con ellas cambiaré yo. Seguro. Para bien. Porque quiero. Porque me quiero. Porque es el momento... Mi mantra es mucho más que palabras, es una necesidad. Y, a la vez, un símbolo. Porque la acción tiene que encontrarnos actuando antes del sonido de la claqueta. Sólo así seremos más veloces que esta inercia que nos desdibuja. Que siga la película... Si todo va bien firmamos trilogía. 

miércoles, agosto 06, 2014

Salud



El latido de la ciudad va por horas. Sus habitantes, también. Hay quien de buena y primerísima mañana sale de casa a poner las calles. Entre ellos se conocen. Apenas cruzan miradas. Han asimilado cada ruido, cada rutina y ya poco rompe su esquema de días. Hoy me he sumado a su cruzada de realidad. He saltado de la cama y, de pronto, me he visto perdido en su universo. Absorto, imbuido del paisanaje particular, he decidido sentarme en un banco. Solo. Cerrar los ojos y dejarme llevar por los sonidos del despertar a un miércoles cualquiera. Subidas y bajadas de sonoridad como estados de ánimo imperfectos han sacudido mis entrañas. Cuando recobré la visión, algo cegado por el ejercicio de abstracción, me di cuenta de que no era el único practicando el ejercicio zen. A mi derecha, una mujer rondando los setenta, peinado semanal de peluquería, vestido dos piezas en flor, sandalias cómodas y joyas de amor a cuestas practicaba la meditación mañanera. O eso interpreté. Siempre he fantaseado con las historias ajenas. Pero la suya estaba servida en bandeja. Sólo me faltaba llegar a su monólogo interior. Que lo había. Entre inquieta y placentera, dejó pasar los minutos. Hasta que me di cuenta que verbalizaba entre dientes un mantra, rezo o palabrerío sentido. Al tiempo, acariciaba y daba vueltas a una alianza. Mucho más que un símbolo. Una conexión con su querer lejano, pensé. Qué emoción. La suya y la mía, por asistir a ese ritual tan auténtico. Quedan esperanzas para los descreídos de la cosa latida. En ese momento mi vecina anónima se levantó decidida. Había marcado su punto y seguido. Con destino ¿feliz? Sus pasos se encaminaron hacia el hospital que se levantaba a escasos metros. Sería su miedo, sería su talismán, pero era ella la protagonista de su propia historia. A su Salud lo comparto. Ojalá haya recibido buenas noticias.   
  

jueves, julio 31, 2014

Tanto



Hay muchas formas de terapia, pero perderme y encontrarme entre letras es mi salvación. No son sólo palabras, son retazos de verdad. Ejercicios no verbalizados que cobran alas en forma de teclas. Contengo demasiado, silencio por prudencia, pero intento aquí mostrarme sin ninguna doblez. Desprotegido, quizá. Atrevido, a veces. Inquieto, siempre. Mi esencia me pasa factura, pero seguiré en el esfuerzo de ser más fuerte. Podría contar mil historias, expresar tantas dudas, quejarme sin remedio, denunciar absurdos y surrealismos pero me gustaría limitar todo ese torrente y canalizarlo hacia la creación. Porque no pretendo caer en el drama, exhibirme en modo doliente. Pero sí construir, aprender y entenderme. Es la única manera de afrontar el horizonte con valentía y arrestos. No puedo permitirme divagar en terrenos en los que otros se recrean. Ni ser víctima de sus torticerías. De mi depende el trascender todo eso y caminar sin mochila molesta. Puede que mis metáforas y juegos de palabras se queden vacíos, incluso planos, pero mientras me sirvan de válvula de escape bienvenidos sean. Me queda tanto por decir que es momento de poner el punto y seguido.  

viernes, julio 18, 2014

Adiós, monstruo



Una lágrima marcó su fin. Densa, resumen de tanto dolor. La despedida resultó tan inesperada como el impulso amoroso que conectó aquellos polos opuestos. Ella se había convertido en una descreída de las relaciones. Cansada de promesas, buenas palabras y ejercicios inauditos de don juanes de pacotilla. Él supuso una bocanada de aire fresco, con su altanería y esa sonrisa de encantador de serpientes. Enseguida supo entretejer cada latido de arrastrada enamorada. Y llegado ese punto desplegó todas sus argucias de malo sin película. La primera bofetada consintió en anécdota. No tardaría en acostumbrarse a los golpes y los insultos. Revulsivos dolorosos en ausencia de te quieros. Su corazón se deshacía por momentos, pero era incapaz de huir. Se temía, ya no podía respirar sin sus bocanadas violentas. Callaba, obedecía y él machacaba su verdad. Se aprovechaba de esa dependencia nefasta. Eran dos caras de distinta moneda, ahogados en una suma imperfecta. Perdió toda su esencia, se desdibujó por obra y desgracia de su monstruo. Los pocos momentos que fantaseaba con otra vida, un amor sin denuncias, un felices para siempre, el contexto tornaba en infierno.

Era un día cualquiera, como todos para su martirio. Enlutada a sus treinta y pocos, confinada en los escasos metros cuadrados de su cocina. Su dueño llegó, siguiendo el guión de cada día, con unas copas de más y unas formas de menos. La empotró contra la pared y forzó el piel con piel. No tardaría en finiquitar su salvaje clímax. El hambre carnal despertó la fobia de ella. Hastiada de ser su juguete roto, desprendida de cualquier placer. Una vez servida su otra comida, emplatada a su gusto, prosiguió con su ritual de insufrible hombre de la casa. Una siesta separaba por un tiempo sus dos realidades. Sueño y nada. Aún aterida por su voracidad sufrió una reacción mecánica. Abrió un cajón, sacó un cuchillo y corrió hacia él. Una tras otra, cada puñalada era una respuesta, una deuda emocional pendiente. Como un cerdo, lo que era, él reaccionó entre sacudidas hasta que anuló la vida de quien hizo lo propio con ella. La sangre corría a su antojo a lo largo del sofá en el que estaba sentado. Pero en estado de shock se limitó a lavarse las manos en el fregadero, buscar una bolsa de la compra y envolver el arma blanca. Salió de casa con lo puesto. Lo tiró en la basura y fue a entregarse. De camino lloró, fue en ese preciso momento. Un fin que llegó demasiado lejos. Demasiado tarde.  

/// 016 Teléfono de atención a las Víctimas de Violencia Género ///

lunes, julio 07, 2014

Mi episodio 3.1



La mejor versión de uno mismo. ¿Un objetivo? O mucho más que eso. El tiempo nos recoloca y obliga a hacer balance(s). Más cuando el calendario impone soplar velas, acumular recuerdos y peinar canas de más. Durante 24 horas focalizas cariño, cercanía y buenas palabras. Y te das cuenta de que la fortuna se puede medir en algo más que números. Por suerte, siempre me he sentido muy querido y bien acompañado en esta aventura que es vivir. Pero ilusiona que tu gente, como concepto abstracto y peculiar, te dedique un tiempo de calidad, sea en el medio de expresión que sea. Porque así entiendes que algo habrás hecho bien en estas décadas que ya se van alargando. Porque no pierdes la emoción espontánea de abrir un regalo, de compartir una mirada cómplice. Siempre subestimé el peso de la cifra impresa en DNI. Pero es sumar y sentir su efecto. Seguramente porque las circunstancias no hayan jugado a mi favor, como ocurre casi en general. No estoy donde pensaba, pero tampoco me arrepiento de mi tránsito. Es más, algo me dice que todo puede cobrar un nuevo rumbo. Que si me escucho de una santa vez, que si actúo con honestidad con mi yo profundo, todo encajará. Son sólo sensaciones, tan necesarias para afrontar los días. Enarbolando la lucha y la verdad como valores personales, considero que en este episodio por escribir los párrafos serán tan oportunos como auténticos. Y para mí, lo más importante será el saberme respaldado por una familia única, el mejor ejemplo. Con unos padres que demuestran su espíritu intachable. Supervivientes natos y buenísimas personas. Unos hermanos siempre cómplices y con gran un futuro. Y mi otro núcleo familiar, el de mi gente, amistades históricas, nuevas incorporaciones, hermanas casi de sangre, equipos de trabajo que se convirtieron de vida. Gracias a todas y todos soy. Tres letras que debo y agradezco hasta infinito. Prometo seguir conjugando, sintiendo y entregándome.   

/// fotografía Borja Uría ///