miércoles, febrero 14, 2018

Descorazonado



La radiografía emocional no entiende de fechas, sí de latidos. Encogido entre sus miedos e inseguridades, espera su momento feliz. Hasta entonces, ¡sangra sin remedio!

¡Un #microcuento por San Valentín!

domingo, febrero 04, 2018

Si Goya levantara el cabezón...



Los Goya habrán dejado resaca a los invitados a la fiesta, porque lo que es al público, me temo que cero. Es más, la sensación global, a juzgar por lo leído en redes, es que ha sido la peor de los últimos tiempos. Y eso que ninguna brilló especialmente, hasta donde mi memoria me alcanza. La Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España (como Rosa y Amaia) se ha empeñado en poner a cómicos con tirón al frente del espectáculo y el resultado no acaba de conectar. Ni con la propia industria, ni con los espectadores. Es una pena, porque hablamos del acontecimiento peliculero del año, un escaparate para los profesionales de los planos, de los más invisibles a los de escarceos hollywoodienses. Con la oportunidad de reencontrarse y hacer contactos, que ya sabemos que la cosa creativa está muy malita. Y a nivel popular, la ocasión para descubrir algunos filmes que siendo nacionales no siempre tienen la mejor promoción. El caso es que por muchas ganas que pongamos, nos quedamos en una copia barata de los modelos engalanados de los americanos. Ayer, la alfombra roja fue muy pobre, salvo algunas actrices que supieron dar el punto excesivo al evento, muchos diseños se quedaban insípidos. Penélope destacó, como siempre, por ser ella, con su halo incorporado y esa sensación expresiva de estar de paso. Ha perdido aquella chispa de ‘La Quinta Marcha’, esa que su hermanísima no tuvo jamás. Aunque es de valorar que, pese a su nominación, apunte esta cita en su calendario y se pasee del brazo de Bardem para dar caché al show.

La escenografía sí me gustó, con el juego de los telones de entrada y salida, las lámparas vintage en diferentes modelos y alturas, las multipantallas de mirada inquieta. Aunque fue salir Ernesto Sevilla y Joaquín Reyes para sentir que todo chirriaba. Su guion era un ejercicio chanante con poco fuste. Impropio para una ceremonia de aspiración ‘sobresaliente’. Sus juegos mutuos resultaron tontos y las presentaciones por película muy largas. Se notaba el estupor del patio de butacas, quizá imaginando la ristra de críticas que no podrían esquivar. Ni el recurso de los vídeos fue lúcido, porque lo de Karra Elejalde en versión agradecimiento extendido poco aportaba o el vídeo de los actores con pelucón a lo Raffaella Carrá fue sosísimo. El transcurso de los hechos posicionaba los titulares del lado de ‘Handia’ y sus dos manitas de cabezones. Así como la inclusión constante del euskera, bien traído en el gag del euro con la librera de Coixet. La misma que ejerció de ella, entre ingenua y estudiada de más. El humor de verdad lo puso un Brays Efe en estado de gracia con su ‘Paquita Salas’. Aunque el monólogo de la representante quizá resultó excesivo para sus no fans, esa espontaneidad bien entendida cautivó por derecho. Tanto como Julita Salmerón, desbancando a Carmina como la madre más total del cine patrio. Esta mujer se merece un reality, porque su verdad engancha. Su discurso fue de los que se recuerdan, porque otros se quedan en una sucesión de tópicos sin chicha. No así el de Nathalie Poza, un actrizón que supo colar la reivindicación propia y colectiva, con total emoción y personalidad. 

Porque el discurso generalizado sobre el feminismo no acabó de convencerme. Está bien que se hable de una realidad injusta, pero no sé si es el lugar ni la forma. Algunas intervenciones al respecto parecían más efectismos de abanico que compromiso real. Ojalá que cualquier persona pudiera expresarse y cumplir sus metas sin ninguna condición. Eso sí, pondría unas cuantas a los entregadores/as, porque una gran mayoría más que estar a la altura del encargo, lo hizo de pena. Se espera de nuestras estrellas gracia, improvisación, sumar a la causa. Un ejercicio que Marisa Paredes bordó, aunque se fuera de tiempo y amnesia. Me repetiré, pero en noches así echo de menos las galas pomposas, los marcos incomparables, las parejas imposibles y los looks de brilli-brilli supino. El postureo viral ha matado esa viveza necesaria. Los Javis hubieran bordado todo eso y más, pero estuvieron en un perfil bajo, a la espera del premio que no llegó. La canción de Leiva es brutal, aunque esta película milagrosa se merecía más reconocimiento. Tengo que aplaudir el número de Marlango, introduciendo los temas nominados. La delicadeza de Leonor conquista y es de agradecer que esta apuesta musical fuera seria, no una coreografía maltrecha o un rap de Resines.

Espero que los mandamases de la cosa fílmica se recuperen de la party pronto, todo sea para que estudien otras posibilidades para contar y celebrar nuestro cine tal y como merece. De lo contrario, la nominación y expulsión directa llevará sus nombres. Ahora todos a ver ‘Handia’, que muchos no sabían ni que existía… 

miércoles, enero 17, 2018

Escape



No tengo tatuado eso de que 'Nadie dijo que fuera fácil'. Sabemos que vida no hay más que una. Que estamos de paso y, en efecto, todos los días sale el Sol. La lista de tópicos existenciales se antoja infinita, como los momentos en que destruiría la realidad. Sin medias tintas. Explosión de alto alcance y aquí no ha pasado nada. El caso es que, como intenso reconocido, doy vueltas al estado de las cosas. Las mismas que siento están en crisis total. En primer término las mías, como una suma de pésimas decisiones. La peor, errar en la prioridad y arrastrar un vacío que pesa demasiado. Pero si miro hacia otros contextos, incluidos los ajenos, el balance no es más esperanzador. Estamos enfermos. Algunos con diagnóstico y medicación crónica. Otros, ahogados en la ignorancia de su dolencia. Las listas de espera médica son la risión, en términos comparativos, si se valoran todas las maldades sostenidas. Interesa poco el parar y cuestionarse, porque los complejos o los egos nos impiden hacerlo.

Quizá mi defecto sea pensarme demasiado. Ejercitar la introspección, verbalizar mi torrente de desquicies. Lo prefiero a maquillar mi verdad. Podría vivir una historia de imperfecciones perfectas, de sonrisas enlatadas, de heridas por cicatrizar, pero sería engañarme y mostrar una versión distorsionada de mi esencia. No me lo merezco, ni tampoco las personas que, voluntariamente, han decidido acompañarme en mis días, soportar mis ausencias, tolerar mis silencios y amortiguar mis golpes. Reconozco que me busco y no me encuentro. Que mi alegría de vivir se ha tomado vacaciones con varias escalas y un equipaje descomunal. Ansío su retorno, que me dé la vuelta cual calcetín y me rete para continuar en positivo. Lo necesito, más cuando escribo esto en un lugar que no me corresponde. Del que quiero escapar sin mirar atrás y olvidar que mi momento no me pertenece. Ojalá que algún día pueda teclear con la pasión que me define. Entonces me reiré de los lugares comunes y disfrutaré del mío propio.

domingo, diciembre 31, 2017

Episodio 20.18



Con ganas de que acabe esta película y se estrene el episodio 20.18. ¡Suerte y a la vida!

¡Feliz 2018!

domingo, diciembre 24, 2017

La pregunta del millón...



¿Qué es la felicidad? Si te lo preguntan cuando pasen estos días, seguro que encuentras una buena respuesta. Con mis mejores deseos…

¡Feliz Navidad!

sábado, diciembre 09, 2017

Imperfectos conocidos



La promoción de ‘Perfectos Desconocidos’ cuenta mucho (demasiado) de la trama de esta película de Álex de la Iglesia. El mundo de la pareja, expuesto frente a las miserias y mentiras humanas. Quizá no sea el mejor resumen, pero sí el trasfondo sobre el que se articula este remake de origen italiano. Con unas interpretaciones muy ramplonas y ciertas concesiones a la fantasía absurdas, mi sensación final fue de decepción. Diré que el desenlace me recordó demasiado a una serie cañí totalmente cuestionable. Eso sí, me quedo con los temas que se plantean, especialmente el mundo ‘interior’, que de exponerse nos abofetea, incluso de forma literal. Especialmente cuando se trata del amor. No corren buenos tiempos para la sinceridad, así que cumplir con los cánones de Disney es una utopía. Reconozco que nunca he entendido a la gente que opta por llevar una doble vida, acumular falsedades y pretender salir indemne. Puede que haya situaciones o contextos complicados en los que finiquitar historias, aunque la madurez y no la genitalidad debiera entrar en acción.

Ahora con todas las aplicaciones para ligar nos hemos convertido en objetos de deseo a lo fast-food. De usar y tirar. Así es complicado que el compromiso se solidifique. Quedan excepciones maravillosas, ¡hasta que el móvil demuestre lo contrario! Porque es muy cierto que se ha convertido en una prolongación de nuestras emociones y, en muchos casos, de las braguetas. El desafío peliculero de exponer nuestro ‘aparato’ al juicio público puede ser controvertido. Habrá quien no tema que la intimidad de datos se comparta, pero es común que el bloqueo tenga razones de peso. Es triste pensar que la razón de comunicación se pierda con nuestros seres queridos y la tecnología sirva como soporte para el zorreo máximo. Igual soy un señor antiguo, pero es que todo eso me parece vacío. Que la gente soltera puede actuar en libertad, aunque ese libertinaje vía wifi me resulta innecesario. Quizá cambie de opinión algún día, hasta el momento tengo claro el modelo emocional que defiendo y en él no tiene cabida esa hipocresía. Ni el despiporre como doctrina. He dicho.

La amistad también vertebra esta comedia negra, exponiendo que la confianza es justa y necesaria. De lo contrario no se puede definir como tal. Cada uno elige qué familia no de sangre con quien compartir la realidad. Se supone que en base a afinidades y cariño espontáneo. Hay que alimentar y cuidar esas conexiones, no echar capas de incomprensión. Porque si no puedes mostrarte tal cual con tu gente, hablar de corazón, incluso valorar los silencios, ¿entonces qué vínculo es ese? Que le pregunten al personaje de Pepón Nieto.

¡Que la realidad es imperfecta es de sobra conocido! 

viernes, diciembre 01, 2017

Quiere en positivo



¡Por un placer sin riesgos! Y, cómo no, por tantas personas que hoy no pueden contar que la maldita enfermedad sigue latente. Los avances médicos son una realidad, pero eso no justifica que hayamos bajado la guardia. Hace un año tuve ocasión de escuchar testimonios en primera persona, puse cara a la lucha contra el VIH y entendí que somos muy hipócritas. Que podemos lucir su lazo en la solapa sin pararnos a pensar en su realidad. Su batalla es diaria, los prejuicios no se esconden. Los miedos, menos. Así que está genial celebrar este día y que la Historia se siga escribiendo en positivo. Como su ejemplo.