domingo, diciembre 02, 2018

¡Sí a vivir!



Vivimos tiempos confusos, en los que atendemos lo absurdo y descuidamos lo importante. Hay que saber protegerse y no dar nada por hecho. El desconocimiento es un enemigo a batir y el placer pasa por cuidarse. Hagamos del lazo rojo una decisión de VIHDA. Afrontemos los miedos con información y empatía con quien sufre el estigma. ¡Aprendamos a querer y entender en positivo!

domingo, noviembre 25, 2018

Radiografía del malquerer



No imagino cómo tiene que ser cambiar latidos por golpes. Besos por reproches. Miradas por miedo. Querer es otra cosa. Porque el maltrato nunca debió tener un día en el calendario ni una lista infinita de lágrimas negras. 

25 de Noviembre | Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

domingo, noviembre 18, 2018

Taras en bucle



Puede que las prisas nos lleven a radiografiar demasiado rápido a las personas. O que la experiencia permita identificar al vuelo cómo son. El caso es que llevo un tiempo compartiendo el mundo de las taras, las propias y las ajenas, descubriendo que nuestro grado de tolerancia es cada vez más reducido. Creo que nos perdemos mucho porque ese aguante ha menguado infinito. Somos seres llenos de miedos, rarezas y absurdeces que nos construyen, así que no hay nada malo en aceptar a los otros. Está claro que es importante conocerse y conocer, pero también entender y empatizar. Se nos olvida que las realidades cambian y muchas veces están ocultas bajo capas de superación. Ese ejercicio de seguir, pese a todo o todos, es muy sano. El recrearse no ayuda, por mucho que resulte un peaje necesario. Los últimos meses han sido convulsos, intensos y creo que han supuesto un aprendizaje que valoraré con el tiempo. Me quiero quedar con eso y hacerlo extensible a los demás. Porque la vida nos regala momentos y personas que no debemos relativizar, sino todo lo contrario. Para bien o para mal, todos somos unos imperfectos tarados.

sábado, octubre 13, 2018

¡Maldito ladrón!



Hace tiempo que empecé a mirarme desde fuera y pude sentir que no era quien me gustaría ser. Es más, no me reconocía. El maldito punto de giro, la mala decisión que pesó demasiado, el entonces que lamento, una mala suma que arrastro. El tiempo ha pasado (y pesado) demasiado desde entonces. Menguando el yo que construí honestamente y desdibujándome hacia un ser bastante triste. Reconozco que tengo mis momentos, que sé dar a ciertas teclas para no hacer del drama mi telenovela íntegra, pero siento que la trama principal ha mutado para mal. O peor. Voces ajenas, de gente decidida y valiente, asumen que todo es decisión propia, que la realidad muta al antojo, pero lo dudo. Asisto a mi infelicidad como espectador sufrido, ejerciendo de dramas. ¿Hasta cuándo? Convivo con el pellizco y la duda, absorto en mi drogaína.

El monstruo que me atropelló para siempre. Alimento su voracidad, incapaz de frenar el exceso, la obsesión y la nulidad que impone al resto de facetas. No me importa reconocerlo, porque de no estar en su jaula feroz, me empequeñezco más para volverme del todo insoportable. Necesitaría un mágico equilibrio, saber vivir, respirar y relajarme. ¿Por qué no te lo permites? ¡Reacciona! Es más, te lo has ganado, podrás pensar. Pienso que son los miedos los que me bloquean. Haciéndome ridículo, un desastre de dimensiones infinitas. Perdiendo mucho. Demasiado. Y todo por no saber gestionarme y relativizar. Triste, absurdo, patético. Todo y más. Obviando el egoísmo, por respeto al resto, por decencia y dignidad propia, tendría que ser capaz de recolocar las piezas. De liberarme y sentir, sin dobleces ni lamentos. Conozco la cara B y es dantesca, pero me empeñó en serpentear por el vértigo. ¡Qué cruel! Ojalá pudiera retroceder y reescribirme, porque he perdido mucho y temo que es tarde para actualizar la vida que me robé.

lunes, agosto 13, 2018

Mi princesa guerrera



La vida te pone en el camino de personas que te dan mucho sin pedir nada. Ella es así. Generosa y única, un ejemplo de buena amiga y compañera entregada. Compartimos muchos momentos que no merecen ser escritos, pero siempre sabremos valorar lo positivo y es que el tiempo nos hizo querernos y entendernos. Siempre cabal, con la palabra precisa y el consejo más sensato. Admiro su capacidad de reinvención y superación, sin perder la sonrisa por mucho que la realidad haya querido torpedearla. Saca una fuerza infinita y demuestra que no pierde su esencia, pase lo que pase. Es un gran ejemplo, pero nunca quiso serlo. Porque jamás necesitó titulares ni primeros planos, ella se conforma con ser y estar. Eso la engrandece porque sabe relativizar todo y hasta tomarse a broma ridiculeces supinas.

Es auténtica por naturaleza, eso viene de familia. No necesita filtros ni postureos. Quererla es fácil, porque su mirada tranquiliza y te da la paz que esconde su nombre. Hoy es su cumpleaños, pero no necesito motivos para reconocer y transmitir mi agradecimiento. Querida, has sabido entender mis miedos, siempre cómplice y cariñosa. Saltamos del mostrador a los días, con aliadas perfectas de caminos y brindis sin excusas. Somos así y así nos apoyamos. Habrá kilómetros de distancia, aunque la emocional es cero cuando nos vemos y el tiempo se evapora. Contigo quiero escribir capítulos enteros y reír por tonterías que nadie entendería. ¡No nos importa! Lo importante es ese vínculo que cual hilo invisible nos ata felizmente.

¡Te Quiero, Irena!

domingo, julio 01, 2018

Soy como tú



Hay miradas de muchos tipos. Unas te enamoran. Otras inspiran. Algunas provocan instintos malvados y crueles. Muchas te perdonan la vida. Tristemente, quedan de esas que te humillan con su golpe de vista. Me miran/nos miran por ser diferentes. Parece que aún cuesta asumir que la libertad es inherente a la persona y sufrimos desprecios por querer de otro modo. Ni mejor ni peor, porque los sentimientos no deben cuestionarse, sean del tipo que sean. Ni tengan un protagonismo fuera de la ‘norma’. Esa misma que por el mero hecho de mencionarse no deja de ser absurda. Porque cada la riqueza está en la variedad, en la capacidad de entregarse a la vida sin cortapisas. Estos días estamos inmersos en la celebración de un Orgullo LGTBIQ que sigue siendo muy necesario. Habrá referentes, armarios abiertos y visibilidad, pero no alcanza, ni mucho menos, a toda la sociedad. Aún quedan frentes oscuros, de discriminación e intolerancia.

Me ha alegrado mucho que en Santander se celebrara la primera manifestación con una ALEGA al frente, mucho más que una asociación. Un referente en la vida de muchas personas como yo. Hace muchos años alguien querido me animó a cruzar las puertas de su Centro Arcoíris y pude conocer a muchos iguales. Me emociono al recordar a aquel muchacho perdido, con necesidad de que le escucharan y entender la realidad que empezaba a despertar ante sus ojos. Agradeceré siempre aquella ayuda, las primeras piedras para construir mi identidad. Como aplaudo la lucha incansable de tantas y tantos que han hecho del activismo en Cantabria su constante. Que hoy en día pelean y logran ejercicios geniales como llenar las calles con un autobús multicolor, cargado de pasajeros desbordantes de amor y verdad. Imposible no recordar a quienes no están, pero desde su rincón en lo más alto observan que sus consejos no cayeron en saco roto. O que una Leticia Sabater haya puesto patas arriba el Río de la Pila con sus canciones innecesarias, pero ese talante arrebatador. Que llenara esa cuesta imposible también es una muestra de que otro Santander es posible.

Con más espectadores y las mismas ganas de mostrar orgullosos su talento compartí el concierto de OT, en el Bernabéu. Que los triunfitos sumaran discursos en positivo era otro motivo para celebrar que algo está cambiando. Son la nueva generación de ídolos y sienten que esconderse sería un error. Ya podían tomar ese camino más compañeros de profesión, encerrados en jaulas y asustados por el qué dirán. Pues dirán que eres persona, ames a quien ames. Como Cepeda al besar a Aitana. O Agoney al encogerse frente a un frío Raoul. La piel con piel no puede pasarse como las páginas de un libro. Ha de vivirse, aunque dé mucho miedo. Demasiado. Eso lo cuenta muy bien la película, del todo recomendable, ‘Con amor, Simon’. Fue especial compartir cada plano con alguien que nunca dejará de estar en el tráiler de mis días, pase lo que pase. Y disfrutar de una historia que retrata a quienes nos pensábamos enfermos, cuestionando esos pálpitos imposibles de frenar. Con momentos en los que cuestionabas todo y hubieras firmado dar la vuelta a la realidad. Cruzar no de acera, sí de pesadilla.

Porque no era fácil. Por mucho que tuvieras entornos en positivo, había microhomofobias duras de asimilar. Con los años toda esa maldad pasa factura y vuelve a martirizarte de la forma más tonta. Por eso es importante dar pasos, reeducar, implicar y compartir que no es un delito poner tu corazón a disposición de la vida. Con orgullo y pasión. No se olvida todo ese tormento, pero no merecemos castigarnos por nada. Activemos el modo ‘A quién le importa’. Así que aunque no esté en la multitud de Madrid los próximos días me sentiré allí de espíritu. Celebrando con los míos esas fiestas sin prejuicios, llenas de felicidad por ser. Y sí, soy como tú. Si lo dudas, te invito a conocerte.

viernes, junio 29, 2018

¡Qué orgullo!



Sentir no se elige. Humillar, agredir, intoxicar y despreciar, sí. Orgullo de tantxs que no pueden contar que la sociedad avanza, pero aún tiene mucho camino por entender.