lunes, diciembre 28, 2009

La Fama a cuestas...


Debemos mucho al nuevo milenio. Desde los dosmiles tenemos adelantos inimaginables tiempos pasados, hemos desarrollado capacidades de conocimiento e investigación insólitas, pero todo lo bueno suma contrapartidas negativas. Y si siempre hubo afanes peligrosos, en la última década la búsqueda incansable de la fama en todas sus vertientes ha sido una máxima para muchos. Los mismos que confían en la nada como prioridad. Todo sea hacer nada, caminos enrosetados, facilidades todas, dinero llovioso y demás sin esfuerzos conocidos. Puede que lo entendamos pero no pueden aspirar a que todos seamos patrones igualitarios. Quizá algunos queramos llegar a algo en ídem, por qué no, pero de ahí a 'tirarse' por la ruta más fácil no debe ser argumento común. Porque siempre debemos considerar el respeto como base y asimilar que un mismo objetivo puede tener líneas de actuación bien diferenciadas.

Sabemos que hay famas y famas. La consideración profesional precisamente por el desempeño de una labor concreta es anhelada por cuantos creen en lo que hacen y no encuentran un techo personal en el desarrollo de sus quéhaceres. Otros buscan con avidez ser considerados por deméritos cuestionables, ejercicios kamasútricos, ventas indiscrimadas o mamarrachadas surrealistas. Es todo un ejército, bien asumido y armado ante la feroz competencia. La misma que rebaja los niveles y anticipa que los futuros serán más detestables que el presente peripatético.

Claro que todos queremos vivir bien. O mejor. Pero se supone que algo debe ser el pilar de ese pretendido bienestar. A muchos se les olvida y quieren dar los pasos de gigante para alcanzar esa meta para los restos y saberse liberados del esfuerzo. Puede que algunos lo consigan a costa de sus escrúpulos, pero imagino que antes o después cuestionarán tales fines. O me temo que siempre tendrán que llevar a cuestas su carga famosíl...

jueves, diciembre 24, 2009

Felices Fiestas... o Siestas


Navidad, Navidad... ¿dulce? Navidad. Cada cual sabrá a qué le sabe. A mi poca dulzura me inspira, sinceramente. En los últimos años estas fechas me acumulan malos recuerdos, pero sí un espíritu de superación que me anima a seguir mirando hacia delante. Por mucho que, ahora mismo, tenga un ojo en stand by... Lo bueno es que ahora es tiempo de balancear la vida y las personas. Sacar conclusiones, plantear propósitos, lanzar tientos, pedir por si cae algo del cielo... Hay que saber emocionarse y dejarnos de los sentimientos. En especial con los nuestros, con los que a través de simples gestos o miradas entendemos a la perfección qué nos une. Aquellos que sigan pegados a su frivolidad vacía sabrán algún día qué se pierden.

Así que estas fechas pasarán pero el poso que nos generan no, permanecerá para seguir el camino sabiendo las condiciones y los cromos humanos que habitan nuestro álbum. Es el modo de integrar las decepciones y gozar las sorpresas que tantos días con nueve en el calendario nos han dejado. Así que sólo me queda desear felices fiestas, siestas o sueños. Todo sea por crecer. Juntos o revueltos. Pero nosotros. Los otros, chau, chau...

domingo, diciembre 13, 2009

Paripés en suma


No es un juego interactivo de petición masiva esta Navidad, ni un plato de nueva cocina con que vaciar el estómago, sólo el reflejo de cómo nuestra realidad se va poblando de historias y personas de dudoso gusto y veracidad para regocijo de quienes asistimos a su ceremonia de la confusión. Está claro a estas alturas que la verdad no vende, por eso muchos se afaman en autoconstruirse y, lo que es peor, sumar adeptos y elaborar un conjunto que se cae por su propio peso. Relaciones que son sin serlo, otras que no lo son y lo parecen patéticamente por la necesidad imperiosa de gustar y dar que hablar, ejercicios de divismo colectivo entre bociferios y pataletas para destacar entre la decoración, calladas por respuesta para mantener halos de misterio malamente gestionados, sonrisas de todo a un céntimo para cumplir vagamente, amistades de conveniencia y tontería subida... Parece la historia de siempre y puede que lo sea...

Lo que está claro es que haciendo cálculos este panorama invita a apearse y seguir otra ruta menos peligrosa y contagiosa. Porque sin querer el efecto rebote se da y puedes salir peor parado que los dueños de su propio paripé. Toca la conversión antisocial, una limpia de contactos y emociones. Sólo así se puede evitar no entrar en filas del ejército de la mentira integrada. Que no, que no... Los parias para quien los quiera.