miércoles, septiembre 28, 2011

Burbuja


Desengaño. Maldito destino. Tanto tiempo de entrega y poca cosecha. Esperar hace daño. Querer es una reacción química y de piel. No entiendo tus ausencias. Esos silencios incómodos. Lo que se perdió por el camino. Me abre los ojos la realidad, pero el corazón cuestiona por desazón. Llamas y cuelgas, rompes con tanto. Aspiraba a entenderte. Pero tu verdad me impide ejercer la cercanía. Eres tú contigo. Mi yo no está a salvo. Nunca lo estuvo. Su naufragio viene de lejos. Recuerdo aquella mochila empedrada. Hoy su peso se hace imposible. Nada me compensa. Nadie me piensa. Doy vueltas sobre mí mismo. Juego con el fuego de mi soledad. Vomito mis males pero se confunden y se pierden entre el espectáculo de lo contidiano. Si alguien o algo nos dio sentido, se ha esforzado por arrebatarlo. Podría extirparte. Envolverte en liturgia y hacerte hueco en el baúl de mis cromos pasados. Sería un parche. O la primera acción de una lista interminable. Si mis entrañas se pusieran encima de la mesa y hablaran acabaría con mi masa social. Quién merece un trato a ratos. A conveniencia. Maldito interés. Putrefactas mentiras. Dobleces y engaños. La justicia ocupa lugar y parece que no encuentra hueco en mi armario. Haré limpieza, sí, pero temo conjugar en primera persona y ya. Sin más. Necesito, necesito, añoro, recuerdo... Pero el presente explota... mi burbuja.

lunes, septiembre 19, 2011

Yo, ¿yo?


YO. Dos letras, un ente. Persona, trapo, lágrima. Espantapájaros y pájaras. Pasayo sin nariz. Equilibrista de lo real. Sonrisa y angustia. Horizontal y alicaído. Corredor sin fondo. Saco de golpes propios y ajenos. Cegado sin diagnóstico. Por él. Por ella. Desmemoriado biográfico. Dependiente sin comisión ni uniforme. Inseguro, dudoso y muchas veces incapaz. Verborreico de naturaleza, tragapalabras por seguridad. Los acontecimientos apuntalan y despedazan el sentido de mi ego. Tan a la deriva que asusta. Mis ojos no engañan. Inocentes e ingenuos de fábrica, resabiados con lo duro del vivir. Pasean y se arrastran. Cuestionan tanto y a tantos. Y el balance nunca es positivo. Preso de preguntas, esclavo de respuestas. Explorador del yo hasta la saciedad, sigo sin entender mi esencia. Tanto depender, tanto sufrir. Sensibilidad de piel, lamento sin consuelo. Yo no quiero. ¿Me quiero yo?

lunes, septiembre 12, 2011

A flor de piel


Almodóvar me rescata. Tres noche en buena compañía, la suya. Modo eficaz de minimizar ausencias y egoismos injustos. La hartura requiere ruptura, su cine lo es en sí mismo. Con su mirada descarnada y a la contra ha creado un género cinematográfico que lleva su apellido por nombre. Contemplar cada plano de este arquitecto de lo audiovisual reconcilia con un cine que suele olvidar lo nimio que es máximo. El detalle con lupa, el color como secundario, la geometría y la pureza como cameos perfectos. Juega con sus actores y baila un lento con el espectador hasta darle un pisotón, el de la sorpresa, la crudeza de lo insólito e inhumano. Eso es cine, crear y recrear hasta el enganche, jugando al surrealismo y cuestionando hechos/palabras/miradas que en pantalla presenta como cotidianas. Sin juicios, sólo con el valor de su entrega a su verdad de celuloide. Lo diferente asusta. Eso no es mérito de un genio fotofóbico, se antoja lastre social. Los miedos de muchos no son más que miserias enquistadas. Liberar cada secuencia de la moralina que otros abanderan demuestra que su apuesta de antaño sigue viva, sin concesiones que otros mercantilizan. Lo suyo ha sido el crecimiento exponencial de su verdad. Y aplaudo ese 'aquí estoy yo'. Ojalá todos pudiésemos expresar el caudal creativo así. Pero las bofetadas de realidad se empeñan en frustrar los sueños. Sorpréndete con 'La Piel que Habito'. Olvida prejuicios almodovarianos o no y haz de tu butaca de cine la mejor conexión con el mundo de lo ajeno. Peeeedro, no cambies nunca.

lunes, septiembre 05, 2011

Cúmulo



El tránsito se vuelve caprichoso. De la nada al todo. El vacío pierde su definición, entre tanta actividad. Sólo así entiendo el existir, como la suma de momentos y no el lastre de lamentos. Sonrío, halago. No actúo, sólo paseo mi modo más social. Look negro, efecto kilos fuera. Miro la calle pasar y los rostros reflejan pesadumbre. Los hilos de vida deshumanizan a cada paso. Pero no me resigno. Contemplo un desfile tendencioso, de modelos mujeres anónimas. Triunfan las rubias cuarentonas de patrón calcado. Pudor cero, estiramientos todos. Descontexto. El reloj me llama, siguiente parada: una de cortos. El talento no entiende de gusto. Lo audiovisual fluctúa demasiado. Y mi día expira. Sueños de grandeza inútiles, el insomnio machaca. Mientras el madrugón no perdona. En la cercanía del trasplante de riñón entiendo que hay regalos sin ticket. La gratitud se dibuja en rostros de semejantes que han pasado por un trance complicado. Los más jóvenes rehúyen su consejo, dona la vida. ¿Quién quiere pensar en la muerte? Ellos tampoco la verbalizaban, pero la realidad superó sus expectativas. Me peleó con las máquinas ingratas, pero aspiro a hacer bien con las imágenes. Sus palabras bastan.


Sumo efectivos. Un par de locos emocionados. Arrastramos el corazón hasta la versión original de Begginers. Donde la biografía del amor supera los condicionantes sociales. Por mucho que nosotros seamos los enemigos de cada latido. Vivir para contarlo, en color. Sin miedo. Grata visión. Más. Masa en río. Una pila de nocturnos encantados de copear en el asfalto. Embebido de limón consumo la noche. Dejo a los otros que agoten sus ganas de espontaneidad etílica. La cama perdona los excesos, pero los huesos se agarrotan libremente. Calendario dominical. Cita en familia. Versión extendida. Qué oportuno es trabajar cuando vencen los recuerdos, los brotes sinceros, los análisis en báscula y los grados (de alcohol). Ingerido mi solomillo al queso abandono el encuentro. Obligación guerrera manda. Viajo en el tiempo, destino Los Corrales de Buelna. Están en guerra y más vale armarse de valor y lo que no es tal. Romanos y cántabros exhiben sus dotes. Cuánta unión por causas y desunión por otras. Inexplicable realidad. Siento mis argumentos y más gresca con el aparataje. Final infeliz a las mil y poco. Hasta aquí puedo escribir. Hoy...