jueves, diciembre 31, 2015

¡Tecleando al 2016!



En mi librería el tomo del 2015 ocupa, sinceramente, un lugar olvidable. Por eso, aspiro a teclear con fuerza en este año nuevo, dando a las personas y a las palabras su lugar. ¡Felices 366 días a estrenar! Que el libro de vuestro 2016 sea trepidante. 

miércoles, diciembre 30, 2015

Queridos Papás Majos



Este año no he debido ser muy bueno, pues no tengo lo que tanto deseo y eso sabéis me frustra mucho. Pero quería escribiros esta carta. No para pedir, sino para daros las GRACIAS. Así sin más, lo necesito. Soy un vinagre, un frustrado, un pesado siempre con mis historias, pero por mucho que me pierda, por tantas pataletas y sinsabores, nunca habéis dejado de apoyarme, entenderme, soportarme… Tenéis porrones de paciencia y un cariño infinito. Sabéis cómo hacerme sentir especial y eso que un hijo viene al mundo con un pan bajo el brazo (en mi caso un mando), no con un manual de instrucciones. Recuerdo cuando de peque vivía con tanta ansiedad estos días y la llegada de sus Majestades, los Reyes Más Majos de la Casa. Con todo un protocolo de ilusión. Recepción de catálogos de centros comerciales e inicio de lista de deseos. Visita guiada por jugueterías, con caras de asombro y onomatopeyas de megusta/meflipa/loquiero en bucle. Escritura de mi carta, cuidando la caligrafía -Rubio mediante-, fantaseando con tantas cosas. Llegaron mis hermanos  (¡Hola! Pasad, pasad) y comencé a vivir esa magia a través de sus ojos, haciéndolo más especial y manteniendo así mi esencia infantil. A día de hoy, sigo siendo ese niño que imploraba a Baltasar, por mucho que en alguna cabalgata el pobre perdiera, por momentos, todo el color y la dignidad.

Con el tiempo entendí que los regalos son mucho más que un símbolo, toda una muestra de conocer a quien envuelves esa sorpresa, un gesto de cercanía lleno de lazos y brilli-brilli. Vosotros habéis acertado siempre, dándonoslo todo, disfrutando de nuestras reacciones. Siendo un ejemplo de crianza, de educación, de generosidad, de entrega. A estas alturas, mucho dudo que la vida me ponga el reto de reproducir vuestro papel perfecto. Pero está claro que he tenido a los mejores maestros. Ahora que están de moda las community madres, que los foros se llenan de consejos, los tutoriales inundan youtube y demás, el verdadero ejemplo está en la vida sencilla, con honestidad y entrega, que vosotros habéis construido para esta familia. Sabéis que me encanta haceros rabiar, sacaros una sonrisa y compartir momentos absurdos los cinco. No me cansaría de escribir más y más palabras, de volver entre recuerdos, de capturar esos instantes que se congelan para siempre y dan latidos al corazón. No son necesarias las muestras grandilocuentes, los pastizales sin querer. Me quedo con el querer queriendo. Así lo aprendí yo. De vosotros. Gracias por ser tan majos. Os quiero.   

jueves, diciembre 24, 2015

Eses y más eses



¿Qué? ¿Quién? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué? Responde como si también hubiera un mañana y llena tus momentos de cómplices, sonrisas, besos y otras palabras geniales, de ese final... ¡Felices Noches Buenas y Días Mejores!


domingo, diciembre 13, 2015

El voto y la vida



Una semana. Es lo que resta para que el país decida qué es lo que quiere. Para finiquitar el cortejo y optar por el Don Juan del poder. El dueño perfecto para agitar la Moncloa con su estudiada imagen y las infinitas medidas de salvación. Y aquí, como en el amor, mi sensación es que mucho prometer, hasta meter… la papeleta en la urna. En este tiempo de exhibicionista ‘tienda de campaña’, los candidatos a la presidencia han querido mostrarnos lo largo que es su compromiso y el ancho de sus dignidades. Eso sí, jugando recurrentemente al y tú más, al farfullar sobre los otros, enmierdando lo ajeno y gastando energía en el ejercicio de atacar. No entiendo este modelo, pues lleva a la confusión ciudadana. Les beneficia que nos manejemos en lo superficial, en la anécdota de turno, sin ahondar en los problemas estructurales, los males que tantos sufren, las injusticias que van en el ADN patrio, así como tanto estercolero que cada cual tiene de puertas para adentro y trata de disimular echando balones fuera. O ocupando una silla con María Teresa, revisitando sus vidas a base de covers de verbena con los Supersingles. O en la casa de Bertín, entre chistes y bravuconadas machistas. ¿Es el nivel que nos merecemos de nuestra clase política?

Hemos asistido a una espectacularización inédita del contenido, como se demostró en el Debate Decisivo. El reality, tan denostado, puesto al servicio de los mensajes. El cartón piedra, de dudosa construcción, llevado al terreno electoral. Sinceramente, todos los partidos han hecho de su cliché su mejor garantía. Pero no han debido hacerlo muy bien, indecisos mediante. Se ha hablado mucho de los hipsters, en una vuelta de tuerca surrealista, con su uso en vídeos o mítines. Vienen a ser las Normas Duvales del voto, sin escote, pero con las barbas más generosas y disputadas, que sientan bien a gaviotas, rosas, 'pijitos' o revolucionarios. Echo en falta a una Olivia Pope que tomara las riendas de este sainete, elevando a un salvador con soluciones, carácter y empatía. Yo sólo espero que la gente ejerza su derecho a decidir qué España quiere, nada de olvidar la cita con la democracia y luego quejarse porque no hay un mañana. El mío quiero que sea más justo, igualitario e ilusionante. Ojalá dejemos, de una vez, tanta oscuridad y entendamos que la vida es otra cosa

miércoles, noviembre 25, 2015

No es AMOR



Hollywood hace mucho daño a la concepción romántica del amor, pero l@s mal@s sin película, también. Basta ya de víctimas. Querer es otra cosa.


domingo, noviembre 22, 2015

Perfectos conocidos



Los tópicos venden. Aseguran la risotada y unas cifras de taquilla históricas. Vascos, andaluces, catalanes… Y, ¿qué hay de los cántabros? De los santanderinos, para ser más exactos. Son muchos los rasgos de común denominador (STV, Santander de Toda la Vida) que nos definen, pero hay uno que me resulta perturbador. En una ciudad pequeña, con ínfulas de quiero y no puedo, tan única como acomplejada… Se repite, en exceso, el fenómeno de la memoria selectiva. Por gracia de la tontunez compartida. Aquí nos conocemos prácticamente todos, pero nos hacemos los nuevos, a ver si cuela. Lo peor es que sí lo hace, porque la otra parte contratante reproduce el modelo de despiste/olvido/gilipollez social. Y el bucle no cesa. ¿El sentido? No dar el brazo a torcer y reconocer que cualquier tiempo pasado pudo ser peor y los recuerdos en común, un tabú que más vale esconder. Porque aquí somos muy ‘maricomplejines’, demasiado de piar de los demás sin piedad y poco de ejercer la mirada propia a lo que viene ser el ombligo. Así que las calles se llenan de idas y venidas a discreción, evitando saludos, con auténticos retorcimientos ‘espontáneos’ para evitar holas mayores. 

Cierto es que se da el fenómeno contrario, el otro extremo que ‘a grito pelao’ escenifica historias en común y se llena de aspavientos. Tampoco es eso, pero desde aquí apelo a la naturalidad, a comunicarnos sin dobleces y a defender la memoria histórica que nos define. Porque, queramos o no, somos producto de la suma de momentos pasado/pisados y las personas que los dieron vida. Santander tiene un potencial enorme y se queda ahí, estancada, porque somos cómplices de un modelo de ciudad dormida. Tenemos que agitarnos, reconocernos y defender lo nuestro sin pudor. Lo ajeno lo elevamos a los altares, lo nuestro lo cuestionamos sin remedio. Así es como nos limitamos y quedamos siempre en una zona de confort que pasea de El Sardinero a Castelar, sin representar a los vecinos de verdad, los que cada día ponen las calles y no se les caen los anillos heredados. Nos hemos conformado con vender ese señorío de pijismo recalcitrante cuando, en suma, somos otra cosa. No llegaremos a socios de un club de raqueta y postín, donde intuyo tampoco todos se saludan o si lo hacen es con hipocresía del postureo. Comemos algo más que patata cocida, pero nos callamos nuestro sentir santanderino, nuestra verdad, y así nos va. Hola fulanito, ¿qué tal? ¡Cuánto tiempo! ¡Estás igual...!

Ilustración | Jordi Labanda

domingo, noviembre 15, 2015

No



No tengo palabras. No entiendo este odio. No son humanos. No podemos vivir en el miedo. No hay un fanatismo bueno. No puede ser verdad... Tantos noes lloran de amargura.


lunes, noviembre 02, 2015

Amores perdidos



La realidad y la ficción se dan la mano para decirnos que no corren buenos tiempos para el amor. Hace unos días vi la película ‘Los Miércoles No Existen’ y me preocupó el mensaje desesperanzador, negativo y cruel del mundo de la pareja. Por un momento, quise poner en cuarentena la suma de relatos pesimistas, el cuestionamiento cruel a los quereres treintañeros, pero poco después hice un escaneo rápido a mi alrededor y me di cuenta que es la tónica general. Afortunadamente quedan unas pocas, sanas y estables relaciones, dignas de un altar mayor, que aplaudo y venero con todas mis fuerzas. Pero, ciertamente, son las menos. Por lo general, nos hallamos ante la soltería con frustración y desánimo o frente a un miembro/a asociado/a a una pareja disfuncional, de difícil entendimiento, pero en conveniente estado de ¿confort? Respeto esta opción de vida, pero me parece un castigo innecesario. Querer bien parece difícil, pero hacerlo mal deliberadamente, a sabiendas que esa historia es el peaje a la infelicidad, no me acaba de cuadrar. Que hay personas dependientes, que no saben estar en soledad… Lo sé, durante un tiempo lo padecí. De ahí que ahora pueda escribir esto y aconsejar a cualquiera a estar bien (o mejor) desde la individualidad y desde ahí esperar que el destino o Cupido hagan el movimiento adecuado. Ese que difícilmente llega si nos replegamos o nos escondemos tras una pantalla de ordenador o móvil.

La tecnología está enterrando el misterio de la seducción. Consumimos cual fast food a personas, olvidando sentimientos y elevando ideales en objetivo de caza. ¿Dónde quedan las personas? En el buzón de eliminados o tras la X de no me gusta. Así, nos dejamos llevar por prototipos que sólo existen en nuestra cabeza. Porque, qué son esos tipos, sino límites que nos imponemos. Desde esa exigencia boicoteamos muchas opciones. Incluso a sabiendas de los pésimos resultados de tal o cual carácter, rasgo o personalidad. O lo que es lo mismo, habitualmente somos nuestros peores consejeros a la hora de hacer el retrato robot a nuestro lover de cabecera. Luego está la comunicación y más bien su ausencia, que da al traste con la mayor parte de los romances. No aprendimos lo necesario de las tramas intensas de 'Sensación de Vivir' o 'Melrose Place' y caemos, sin remedio, en los mismos errores. Parece que la sinceridad, la honestidad, la transparencia quedan reservadas para definiciones del rosco de 'Pasapalabra' y muchos deciden enterrar historias por no hablar con su pareja, ni dejar las cosas claras. Encontrar o encontrarse es algo indescriptible, sí, pero también un ejercicio de responsabilidad que empieza en uno mismo y termina en el otro. Ojalá llegue el momento que nuestras relaciones estén limpias de polvo y paja y se cuenten en otra película (alerta spoiler) con final feliz.  

sábado, octubre 17, 2015

Ni en mis sueños



Sobraron las palabras. Desde lejos sus miradas dialogaron de la forma más fluida que jamás pudo imaginar. Esa que tan bien contaban las películas y que nunca se imaginó llegar a protagonizar. Siempre creyó que la expresión ‘siento mariposas en el estómago’ era lo más cursi del mundo, y se reía para adentro cuando se la escuchaba a sus amigas. Porque sí, tendrían mucho en común, pero su concepción del amor era diametralmente opuesta. Ellas se empeñaban en defender ese romanticismo de nubes de algodón, mientras Lena se distanciaba de los sentimientos edulcorados. Se reivindicaba como racional. Con todas las letras. Aunque aquella noche estaban tan en el suelo como la ropa interior sin costuras que estrenaba, para no marcar gomas antimorbo. En ese momento, por mucho que le costara identificarlo, y más reconocerlo, tenía mariposas máximas revoloteando esas entrañas de acero. En su discurso de soltera con causas, siempre defendió que no existen prototipos, que sus sentimientos poco tenían que ver con esquemas prefijados, que lo suyo era una conexión por encima de físicos… Hasta que apareció ÉL. Ciertamente su sonrisa eclipsaba por sí misma, pero toda la estructura perfecta que acompañaba, ese pelazo con el que jugaba arrebatador, unos ojos que prometían océanos de pasión… Vamos, que si hubiera tenido que dibujar a su príncipe de colores, el azul volvía a decir era ñoño, sin duda era ÉL. Intentó disimular, jugando con su copa, perdiéndose entre los surrealismos ajenos, pero volvía a reencontrarse con el mejor ejemplar que fusionaba la química y la física que jamás hubiera soñado.

Mientras las chicas se agitaban espasmódicas al ritmo de la juerga desenfrenada, ella apenas articulaba movimiento, como incapaz de accionarse. Se imaginaba a su lado de un salto, ajena a la realidad discotequera. Jamás pensó que aquel lugar fuera a esconder un tesoro en forma de latidos descontrolados. Su actitud pacata debió llamar su atención, porque no tardó en acercarse y con la mayor naturalidad susurrarle algo al oído. Una mezcla de nervios y reggaetón psicotrópico impidió a Lena descifrar su mensaje. ÉL se dio cuenta de su asombro sorderíl e hizo lo que un galán de telenovela. Agarró su muñeca y, sin carruaje pero con los modos principescos, la condujo a la calle. Ese trayecto le pareció tan eterno como mágico. El roce de su piel anticipaba unos fuegos artificiales premium, nada de burdas repeticiones o petardazos de mucha mecha y poca chicha. Fuera, Lena siguió en su estado catatónico, mientras ÉL se presentaba encantador, le interrogaba por su curiosidad buscándole toda la noche, interesado en saber si tenía o no competencia… Su mudismo fue la respuesta más precisa, que encontró premio, en forma de un beso largo y vivido. “Si besan bien, follan mejor”, decía su amiga Yess. ¿Por qué no comprobarlo? ÉL tenía el guión perfecto, sabía qué teclas tocar para mariposear a la mujer de hielo. Pocas palabras más y un ático de soltero de oro fue la siguiente parada. El contexto perfecto para perderse a dos entre espasmos inolvidables. Eléctricos. Frenéticos. La suma del uno más uno fue su mejor matemática en aquella noche, que comenzaba con una Lena escéptica y acababa como una Lena deseada y desfogada, orgasmos mediante.

-         — Tía, Lena, te has quedado frita. Pero has debido tener un sueño húmedo, porque tenías un careto de feliciana.
-         — ¿Qué dices? ¡Qué vergüenza! Pero tengo un pálpito, hoy tenemos que salir…

Ilustración | Pablo Sikosia

domingo, octubre 04, 2015

El Banquín



Si el lugar de todos pasa por la ansiada felicidad, el suyo se reduce a un banco. Sin banqueros, sólo con listones de madera. Tan astillados por el paso del tiempo como ellos. En un barrio cualquiera, frente a unos vecinos cualesquiera, su rutina pasa por habitar ese microcosmos de confidencias en voz baja, entre cameos de extraños y chascarrillos del entonces compartido. El mismo que les pasó por encima, por tomar malas decisiones y meterse en un círculo peligroso. Aquello no eran malas compañías, eran decisiones inocentes sin cálculo de daños finales. Los que escribieron muchos que hoy contemplan el banco desde su infierno no terrenal. Los yonquis de la realidad ningunean a estos otros, convertidos en zombies por la gracia de sus excesos. Familias rotas, silencios incómodos, miedos sin resolver… Sus historias no se cuentan, porque pasaron las páginas demasiado rápido y nos cuesta acercarnos sin prejuicios a su universo. Miramos con desdén su cotidianeidad, esa en la que el tiempo no importa. Sin sobresaltos ni opas hostiles. Siempre ahí, impertérritos, cual funcionarios de sus pésimas elecciones.

En su cárcel de extrarradio las marujas cuelgan las coladas, comparten el último cotilleo y la oferta del súper, otras compran el pan embatadas y con zapatillas de andar por casa. Los Manolos de turno se toman sus blanquines, entre bravuconadas varias. Estudiantes hiperbólicos aporrean sus teléfonos y dan patadas al diccionario. Autobuses siguen su ruta a destiempo, con el hastío de pasajeros. Algún perro se acerca, sí, recibiendo el grito ipso facto de sus dueños, con alergia a su verdad. Nadie se preocupa por lo que ellos sienten. Ni los comerciales de verborrea infinita gastan un ápice de energía en venderles el último pseudo-chollo. ¿Cuántos son? ¿Cómo viven? ¿Llegarán a casa y contarán su día en ‘el banquín’? O será al revés, justo en él se desahogan y son ellos mismos. No les importa sus ropas, nada saben de las deportivas último modelo, del coche que causa furor en el mercado, ni tampoco de móviles del más es más. Encuentran en plena calle, ajenos a todo, su mejor versión. Porque es precisamente allí, donde todas esas personas perdidas se encuentran. Un saludo cabeceado basta, una mirada compartida, melancólica y de dolor une más que un grupo de WhatsApp. Construyendo una amistad a sorbos, chutes o caladas, pero haciendo que su historia, tan denostada por el mundo real, sea menos triste en su contexto irreal. Y, quién sabe, quizás, ellos sí sean felices. 

martes, septiembre 15, 2015

Isabel fuma Nobel



Hace tiempo que el mundo del corazón estaba pidiendo a gritos algún latido de más, para llenar minutos de tertulias y conversaciones de peluquería. Hemos pasado una crisis de personajes e historias de segunda, demasiado contaminados por el submundo televisivo y sus criaturas de estercolero. Terelu tranquila, lo tuyo es otra historia. Pero, cual heroína de lo rosa y el baldosín, Isabel Preysler ha sabido mantenerse y dar carnaza en el momento más inesperado. Después de ser la mujer florero y ambiciosa por excelencia, se pensaba que explotaría más su faceta de viuda de… Pero no, ella necesitaba reconstruir su emocionario y encontró el latin lover perfecto. Así, lo que muchos han bautizado como Jurassic Love, se ha convertido en el dime y direte de otros tantos. Tan excesivo como inaudito, este amor ha sorprendido por lo incongruente de las partes. Una ex, de sangre y apellido, enfadada y enterada por los medios, unas hijas de portada y declaraciones previopago, unos hijos empajaritados encantados de la cobertura, el silencio elegante de la reina, los primeros tweets del escritor… Al tercero ya anunció su boda para el año que viene y el director de la revista del saludo se frota las manos.

Más allá del luto y del divorcio de aquella manera, aquí la edad juega un papel muy importante. Yo defiendo que el querer nada tiene que ver con el DNI de sus protagonistas, pero me resulta curioso el hilar fino de la socialité filipina de frente prominente. Sé que su círculo es tan de jet y todo eso, pero esta capacidad para superarse en el cónyuge y su billetera me resulta dudosa. Puede que, en la sombra, esta esbelta y elegante señora se haya dado a la pasión con fontaneros, camioneros o taxistas, pero su CV está marcado por su exquisitez horizontal. No creo que lo necesite para mantener sus contratos publicitarios, parece más una perversión personal de encamarse con hombres de nombre importante y dar envidia a todas las cuquis, pituquis y filuquis de su exquisita urbanización. Una pregunta que no puedo dejarme de hacerme, en una de las primeras citas, ¿haría una visita guiada al Premio Nobel por cada baño de su casoplón? ¿Habrán dejado que la lujuria se desatase, piel con piel, entre tanto lavabo VIP? El otro día en Nueva York brillaron con luz propia y dieron discursos épicos, escenificando un poderío y un magnetismo, sólo apto para las casas reales. La suya se escribirá en grandes párrafos, hasta que ella vuelva a sobrevivir a su amigo/amante y emprenda una nueva búsqueda de compañero de exclusivas. Ambrosio tiene mucho que decir sobre esto… 

martes, septiembre 01, 2015

Sin uvas no hay paraíso



Anoche no tuvimos capa de Ramontxu, doce uvas, champán ni lentejuelas. Pero quien niegue que asistimos a la auténtica NocheVieja, poco asume en sus carnes el calendario. Y es que hoy, 1 de Septiembre, comienza el año nuevo. El real, sin dobleces, con toda su carga de propósitos, ilusiones, retos, ansiedades y ese largo etcétera que cada cual escribe en sus agendas. Es ahora cuando nos planteamos todas esas tareas pendientes, esos idiomas imposibles, esa lucha contra la lorza, esas conquistas aún sin nombre… Aspiramos a voltear nuestras carencias, jugamos con la idea de encontrar nuestra mejor versión, esa que siempre nos queda pendiente de escribir. Y, queramos o no, entramos en un bucle complicado. O no conseguimos ese listado kilométrico y nuestra frustración se torna en ansiedad. O bien nos pasamos en redefinir nuestro yo y la tontunez nos despista inexorablemente. Así que más vale tener cuidado y no  ser presos de estos anhelos de otoño incipiente.

Cierto es que llega un momento que incluso esta fecha pierde esa inercia genial, la de los días marcados, el uniforme, la mochila y demás complementos del buen vivir. ‘A primera experiencia’, citando a un sabio, reconozco que hace tiempo que me despedí de esa corriente y me enfrento a un nuevo mes nueve con incertidumbre. Ahora más que nunca. En mi ‘despacho’ casero pesa la hoja en blanco, la duda y el dolor de un contexto difícil. En el que buscar trabajo se convierte en un videojuego de misión imposible y hablar de estabilidad parece un mal chiste contado a destiempo. Me encantaría vivir despreocupado, no dar importancia a todo lo que me atormenta, reírme sin miedo ante tanta absurdez, pero me cuesta. Y mucho. Me pienso y miro atrás, orgulloso de tanto esfuerzo, consciente de los altos precios que tuve que pagar, aunque parece que no fueron suficientes. Así, con todo esto, me da mucha pereza este Septiembre que viene a agitar los días de tantos y las conciencias, supongo, de otros. En mi caso, me hace algo más pequeño. Y eso me da mucha rabia, lo reconozco.   

jueves, agosto 20, 2015

Gracias a ti, Lina



Hoy todos estamos agradecidos y emocionados. Nos resistíamos a despedirnos de ella, pero ha llegado el momento de bajar el telón y dar el último gran aplauso a Lina Morgan. Una estrella como pocas, que hizo del humor su modo de vida. Tanto que quizá se olvidó de sí misma y relegó su vida personal en pro de los escenarios. Hoy me vienen a la memoria tantas noches en familia, especialmente con mi abuelo, disfrutando de sus éxitos en televisión. Aquellas revistas míticas, sus gags surrealistas y, cómo no, las películas que tienen un hueco reservado en nuestras retinas. Como loco bajito e insensato jugaba desde bien peque a recrear esos mundos que ella protagonizaba. ¡Qué atrevimiento por mi parte! Me atrapaba su capacidad para conquistar la pantalla, sin ningún artificio, sólo con su arte innato. Era, sin casi, patrimonio nacional, aunque a diferencia de otras compañeras fuera discreta al máximo. Mientras unos especulaban, ella se esforzaba por seguir dando rienda suelta a su pasión: el espectáculo. Siempre con su mirada tan vivaracha como triste, vacía por momentos.

Vivió y actuó con frenesí, sin perder nunca su personalidad. Ya podía doblar torpemente sus piernas, torcer el morro cual gansa o defenderse como la sempiterna solterona. Fuera como fuera, cautivaba. En otro país le hubieran rendido un homenaje en vida como merecía, con estrellas, boas y lentejuelas, pero aquí pecamos de injustos. Hoy muchos se limitan a morbosear con su final y juzgar su decisión de morir prácticamente sola. Dicen, quienes la conocían, que no quiso que la recordaran enferma, mermada, incapaz. Por eso se retiró e hizo del silencio su último gran papel. Y hasta en eso fue única. Allá donde esté seguirá arrancando sonrisas y bajando las escaleras con un porte inimitable. Porque no necesitó ser una mujer florero, ella era todo el ramillete de talento, del que hoy carecemos. Muchas actrices de ego supino tendrían que aprender del ejemplo profesional que representaba Lina. Sin ella el teatro y la comedia españoles se quedan muy huérfanos. No te robaremos nunca el estribillo que hizo Historia, solamente te podemos decir, gracias a ti por tanto sonreír. 

sábado, agosto 15, 2015

Inmunes



El más difícil todavía hace tiempo que salió de las carpas de los circos, para instalarse en nuestra realidad. Cada día, la actualidad se ha recrudecido con noticias que van de lo rocambolesco a lo dantesco. Y, especialmente, en el apartado de sucesos. Siempre han ocurrido historias fatales, pero los últimos años asistimos a la sobreexposición de finales inverosímiles, personajes que ni el más retorcido guionista hubiera parido, hechos que ponen de punta algo más que los ‘pelos’, directamente el alma. Nos hemos ‘acostumbrado’ a que informaciones así sean el pan nuestro de cada día, pasando de la plena atención al olvido, cual fast food de titulares. Se ha caído en la espectacularización del suceso en sí mismo, reconvertido en material que arrasa en audiencias, visitas digitales y agota tiradas de periódicos. Las otroras tertulias infinitas en televisión de latidos corazonales han mutado en mesas con expertos, que escrutinan datos y perfilan a implicados, víctimas, sospechosos, vecinos y familiares. Todo, con un tufillo morboso, que hace perder el sentido trágico. La gente consume, de forma voraz, este tipo de información, relegando el trasfondo por lo superficial. Así, creo que nos estamos convirtiendo en inmunes frente al dolor.

Son tantas las bofetadas, los vuelcos que nos han provocado este tipo de situaciones, que hemos perdido totalmente la capacidad de empatía. Eso sí, sacamos nuestros peores instintos a la plaza pública. Es donde muchos se erigen de sabios. Hablamos de las redes sociales, donde juzgan y comentan al libre albedrío y, una vez expresada su posición, pasan a otro tema con igual vehemencia. El libre pensamiento se ha formateado en reality show. Es el resultado de la estrategia de muchos medios y profesionales, que han considerado que lo emocional vende. Y mucho. En este tipo de exposiciones trágicas es el complemento perfecto, porque consiguiendo que la ‘opinión pública’ sea partícipe, estiran un contenido altamente eficaz. Mucho criticaron programas de los noventa, con rubia presentadora trasnochada y preguntas cogidas con pinzas de anatomía forense, pero lo que hoy, día a día, se ve en nuestros canales es la actualización de aquellas imposibles narraciones, esos silencios que hacían daño. Entonces, como hoy, primeros planos, foco en el drama, intensidad provocada hasta la lágrima y ¡zasca!, éxito. Como ciudadanos, tenemos que reconsiderar nuestro papel social y no entrar a este tipo de juegos macabros. Por respeto a los auténticos protagonistas del horror. Basta de especulaciones baratas y minutos catódicos prefabricados. Una muerte, un asesinato, un acto de violencia no tiene que ser, jamás, carne de share.  

miércoles, julio 29, 2015

Vésame



Era amor. Así lo sentí. Aquella noche no prometía nada. El más de lo mismo con las chicas. Nos sabíamos a fuego la coreografía de cada juerga de verano. Mismos bares, idénticas copas, absurdos con palabras encendidas. Estaba harta de sentirme dentro de un bucle. Sí, estábamos de vacaciones y parecía que se imponía brindar a lo tonto, sonreír por nada y bailar espasmódicamente. Sabía que me llamarían rancia o aguafiestas, pero cogí mi cartera de mano multicolor, besé a quien pude como despedida y me encaminé hacia casa sufriendo los tacones. Siempre llevo los auriculares en el bolso y la noche estrellada me pedía una banda sonora acorde. Tenía ya puesto el derecho, a punto de completar el par, cuando oí un silbido. En otro momento no hubiera hecho caso, pero era tarde, la calle estaba desierta y no era por creerme nada, pero era claramente para mí. Me giré y entonces le vi. ¿De dónde había salido? Apoyado contra la pared, cual James Dean, con una simbólica camiseta blanca. Sus ojos azules prometían mares de sensaciones, incluso desde bien lejos. Se quedó quieto, esperando que, cautivada, me plantificara frente a él y le dijera, por lo menos, ¿quieres ser el padre de mis hijos? El auricular izquierdo truncó sus expectativas, una vez bien colocado, me di media vuelta con cara de ¡y tú de qué vas, chavalín! y continué con mi camino. No llevaba ni dos acordes de un temazo cualquiera, cuando me tocaron el hombro. Me volví enérgica con un mi palma abierta para posarse contra la jeta del jeta de turno. Era él, más encantador en las distancias cortas, parando mi bofetón impulsivo con una sonrisa de anuncio. Soy Carlos. Me quedé tan parada, que no me salían las palabras. Te he estado observando toda la noche, continuó. Debí parecerle gilipollas, porque seguía embobada repasando esa cara perfecta, su mirada que prometía historias, aquellos labios que aseguraban escándalo. Perdona nosécómotellamas, si te molesto me voy. Me reí, con una de esas risas que llevan asociada una cara de tonta importante. Las mismas que de peque eras incapaz de ocultar con el chico que te hacía tilín. Y este, sinceramente, me hacía tolón, tolón. Perdona, me has asustado. Lo siguiente que recuerdo es que nos fundimos en un beso largo, húmedo, como rodado a cámara lenta. Aquella gallardía tuvo recompensa, pues me dejé llevar y acabamos refugiándonos en un portal cercano. No hizo falta verbalizar nada, porque las construcciones linguolabiales monopolizaron el contexto.

Pasados unos besos de más… Soy Marta. Encantado. Y continuamos el ceremonial de conocernos. Mi piel parecía feliz, con la carne vibrante de festín. Nunca me había pasado enzarzarme así, sin prolegómenos, con tanta intensidad. Vivo cerca.  En ese momento se me aparecieron todas las Vírgenes a las que nos hacían rezar en el cole cada mañana. No era ninguna mojigata, pero siempre había pretendido una coherencia sexual, y tener unas cuantas citas base para que entraran en la mía para marcar un tanto. Hasta el momento lo había cumplido, pero Carlos, ay, Carlos. Se levantó, evidenciando que algo más estaba en lo más alto, y me llevó espontáneamente. Aprovechando, eso sí, todo el camino para seguir buceándonos. Ni en mi mejor película podía imaginar un coprotagonista así. Llegamos a su casa. No me pidas detalles, porque no sabría dártelos. Se quitó la camiseta blanca, los vaqueros, limitándose a unos slips, también blancos, que no podían ocultar que tenía mucho amor que dar. ¿Estoy depilada? Me ofusqué por un momento pensando en los pelos o no pelos, pero si los había no parecía importarle. Me recorrió con ganas, hundiendo su mejor versión para trasportarme lejos, sellando varias veces mi pasaporte de la pasión. ¿Orgasmo? De limón y todos los sabores. Aquello no fue una escena de cama, fue una saga perfecta, bien escrita a dos. El calor del verano nos pegaba, pero así, juntos, hicimos historia. Al menos, en mi historial de niña en busca de querer. Dormimos desnudos y abrazados, terminando en un fundido a negro. ¿Fue real?, dirás. Claro que lo fue. Irrepetible. Porque a la mañana siguiente hubo desayuno perfecto y más besos, una auténtica orgía de salivas. Y así se acabó todo, porque Carlos desapareció. Su explicación, sincera y directa. Es verano y en verano yo escribo los besos con v. Hoy contigo y mañana, quién sabe. Pero limitarse es un error. Me quedé tan cuajada, que sólo pude recoger mis cosas y escapar con la música a otra parte. Adiós, vesos. 

viernes, julio 10, 2015

Años de luz



Los años. Ese concepto que pesa y encierra tantos recuerdos, momentos y personas. A la mayoría no volverás y la frustración se convierte así en materia a aprobar cada junio. Yo llevo notazas en estos 32 recién estrenados. Porque sí, me asumo intenso, me pienso mucho y me remonto demasiado. Hace unos días volvía a una foto que no debía. A una mirada robada, a unos labios que perdí y, cómo no, me desestabilicé. Soy así de frágil. De pronto, se cae mi castillo de naipes y me flagelo por infelicidad supina. Necesito un golpe de realidad y, entonces, me doy cuenta de que todo pasa por algo. Y si hay ausencias, más de lo mismo. El escozor se alivia y caigo en la importancia del hoy, el momento que se escapa entre los dedos. Las oportunidades que vuelan por cabezonería, por miedos infundados, por herencia mal entendida. Qué pena, somos víctimas de nosotros mismos y ya va siendo hora de reaccionar y activarnos para bien. Un ejercicio al que no renuncio, más en época de soplar velas, es a retornar a la infancia. A mirar al espejo del tiempo. Me reencuentro con mi mini yo, con su inquietud ingenua, sus ideas locas, su verborrea incansable. Reconozco que aplaudo aquella versión. Albergaría sufrimiento e incomprensión, seguro, pero manejaba perfectamente la libertad de ser uno mismo. Jugaba a ser mayor, a conquistar contextos, a verbalizar imposibles. Y, con orgullo, creo que he cumplido la mayoría de los sueños de aquél loco bajito.

Cierto es que el amor se resiste y Sergio quería pintarlo por todas las paredes, gritarlo a susurros, compartirlo con una complicidad única. Pero si aún no ha llegado será porque espera en algún rincón, haciendo números y cogiendo fuerzas para comenzar una historia que érase una vez de cuento. Cada vez vivo con menos ansiedad este vacío de latidos. En mi lenguaje emocional eso se llama madurez. Antes anhelaba ese nosotros, tanto que fagocité las opciones. Ahora no desespero, disfruto de esta soledad bien compartida. Porque soy un ser afortunado, tan bien rodeado, que cualquier ocasión es buena para reconocerlo. Sumo muchos enteros con personas especiales, de esas que sé puedo esperar lo mejor. Podrá haber silencios, pero nunca incomprensión. La historia está para rellenarla de párrafos imperfectos  y es ahí donde, juntos, entramos en acción. Palabras que nos hacen, dando sentido al contexto que compartimos. Familia y amigos, entes maravillosos que aceptan mi surrealismo. Sin ellos mi yo no tendría construcción posible. Te veo bien, me decían algunos hace unos días. Y no sé si llevan razón, porque no sabría responder a la pregunta ¿estás bien? O sí, pero no sé si sería justo al contestar. Y es que esa injusticia con uno mismo marca y mucho. Se arrastra, padece e impide sentir, en todo la amplitud del verbo. Sólo sé que quiero limpiar mis gafas y seguir contemplando este mundo, con ganas de crear, crecer y convencer de que se puede. Que la oscuridad está ahí, pero la luz nos favorece a todos.   

domingo, junio 28, 2015

Mi cama es mía



Hoy para muchos es un día más, vacío de contenido. Para otros tantos este domingo es todo un símbolo, la expresión máxima de la libertad robada, silenciada, dormida… Y es que cada 28 de Junio, hace ya unos cuantos años, se celebra el Día del Orgullo LGTB (lésbico-gay-transexual-bisexual). Una fecha en el calendario y mucho más, el emblema para millones de personas en el mundo, víctimas, en su mayoría, de intolerancia, desprecio, rechazos varios… ¿Y todo por qué? Ni más ni menos que por querer diferente, a su manera, rompiendo con lo establecido. Pero, ¿quién dicta qué es normal y qué no? Cuando uno gana en años y canas no asume tanta sinrazón y se carga de argumentos frente a los obtusos de mente plana. Pero, cuando se despierta a esos sentimientos a la contra se sufre. Y mucho. El pesar de la incomprensión, los miedos infinitos a sufrir la bofetada (real o no) de los tuyos, la necesidad de buscar escondites y susurros temerosos. No es fácil transmitir toda esa suma de malestar. Por suerte, los tiempos han ido a mejor. Hoy se habla más de homosexualidad, existen referentes públicos, ídolos reafirmados y aplaudidos por su valentía de visibilidad. Sin armarios, sólo con vestidores abiertos al querer, a cada latido de libertad. En España la conquista del matrimonio igualitario fue un antes y un después. Esta semana celebramos el #LoveWins de EE.UU. y serán muchas parejas las que articulen el ‘Sí, Quiero’ con todas las de la ley. Pero, ¿qué pasa cuando ya no están los focos? Cuando los titulares pasan de fecha y las banderas se guardan en el cajón de las reivindicaciones. Pues, ni más ni menos, que la realidad impone aún demasiados ejercicios de negación, insultos, golpes, despidos injustificados, miradas de desaprobación, familias rotas, lágrimas sin consuelo… Eso me encoge el corazón, porque nadie tiene derecho a negar un sentimiento, tan personal e intransferible. Quien ocupe mi cama es sólo asunto mío. ¿Por qué he de pagar los platos rotos del egoísmo de otros? Nadie tiene que imponer modelos de vida, hagamos del respeto un valor social en mayúsculas. Sólo entonces podremos darnos la mano y besos espontáneos sin mirar atrás, con ese nudo en el estómago que no es el del amor, sino el del pavor. A que te hostien por ser tú. El día que no tengamos más que celebrar que el hecho de vivir, como si fuera poco, entonces, cuando no importe quién alegre tus despertares ni quién llene tu whatsapp de mensajes para enmarcar, sólo entonces habremos terminado de conquistar la capacidad de ser nosotros mismos. Esa que algún día un acomplejado reprimido e incapaz de asumirse nos robó.  

domingo, junio 21, 2015

La matemática perfecta



Ayer no ejercí de profesional, sólo de amigo emocionado, que no pudo evitar los nervios al compartir este texto que nacía desde el corazón. Fue un día inolvidable. Feliz Amor, Laura&Javi | Fotografía: Okland, 100% recomendables, fotones con personalidad

Hoy no hablaré de ecuaciones, derivadas, ni mucho menos integrales. Pero sí de matemáticas. Las de del amor. Esas que el destino impone en suma perfecta. El mercado de las emociones está fatal, pero, afortunadamente no para todos. El ejemplo, tan bien emparejado, se viste hoy de gala. Una, encantadora, talentosa, divertida, cariñosa...  Otro, lo mismo en adjetivo masculino. No, no es un cuento. Tampoco un problema... Lo llamaremos historia. La vuestra. Dos que se encuentran y se piensan. Miradas, complicidad, palabras para recordar, sonrisas tontas... Enamorarse a poquitos, coleccionando momentos y los primeros nosotros. Esos que ya se susurran y generan una electricidad libre de impuestos. Sin prisa, pero sin pausa, conquistando a dos la realidad, y sabiendo, cada día, que no habría un mañana sin despertares juntos. Acabarse las frases fue sólo el inicio de saberse el uno para el otro. Incluso argumentos inverosímiles, de ficción, se guionizaron solos, brotando espontáneos y con la réplica precisa. Compartiendo aire, gastronomía del querer, sueños entre almohadas y bocanadas de calendario. Así se ejercita el cariño. Un día en el campo de juego, otro en la carretera, a zancadas. Pero siempre juntos. ¿Falta algo? Sí. Algún maullido cómplice y los pasos firmes, de la mano, con el corazón acompasado... hasta llegar a palacio. Y aquí estamos, quienes os queremos y hemos asistido a esta película que amenaza con sagas infinitas, celebrando que quererse es mucho más que un compromiso. Es una necesidad de piel con piel. Es ahí donde se formula la matemática perfecta que os hace únicos, el uno más el otro, igual a vosotros. Una operación mágica, donde el resultado se reformula, una y otra vez. Porque sois protagonistas indisolubles de este amor incalculable.

martes, junio 09, 2015

Irrepetible Zerolo



Hay personas de paso y muy pocas de peso. Pero, sin duda, él tenía una misión que cumplió con creces. Dignificar la libertad, luchar sin descanso por el amor sin barreras, sin prejuicios. Hoy nos hemos levantado con la triste noticia del fallecimiento de Pedro Zerolo. Un hombre que nos deja muy vacíos, porque su ejemplo de ciudadano íntegro, luchador, dialogante, capaz no encuentra sustituto posible. Tuve ocasión de conocerlo hace unos años, en las distancias cortas de la palabra. Aquella no fue una entrevista, sí una charla cercana en la que sus ojos inquietos y sus manos en idas y venidas lo contaban todo. Eran su carta de presentación. Hablamos de muchas cosas, pero nunca olvidaré su gratitud. Quería ser escuchado y no se cansaba de articular, una y otra vez, aquellos derechos robados que tanta sangre, sudor y lágrimas le habían causado. Por suerte, pudo ver y vivir un país más decente, igualitario y social. Trabajó tanto porque así fuera. No necesitaba más bandera que él mismo. Nombre y apellidos que fue la suma de un todo. Un símbolo. Su partido no se lo puso fácil, pero no cejó en sus empeños, y jamás se rindió ante los misiles de intolerancia ni el verbo pacato de los neandertales de la moral cerrada. Esos que torpedearon siempre, y lo siguen haciendo, víctimas de sus miedos. Él si los tenía se los callaba, porque sólo quería un mundo mejor. Y lo era, hasta que se cruzó en su camino la palabra maldita. La misma que le consumió, pero no le hizo pequeño, ni calló su voz. Gracias, Pedro, por tanto. Fuiste un ejemplo único, un político sin más cartera que la dignidad. El arcoíris llora tu ausencia, pero allá donde estés volverás a demostrar quién eres y cómo, con personalidad, uno deja un legado irrepetible.

viernes, mayo 22, 2015

Archivo propio

 
 
Prefiero no revisitar mis palabras. Me llevaría más de un susto y tendría que asumir una incoherencia tras otra. Y es que los días impulsan ideas y filosofía por teclear, que con el tiempo resulta poco asumible. Siempre he defendido que quería ser mayor. Muy mayor. Con la idea de vida estable que la realidad niega. Tampoco confío en los repeinados y maquilladas de campaña. Érase una vez carne de botar (con b intencionada). En este momento, envidio que mi hermana empiece, en breve, una etapa única y estimulante como es la universitaria. Me cambiaría por ella sin pensarlo. Volvería a estudiar Comunicación y repetiría algunos errores. Sólo algunos, porque otros los borraría con fruición. Me replantearía decisiones, cuestionaría muchas relaciones, rebajaría determinadas pasiones y, todo ello, sin perder mi esencia. Si es que la tengo… Estoy en un momento raro, así en general. Dudo de dónde vengo y más hacia dónde me encamino. Sin tener nada claro, salvo una cosa, que me gustaría alcanzar un poso de tranquilidad que mis días no tienen. Me frustro por nada, me machaco sin remedio, balanceo entre el bien y el mal, vaciando la casilla de la confianza. Muchos argumentos se pierden por el camino viendo surrealismos, sufriendo gestiones pésimas, aceptando estercoleros para pagar facturas. La luz se aleja y el ánimo mengua. Nos imponen quedarnos en lo superficial y mirar hacia otro lado, para negar las consecuencias patéticas de quienes han decidido peor. Y sí, tan pronto me siento víctima como decido airear la capa de superhéroe. La misma que me llevo a parar y contemplarlo todo desde lo alto de mi rascacielos personal. Esa que me enseñó a desplegar otra campeona, diosa de las palabras y las miradas cómplices. Ella me esperaba al otro lado de la mesa, donde hasta el mayor imposible era posible. El tiempo solidifica recuerdos, al tiempo que convierte las sensaciones en material de archivo. La pena es que no pueden desempolvarse así como así. Porque me encantaría recuperar unas cuantas y deshacerme de tanta tontería.
 

martes, mayo 05, 2015

De Jesús a Hermida



Ayer las palabras, las mismas en las que se recreaba, se quedaron en shock. Se marchaba el maestro de contar historias, el gran prestidigitador de la realidad. Se iba Jesús Hermana y con él, una parte fundamental de la historia de la televisión en España. Quienes amamos este medio nos quedábamos huérfanos hace tiempo, desde que su pelazo entupetado abandonara la pequeña pantalla. Pero ahora, al saber de su marcha, el vacío se deshacía en titulares. Su genialidad era homenajeada por tantos compañeros, muchos de ellos su auténtico legado profesional. Porque fueron cien por cien obra suya. Hablo de las chicas y los chicos Hermida, cuyos nombres y apellidos sobran en este texto, pues nos viene a la cabeza su foto de familia, sus especiales con las mejores galas… Hubiera dado tanto por aprender a su lado y llenarme hoy la boca diciendo ¡gracias, maestro! Pero he reconocer que aprender, aprendí, desde bien pequeño postrado frente al televisor, empapándome de sus modos de hacer, de su espectáculo de lo cotidiano, de su grandilocuencia bien entendida. Ese cabecear, esas frases extendidas con genial hilaridad. Conseguía hipnotizar con aquello que transmitía. Trajo a España los grandes formatos matinales, auténticos shows, donde todo cabía en perfecto equilibrio. ¡Y en directo…! ¡Ay, el directo! Cuando la vida me puso la oportunidad de hacer tele, salvando las distancias, me inspiró lo mucho que había captado de su esencia. Magazine, qué gran palabra, tan denostada por muchos y valientemente defendida por su capacidad de comunicador innato. Nos hizo viajar a la Luna, sacó los colores a personajes de la Historia, demostró que el Periodismo se podía escribir en mayúsculas. Sin despeinarse cuando tenía que sacar a relucir su cara B, la de showman, que lo mismo montaba un teatrillo que cantaba a su manera. Quienes hoy ocupan los grandes medios, en realidad, quienes hoy ocupan los despachos de los grandes medios (y otros tantos pequeños) bien debían aprender de un hombre íntegro, profesional, capaz, decidido, innovador… Pues quienes vamos a su compás arrastramos sus miserias y no entendemos que nuestro sueño de contar historias, el que tan bien cumplió Jesús, se desinfle. Nos merecemos más ejemplos como él, atrapando a las cámaras y a los televidentes, amigos en la distancia. Se coló en nuestras casas tantas veces, hasta convertirse en casi uno más que, al decir adiós, se dice, se cuenta, se rumorea que se te echará mucho de menos, Jesús.
 

viernes, abril 17, 2015

Adiós, contigo



El sinsentido se llama tú. Desde que apareciste con esa media mirada, esa media sonrisa, ese medio querer… supe de mi condena, pero quise convencerme de mi seguro contra terroristas del corazón. Callabas, observando a todos, pero entreteniéndote en mi enganche. Era incapaz de apartarme de ti. El más mínimo roce con tu piel era suficiente para alimentar mi fantasía. Nos veía lejos. Felices. Plenos. Ajenos a tanto. Ausentes de todos. Nos terminábamos las frases como en un juego iniciático de enamorados, en ebullición y construyendo su dos en uno. Necesitaba esos pequeños momentos, entre el grupo, pero saltando el espacio/tiempo para susurrarnos nadas que decían infinitos. Presumías de madurez y despertabas mi necesidad de protección. Te habrían contado mis taras, pues parafraseabas cada remedio eficaz. Mi estructura de vida se ponía a tus pies por momentos. Mi salvador. El destino hecho media pieza de fruta amorosa, fresca, vigorosa. Desaparecían las dudas, las contradicciones, el caparazón histórico. Iluminabas cada paso que a dúo se antojaba una polisemia rica, vibrante y sabrosa. Como imaginaba tus labios. Tan rítmicos e insinuantes, cómplices y socarrones. Conseguiste que mi cabeza desacompasara con los latidos cardiacos. Locos y en fulgor de ti. Escribiste emociones nuevas que no sabría trasladar a palabras. Era tanto y tan genial lo que en mi provocabas que lo nunca imaginé es que fueras preso del miedo. Que te replegaras y escondieras bajo esa careta. Acopocado, incauto, desdibujado frente a mi verdad, que era la tuya. Mi discurso menguaba tu fuerza. No era consciente de que fueras a reaccionar así. Me hubiera tirado a la piscina sin agua, por ti no habría reto imposible. Pero si lo hice fue en respuesta a esas señales, esas pistas que dosificabas para alimentar mi ansia. No eran imaginaciones mías. ¿Sabes? Se acabó el pensar que eras mi antídoto frente a la infelicidad. Digo adiós a malgastar energías ni mi tiempo contigo. Porque el contigo ha mutado en conmigo por siempre jamás.

¿Qué tendrá el desamor que tanto inspira? Estas palabras no tienen dueñ@, ni fecha en el calendario. Sí múltiples protagonistas de testimonio compartido, ¿no es cierto?

lunes, marzo 23, 2015

Pisa Moreno, pisa con caspa



Quien me conozca sabrá de mi total enganche televisivo. Un medio que conozco y defiendo con pasión. Siempre que su base sea la del talento, una suma de profesionales cualificados y entregados a crear un producto de calidad. Así debiera ser con todo, no sólo en el medio catódico. Pero cuando hablamos del ente público, lo que se presupone ha de ser ley. Ahí está el dinero de nuestros impuestos construyendo una parrilla de dudoso gusto. Hace tiempo que critico su pésima gestión, que se traduce en audiencias nefastas. Dicen que el público consume sin juicio crítico, pero hemos perdido la cuenta desde que la audiencia apagó indiscriminadamente La 1 y La 2. Si creíamos que con Mariló el mando había colmado el vaso, de repente, retorna cual ave fénix el señor ventrílocuo de nombre JL y Moreno de rayo UVA. Productor omnipresente y con un curriculum infinito, como el estercolero que crea a cada paso. Su último hito es repetir, caspa mediante, esa bazofia de programa de noche, donde el espectáculo rezuma de cabecera a despedida. Espectáculo dantesco. Ahora han pasado la noche de fiesta por una alfombra roja (irreal). Veinte personas de público dan buena cuenta del ir y venir de artistas de verbena y presentadoras transparentosas. Comedietas machistas, desfiles descontextualizados, humor grueso (esto no va por Charo Reina, creí morir en su papel de asistenta bebida de más, por Dior). Una pena, así en resumidas cuentas. Porque seguro que aspiran a alimentar a muchas familias de este esperpento televisado, en vista de la cuadrilla de ‘actores’ y ‘colaboradores’, que no tenían nada mejor que hacer que maquillarse y microfonarse por la gracia del Moreno de turno. Todo está inventado en la tele. O casi. Pero este invento ya creíamos haberlo superado. Los sindicatos claman al cielo, lógico. Y yo me pregunto, ¿antes de aprobar un programa no piden un piloto? De haberlo mostrado, ¿sus conductoras irían de ursulinas y en el ‘falso’ directo mutaban a cuerpos del delito? Sea como fuere, espero que la vida de este atentado al mal gusto y la absurdez en caja tonta terminen pronto. En su lugar, las universidades están llenas de chicas y chicos desbordantes de ilusión e inocencia esperando a un directivo de televisión que apueste por sus ideas. Recuerdo a unos muchachos que soñaban mucho y hasta en voz alta. Total, que Antena 3 robó su idea de programa. Jajajaja. Y no, no fue el pérfido JL. 

martes, marzo 03, 2015

Allen, la llave que quería ser otra



Ser una más, nunca. Una frase de folclórica que era curioso se hubiese convertido en el mantra de vida de una llave Allen. Estaba harta de criar polvo en el maletín de herramientas de turno y esperar, sin pena ni gloria, que su dueño recurriera a ella para la chapuza más insospechada. Ella aspiraba a más. Era adicta a los programas de Bricomanía y se imaginaba salerosa en primer plano. Porque en manos del rudo presentador se aseguraba la gloria entre el resto de sus hieráticas compañeras. Cada día le resultaba más polvoriento en el garaje de Manolo. Así se llamaba su dueño, un solterón que se había dedicado toda la vida a trabajar en una fábrica de vidrios. Demasiado tiempo como para olvidarse de sus vicios, pensaba para sí la llave con ínfulas de estrella. Por ella se hubiese casado con un tornillo XXL, a más grande, más posibles. Pero pasaba tan desapercibida entre la multitud cacharrera que su idílico matrimonio de postín no llegaba nunca. Guardaba para sí sus fantasías, pues temía la tomaran por loca u oxidada. Bueno, decir eso sería mentir. En una ocasión, se la ocurrió contar a las tuercas que antes de ir a parar allí había protagonizado Cuéntame cómo lo monto yo, un documental del handmade muy prestigioso. Ninguna creyó su relato de llave mediática, por muchos detalles que acompañaran su batallita. Fue la comidilla durante un largo tiempo. Por eso, en su hierro interno no podía dejar de imaginarse fuera de aquella caja tan vieja, como poco glamourosa. Se esforzaba en pensar un plan perfecto que la catapultara a la fama y dejara con la broca abierta a todas las cotillas del lugar.

Fue un sábado, como de costumbre, que Manolo se afanó en demostrar su cum laude en chapuzas. Esta vez debía montar un mueble para un sobrino muy pesado, el típico que no sabe armar ni un mueble de Ikea con instrucciones. Seleccionó a unas cuantas de la caja, las que intuitivamente pensó que podía necesitar. Allen fue de las primeras. A su lado, un destornillador encendió en ella una bombilla. Ni estaba como de costumbre, algo se había hecho. ¿Una puesta a punto? ¿Un lavado de material? Parecía otro. Ella no quería ser menos. Se prometió a sí misma que aquella sería la última intervención como una herramienta del montón. Ella quería los focos sobre su torneado cuerpo. Aquella noche no durmió, su plan no debía tener ningún cabo suelto. Pensó que el único modo de alcanzar su propósito era siendo otra. Diferente. Especial. Única. Otra. Inventándose una nueva vida, un pasado glorioso lejos de Manolo, todo iría sobre ruedas. ¿Cómo lo conseguiría? Pensó en darse de lado a lado del maletín, para provocarse curiosos abollones y hendiduras, que la dieran un aspecto más moderno y dinámico. Sabía que las demás eran de sueño profundo, así que si lo hacía en plena madrugada nadie se daría cuenta. Se armó de valor y empezó el refrote impetuoso. A un lado y otro. Una y otra vez. Notaba cómo, poco a poco, briznas de hierro caían de diferentes zonas de todo su ser. Era como un lifting por las bravas. Estuvo así durante un buen rato, hasta que se dio por satisfecha. Recogió los restos, que eran el pasaporte a su futuro, y volvió a su hueco habitual como si nada. Intentó pegar ojo, pero se veía como portada de las revistas de bricolaje, seleccionada por McGyver como una de sus joyas de colección o protagonizando una campaña de El Corte de Mangas... Se acumulaban sus visiones, el pasaporte al estrellato que tanto (se decía) merecía. Pero hay veces que si deseas algo muy fuerte y manipulas tu propio destino, la realidad golpea más fuerte. Tanto como para acabar en la basura. Y es que ese fue el sitio que Manolo decidió se convirtiera en su resort de vacaciones indefinidas. Al ver a la llave maltrecha y desgastada pensó que ya era hora de jubilarla. Y de golpe y estercolero, se acabaron sus aspiraciones faranduleras. Pobre llave Allen.

sábado, febrero 21, 2015

Hijo de la tele



De todos mis recuerdos de infancia, la mayoría se sitúan en el salón. Frente al televisor. Devorando concursos, magazines y series. Solo, con mi abuelo o con mis padres. Me maravillaba la cantidad de cosas que pasaban en esa caja grande que irradiaba luz. Y sí, soñaba con colarme y ser uno más entre tanta agitación. En aquellos momentos, en el fulgor del medio, sin tanta presión de audiencias ni anunciantes, se cometían excesos y todo lo contrario, se apostaba por formatos genuinos, singulares y con mucha personalidad. Los rostros de la tele eran amables, inspiradores, cercanos... Para un niño en busca de su propia identidad, con ganas de descubrir, de crear y sonreír la suma de posibilidades era infinita. ¿Resultado? Todo aquello me despertó la pasión comunicativa y la decisión, inflexible, de dedicarme al oficio del entretenimiento. Porque eso era, en realidad, lo que me llenaba. A la mínima ocasión montaba mi show. Concursos de espectáculos en el colegio, galas improvisadas con mis primos, revistas surrealistas impresas en casa, programas de radio grabados en cinta de casete... Lo que fuera, con tal de dar rienda suelta a tantas ideas, referencias, surrealismos. Así que tuve claro qué quería estudiar y dónde acabar microfonado. El tiempo, la suerte y el esfuerzo jugaron a mi favor, llegando a cumplir un sueño muy joven: tener mi propio programa. Dirigirlo y presentarlo. En él, volqué muchos contenidos y gentes interesantes, como mis grandes programas referentes, los de Jesús Hermida. El magazine de toda la vida, con todo y más. Y un tono desenfadado, personal y sincero. Nunca entendí el recurrir a esa distancia entre el habitante de la televisión y sus receptores. Fui feliz, tuve total libertad e hice cosas experimentos televisivos a la escala de nuestras posibilidades. Las circunstancias agotaron demasiado pronto esa etapa, que admito añoraré siempre. Experiencias posteriores e intentos de abrir puertas me demostraron que hay que tener mucho cuajo para hacer de la TV tu vida. Consejos de absurdos con éxito, trepismos supinos, enchufes de instalación dudosa, Explotación (mayúscula pretendida)... Da lo mismo, porque la inocencia y la ingenuidad que me empujaron hacia lo mediático ya se esfumaron.

Mi tristeza es que, a día de hoy, se ha perdido la esencia pura de la televisión. Las cadenas se pelean absurdamente y se empeñan en copiarse. Los profesionales son siempre los mismos, con escasa opción para las nuevas y talentosas generaciones. Ahí es donde reconozco que no encajo, porque mi fe ciega es con un medio insólito, atrevido, capaz de sorprender. Me ocurre, incluso, con la ficción. Antes era más defensor de las producciones nacionales, pero cada día estoy más enganchado a las ideas made in USA ('Jane the Virgin', 'Empire', 'Looking', 'Pretty Little Liars', 'Revenge'...). Y así, por el camino, pierdo mi fascinación por nuestra industria televisiva. Necesitamos una renovación, historias de verdad, menos mediocridad y más atreverse a explorar territorios creativos. En definitiva, con magia. Ahora que nuestras dos grandes cadenas privadas cumplen 25 años, pienso que sus directivos tienen que replantearse sus modelos de parilla. Reivindico las galas petardas, bien hechas, porque la de Antena 3 por su fastuoso aniversario se quedó en nada. Antes se hacían espacios tan peculiares como incomprensibles, he ahí su valor. Viendo 'Ochéntame otra vez' esta semana, me resultó genial recuperar en imágenes aquellos especiales de Eurovisión, con un corrillo de jurado con ilustres. Memorable el que presentó Marta Sánchez, perdida y con regalo de pirulí TVE por su noche de pifias. Pirulí que abandonó en una mudanza, resultando en manos de un eurofan neurótico y protagónico. Ojalá vuelvan esos espacios polisémicos, aunque estoy expectante por la nueva temporada de 'Alaska y Segura'. Espero me inspire un poco (o mucho). Lo necesito.

sábado, febrero 07, 2015

De tal palo



La realidad vuela. Antes quedábamos a viva voz de un día para otro, con total complicidad, y ahora somos esclavos de un aparato que vibra compulsivamente. La evolución nos tiene sometidos a tantas dependencias absurdas, nos condena al materialismo y caemos en esa trampa sin rechistar. Entre los últimos fenómenos ¡un paloooo! se ha colado en nuestras vidas. Unido a otro neologismo masificado, el selfie (la autofoto de toda la vida). Pues bien, con ferocidad este palo extensible ha pasado a ser el complemento de moda, el surrealismo más vendido. La gente sale a la calle con sus frustraciones, sus miserias y su palo de selfies. En ese orden o viceversa. No es más que la copia indiscriminada de una fenómeno viralizado entre los famosos. Las redes sociales han democratizado las ínfulas de celebridad. Cada día vemos cómo muchas personas emulan las maneras de sus ídolos, haciendo de otro nuevo cuño, el postureo, una forma de vida. Encanta visibilizar, airear lo cotidiano, posando con morritos y añadiendo frases de dudosa intensidad. Ahí es donde el palo ha añadido vistosidad, mejorando el resultado final de la foto frontal de careto imprevisible. Palo que se cuela en muchas de ellas, aportando al dueño una dosis de modernidad y poderío. ¿Palocentrismo? ¿Palofilia? Recuerdo que en mi adolescencia te daban el palo, literal, arrebatando un bien preciado o esa paga que ansiabas en gastar. Ahora el palo va incorporado, cual extensión insólita de la necesidad de ser una oveja tendenciosa en el rebaño social. Me preocupa que vamos perdiendo espíritu crítico, asimilamos sin filtro y deshumanizamos esta sociedad. Mucha culpa tiene la penosa estructura educativa, los valores que construyen a nuestros pequeños y los mandamases que aprietan manos, manchadas estas de ego y codicia. Son ellos quien se parapetan en un plasma o en la censura, creando una pésima inercia. Así que la conclusión es que menos palos para fotografiar y más para otorgarnos la oportunidad de tener un contexto mejor.