miércoles, diciembre 31, 2008

Feliz Año Nueve


Cuenta atrás. La despedida se acerca y los balances nos aplastan sin remedio. El asqueo se generaliza mientras las calles se masifican y se dejan llevar por un señor llamado Consumismo. Su apellido Feroz da buena cuenta de que los segundos ningunean a la crisis porque el materialismo siempre nos puede más. Y pese a creencias y credenciales, esta vez no seré yo quien ejercite el arte del desgaste tarjetero. Sumido en mis peores pesadillas me encuentro, atacado por los atascos de los otros y deseoso que, de una vez por todas, empiece el año, los Majos que dicen ser Reyes depositen sus paquetes con paquetes y todos tan contentos. O no. Siempre quedarán las devoluciones.

Lo que está claro que ya no podemos devolver a quien corresponda es un año de altibajos e inconstancias que se recordará casi seguro por lo peor. Aunque bondades seguro todos hemos tenido. Personalmente no me quejo aunque sea mi tónica. Aunque asumo la necesidad de reciclar el calendario y los ánimos. Quizá deseoso de nuevas miras o miradas que hagan el futuro que es mañana mejor o más.

Y llegado a este punto sólo me queda agradecer a los que están, estuvieron y estarán sus presencias o ausencias, sus momentos o contextos de regalo, sus complicidades y bondades en positivo, sus risas sin lata, sus palabras de menos a más o sus silencios de compañía. Para quien corresponda sólo puedo desear unos felices segundos, minutos, horas, días, semanas, meses... Un año pleno. Que en 2009 cada cual encuentre o se recoloque en su sitio. Aunque éste siempre será el vuestro.

Con cariño de EsE que fue aquél y seguirá siendo un misterio.

sábado, diciembre 27, 2008

Querida sole...


Palabras al vacío en sí mismo. Esto es rizar el rizo. Pero siempre uno se puede superar. Y es que resulta curioso. A una pregunta inocente y directa de una buena mujer, feliz en su contexto, sobre mi estado sentimental me salió solo que sí estoy con alguien: La Sole. Una chica estupenda, de buena familia, bien dispuesta, de palabras amables, físico espectacular, pero que puede convertirse en tu peor pesadilla. Quizá estés en un estado de conexión casi pleno pero, de pronto, quieres acabar con ella y no sabes cómo. Tratas de urdir planes y frases de 'finiquitaun' pero al final siempre se sale con la suya y te acosa cual lapa. Y así pasan los días y el idilio deja de serlo y se convierte en losa. Pero de ese modo escribes la historia de tus días con una dama poco escurridiza, que se agazapa y te encoge el corazón. Así me encuentro, en el sinvivir del amor imposible ad infinitum.

Es un modo de relatar mi estado de las cosas de latido intrínseco. Aunque nada es lo que parece. Y puede que mis anhelos cada vez lo sean menos. Con el tiempo valoro mi individualidad de largo recorrido y presento asqueo ante el pensamiento del compartir. Más en la visualización absurda del mercado en crisis. Pero puede que la sorpresa se haga carne viva y cambie mis designios. Sea como sea, seguiré practicando el contexto.

miércoles, diciembre 24, 2008

Feliz Vida


Frente a felicitaciones venturosas y palabras vacías que son convención social, sólo me quedan buenos deseos. Los mismos que no caducan, siempre atemporales y dichosos para bien. Destinados a los seres queridos, cercanos o no tanto, que en el compartir momentos y contextos granjean una vida más rica y vivida. Y lo mejor siempre está por venir, aunque la nostalgia sea recodo eficaz.

Disfrute infinito. Cada cual con sus ritos o tradiciones. Con o sin fe, con o sin kilocalorías de más. Atacados o no por la palabra maldita. Lo importante es vivir en carpe diem el momento que trasciende a la fecha en sí. Por eso desde este diario y los tantos en común sólo quedan unas gracias mayúsculas y unas ganas de caminar.

Lo mejor es poco. El tiempo es el mejor aliado. Y la esperanza nunca debe desesperar. Que así sea. ¡Feliz Vida!

sábado, diciembre 20, 2008

El momento más (in)feliz


Parece que La Casa Azul se empeña en que retumbe mis tímpanos. Que personas se empeñan en considerarlo así. Pero, mira, definitivamente no. Éste no es mi momento más feliz. Quizá tenga motivos para ello, o eso juzgan los otros, pero la realidad (puta, cruda o macabra) se empeña en lo diametralmente opuesto. Y no me congratula ni mucho menos. Sin ir más lejos que al día de hoy un alguien aludió a mi pasado. Entonces se me veía menos dispuesto, hasta a la defensiva apuntó. Hoy se me visiona tranquilo, entrañable, natural... Debo ser un buen actor. O es que el resto de actantes no se coscan ni de media.

Puede que me invada una nostalgia en negativo, pero volvería a otros momentos y episodios vitales. Por muchas circunstancias, pero en esencial humanas. Y no tienen que ver con el latido corazonero. Allá que cada cual juzgue los porqueses. Pero por esos allás me sentía más pleno, arropado, rodeado de verdad... Ahora la isla se reduce y el diminutivo puede ser demasiado asfixiante.

Los sentires propios así son, incomprensibles y poco transmisibles. Por mucho que una el tiempo y el cariño, el hacer partícipe a otro ente humano de tu interioridad intrínseca es tarea difícil. En estos tiempos me valoro mucho y para mal. Por ello tampoco quiero cargar a nadie con mi maleta de oscurantismos en suma. Puede que la quema de etapas, o la montaña en la actual se vinculen en un mix del todo explosivo y agonizante. Y el futuro está cercano y la vía de salida sin iluminar. Quizá el brillo proceda del recodo menos esperado. Toca, por tanto, espera.

sábado, diciembre 13, 2008

Plurales entre banales


Días de muchos. Cuando las mayúsculas cobran sentido en la realidad y en los momentos. Frente al frío y el caer lluvioso bien vale hacer del tiempo un chicle y masticar sin parar. Hasta quedarse sin parole. Así lo mismo protagonizas un pseudo reality de locos bajitos que te ves envuelto en una polémica por ser un bocachancla de comentario impulsivo o que te sientes más abandonado que el perro de la Duquesa hecha arrugas. Todo y más es posible.

También el recurso al engaño y los dobleces vitales. Penosos o dramáticos según convenga. Con la tristeza de ida y vuelta, de contras sin fin y damnificados sin remedio... Y esto viente a cuento de Calleja porque hoy me acerqué al teatro y a una obra de la vida, de los mentideros sentimentales e identificativos en lo sexual. Siguiendo con la compra indiscriminada de armarios en oferta que ni los suequismos vía Ikea, sigo sin explicarme los mecanismos de flagelación. Qué necesidad hay de falsear una biografía para mantener entre bambalinas un secreto por el que avergonzarse pero que en sí da placer.

Se acumulan las preguntas y sinrazones, pero allá cada cuál con sus cosas. O sus fantasmas. Mua con los propios intenta el escapismo pero reconozco la incapacidad real de resultado óptimo. Puede que la victoria de las necesidades sea el fin. La senda sigue negra.

sábado, diciembre 06, 2008

Impostados


Debe estar necesitada la ciudad que me habita, o la inversa, cuando necesita de un mástil cuasi kilométrico que tiene mucho de falocentrismo, el mismo que parece padecer nuestro reducto capitalino. Con una bandera por sí misma y muchas reacciones como consecuencia, asistimos a la ceremonia del rancismo con las dudas del desquite francotirador. Y todo con unas luces proturrón de vómito posible. ¿Qué está pasando? Puede que el regio regidor encanado y encamado se pierda en curvas de lo ajeno y así nos luce lo deslucido de un terruño que aspira a más cuando va a menos. Triste.

Lo estoy también por el venir ya de las zambombas sonoras y machaconas, ante la ausencia de las carnales. Y por el reiterado paso del tiempo que aplasta los recuerdos y deja al aire las menudencias. Más en estos tiempos malditos, donde nos refugiamos en lo que fue, dado el presente de hastío. Pero es lo que tocan y hasta se nos pide poner buena cara. Aunque no semejante a la de los caras plurales sin serlo que hacen de las suyas con los damnificados en suma.

Una curiosidad que desconocía. Dada la alta falsificación negociante de todo lo inimaginable, en lugar de recolocar las mercancías de falsete entre los necesitados sin ansias de etiqueta, resulta que los Cuchis, los Klavin Kleines, los Emporios de Armanis o los Fuma pasan a mejor vida de quemazón o pisonadoras. Peripatético. Si eso hacen con los restos de lo innecesario qué no van a hacer con lo verdaderamente importante. Estamos en manos putrefactas o más.

Y en este estado de las cosas el calendario marca puente, pero las constantes vitales designan retiro casi sacramental. Si es que el asqueo no conoce límite.

miércoles, diciembre 03, 2008

Más por menos


Sin más tiempo que unas migajas con nocturnidad y poca alevosía, me retorno a un teclado demasiado revisitado pero por causas ajenas que contextualizar. Aunque el ejercicio siempre se hace necesario, más cuando te lo recuerdan para bien o mal. Así que me devuelvo al estado vía blog, para recuperar mis anhelos o profundidades que no lo son tanto. Habladurío demasiado de tantos muchos que hacen pocos, que margino realidades, momentos, frases o sensaciones que constituyen mases en suma. Aún así espero ser el mismo, por mucho que, en ocasiones, vea a mi propio muerto. Puede que embajonado por la cuantía sin fin de obligaciones que adquiridas o impuestas se hacen pesadas de más.

Por eso siempre está bien tomar aire, verse en otros rincones y valorar la distancia que hace olvidos. Y del dicho o re-ídem a los hechos me remito. Lo fue con la escapada con sentidos a la capital del reino y precursora en el banderismo ilustrante y magnificente. Allí pude reponerme o recomponerme, entre buenas amistades que hacen tomar tierra y reflexionar de lo mucho que importan los que desde lejos están sin estar, midiendo tiempos y palabras, con el cariño como icono. Amén de momentos más frívolos, los menos, de terapia vía bolsas. Porque siempre hay tiempo para vicios sin más lujuria que la quema indiscriminada de la tarjeta de crédito, pero sin pasar a oscuridades o temeridades varias. No lo es el rodearse de recuerdos con gentes para departir de pasados letrados y sonrisas sin lata. Con el manjar frente a la palabra maldita y el espíritu navideño impostado pero regalado.

Y con el arte, la cultura y los cultos que te hacen crecer, en especial el alma, que por cursi que suene o se lea, resulta necesario y gratificante. Es una genialidad poder compartir la fugacidad temporal con la buena nostalgia y la gana por seguir luchando por ser uno mismo con su mecanismo. Pese a estar atrapado por latidos. O no. Fin.

domingo, noviembre 23, 2008

Umbral bajo cero


Con ánimo de repetición o caída a mis propios infiernos, no puedo por menos que glosar los surrealismos de esta ciudad que aspira a ser abanderada con un mástil que demuestra que el tamaño sí importa. Al menos para las instituciones. Donde los enchufes siguen generando electricidad demasiado estática y absurdeces inmundas, que nos configuran a todos para mal. Pero ése es otro tema. Mi ánimo o des-ídem es noctámbulo, merodeado por fierecillas indomables e inmundicias de peligro de extensión. Y es que siempre lo supe, pero a día de hoy más. Mi grado de tolerancia al otro o en plural está bajo mínimos. Quizá sea un raro, antisocial o estúpido. Aceptamos diferente como animal de compañía. Es algo que siempre traté de asumir, pero que resulta tarde harto compleja.

Puede que salga desanimado o preste en demasía atención al contexto y los humanoides que lo configuran. Resultaré un intolerante o criticón mayúsculo. Pero lo cierto es que lo paso mal asistiendo a la ceremonia de tontainadas reunidas que dan contenido a las lunas en brillo. Entre el gremio púber desatado y chaperizado, deseoso de entradas no sólo monetarias... La avidez adulta y adúltera de tocamiento pecaminoso, con ojos fuera órbita... Los bailes de supuesta sensualidad y efectos bílicos... Las parejas desparejadas, enajenadas en sus fluídos... La drogaína que minimiza la capacidad neuronal... Y los musiqueros, perdidos en mixes incomprensibles que ni Massiel con grados más en vena toleraría.

El resultado de todo son ganas de escape, huida, risa sin fin o lágrimas negras. Como el elefante en la cacharrería que se sabe extraño y extrañado. Fuera de contexto y casi sin posibilidad de retorno. Porque cuando los ojos ven episodios fantasmagóricos el remedio ya deja de ser opción. Y así, en la irrealidad de lo real inasumible me siento sumido. La reacción / acción sería paródica. Pero se antoja necesaria. ¿El sentido? Desconocido. Quizá sea el destino quien marque los pasos, horas, situaciones y personas... Que actúe, aunque en su falsedad.

jueves, noviembre 20, 2008

La palabra maldita


Aunque luzcas las mejores orejeras ad infinitum, estos últimos meses, semanas, días, momentos, contextos, tertulias o debates... Aparece fantasmagórica para dejarnos llevar por la histeria. Y qué mejor que un histerismo para que los medios nos sumemos ávidos al desparrame informativo, al surrealismo de la verdad a medias, al ensalce de lo malo que puede ser peor. Una suma en negativo que nos lleva cuesta abajo y parece que el retorno es lejano. Sí, hablo de crisis. Y es escribir o decir la palabra y sentir un congojo extraño. Es hipócrita que unos nos quejemos tanto cuando otros tienen menos y sus gritos se silencian. Pero bien es cierto que, en estos tiempos en que lo crítico parece lo máximo, el discurso general parece tener base. Y la tiene en la coyuntura mundial, pero en lo que nos concierne, en la cercanía de lo cotidiano nos resulta abrumador.

Debajo de cada piedra de la realidad, hoy día parece que navegamos en la crisis y con la sequía como amenaza. Quizá haya un gurú que desde su altura mandamás tenga interés en nuestro miedo intrínseco. Está bien coger todo con pinzas, pero los ejercicios de sublevación y lucha contra la caída en picado del estado de las cuentas propias y ajenas no es más que el resultado del asombro de lo que alguien pronosticó y que el tiempo nos ha materializado.

Pocos pueden saber a ciencia cierta qué será de todo esto. Si, en realidad, la crisis se sentará en nuestros hogares como sustituta del turrón y hará suyo el vuelve, a casa, vuelve... Pero sin caducidad. Seguro que nos quedan muchos contextos críticos o crípticos. Mientras podamos contarlo, saldremos ilesos de todos los golpes.

sábado, noviembre 15, 2008

Tempus fugit


El viaje temporal padece revoluciones de más. Y es algo que me preocupa. Los días no pasan, corren. Todo en una ceremonia de la confusión que hace que las estaciones sean sub-ídem y que los calendarios sólo adornen las mesas llenas de papeles. Mientras los humanoides o versiones pretendidas de, asistimos impávidos al velocímetro temporal. Parece que fue ayer cuando la tercera edad lucía sus arrugas al sol y la juvenalia se embotellonaba entre la arena. Y de pronto vemos que las horrendas luces de pseudoNavidad quieren conquistar nuestras grises calles. Un manifiesto quiero. ¡Quién maneja mi reloj! Espero que no sea Remedios Amaya si es que no tuvo suficiente con su barca...

En tantas conversaciones, charlas o entrevistas de cúmulo diario, últimamente es la ligereza espacio-temporal un tema recurrente. Parece tan cierto como típico tópico que a más años más sensación de marchas forzadas. Y claro, con el tiempo uno se da cuenta de la validez de éste, de cómo huye sin destino fijo. En medio de una histeria colectiva, los momentos se pierden sin remedio y las consecuencias pueden ser demasiado dolorosas. Porque cada contexto tiene un valor único y su pérdida roza la tragedia a posteriori. Y eso sí que nos cuesta asumirlo.

Así que toca intentar apropiarse del carpe diem, del exprimidor de la realidad que nos toca. Con más o menos tino, en menor o mayor compañía, con una sonrisa sincera o forzada, con o sin tacón, con o sin crisis... pero vivir. Un remedio frente a la apatía y un muro de contención casual frente al sprint del señor T. De los Tiempo de toda la vida.

miércoles, noviembre 12, 2008

Ceguera vital


Engañados somos por nosotros mismos, como autoenemigos e inconscientes de nuestra vida. Y por el camino vamos con la autoflagelación de momentos y seres que nos restan, minan o rebajan. Pero en nuestra absurdez supina no somos capaces de reaccionar y decidir que el camino puede allanarse e iluminarse sólo subiendo un dedo, no más, a la frente y con él ejercer de cabal. Cuesta apearse de lo inmundo y surrealista, de nuestra realización de máscaras, absurdeces y tonterías enquistadas. Incapaces somos de abandonar el lado oscuro porque despierta morbo y descontrol. Lo bueno conocido da más miedo, por ser más fácil y llevadero. Al límite se vive mejor, porque se convive con lo peor y el impacto va el pack. Así, en esta apoplegía de la mismidad más remota caemos en la espiral del error, en el suicidio asistido y reglado, con la inconsciencia como material genético.

Tremendidades y temeridades de una vida donde los buenos no lo son tanto y los malos se recrean en sus actos, sabedores del poder de atracción que despiertan o del miedo que levantan entre sus adláteres. En este mundo perdido, de noticias infructuosas, de homicidios de la verdad, de vómitos de realidad con trigliceridos, los seres de supuesta humanidad cabalgamos en la grupa de la tontainez. Negados de nosotros mismos, perversos en las entrañas y las formas. Así es como nos ensañamos contra el débil, dejado de sí, misterioso en su gruta de la inmundicia.

Todos juntos, en el carnaval de los horrores sumados a los errores, perdemos la oportunidad de construir un espacio vital menos tóxico. Al contrario, nos aliamos con el azar para que el desperdicio sea una constante que nos inspira y nos hace suspirar. Con los efectos colaterales que son tela que cortar, que cortes de digestión de mal tránsito. Un suma y sigue que nos deposita en un contexto para huir sin retorno. Allá en el otro mundo, donde la circunstancia sea otra, el orden no conocerá el caos, desdibujado por el saber hacer. Hasta entonces, tome la primera puerta a la derecha. Está el servicio, puede echar sus bilis. Gracias.

sábado, noviembre 08, 2008

Cacatúas reunidas jamás serán momificadas


¡Cuánto pesan los años! Casi más que los kilos. Es lo que deben pensar esas gentes de autocrueldad que se someten a procesos de deconstrucción supina, para recrear un ser paródico de sí mismos/as. Y es que la operación al canto (rodado) está de plena actualidad. Ayer, en un evento de esta sociedad de pega y pichiglás, compañeros de profesión y tecleador presenciamos la mayor convención de señoras quirofanadas y botulímicas que nuestra entendederas alcanzaran a integrar. Ellas, en su estiradez plena, parecían contenidas, pero en realidad estaban tensas, mostrando las maldades del señor que manipula sus facciones en busca de la eterna mamarrachez. Es el efecto de tener dinero y no conocer más crisis que la propia, que se invierte en lo ridículo y pasea el ídem entre atónitos y viperinos con ganas de carnaza. La misma de la que no prueban bocado para no desequilibrar su ingesta y parecer livianas. Ridículas. Los años son los que son y no hay nada mejor que pasearlos con dignidad.

Pero ellas en su estatus y en sus prieteces consentidas se creen damas de copete. Siempre rodeadas de adláteres ridículos, muchos también tocado o re-, no sólo en ristra y rostro, también en las intimidades de lo íntimo, donde se dejan hacer como quien no quiere la cosa. Armarios de abrir y cerrar. Visto y no visto. Y es que para lo que hay que ver (y oír) más vale salir corriendo.

Coincidimos varios en lo cruel de las primeras impresiones de escasas gentes. Las arriba cuestionadas se afanan en no dosificar sus presencia ni sus consciencias. Pero sí que hay humanidades mal promocionadas a golpe de visión, pero capaces de derrocar prejuicios o críticas con la verdad absoluta. Al tiempo hay quien sigue defendiendo la propia apariencia y el medalleo de pega como modo de vida. Es triste que en reductos de la nada alguien considere que puede imaginar para sí un mundo que no le pertenece. Ejemplos de la tontería todos. Curiosos cuando tocan la esfera política y se forman lagunas mentales y babosas de pleitesía. Por ahí no paso. Ni trago.

Otra cuestión sería la de la profesionalidad. Recreada, fantasiosa o absurda. Son tantas las variantes. Pero la autencididad y el título están en desuso, a favor de lo pseudolaboral. Sin garantías ni recursos, pero con más cara que espalda, hay quien aún hoy se cree más con base menos infinito. Y los palmeros que permiten surrealismos tales tienen más culpa que los protagonistas de la cosa. Será que entre unos y otros se rifan los bonos de inyección y/o proyección. ¡A mí que no me miren!

martes, noviembre 04, 2008

Infidelidad contextual


Hoy puede ser un gran día. O no. Al menos algo me cambiará, más allá del curriculum y las experiencias, digo yo que las sensaciones sean proporcionales a la responsabilidad del momento. Y es que si no tenía suficiente con tanto, desde hoy me embarco en las ondas radiofónicas con un nuevo proyecto de nombre 'Contextos Sonoros'. De ahí mi infidelidad, porque de la otra ni ganas ni posibilidades.

Si miro atrás y pienso lo que estoy consiguiendo en tan poco tiempo me asusto. Pero, al tiempo y sin que sirva de precedente, considero que no es más que el fruto de una labranza ardua. Con más o menos valor, lo que he hecho en mi carrera siempre me ha granjeado un paso más. Y espero que el devenir sea un continuo y las ganas infinitas, sin ánimo de escape irredente.

Pero más allá de los agobios que no me dejan casi respirar, pienso que todo (hasta lo peor) me está mereciendo la pena. Puedo decir que me conozco mejor a mí mismo, mis límites y mis necesidades. Ya está bien de vivir tan del aire, de irrealidades que no suman sino todo lo contrario. Por eso tengo que entenderme en primer término y después continuar con la operación matemática que es la vida. Es mi propósito y por ello me voy a afanar. Aprendiendo de lo mínimo que es máximo y consiguiendo relativizar sin dramas vacíos de contenido. Navegando entre contextos (sonoros, también).

domingo, octubre 26, 2008

¡Están lloviendo hombres! Y yo sin empaparme


No hay mejor catarsis que el contexto explayante. Así que sí, lo reconozco. Últimamente he visto una marea humana de hombres en carnes magras y con cariños a repartir a domicilio. Pero ninguno llamó a mi puerta ni solicitó siquiera la dirección. Una pena caótica cuando no dramática. Aunque uno tiene que asumirse y saber esperar sin desespero. Pero, en ocasiones veo muertos y otras desesperados. Y me sumo a la cola. Este párrafo inconexo de un pobre desasistido en lo erótico-festivo-amoroso-querible no es más que la introducción de la crónica de sendos eventos, base de la reflexión primigenia. Mucho hombre, sí, pero ninguno para goce propio.

Viernes noche. Citado al evento de la pretendida belleza infinita de una tierra que no lo es tanto. Es el momento de jóvenes y jóvenas deseosos de mostrarse, darse a conocer y alcanzar una fama, que ignoran no les espera. Se hacen llamar Miss o Mister, según género porque en orientaciones mejor no entrar, dado que el mariquitismo se elevó a cotas estratosféricas. En lo invisible, ese backstage que si hablara gritaría, era testigo de de las menudencias de unos y otras, juegos de convivencia y blanqueadores dentales. Todo en uno. Ellos parecían gustosos del despelote ante la concurrencia, palpando los centímetros de más o menos en sus cuerpos bien pesados. Sus disimulos se resolvían sólo en la pasarela. Y no era de extrañar las delicadezas que se gastaban, más que nada viendo al público en masa oligofrénica. Porque ésa fue otra. Pero me quedo con el más bello, indiscutible y merecido, Juan García Postigo, el Mister Mundo con unos ojos que saben a-mar y que penetran lo que quiera o se deje. Cercano, amable y con don de palabra. Ése sí es un ejemplo y no otros quien sabe qué autoproclamados adalides de la nada de la moda. Tristezas de fondo de armario. El mismo que desvalijaron señoras de, enjoyadas hasta las trancas y barrancas para ejercer el arte de la apariencia. De catálogo del Sepu. Pero en las idas y venidas, tonterías adquiridas y demás siempre se sacan lecciones de la vida que uno NO quiere llevar. Quien mejor llevó el ritmo de la gala y el estilismo de lujo fue su presentadora, PrincesaSinZ, que esa noche se mereció todo el abecedario para calificar su presencia reveladora. Si es que donde hay madera no hay que sacar más nada, sólo pulir. Aplauso sin fin para ella. Y para los dos ganadores, que tampoco calificaré en exceso por eso de evitar la demanda. Pero hay que desear que entiendan lo que es un certamen de belleza. Que más vale ser y no parecer. Sin ocultaciones, con retoques o sin ellos, pero aceptando que una banda no es más que una mera anécdota para un camino por escribir.

Me he mojado poco, lo sé. Pero, en el fondo, me he involucrado bastante en toda la realidad MissTíca y tampoco quiero afilar mi maldad. Sí lo haré con ánimo pleno en el segundo evento. Aquí el arcoiris brillaba con orgullo, sin la necesidad anterior de pasear de tapadillo, ocultando noviazgos en amistades Pantojas-DelMonte, un subgénero ya incorporado al olimpo de lo homo. Sábado noche, Bilbao. En vez de comprar estilismos a la última o muebles de quita y pon, el plan era juzgar chulazos y bailar en una balsa de aceite. Y casi resbalo y no me extraña. Por la concentración de hombres en provecho cero, ejemplares de deshonra para el foro de la familia era máxima. De toda clase y condición, con preponderancia de divinas de fastos y modos de hombro desdeñoso, pasando por musculocas encantadas de anabolizarse, despelotarse y tocarse en público, o ansiosos por la carne fresca. Más subgrupos eran necesarios, pero en común el deseo de hacerse con un otro al que calentar frente a las bajas temperaturas. Aunque de eso se encargaban, se suponían, los candidatos al concurso de guapo/chulo norteño, que contó con una escasa participación y menor nivel. Ganó un púber fibrado, asincronizado y expresivo Zero. Aunque fuera la revista ídem quien le prometiera un editorial en paños menores que sirvió para provocar su única emoción de lágrimas de cocodrilo. Para las que más de uno hubiera sacado su pañuelo o su... Ejem, ejem. Quienes lo sacaron todo, fueron par de machomanes de potentes carnes, que montaron el porno show con todo lujo de detalles, entradas, salidas y fluidos. La expectación en la sala era insólita. Grado de la crisis, que parece ser un mal de tamaño mayor. Ya se sabe, el tamaño importa. Tanto como poner en una fiesta de hombres a la contra canciones de Madonna, Mónica Naranjo y Alaska. Sin olvidar el mítico 'It's raining men' que desata pasiones y lo que no lo son. Pero hay quienes no tienen esa suerte. Para muestra, un tecleador.

jueves, octubre 16, 2008

La tontería no entiende de crisis


Aunque cada día crezcan cual setas de bosque los entendidos, en toda la extensión del término y significaciones petardas posibles, es cierto que las entendederas humanas se reducen en estos momentos de pánico masivo. Y es que por mucha crisis o recesiones económicas, la Bolsa de la memez social no desciende, y las hordas y tordas de tontaines y tontainas de la vida, menos. Venido de un evento me encuentro, con mucha carga viral de la estupidez de esta tierra infinita. Algo que por mucho que pase el tiempo sigue despertando mi lado más iracundo.

Y es que entre damas y damos elegantes sin necesidad botulímica o de sobrecarga de accesorios, había los ejemplares contrarios, empeñados en hacer de la llamada de atención su tabla de básicos o dieta equilibrada. Aunque dudo de su equilibrio ante sus múltiples contracturas por practicar la mirada por encima del hombro, el desdén interiorizado y la maldad viperina. Se saben, se conocen y se reproducen por esporas entre otros defensores cuando no -oras de la bobez. En el ya famoso arte de la apariencia y la superficialidad supina. Creyéndose lo que no son, escalando en importancia de forma impostada.

Me quedo con las gentes que en saraos de belleza dudosa aunque en 2x1, siguen teniendo una buena conversación, un gesto amable, una noticia sorprendente, una mirada cómplice. Quienes de verdad gustan de hacer bien las cosas y cuidar a la gente. Estamos escasos como para dar patadas a los pocos bienhechores que sostienen el lado positivo de lo divino y lo humano.

Y, me reitero, qué duro es ver, intuir o palpar algo deseable que no te pertenece. Si es que el destino me roba el frenesí.

sábado, octubre 11, 2008

Retazos reales


La rueda de los días. El estrés de lo cotidiano. El continuo que no para. Y así hasta que llega el parón. Ahora en forma de puente. Necesaria toma de aire, aunque tiempo de aburrimiento supino para un sin vida tal yo. Más allá de eso, es cierto que en la vorágine del tiempo no queda apenas otro para dedicarse al escape propio. Por eso esta dejadez repentina de estos contextos que han sido tanto en esta y otras épocas. Como la válvula necesaria para huir de la realidad o jugar con ella. Aunque sería injusto si me quejara de algunas realidades que me conforman. Afortunado soy por desempeñar una profesión tan fluctuante pero apasionante. Con la opción de conocer y llegar a tantas personas. Esta semana transité desde el dolor ajeno, a la cercanía de personas grandes que caminan con humildad, o entre quienes dudan de sus palabras y construyen discursos que ya quisieran los parlamentarios previopago. Es una riqueza que cala hondo, aunque no siempre tenga efecto inmediato, pero sale a flote cuando menos lo esperas. Momento en el que no sólo te sientes útil, sino que entiendes la utilidad de tantos retazos que puede pasaran exprés, pero que sedimentan para crecer en positivo. Gracias a quienes me ayudan en todo ese proceso.

En la ciclotimia de mis días no quiero olvidar a quienes se quedaron sin nada y se merecen todo, unos vecinos explosionados por la realidad sin control y que entre llamaradas dejó paso a la desolación. Ánimo o más. Tampoco de esos amigos que dan tanto sin pedir nada. Que entre silencios o ausencias saben estar. Que cuando retomas el tiempo perdido, éste nunca existió. Ayer, sin ir más lejos, tuve ocasión de practicar la revuelta cercana con MissU en un concierto grande en su pequeñez. Tras entrevistar a Ana Lann sabía que no me defraudaría con su música, aunque hasta entonces fuera una completa desconocida para mí. Con sus palabras, su sentido melódico, sus ojos que saben a-mar, caí rendido. En especial con un tema, Ex, que bien merecemos los dolientes por amor. Magia musical en dosis sin fin, con una voz cálida y atrapa sueños. De matrícula. De honor.

Y así, con el sentido de la tragicomedia de la vida seguimos el camino, con nuevas paradas que nos hagan vibrar. Siempre hay luz aunque a veces nos tapemos los ojos. Antes o después nos reubicamos y encontramos esa senda que nos merece o pertenece. Lo mejor será llegar a ella con una sonrisa, porque las lágrimas ya brotan solas y circulan voraces. Que el tiempo sea con vosotros.

domingo, octubre 05, 2008

En ocasiones los mundos para-lelos chocan con la realidad para-lelas


Será la edad. Será mi sentido emo de la vida. Serán mis pesares intrínsecos. Será que la noche no es para mí. Será, será... pero es salir bajo las estrellas un fin de semana y querer echar a correr. No porque no disfrute de mis planes o compañías, que todo lo contrario, pero es que aún no he logrado desarrollar ese mecanismo de escapismo de la realidad adyacente. Así que miro a mis alrededores y me sube un vómito supino. No entiendo los clichés sociales que se dan cita por las noches. Es como si el mundo hubiese asumido una teatralidad horripilante de seres que degradan las capas humanas y se esfuerzan por rebajar la realidad. O esto o que, definitivamente, soy un inaguantable sin aguante ajeno. Que tampoco me extrañaría, dado mi encierro catódico de no veo más allá.

Me preocupa especialmente la extensión de la clase púber con suma horaria en su escalada de grados y gramos. Todo eso les hace pasear una ausencia formal, empezando por su propia imagen, reduciendo tallas y largos donde no debieran, mostrando para antideliete de los otros y derramando testosteronas y estrógenos en cantidades industriales. Así que van desatados, mochan a cada paso y buscan cuevas de placer para descagar con electricidad penúrica sus bajas pasiones. Cómo no va a bajar la calidad seminal de este país patrio con tanto paria insufrible. Dan pena, con esos cortes de pelo ellos tan engañados y esas tiranteces encoletadas ellas para deleite de sus caretos chonicidas. Claro que no es el único grupo perdido. Algunos maduros y -duras sin sitio vital buscan uno donde la oscuridad sea protagonista. Los locales de salsa parecen situarse en el top de sus guaridas. Allí cebolletean consentidamente mientras unas canciones delictivas revientan tímpanos y sentidos musicales. Cabe decir que la belleza no es su don, pero se desenvuelven gustosos y -osas.

El mundo ambiental o mariquitown tampoco está mejor. La capa caída de los capos de lo rosa se evidencia desde tiempos ha, cuando muchos jóvenes con ínfulas de jóvenas se travisten para hacer de sí unos esperpentos de venta cárnica exprés. Eso unido al gremio de bollería antifina y violentable, o las mariliendres, esas amigas tan locas como sus amigos delicados, construyen un panorama surreal. Sin olvidar la incorporación cuasi en masa de manes salvajes, con su derecho total de pasar del ordeño de vaca al de la loca... Aunque no controlan sus olores ni efluvios corporales, para bochorno personal. Carne de antidiva. Nada que ver con el espectro boho-chic o boho-rock, los alternativos de diversa estirpe que tienen sus espacios de no inclusión y de ciclotimia constante. Hacedores de sus mismidades y felices de haberse conocido y de jugar a cada oveja negra con su respectiva.

Quedan más clases, como la pija, esas niñas tan emperladas y adineradas en su propio look que juegan a ser malas con coqueteos absurdos mientras atesoran su virgo al mejor postor. Todo sea por la herencia. Y esos chicos engaviotados que temen a los restos y sólo hablan de superar la crisis y el peloteo del paddle o lo que no lo es. Si es que todos estamos enclichetadados, como los metrosexuales, ya tribu más que considerada. Bien vista por tantas (-os) y rechazada por muchas masas por lo irreal del asunto encremado y exagerado. O las chicas sin misterio. Las que muestran porque piensan que insinuar es una pérdida de tiempo. ¡Qué frío para sus cuerpos! Imagino que más tarde lo compensen.

No es esto una radiografía real ni concienzuda, pero sí un recorrido a lo que ven mis ojos una noche de terror. Me siento tan fuera de lugar, de situación, que sólo quiero constuir mi propia realidad. Que para lelo ya estoy yo.

miércoles, octubre 01, 2008

La vergüenza que corre por las venas


Podría hablar de la suma envidia que me corroe al no tener un príncipe azul, verde o amarillo que me ponga un castillo. Claro que no soy Elsa Pataky, ni lo pretendo. Ni vendo exclusivas sin fin. Pero no lo haré, hoy me quedo en otro dato, un estudio más de estos que nos alegran el día a día informativo y que hablaba del recurso juvenil a los litros de alcohol para perder vergüenzas varias y facilitar(se) el ligoteo de toda índole. Nada nuevo bajo el sol. Algo que todos siempre supimos y hasta practicamos. Por eso viene a mi mente mi proceso de iniciación al trago de grados con efectos deshinibidores. Eran tiempos de dudas y ocultaciones varias, de creer lo que no era y construir castillos en el aire. No como el de Pataky. Con el ritual social de los que hacen por no quedarse al margen. Como ovejas al redil y alienados sin remedio. Así fui dejándome llevar por esos efectos, de discotecas cuasi light, de tonteos que no lo fueron, de amores platónicos de bases surrealistas... Sería por la ingesta temprana del orgasmo. Y es que el tal en su versión líquida siempre fue mi fetiche alcoholizante. A día de hoy mantengo la tradición, pese al pitorreo ajeno, no ya del gremio camareríl ya acostumbrado a la solicitud de orgasmo sin ejercicio de frenesí. Su dulzonería me conquistó en los orígenes, más al escalar a la cabeza o aquello que no lo es de modo exprés. Y así quién iba a saber a poner contenido a la palabra vergüenza o cuestionar sobre tácticas de ligue. El todo vale, el alcohol lo sabe...

... Pero debemos ser unos inconscientes, porque tampoco es que a la larga la ayuda de los grados bebibles sea tal. Porque quién hace un buen traje de sí mismo estando más beodo que Amy CasaVino un día cualquiera. Nadie. Aunque no aprendemos y pensamos que con el plus de peligrosidad propia, de salida personal y ataque exterior ganamos terrenos por conquistar. Y eso juega en nuestra contra. Tampoco es ejecutar una mente fría y calculadora, pero es más que común presenciar el ataque del ser baboso que metido en borrachera se cree capaz de donjuanar sin límite. ¡Error! Porque uno da así una imagen peripatética, con lo que el objetivo sale corriendo o buscando otros brazos consistentes y no de serpenteo para acabar la noche. Por tanto, que en tiempos se bebe y mucho para darlo todo es real, pero no el método aconsejable. Ya lo dicen nueve de cada diez conquistadores. Lo suyo son más derivados que dan alas, todo sea por alcanzar el vuelo...

lunes, septiembre 29, 2008

Chillido de diva


En la práctica continua de ser un single con sentido o varios, este fin de semana tras un extra profesional y surrealista en sí mismo me doté del mejor escape posible. Por cercanía y disfrute. Exprés me fui hasta la tierra de la bilbainada para ver a amiguismos varios pero, en especial, para reunirme en espíritu que no obra con la más diva de mis entretelas: MN o lo que es lo mismo Mónica Naranjo. Las prisas parecían indicar que me perdería su eclosión de la oscuridad, pero todo lo contrario. Entre nervios de los fans más eso, con pataleos y demás, el griterío de la mujer renacida se hizo esperar. Así que muchos aprovecharon para pedir unas pizzas y comerse los nervios o lo que hiciera falta. Dio tiempo. Con cuarenta y cinco minutos de retraso comenzó el show, donde parecía estar todo por definir. Demasiado a la ligera, nada que ver con el previopago casi infinito.

Pero fue salir ella al escenario y olvidarse casi todos los males. En todo su potencial y haciendo de su capa -la que lucía- un sayo cantó sus versiones más rockeras de éxitos chochi pop como Désatame o Entender el amor, el mejor inicio para congratular a todo el mariquiterío que da de comer sus ínfulas endivadas. Y es que entre el público había mucho cuasi marido potencial y bolleras que finas o no se sabían al dedillo -será por la práctica- los cantes hondos de la pantera. Muy de negro todo, pero con el brillo de sus gritos inconmensurables, MN fue haciendo de sí misma y sus excesos. Apenas se comunicó con la masa, ni se cambió de ropa pese a sus comentadas ausencias del escenario, ni dio mucho. Una hora clavada de espectáculo, con dos canciones de extra que sonaron a regalo: Europa y Sobreviviré. Para entonces se había marcado un monólogo sobre el amor y el dolor, sobre sus malos tiempos y lo mucho que ha sido querida y a la contra. Nada era idílico más allá de su voz. Si algo mereció la pena, para mí, fue ver a una cantante única en lo bueno y lo malo. Jamás escuché unos alaridos tan musicalizantes y eléctricos. Es capaz de todo.

Sentado en una silla de pichiglás -no estoy para trotes de codazos y glándulas sudoríparas ajenas- disfruté del tiempo del éxtasis monicanizado. Seguro que será la última gira si cae hasta lo más hondo y no vuelve a remontar. No era virgen en su visionado, hace años muy orgulloso pagué por un playback un tanto místico. Lo del sábado fue diferente. Necesitaba un momento así, de encuentro conmigo mismo y con aquella que tantos ratos musicales me ha proporcionado. Y fue en la soledad de la mayoría impropia cuando más me di cuenta del aprendizaje silente de estos meses, de este caminar de fuerza intrínseca que me hace crecer, pese a mis quejares. Entendiendo el no amor, luchando por sobrevivir y sin caer en ser un chico malo. Las divas algo enseñan.

miércoles, septiembre 24, 2008

Realidades que hacen contexto(s)


Heroínas de la vida y el amor me piden encargos relatísticos, pero no me siento del todo capaz, porque es un momento o contexto que no me pertenece. O así lo siento. Apesadumbrado voy por las calles, de puntillas y sin hacer demasiado ruido. Aunque haya circunstancias que se antojen buenas y fructíferas, el tiempo no acaba de congratularme con sus revoltijos y misterios varios. Los días pasan y poco queda. Las sensaciones se diluyen y las personas se agazapan en territorios vedados para la verdad absoluta. Así, me cuesta tanto mostrar una felicidad de pega que prefiero naturalizar el estado en tránsito, lo real de lo impropio y la angustia de duración x.

Oigo demasiado. Escucho poco. Puede que por prisa o por desgana. Pero es un tema que me preocupa. Quizá centrado en mi nido de pájaros chillones que piden una atención en demasía y la reducción de los restos. Dudo y me inquieto. Camino y no sé qué pinto o dejo de pintar. Eso sin darle a la vena artística porque otras menos creativas y congratulantes me roban más huecos y rincones de mi mismidad. Escribo en desorden, harto de mí y puede que de todo. Sin las claves de los cambios necesarios y con las predicciones de tiempos revueltos. En los que amar sería deseable, pero en los que eso se convierte en impracticable.

Hoy volví a un contexto añejo. El rincón de los recuerdos cocidos a fuego lento, cuando no exprés. De miradas y besos furtivos. De cómplices de aquella historia que no debió ser pero que la inseguridad y el desatino convirtió en máxima. No sentí mucho ni poco. Alguien me recordó mi ausencia y dio paso al mirar atrás. A la retina de quita y pon de un don nadie que fue alguien y deshojó la margarita de un corazón herido. Y sin orgullo.

Juntando palabras, emociones, retales del ser me encuentro y con el vacío como resultado. La p*** realidad.

sábado, septiembre 20, 2008

El entremoda


Por unos días la moda ha venido aquí y, cómo no, me ha tocado seguir sus pasos de pasarela. Por eso, más que conocer su verdadero entramado he asistido a un entremoda curioso y peculiar. Siempre se habla de la elegancia, glamour y demases de esta tierra adjetivada infinita, pero viendo a la mayoría de las señoras excesivas y a los divos promasculinizantes (ja!) entre los invitados al evento dudo mucho que esa mezcla sea capaz de soportar tamaña definición. Y lo peor de todo era la tontería reinante en la sala. Como si por asistir a algo así los egos tuvieran una convención en el más allá. Ni que esto fuera NY o Milán. Seguimos siendo tannnn provincianos que nunca abandonamos nuestro propio cliché.

Las propuestas tendenciosas fueron heterogéneas de más. Cosas ponibles, otras imposibles, no por poco prácticas más bien por su horrendidez que ni para hacer trapos, vaya. Los escasos aplausos parecían evidenciar el escaso entusiasmo. Quizá en sus armarios (habitados o no) suponían más clase. Poco presente en general. Empezando por las modelos, con tres excepciones puntuales, las representantes oriundas eran eso, oriundas en sus formas o nadadoras en toda la extensión del término. Parco el elenco maniquíl y tremendo que fueran las mismas una y otra vez, provocando un constante deja vu a los testigos de lo textil. Algunas caminaban con un palo inserto en lo más profundo de su ser, otras miraban al suelo castigadas por ser ellas mismas, otras movían sus caderas crecientes con profunsión desmedida, otras mostraban un asqueo con careto demodé... Tremebundas. Por no hablar de los hombres o supuestos manes, que si son el mejor ejemplo de la masculinidad embellecida ya podemos temblar. Si es que la belleza real no habita en su territorio supuesto.

Previopago había unos cuantos famosos que estaban más interesados en comer by the face que en el sentido real de la convocatoria modesta. Alguno pasaba tan desapercibido que mataba el tiempo haciendo pinitos con cámaras del todo a chino mientras soltaba por esa boquita lindezas del mundo famosíl por el que desea escalar. Aunque caras de la tele parece que siempre dan clase (de qué, ¿de física o química?) a todo lo que por estos lares plantean. Surrealista. Pero siempre lo es más la reiterada tontunez de la mayoría de los presentes menos importantes, con sus aires por las nubes y sus expectativas que no bajan de su propio ombligo. El mejor y más natural un José Miró grande por lo que hace pero pequeño en su gilipollismo. Cuánto debieran aprender quienes no son nada ni nadie pero estancados en su empeño hiperbólico. Así de moda, poco.

martes, septiembre 16, 2008

¿Estamos a-lelados?


A vueltas con la infidelidad. Es un tema recurrente y siempre polémico. No sé si las opiniones se polarizan entre cuerneados o no, pero está claro que siempre surgen visiones de toda índole. Últimamente hemos asistido a una nueva pirueta científica de supuesta entidad sita en tierras suecas, donde han puesto nombre a un gen, el Alelo 334, que sería responsable de la prevalencia infiel en dos de cada cinco hombres. Más allá del dato genético y su realidad o negación, parece que la extensión infiel siempre toca más en el techo masculino. Las féminas avanzan en su ansiada igualdad pero parece que no están tan abonadas al engaño en pareja.

En mi reiteración de ánimo enterrable, constato que el compromiso amoroso es cada segundo más complejo o imposible. Somos seres despegados, veletas corazoneros que no asimilamos la larga duración como algo propio. Quizá motivados por la multitud de ofertas al desenfreno y la novedad, en oposiición al fantasma de la rutina y la monotonia sin cohesión. En esta sociedad no asimilamos bien ese cansancio y hemos entendido que en una relación hay fases, cuando más bien tendríamos que preguntarnos si los estadios amorosos lo son en realidad o nos permitimos ser protagonistas de historas extendidas que tienen como rúbrica el fracaso anunciado pero cegado.

Puede que el futuro sea de quienes entienden disparmente amor y sexo, esas parejas abiertas o liberales que contándoselo todo o no son capaces de ejercer la diferenciación amorosopasional. Porque a estas alturas el amor eterno es una utopía de las películas y las telenovelas azarosas. El amor es mutante y volador, como vino se fue y puede que uno no haya reparado en su ausencia, o no le interese ser del todo consciente.

Y así es como nos planteamos cuán alelados estamos. Los fieles y los infieles. Los que se lo plantean y los que refuerzan sus vínculos al amorío leal en mayúsculas. Caprichoso corazón. ¿O debemos hablar de otros órganos?

domingo, septiembre 14, 2008

Una cita con la felicidad


No es que pretenda usurpar el papel a Bernabé Tierno, siempre a vueltas con la felicidad, pero sí que quisiera reflejar un debate que hace meses merodea mi cabeza de chorlito contextualizador. ¿Felicidad o bienestar? Ésa es la cuestión. En este tiempo muchas han sido las opiniones de todo signo y las conclusiones están un poco en el aire. Yo sigo pensando que la felicidad son momentos escasos, de difícil definición a priori pero de esencia máxima y temporalidad infinita en el recuerdo. De ser una constante la felicidad perdería su propia personalidad, ese carácter de dama escurridiza del sentimiento, indomable y tan inalcanzable. En cambio, ese bienestar más rutinario pero menos abstracto, contribuye a que los días sean más, pero sin la frustración feliz de una construcción elevada e intangible.

Una gran sabia de la vida me regaló estas palabras, que por necesidad apropio y extiendo: "Alguien decía que bienestar suena a conformismo. Para otros, equilibrio. Y ser feliz para muchos, una utopía y para otros 'tener'. Comparto la idea de quien dice ser feliz cuando está en conjunción desde dentro con uno mismo y fuera con los demás. La vida nos da oportunidades para intentarlo, en nosotros está arriesgarnos".

Cada día intento correr esos pequeños riesgos y nada. Resultado cero. Quizá todo sea por el umbral de felicidad que cada cual se marca. Puede que el mío sea xxl y el balance sea menguante. Pero está claro que el error es depositar demasiadas esperanzas en alcanzar un estatus pleno sin hacer movimientos en todas direcciones. Se trata de una cuestión que implica y nos implica sin remedio. Con más o menos ambición o deseo, pero siempre con una voluntad última de ser cómplices en el proceso. Porque las cosas ni las gentes llegan por gracia divina. Mal que nos enseñaran las parabolas de la fe incorregible.

Y así es como todos caminamos hacia esa felicidad que desata pasiones, frente a su primo lejano el bienestar que en su modestia permite bienvivir sin sobresaltos. Somos inconformistas por naturaleza y lo de conocer límites nos resulta hartodifícil. Por eso bordeamos la dificultad o tratamos de saltarla con éxito. Dado que para el fracaso nuestra formación es nula.

viernes, septiembre 12, 2008

Pequeñeces


Los años mozos siempre son intensos. Todo se magnifica cual realityshow y los recuerdos se condensan ahora para jugar malas pasadas a la memoria. La mía está muy maltrecha pese a mis bodas de plata. Pero, de pronto, en días de lluvia como estos, en los que se empapa hasta el alma y el resquemor de perder oportunidades por la negrura, brotan sin previo aviso destellos de lo que fue. Los antaños empeñados en abrirse paso entre la cruda realidad.

El retorno de los escolares, sus lágrimas, sus uniformes, sus materiales, sus agendas vacías pidiendo deberes... me devuelve a tiempos de Enseñanza con mayúsculas, como bien se llama el colegio que me vio crecer y que ahora unas mujeres habitadas quieren derruir por ambiciones poco morales. El tema es que allí fueron muchos los contextos insólitos que los rincones oscuros de mi propio yo sigue conservando. Los trueques en los recreos, los cromos, los primeros murales de manos pintadas o los colgadores con foto de loco bajito. Era en aquel tiempo, cuando la inconsciencia nos permitía todo, cuando la cascada de emociones y de la sinceridad plena se hacían compañeras de juegos. Las caries, las manchas, las caídas, la escatología de risa fácil, los besos furtivos... Más y más, frente a las menudencias del hoy.

Los niños son como los diamantes en bruto. Miniaturas en estado de formación humanoide y reclaman atenciones o las generan por sí solos. Yo siempre fui de los alborotadores, de la banda del charleteo sin fin y los castigos como límite. Era la espontaneidad personificada, impulsivo por momentos o tímido por querer 'saber estar'. Siempre en las salsas no aptas para todos los públicos, con la mirada perdida en un mundo por construir. El mismo que asumiría con los años que no me acaba de pertenecer, al rehuirme o tacharme de diferente. Sabía que lo era y tampoco me disgustaba en exceso, sólo que no entendía muchos porqués.

Aún hoy me cuesta, pero veo a mi ahijado saltarín, de verborrea infinita y mirada perspicaz y me siento reflejado. Sabedor de que él tiene en su mano tantas oportunidades, de practicar el carpe diem sin miramientos y de valorar sólo lo estrictamente necesario. Las pequeñeces no merecen ni un nanosegundo.

miércoles, septiembre 10, 2008

Ser cambiante


La quietud dicen que no es buena. No estoy del todo seguro, aunque amodorrarse y caer en una rutina infinita se antoja como perjudicial. Y por mucho que nos empeñemos en desoír la necesidad de la rueda de la vida y en favorecer el anclaje de lo propio, no siempre las circunstancias lo permiten. De pronto, sin comerlo ni beberlo algo drástico echa por tierra tu supuesto castillo de naipes y sin tiempo para hacer la digestión de la nueva realidad hay que forzar un acomodo óptimo. Desde fuera son preferibles las transiciones paulatinas, pero para la propia gestión puede resultar más eficaz atajar cuanto antes una modificación plena que quedarse en meros amagos renqueantes.

Alguien de supuesta sapiencia ya predijo cambios en mi vida. Ahora no podré dudar de su ejercicio visionario, aunque lo llegue a lamentar, porque efectivamente todo indica que en nada mi organigrama interno mutará a otra cosa, porque el plano de la laboriosidad sin fin parece no tenerlo. Así que en breves mis días serán más o menos, pero no serán lo mismo. Es algo que me divide, como reto apasionante e ilusionante que asumo será el embarque en nuevos proyectos, pero al tiempo me crea duda la poca estabilidad que mi biografía personal y profesional lleva escribiendo en los últimos tiempos. Pero quejarse en mi tónica sería más que injusto, porque muchos no tienen ni la opción de evolución y ni mucho menos por su deseo. Así que no caeré en mi versión víctima compulsiva.

Y al tiempo prometo no volver a los mismos lugares propios que me inquietan y aquí comparto. En ocasiones librarse de ellos me resulta tarea imposible, por eso reanudo la tarea reflexivo tecleante. Puede que con el cambio pronosticado tenga más motivos para rellenar los blancos de colores y ver algo más que negro o gris drama. Es un propósito, la realidad me superará o no. Las respuestas próximamente Aquí, nunca mejor dicho.

lunes, septiembre 08, 2008

¿Qué me pasa, doctor?


Coloquialmente, un workahólico o por su nombre orginal en inglés, workaholic es una persona a quien le gusta, ama y es adicta al trabajo. No hay una definición médica para tal condición. Sin embargo algunas formas de estrés, y desórdenes de personalidad obsesivos-compulsivos pueden estar relacionados con el trabajo.

Así es como define la wikipedia mi problema de nada o todo, que me tiene atacado de la vida y el desamor hasta en mis vacaciones exprés. Es una pena que sea incapaz de generar el modo off y que en tiempos de libertad horaria y descompromisados siga dándale a la cabeza, más vueltas a la agenda y a la creatividad con ánimo de no sé dónde irá a parar. En un estadio permanente de laboriosidad que impide otras bondades y divagaciones necesarias pero de difícil consecución. Pero me asumo y son ya muchos años como adicto a eso que ocupa mis horas y gestiona mis días. Con la duda como compañera de viaje y el folio en blanco como testigo impertinente del paso del tiempo y las vivencias. Y en días pasados, lejos de mi rutina seguían su acoplamiento intrínseco a mi verdad. Ante la incredulidad ajena, por las posibilidades de los restos de saber diferenciar momentos y prioridades, pero cuando uno está superado y sólo piensa en volver a ejercer de sí mismo, el problema lo es y con mayúsculas.

Quizá sea mi nulidad individual y de grandes episodios de esto o aquello lo que me haga caer en la piedra de la necesidad o la cúspide trabajadora. Así fue en otros restos y se mantiene hoy por hoy. Pero no me culpa, no encuentro la vía de escape necesaria o el motivo más que suficiente para recolocar las piedras de mi vida y gestionar lo mejor posible ese camino que tanto me trauma. ¿Es grave doctor?

jueves, septiembre 04, 2008

¿Qué he hecho yo para desmerecer esto?


El nadismo vital de carácter breve, no es del todo leve. Todo lo contrario, cuando lo mínimo es máximo como cobrador de sentidos, explicaciones dadas o por pedir y emociones de brote espontáneo. Así estoy, dando pasos cuasi tumbos en este circo de descanso que no es tal, de desconexión que no es posible -cuando la cabeza trabaja sola no hay maquinista que la pare- y de vivencias que en suma hacen de la realidad paralela, una propia para un lelo. Pasan las horas en esta gran ciudad boca de lobo, la misma de la que huí pero me sigue atrapando con su magia inaudita. Como para no. Tiene de todo, malo, bueno y peor. Pero el falta humanidad. Al menos de la deseosa. Por eso echo de menos mi rincón en el mundo, con ese bienestar quietista, sin sobresaltos y con la desesperanza como mochila cotidiana. Por aquí es diferente. El pavimento se antoja tan cruel como lujurioso. Las gentes son grandes secundarios de cine, en pantalla ojiplática, con sus gestualidades ricas, sus dimes y diretes a voces o en silencios, sus carencias a conocer cuando no ocultar. Sin la indiferencia en el horizonte, con el aplomo de lo vivido como material de largo recorrido en la memoria. En suma de momentos que hacen que lo menos propio se antoje básico.

Pero no puedo dejar de preguntarme sobre mi yoísmo doliente. Cayendo en el drama que horripila a tantos, pero que no es impostado, sino la verdad absoluta de un pobre que quiere clemencia. Más que todo auto-ejercida. Y es que sigo a vueltas con la soledad, la que recrudece las heridas, que recuerda las ausencias, los besos robados o soñados, los quereres solícitos pero impedidos. La misma que no se apea del tren de los malos momentos. Esa que se regocija en lo peor, en la construcción restante del tiempo. En contraposición a los deseos, las ilusiones y las ganas que menguan como el corazón tiriteado por los daños de inmundicias pasadas. Por eso, salir a las calles, retomar el contacto con el centro homosexualizado de efebos y adláteres, de niños que se creen Dioses, de ángeles desalados, de sapos y culebras, de ratas de oscuridades... Me cuestiono mi mismidad en un grupo, ese que muchos se empeñan en objetivizar, y que cada día desconsidero más. La unidad no es posible en un reino de reinas del egoísmo, la mala baba y las peores artes. Frente a los pasotas de la cosa que no aspiran a nada o se conforman con su todo. Les observo, veo sus uniones para salir a los pasos, a las lascivias de quita y pón, a las ridiculeces emocionales que les alimentan los instintos primarios, y me siento fuera de la familia. Como esa oveja negra, tan arrinconada, fuera de un lugar o con su ausencia en un mundo que cuestiona pero le supera. Sin encontrar la salida y dudando de su propio yo.

El camino se hace andando, pero si los pasos son en vano, ¿cuál debe ser la hoja de ruta?

lunes, septiembre 01, 2008

Soledad, ¡presente!


El calor aprieta y los pensamientos presionan por salir a la luz de la injusticia propia o social. Por eso estos días que transito mucho solo por sitios que me pertenecieron para dejar de hacerlo, gravito sobre mi propia idea de vida y mi soledad cimentada en los años, los fracasos, las decepciones, las ilusiones perdidas y la sensación de vacío. Aunque sufro conmigo mismo y mi mecanismo de destrucción masiva, también me reconforto en saber que no estoy subido a un tren de bajo coste y de realidad hipócrita. Con sentimientos falseados por la necesidad y con la idea de ser en suma para no restar en individualidad. Y hablando con buenas gentes, en mi situación o todo lo contrario, caemos en la cuenta de cuánta gente construye una dualidad de paso y se instala en el conformismo sentimentaloide, mientras fantasea con el más allá del rellano y esas otras gentes que despiertan lo más dormido del corazón o los bajos fondos de su propia humanidad.

Siempre fui precoz. Más de pensamiento que de obra. Con ideas claras para bien o mal. Con concepciones firmes sobre mi devenir. Más en el territorio del amorío. Sabía qué esperaba o soñaba. Ese ideal del romanticismo tan manido pero tan recurrente cuando uno piensa con lo racional y no con lo carnal. Allá cada quien y sus dispersiones de sus emociones exprés. Yo siempre jugué en otra liga, hasta que bajé tantas categorías que a día de hoy poco espero de nada ni nadie. Menos en eso del latido rápido y el hormigueo estomacal. Ni los astros ni el más allá se confuabula a mi favor y me aconsejan olvide los episodios enamoradizos. Y en esas estoy, viendo realidades y personas que me dejan perplejo, por los surrealismos varios que hoy salen a la calle, mientras yo masco mi propia amargura. Pero en la tómbola de la compañía no debí coger número. Y aquí estoy, tecleando más solo que la una sin que nadie piense en mí. O no como quisiera. Quizá el tiempo cambie la partida y despida para siempre a esta Soledad, de nombre rancio y pesadumbre total.

viernes, agosto 29, 2008

Escape exprés


El calendario laboral no es semejante para todos los que supuestamente lo somos. La circunstancia o la mala suerte hacen que algunos trabajemos cuando el resto vive el momento seta, sufriendo los calores y las idas y venidas intrínsecas de un trabajo de non stop. Pero al menos, sin esperarlo y cuasi desesperado, el mandamás te permite evadirte de ti mismo y atrapar al vuelo unos días bien codiciados para, al menos, desconectar. En esas me encuentro, cerrando una etapa profesional y abriendo una breve de escapismo personal. Todo para dar paso a nuevas realidades y momentos que en soledad o comandita harán más vividos los meses venideros.

Y volver a otros orígenes, con gentes cercanas y de cariños inmensos, a rincones bien conocidos y otros tantos por descubrir, a la espera de vivencias muchas y magníficas. Todo en otras calles, colores, olores, sabores o sin-ídem... Pero sabiendo que la burbuja de lo exprés se acaba y más vale aprovechar el cúmulo de instantes. Lo intentaré, aunque el tiempo siempre es injusto y vuela alto. Tanto como para convertirse en incalcanzable.

Cansado estoy de muchas cosas, personas, espacios, silencios, dudas y dramas. Lo mejor será la lejanía, el más allá previsto y consciente para afrontar lo que vendrá sin ánimo de más.

miércoles, agosto 27, 2008

De mayor quiero ser...


¿Qué quieres ser de mayor? La gran pregunta para los más pequeños, esos locos bajitos dueños de la duda, que sueñan al futuro en crecimiento. Más o menos convincentes se nos acumulan las ideas de las profesionales más geniales o gananciales. Con vocaciones o su ausencia, durante años mutamos nuestros deseos laboristas acercándonos a la que será nuestra realidad en mayoría. Últimamente es un tema que despierta mi curiosidad, indagar en las concepciones profesionales en miniatura y la senda para bien o mal de la profecía de los años.

Ya conté en pantalla mis ideas de infante, por eso aquí las contextualizo. Siempre me gustó el artisteo. Bien pequeño hacía mis shows en directo, como presentador, cómico, bailarín... Acompañado de un puñado de primos literales con los que montar el espectáculo en familia era una garantía. De ahí que quisiera subirme a los escenarios, soñaba yo como cantante, pero más que nada lo mío es dar el cante en el peor sentido de la expresión.

Otra etapa fructífera de búsqueda personal hacia la madurez inmadura estaba vinculada a la moda. De hecho monté en una galería de mi casa una tienda, con todo tipo de detallismos. Desde la ropa etiquetada al escaparate, verdadero motivo para el tinglado genérico. De hecho, la superación creativa me llevaba a plantear periodos de Rebajas, con toda la parafernalia que tan insigne momento del año fashionista requiere. Hasta empecé a crear accesorios de yoísmo, unos broches tipo flor demasiado surrealistas para mi memoria.

Y cómo no, el tema mediático siempre me llegó. Debí nacer frente a la tele, porque desde que tengo uso de razón me ha guiado, quizá en exceso. De ahí que simulara programas y hasta creara formatos que intenté vender sin éxito siendo un pequeño don nadie. En radio hice pinitos con programas logradísimos grabados en el primer aparato que entró por mi puerta. Y de publicaciones recuerdo una con cariño en época escolar, donde el colmo del cutrelux fue el falseo del autógrafo de una diva de la época de cuyo nombre no quiero acordarme, porque me puede entrar alergia. Lo curioso es que de mayor pude conocerla y darme cuenta de cómo los años mutan los sentidos y a las personas (por muchas operaciones o 'retoquitos').

Tampoco fui un extravagente en mis ideas. No quise ser equilibrista aunque la vida sea un ejercicio tal; ni broker, aunque tenga que colocar mis bajos fondos quién sabe donde; ni millonario, porque valoro más otras riquezas... Pero al menos puedo decir que siempre tuve un criterio más o menos homogéneo. Y que el tiempo me está dando la razón.

Y tú, ¿qué querías ser de mayor? Quizá aún estés a tiempo.

domingo, agosto 24, 2008

Efecto TA: Tres Aburridas


Las idas y venidas a la luz de la luna, en una ciudad de contrastes y con gentíos diversos de más siempre dan motivos y contextos varios como para ejercitar el tecleo tal cual. Nunca me canso cuando reitero mi desconsideración del canalleo de mis orígenes, de las calles que se suponen me pertenecen y los rincones que son de esta quinta raris como la ave ídem. Y todo empeora cuando eres consciente del Efecto TA, el de las Tres Aburridas, que tan bien define Fangoria. A esas a las que llamas la atención, incapaces de ver más allá de sus perlas o sus cuellos abanderados. Por no hablar de aquellas que caidas en su propio aburrimiento hacen lo posible por degradar la noche y su propia imagen, dando un resultado peripatético que inquieta a propios y extraños. Estos últimos no entienden el macarrismo y violencia gratuita que pisotea a sus anchas por el acerismo capitalino. Lógico.

Entre los pobres que ansían la crítica o la mirandola sin fin de los adyacentes porque sus ombligos los tienen requetestudiados y los deseosos del hosteo infeliz, va cayendo el umbral de tolerancia de las visiones en oscuridad. Porque se perpetuan y hacen crecer sus grupos como cucarachas. Y los que estamos indefensos e indefinidos pululamos intentando como sea posible el no contagio con las especies penosas. Está claro que la clave del éxito es conseguir el disfrute al margen de las realidades escandalosas, pero es que hacen tanto por ser el centro de atención que siempre siempre fastidian el tono ajeno. Sin olvidar a las mujeres en busca de su segunda juventud, las mismas que se rellenan o recauchutan y muestran su doble personalidad a los machos dominantes testosteronizados que se dan codazos ante la facilidad de entrada profunda. Ni en otros tiempos se puso el ganado en tal oferta. Será la crisis.

Pero al margen de mi apocalipsis, cual drama andante, siempre es un placer saberse rodear de los no afectados -aunque uno lo esté o sea-, que hacen de los momentos algo mejor. A los que llegan, los que vuelven, los que aparecen, los que se van, los que callan, los que no lo hacen, los que ríen, los que bailan, los que inquietan y quietan... a todos Gracias. Son (sois) el motivo de encontrar uno para olvidar esos males que tanto me condicionan para mal.

jueves, agosto 21, 2008

Superados por la realidad


El destino es tan cruel que nos regala episodios como el de ayer en Madrid. El impacto del hecho, el suceso que se magnifica por sí solo y la crudeza que implica. No es la primera tragedia mayúscula que nos toca digerir pero nunca estamos preparados para asumir algo así. Menos en la cercanía y sufriendo los testimonios del dolor descarnado. Estas cosas pasan y nos remueven mucho, demasiado. No es para menos. Pero siempre nos queda el poso de la distancia. Hasta que la bofetada se vuelve cruel y nos posiciona para mal en el acontecimiento. Pudimos ser nosotros o unos conocidos o de hecho lo fueron... Y así nos recolocamos en la verdad absoluta de esta vida con pinzas e hilo. Que nos supera, que se escapa.

Pero sobran las palabras, declaraciones institucionales y lutos impostados. Es tiempo de silencio, de recuerdo de los anónimos y no números que no esperaban un viaje con fin, y de espera real o irreal de que estas rupturas de lo cotidiano sean espejismos o nulidades.

domingo, agosto 17, 2008

Desguionado


Como ser cuadriculado y de miras fijas el dejarse llevar nunca entra en mis planes. O sí. Puede que me sorprenda a mí mismo y cada vez lo practique más. Aunque el movimiento se demuestra andando. Y eso es lo que he hecho en este puenting cero vacacional y de compromisos infinitos que no dejan ver la luz de la desconexión como meta y necesidad. Por eso me planteé que algo debía hacer para sacar mis fantasmas y reencontrarme con mi yoísmo. Sabía de la visita euskaldun de Fangoria y la pequeña gran Alaska. Sin plan, sin gente, no quería perderme el bolo. Y allí me planté y en la fiesta me colé con kalimotxo para todos y algo de comer. Eso sí, de pronto resulté caritativamente bien anfitrionado por mi amiga Ei, que se prestó a modificar su agenda y sus previsiones para darme cobijo. Y fue de lujo. El concierto un show divertido, de bailoteo non stop, carcajada sonora y ambiente, ambiente... Nada nuevo. La madrugada pedía más y tras un episodio de drama en ciernes externalizado, en dúo decidimos volver a la gran urbe bilbainíta, a la espera de la eclosión festiva. Vivimos episodios de surrealismo latin king en una especie de salón de bodas raro con dj espasmódico y colección de gentíos malmirantes, pero allí que nos marcamos un solo al son de Everlasting love. Siguió nuestra proeza nocturna, lo que es mucho para un animal encerrado cual yo, en otros garitos de macarrismo supino y perreo bochornoso. Pero hay que aclimatarse. Todo sea por la búsqueda del macho dominante adecuado a la causa. La de mi adyacenta... Que más tarde hubo de ambientarse cual MariLiendre concienciada y bien plantada, en uno de los rincones más undergrounds de lo marica. Donde lo mismo duerme una repartidora de Bimbo sobre los asientos que los osos se aparean o los bohochic se miran a su ombligo de última generación...

Nada estaba en el plan ni la hoja de ruta. De ahí que yo mismo me sorprenda de esa capacidad espontánea de adaptación al medio y al momento. Bien es cierto que en lo profesional el guión no me pertenece, pero en lo afectivo-social peco de todo lo contrario. Aunque ejercicios así me devuelven la fe en esa capacidad de carpe diem que poco siento. Quizá por hallarme en otros contextos, al margen de la rutina asfixiante y ese lo mismo de siempre que cansa más que la carrera olímpica.

Así que puesto en situación anoche repetí operación descontextualizado, entre seres extraños pero cariños no impuestos. Sin ganas de explotar la noche ni recurrir a los clásicos, lo que era un encuentro exprés de reencuentro pasó a una velada en buenas compañías, chartoleo de lo divino y lo humano, divagaciones varias, recuerdos en comandita y copeteo para los gustosos de la vena en grados. Con la reflexión de lo mucho que nuestro círculo, personas, espacios y demases nos limitan. Fuera hay una verdadera cola de realidades por descubrir. Pero somos nuestros peores enemigos del límite. Quizá por nuestros miedos a lo desconocido por la incertidumbre del asiento o no en esas cuotas donde somos la novedad. Lo que nos reclama el do de pecho para agradar, mostrar lo mejor de nosotros para que el aclimate sea efectivo. Sólo así ampliaremos nuestras visiones y misiones. Conscientes que ante el asqueo de lo malo conocido bien merece la pena apostar por los otros. Dejando el guión en casa. O mandándolo a reciclar.

jueves, agosto 14, 2008

TempoMal


Nunca creí eso de que las témporas o temporalidades afectaran al carácter. Y sigo sin creer en ello. Pero es cierto que uno acaba con un descoloque general cuando en pleno mes agostero la lluvia desluce los esperados días de luz. Parece que Lorenzo se fue de viaje con Eva María, buscándose mutuamente, para vivir encerrados su amor. Mientras los sufridos turistas y los adictos a los rayos se tiran de los pelos -¿de dónde lo harán los sufridos/as depilados/as?- por su ausencia. Y padecen un mal verano, incapaz de cumplir con las expectativas de unos y otros. Yo soy poco de esperar, en general. Por eso tampoco deposito ningún ánimo especial en el cielo y sus caprichos.

Y así pasan los días y el calendario, dejado de sí mismo y devorador de los momentos. Esos que se escapan entre nuestros dedos y se convierten en material sensible. Del olvidable, queriendo o sin querer. Con más o menos apatía el tiempo siempre nos recuerda lo que damos de sí. O todo lo contrario. Vemos los caminos ajenos y valoramos el propio y el contraste es mayúsculo. Pero la inercia hacia el futuro y la pareja incertidumbre es la que motiva el aliento hacia el más allá. A cada paso. Así llueva o tueste la solamenta.

No quiero, y tampoco puedo, ver el horizonte sin más. Huir de la caída y provocar el zigzag de la maldad sufridora, doliente y cansina. Cada día lo intento pero no lo logro. El momento no me pertenece pero la resistencia tampoco me hace más fuerte. Caído más en mi drama intento tomar aire y referencia, pero no soy capaz de relativizar conmigo mismo. Y siendo mi peor enemigo los avances son dificultosos o más. Antojos de la rareza autofinanciada. Al margen del clima y la pluviosidad.

domingo, agosto 10, 2008

Si me cambio los recuerdos...


... O directamente los anulo. Supongo que el material memorable de cada cual sea el responsable de nuestra capacidad recordatoria. Nunca supe de ejercicios concretos para ser capaz de visualizar con el tiempo lo más añejo. Cierto que la labor escribana del momento se antoja como método más que eficaz para perpetuar el paso de ese devenir definitivo. Pero admiro a quienes de por sí tienen el don de mirar a su ombligo con perspectiva y retomar episodios de sus biografías. Detalles pormenorizados, personas que fueron algo más que episódicas en sus vidas, frases antológicas, surrealismos varios, fechas imposibles...

Hoy me vi inmerso en un contexto recordatorio y me sentí fuera de lugar, precisamente por la incapacidad de mis entendederas de mirar atrás con garantías. Donde mis contextualizadores tenían detallismos sorpresivos mi cabeza chorlita no dejaba más que entrever una neblina de mayor empedernido y sin conciencia de sí mismo ni de su propia historia. Y es algo que asusta. Incluso cuando son los otros los que te definen de aquellas, los que hacen tu ficha fantasmagórica de otras épocas que se escapan de tu memorandum. Incapaz de comprender ese relato de lo vivido pero oscurecido o arrinconado en un espacio por resolver entre una capa ingente de polvo.

Es una sensación extraña, porque de algún modo se ha escapado una parte de ti. En la lógica vivencia del presente el pasado se apila y parece se aniquila en mi memoria. Y eso apena. Por mucho que prefiera el momento, mejorable pero mejorado, con esa conciencia de lo que fui inserta en lo que soy. Sin más complicaciones, sin retorcimientos de antaños dramáticos. Relegando esos recuerdos en un ejercicio de no inclusión. Por desarraigo, por incredulidad o por pena. Con motivos de incomprensión y un pasa-página(s) necesario.

Una práctica que no es gratificante pero al menos no lo es doliente. Sabiendo que fui, pero degustando lo que soy. Y la vida se construye con el tiempo, pero lo edificado permanece. Más vale seguir en la lucha constructiva que recrearse en los cimientos por siempre jamás.

sábado, agosto 09, 2008

Va(n) de caza


Perplejo me quedo, cual ser reprimido y antimayorías, en cada incursión canalla en el mundo de la noche. La misma que no es para mí, como confirma cada nuevo ejercicio de búsqueda, dispersión y convivencia entre congeneres. Asumidas mis rarezas varias y mis esquemas caducos, intento comprender lo que veo y el devenir entre unos y otras. Amén del sufrimiento de los estilismos ajenos y las actitudes macarriles o pijas de más, me sigue sorprendiendo el método cazador bajo la luna de dones y doñas con los que compartir expreses amorosos o metomentodos. Suponía que con la edad el nivel de inquietud y deseo de saberse deseado de pronto se rebajaría, pero no. Lógico, los años no hacen más que adentrarse en la idea de reafirmarse y si lo hacen los restos, mejor. El tema es que el mundo del ligoteo me supera.

Por mojigato o desfasado no acabo de instalarme en ese mercadeo constante de miradas inquisitivas, análisis cuasi radiográficos, comentarios ad hoc entre adyacentes y si te he visto no me acuerdo. Asumo mi nulidad en la pericia tal, pero me sobrepasa el carácter frío y calculador de tales acciones. Realidad magnificada en el microcosmos ambiental para gayes y gayas de la vida, que buscan sus espacios oscuros para el escarceo y anzuelo al pez gordo o foca morsa con quienes contentar sus bajas pasiones. Porque altitudes, pocas. Con todos mis respetos...

Imagino que la no pertenencia a la práctica y a la cantidad ingente de cazadores con ansias de hombros ajenos y espamos incorporados, me complique el buen visionado o asunción de este crudo método prodúo. Tampoco quiero ni quise jamás ser uno más, por eso sigo en la práctica quejona de mi soledad mal entendida, pero cualquier cosa con tal de no caer en el mercadeo de la carne, la insustancialidad supina y la tontería de quita y pón. Eso no es para mí.

viernes, agosto 08, 2008

Desaforados


Qué poco nos queremos y qué mal nos vendemos. Es cierto. Son ya muchos profesionales de la cultura, la moda, los medios y derivados que van sucediendo sus reflexiones negativas de la práctica fatal de no reconocer el talento cantabricida y dejar volar posibles figuras que se realizan más allá de las fronteras pasiegas. Una realidad multidisciplinar que hace a muchos abandonar la lucha por esto y querer dar saltos -al vacío o no- hacia otros destinos donde poder ejercer de sí mismos sin negación de capacidades ni prejuicios varios.

El clasismo, la tontería supina y el pésimo olfato artístico nos ha hecho perder el tren de importantes nombres nuestros en origen pero crecidos en territorios donde lucirse no fue un handicap. Aquí siempre piden que uno se justifique, que sea comedido, que olvide la rebeldía ni la búsqueda de nuevos lenguajes... Y así nos luce el pelo. En cambio, es llegar una propuesta extraña, de fuera, de los otros y valorarse por las nubes, con los méritos puestos sobre la mesa pero con la objetividad rebajada. Ya sea en periodo de Rebajas o no. Poco importa. Sólo son ellos, los que se reivindican y desarrollan desde la lejanía quienes tienen el respaldo mayoritario. Con muchos damnificados a sus pasos que bien merecen espacios, difusión y reconocimiento.

Sonará a discurso pesimista, como todos, pero es algo que supera mis entendederas y bebe de los discursos de muchos sabedores de la necesidad de engrandecer lo nuestro, de poner en valor su valía redundante. Siempre lejos de rancismos y visiones telúricas del mundo socio-cultural de esta tierra infinita de rojos y blancos abanderados. Ya va siendo hora de que esos nacidos aquí hagan de las suyas por aquí, bien amparados y conscientes del respaldo. Porque, no nos engañemos, saberse apoyado por los suyos y con posibles levanta algo más que el ánimo. Así se crea mejor y se camina hacia el futuro con más seguridad.

Desde la humildad contextual, quiero mostrar algo más que un espaldarazo a todos aquellos que luchan desde sus mismidades en crecer y plantear proyectos de toda índole que bien merecen el garante cántabro, la visión en comandita y el aplauso de lo genuino. Se lo merecen todo. Se lo niegan al tiempo. ¿Por qué?

lunes, agosto 04, 2008

A destiempo


Cómo es la vida. Tanto nos da que nos quita. Nos hace aparecer o todo lo contrario. Navegamos en el mar del bien y el mal, las dos caras que nos ahogan. Así me siento, siempre polarizado para peor. Aunque cause un efecto de pena, penita, pena. A veces esto del blog es una terapia virtual que no he inventado yo. Pero está claro que en días de mucha actividad, de frenesí laboral que no carnal, de idas y venidas a raudales, de prisas como malas compañeras... Los momentos de colapso se suceden. De pronto, haces un paneo de contexto y piensas para los adentros qué hace un chico como yo en un sitio como éste. Sensación extraña o no. Pero mal síntoma.

A todos nos pasa -o supongo que generalizo para sentirme menos mal- eso de valorar nuestro hoy o ahora y tener ganas de huir. Por angustia, por incredulidad o pasmo, por una sensación con uno mismo de que el momento es impropio. O que llega en el instante menos oportuno. Pero con esa idea de la no pertenencia. Como seres huidizos de lo que se supone detentamos. Así me siento últimamente, incapaz de procesar lo que me pasa, siento, vivo y padezco. Quizá por un cúmulo de circunstancias o su ausencia, pero con un malestar y desazón de alto standing. Preocupado me tengo al pasar de puntillas por mi propio existir, desprestigiando el tiempo y todo lo que me ofrece. O siendo inconsciente de posibles privilegios, cuando no bondades. Supongo que mi carácter autoexigente no acompañe, pues siempre escalo sin mirar lo recorrido. Mala praxis. Lo asumo.

Intento evitar esa sensación de vacío, de querer y no poder disfrutar del momento o su multiplicidad sin más volteos reflexivos y paranoides. Y me confieso incapaz. Antes o después busco a los otros, chequeo sus seres, sus vidas y procedo al autobalance y todo lo que sale es paupérrimo. Por inconformismo, rancismo o tontería supina. Pero verdad verdadera. Y eso es lo que más me apena. Con todo lo sufrido, los males supuestamente enterrados, no mal rodeado y con proyecciones de mí mismo en positivo, ¿qué puede fallar? ¿Yo? ¿No me merezco? ¿Acaso soy tan EmO como algunos intuyen? No tengo respuestas, sólo preguntas en cola desesperada. Y a este paso el que desesperará seré yo. Con lo que mi teoría catódica de que el que espera sólo espera se iría al garete.

No sé. Quizá debiera quererme más. Como un famoso actor de cuyo nombre no quiero acordarme -y dudo que él lo haga, dada su senectud- que se negó a ser entrevistado en un programa al aire libre porque éste le podía despeinar y arruinar su imagen de galán trasnochado. Serán los años, o la fama, pero hay tonterías que caen por su propio peso.

Y con mi peso a otra parte. Que tampoco es cuestión de airear más estercolero personal, ni caer en ese victimismo que parece me acompaña. Puede que lo que me haga sea un buen... Dímelo tú.

viernes, agosto 01, 2008

Sumamente raro


Pertenezco a esa especie de la rareza interiorizada y material de base de uno mismo. Casi siempre a la contra, a disgusto o de salto frontal de la alienación necesaria para tantos. En momentos merece defensa la diferencia, el rarerío propio, pero en otros contextos la carga es mayúscula. En el autoanálisis de lo que llaman vida e incluso de la metodología, la reflexiva y actuante de mis días pienso que no me trae a cuenta ser uno menos.

No es cuestión de esquematizar todos esos aspectos de la visión en contrasentido, pero van de lo afectivo-sexual, pasando por lo laboral o lo ocioso. Esto es amantes o su ausencia, tragaderas no buenas compañeras o cero disfrute vacacional y en tránsito. Sólo como ejemplos, pero son más las situaciones y actuaciones en las que me siento como un bicho llamado raro que hace gala de ello sin reparo. Hasta en lo formal y las habladurías, por gestualidades, palabras y conceptos me siento o me hacen sentir un panoli o freak de absurda generación cuando no procedencia.

Hasta por escribir esto y así se me puede calificar de tal. Aunque en realidad no pretendo más que reivindicar(me) en la totalidad de mi ser cada nanosegundo de mismidad proyectada, para bienes y males, propios y ajenos, del aquí o el más allá. Porque uno es lo que es y quien es. Y como bien dijo una sabia que me regaló su teoría, hay que aprender a ser uno mismo. Porque siendo vivimos, creamos, sentimos, compartimos... En una espiral que nos engrandece en tiempo y en experiencias. Sean raras o rarísimas.

martes, julio 29, 2008

Mariliendres sin fronteras


Pon un gay en tu vida. O cientos. Y mimetízate. Es el manifiesto de mi grupo ‘Mariliendres sin fronteras’. Somos muchas y malavenidas porque hemos integrado el concepto de la marica mala en nosotras mismas y mantenemos la perversión femenina de crueldad infinita. Nos reivindicamos como un colectivo con entidad propia que no es del todo heterocéntrico ni marica for ever. Estamos en tierra de nadie aunque el ambiente sea nuestro medio de vida o refugio ante la falta de territorio propio. Proclamamos nuestra frustración infinita con nuestros enamoramientos arcoiris entre sueños de transformación, transformismo o cambio de acera inversa. Así que el resultado es que nos convertimos en estercoleras de los heteros rancios que cual migaja nos entran en su desesperación en nuestra ruta mariconera. Nos gusta lo excesivo hasta el extremo, si hace falta embutirse o ser ridículas no tenemos reparo siempre haciendo gala de nuestro sentido del humor mariquitísima. No somos divas pero tenemos actitud de tales y amamos a aquellas como nuestros amigos, los mismos que nos convierten en gatitas presumidas de compañía. Somos el florero gay, poco minimalista pero muy buenrollista. Qué nos gusta sociabilizar y hacernos las calles con la magnificencia de la diversión.

Algunos nos consideran drama queens y en realidad lo somos, pero nos gusta desmitificarnos para crear más halo de misterio en torno a nuestra colectividad. Y es que somos muchas y clónicas. Amigas del fashionismo y la chapa y pintura, con presencia pero siempre reafirmando el liderato inverso de nuestro homoamigo de turno. Pero estamos algo cansadas. Está bien esta vida loca con las locas que llevamos, pero ser segundo plato, heterosexualas prejuiciadas y dividir nuestros tacones entre los conceptos de sexualidad, nos mata. Nos sentimos mermadas, rebajadas y reducidas a unas mindundis. Porque explotar nuestra condición de gayheteras ya cansa. Y encima para mofa del ambientismo, donde se aprovechan de nuestras bondades y no pierden oportunidad de reírse del mariliendrismo. Y eso ya roza la deshonra. Nosotras que tantos momentos de gloria les hemos proporcionado, quizá por nuestros traspiés o por malinterpretar señales de tráfico emocional. Si es que en esta vida te pagan así, con indiferencia. Pero no, bonitos. Maricas todos, que sepáis que vuestras mariliendres hemos dicho basta. Basta ya de tanta tontería. Hasta aquí. Ahora vamos a reafirmarnos con el Día del Orgullo Mariliendre. Habrá carrozas y colorismo entre boas y plataformas, pero los chulazos sólo serán nuestros. El tesoro tras tantos after de espera a que vosotros os liberarais de bajas pasiones y nosotras masculláramos nuestras lágrimas por saberos imposibles. Dramatizaremos o no, pero es lo que tiene ser sentidas. Para lo bueno y lo malo. Al menos somos conscientes de nosotras mismas y nos asumimos. Aprended.

Siempre vuestras, las mariliendres reunidas. Las mismas que jamás serán reprimidas, bonitas.