martes, febrero 19, 2013

Siempre Caritona



Una de mis musas, Caritina Goyanes, me ha servido en bandeja la mejor reflexión del mundo. Quien pretende faltar a su verdad acaba perdiendo. Sudor y lágrimas costó a la hija de Cari (su marido no sabemos si la llamara Cari Cari en la intimidad) adelgazar esos kilos de más que la hacían de menos en las revistas del corazón. Su hermana bella pero simple era el blanco perfecto de los paparazis. En cambio ella, por hormonas o quizá hambre, era toda la paleta de colores. Mi querida Caritona, asesorada y entregada a su causa se quitó el peso de su mito y desinfló toda su esencia. Posó entonces cual efeba desengrasada, cual musa del destape. Lo merecía, porque sus hechuras siempre fueron de pija bien, de rasgos bellos. Objetivamente más que los de su hermaníiiiisima. Pero los kilos como se van, vuelven. Salvo los de los corruptos viborillas. Y ella, todo en sí, grande y sonriente ha vuelto. Ahora que Carla (qué obsesión por la raíz nominal) presenta un ¿libro? la buena de Caritina no ha escondido sus carnes excesivas, sin pasar por el Photoshop. Oriunda de éxito, con eterno pareo y marido poca cosa a su lado majestuoso. Ocultarse es la peor herencia que pretendía imponer su mamá deluxe. Fingir ser otra un camelo tan grande como la autoría real del pretendido bestseller de su sister. Esta sociedad injusta y agónica nos engaña con los modelos y estereotipos más brutales, desafiantes, imposibles. Ella siempre fue un ejemplo de autenticidad en la jaula de las locas. Del cuore. La dictadura de las tallas, el silencio de las fajas. ¿Acaso eso es importante en una realidad corrompida? ¿En un mundo que se parte a cachos? Somos títeres de intereses e interesados para los que vender a una Caritina light era inspirador. Al consumo, a la autoestima negada. Caritona es un bien real en sí misma. Por ejercer un papel de visibilidad gorda (sin ofender). Se puede ser de buena familia, crear otra, tener una carrera de éxito y reconocimiento social y estar pasada de peso. Sí. Incluso se puede entrar a la casa de Gran Hermano, caso de la estilista sin una uña de tonta, Lorena. Ahora nos hacen creer que en su participación hay un aperturismo majestuoso. Bobadas. Es una granhermana como otra cualquiera. A mi juicio más mala, manipuladora y metete que otras. Por el hecho de tener obesidad no voy a salvarla. Quizá Caritina quería esa salvación, siendo inconsciente de que la única que puede (y debe) salvarse de la frivolidad es ella misma. ¡Viva Caritona!

viernes, febrero 08, 2013

CarnaMal



No es por aguar la fiesta a nadie, pero en el fondo me alegro por la repentina baja por depresión del cielo. Su llantina desdibujará disfraces y fantasías, pero me resulta la mejor metáfora del estado de las cosas. Con la que está cayendo ni las nubes aplauden unas carnestolendas absurdas. En tiempos de males opto por la reflexión y no por los gastos públicos en absurdeces ni puestas en escena. Bastante tenemos con nuestro personaje a cuestas todo el año y el cómic de días que unos tantos bastardos han relatado. Los mismos que se han reído de propios y extraños portando maletines y abriendo sobres. Me niego a celebrar la indignación, se debe gritar y patalear, pero no llenar de purpurina. Con mis neuras y traumas siempre preferí ser uno mismo que emular a otros en telas de trapillo. Antes de juntar estas letras informaban de un nuevo suicidio por desahucio. Otro más. Y así no hay quien se ponga la máscara, imploro que muchos se la quiten y, de verdad, rescaten nuestra realidad. Esa de la que ellos se ríen entre vinos y putiferios de descaro. Sumo surrealismos, testimonios de injusticia, parados de retorno confuso, ilusiones robadas, miradas perdidas y el resultado es desolador. Me cuesta encontrar la luz y positivizar el trece. Los profesionales estamos en tierra de nadie, de muchos Don Nadie. Comparsas humanas que despliegan incultura y fanfarronería a partes iguales, aprovechados de la necesidad. Ladrones de ideas, malos (o nulos) pagadores, tóxicos por definición. ¿Son ellos los payasos o nosotros por seguir tragando? Hace mucho que perdí mi nariz roja, pero me da miedo que mute el color de mi corazón apasionado, de entregado a mis causas. No quiero dar tanto poder a los Reyes del CarnaMal. Pero corro el riesgo de desfallecer. Y estas penas no se van cantando, ni escribiendo…