domingo, noviembre 23, 2008

Umbral bajo cero


Con ánimo de repetición o caída a mis propios infiernos, no puedo por menos que glosar los surrealismos de esta ciudad que aspira a ser abanderada con un mástil que demuestra que el tamaño sí importa. Al menos para las instituciones. Donde los enchufes siguen generando electricidad demasiado estática y absurdeces inmundas, que nos configuran a todos para mal. Pero ése es otro tema. Mi ánimo o des-ídem es noctámbulo, merodeado por fierecillas indomables e inmundicias de peligro de extensión. Y es que siempre lo supe, pero a día de hoy más. Mi grado de tolerancia al otro o en plural está bajo mínimos. Quizá sea un raro, antisocial o estúpido. Aceptamos diferente como animal de compañía. Es algo que siempre traté de asumir, pero que resulta tarde harto compleja.

Puede que salga desanimado o preste en demasía atención al contexto y los humanoides que lo configuran. Resultaré un intolerante o criticón mayúsculo. Pero lo cierto es que lo paso mal asistiendo a la ceremonia de tontainadas reunidas que dan contenido a las lunas en brillo. Entre el gremio púber desatado y chaperizado, deseoso de entradas no sólo monetarias... La avidez adulta y adúltera de tocamiento pecaminoso, con ojos fuera órbita... Los bailes de supuesta sensualidad y efectos bílicos... Las parejas desparejadas, enajenadas en sus fluídos... La drogaína que minimiza la capacidad neuronal... Y los musiqueros, perdidos en mixes incomprensibles que ni Massiel con grados más en vena toleraría.

El resultado de todo son ganas de escape, huida, risa sin fin o lágrimas negras. Como el elefante en la cacharrería que se sabe extraño y extrañado. Fuera de contexto y casi sin posibilidad de retorno. Porque cuando los ojos ven episodios fantasmagóricos el remedio ya deja de ser opción. Y así, en la irrealidad de lo real inasumible me siento sumido. La reacción / acción sería paródica. Pero se antoja necesaria. ¿El sentido? Desconocido. Quizá sea el destino quien marque los pasos, horas, situaciones y personas... Que actúe, aunque en su falsedad.

jueves, noviembre 20, 2008

La palabra maldita


Aunque luzcas las mejores orejeras ad infinitum, estos últimos meses, semanas, días, momentos, contextos, tertulias o debates... Aparece fantasmagórica para dejarnos llevar por la histeria. Y qué mejor que un histerismo para que los medios nos sumemos ávidos al desparrame informativo, al surrealismo de la verdad a medias, al ensalce de lo malo que puede ser peor. Una suma en negativo que nos lleva cuesta abajo y parece que el retorno es lejano. Sí, hablo de crisis. Y es escribir o decir la palabra y sentir un congojo extraño. Es hipócrita que unos nos quejemos tanto cuando otros tienen menos y sus gritos se silencian. Pero bien es cierto que, en estos tiempos en que lo crítico parece lo máximo, el discurso general parece tener base. Y la tiene en la coyuntura mundial, pero en lo que nos concierne, en la cercanía de lo cotidiano nos resulta abrumador.

Debajo de cada piedra de la realidad, hoy día parece que navegamos en la crisis y con la sequía como amenaza. Quizá haya un gurú que desde su altura mandamás tenga interés en nuestro miedo intrínseco. Está bien coger todo con pinzas, pero los ejercicios de sublevación y lucha contra la caída en picado del estado de las cuentas propias y ajenas no es más que el resultado del asombro de lo que alguien pronosticó y que el tiempo nos ha materializado.

Pocos pueden saber a ciencia cierta qué será de todo esto. Si, en realidad, la crisis se sentará en nuestros hogares como sustituta del turrón y hará suyo el vuelve, a casa, vuelve... Pero sin caducidad. Seguro que nos quedan muchos contextos críticos o crípticos. Mientras podamos contarlo, saldremos ilesos de todos los golpes.

sábado, noviembre 15, 2008

Tempus fugit


El viaje temporal padece revoluciones de más. Y es algo que me preocupa. Los días no pasan, corren. Todo en una ceremonia de la confusión que hace que las estaciones sean sub-ídem y que los calendarios sólo adornen las mesas llenas de papeles. Mientras los humanoides o versiones pretendidas de, asistimos impávidos al velocímetro temporal. Parece que fue ayer cuando la tercera edad lucía sus arrugas al sol y la juvenalia se embotellonaba entre la arena. Y de pronto vemos que las horrendas luces de pseudoNavidad quieren conquistar nuestras grises calles. Un manifiesto quiero. ¡Quién maneja mi reloj! Espero que no sea Remedios Amaya si es que no tuvo suficiente con su barca...

En tantas conversaciones, charlas o entrevistas de cúmulo diario, últimamente es la ligereza espacio-temporal un tema recurrente. Parece tan cierto como típico tópico que a más años más sensación de marchas forzadas. Y claro, con el tiempo uno se da cuenta de la validez de éste, de cómo huye sin destino fijo. En medio de una histeria colectiva, los momentos se pierden sin remedio y las consecuencias pueden ser demasiado dolorosas. Porque cada contexto tiene un valor único y su pérdida roza la tragedia a posteriori. Y eso sí que nos cuesta asumirlo.

Así que toca intentar apropiarse del carpe diem, del exprimidor de la realidad que nos toca. Con más o menos tino, en menor o mayor compañía, con una sonrisa sincera o forzada, con o sin tacón, con o sin crisis... pero vivir. Un remedio frente a la apatía y un muro de contención casual frente al sprint del señor T. De los Tiempo de toda la vida.

miércoles, noviembre 12, 2008

Ceguera vital


Engañados somos por nosotros mismos, como autoenemigos e inconscientes de nuestra vida. Y por el camino vamos con la autoflagelación de momentos y seres que nos restan, minan o rebajan. Pero en nuestra absurdez supina no somos capaces de reaccionar y decidir que el camino puede allanarse e iluminarse sólo subiendo un dedo, no más, a la frente y con él ejercer de cabal. Cuesta apearse de lo inmundo y surrealista, de nuestra realización de máscaras, absurdeces y tonterías enquistadas. Incapaces somos de abandonar el lado oscuro porque despierta morbo y descontrol. Lo bueno conocido da más miedo, por ser más fácil y llevadero. Al límite se vive mejor, porque se convive con lo peor y el impacto va el pack. Así, en esta apoplegía de la mismidad más remota caemos en la espiral del error, en el suicidio asistido y reglado, con la inconsciencia como material genético.

Tremendidades y temeridades de una vida donde los buenos no lo son tanto y los malos se recrean en sus actos, sabedores del poder de atracción que despiertan o del miedo que levantan entre sus adláteres. En este mundo perdido, de noticias infructuosas, de homicidios de la verdad, de vómitos de realidad con trigliceridos, los seres de supuesta humanidad cabalgamos en la grupa de la tontainez. Negados de nosotros mismos, perversos en las entrañas y las formas. Así es como nos ensañamos contra el débil, dejado de sí, misterioso en su gruta de la inmundicia.

Todos juntos, en el carnaval de los horrores sumados a los errores, perdemos la oportunidad de construir un espacio vital menos tóxico. Al contrario, nos aliamos con el azar para que el desperdicio sea una constante que nos inspira y nos hace suspirar. Con los efectos colaterales que son tela que cortar, que cortes de digestión de mal tránsito. Un suma y sigue que nos deposita en un contexto para huir sin retorno. Allá en el otro mundo, donde la circunstancia sea otra, el orden no conocerá el caos, desdibujado por el saber hacer. Hasta entonces, tome la primera puerta a la derecha. Está el servicio, puede echar sus bilis. Gracias.

sábado, noviembre 08, 2008

Cacatúas reunidas jamás serán momificadas


¡Cuánto pesan los años! Casi más que los kilos. Es lo que deben pensar esas gentes de autocrueldad que se someten a procesos de deconstrucción supina, para recrear un ser paródico de sí mismos/as. Y es que la operación al canto (rodado) está de plena actualidad. Ayer, en un evento de esta sociedad de pega y pichiglás, compañeros de profesión y tecleador presenciamos la mayor convención de señoras quirofanadas y botulímicas que nuestra entendederas alcanzaran a integrar. Ellas, en su estiradez plena, parecían contenidas, pero en realidad estaban tensas, mostrando las maldades del señor que manipula sus facciones en busca de la eterna mamarrachez. Es el efecto de tener dinero y no conocer más crisis que la propia, que se invierte en lo ridículo y pasea el ídem entre atónitos y viperinos con ganas de carnaza. La misma de la que no prueban bocado para no desequilibrar su ingesta y parecer livianas. Ridículas. Los años son los que son y no hay nada mejor que pasearlos con dignidad.

Pero ellas en su estatus y en sus prieteces consentidas se creen damas de copete. Siempre rodeadas de adláteres ridículos, muchos también tocado o re-, no sólo en ristra y rostro, también en las intimidades de lo íntimo, donde se dejan hacer como quien no quiere la cosa. Armarios de abrir y cerrar. Visto y no visto. Y es que para lo que hay que ver (y oír) más vale salir corriendo.

Coincidimos varios en lo cruel de las primeras impresiones de escasas gentes. Las arriba cuestionadas se afanan en no dosificar sus presencia ni sus consciencias. Pero sí que hay humanidades mal promocionadas a golpe de visión, pero capaces de derrocar prejuicios o críticas con la verdad absoluta. Al tiempo hay quien sigue defendiendo la propia apariencia y el medalleo de pega como modo de vida. Es triste que en reductos de la nada alguien considere que puede imaginar para sí un mundo que no le pertenece. Ejemplos de la tontería todos. Curiosos cuando tocan la esfera política y se forman lagunas mentales y babosas de pleitesía. Por ahí no paso. Ni trago.

Otra cuestión sería la de la profesionalidad. Recreada, fantasiosa o absurda. Son tantas las variantes. Pero la autencididad y el título están en desuso, a favor de lo pseudolaboral. Sin garantías ni recursos, pero con más cara que espalda, hay quien aún hoy se cree más con base menos infinito. Y los palmeros que permiten surrealismos tales tienen más culpa que los protagonistas de la cosa. Será que entre unos y otros se rifan los bonos de inyección y/o proyección. ¡A mí que no me miren!

martes, noviembre 04, 2008

Infidelidad contextual


Hoy puede ser un gran día. O no. Al menos algo me cambiará, más allá del curriculum y las experiencias, digo yo que las sensaciones sean proporcionales a la responsabilidad del momento. Y es que si no tenía suficiente con tanto, desde hoy me embarco en las ondas radiofónicas con un nuevo proyecto de nombre 'Contextos Sonoros'. De ahí mi infidelidad, porque de la otra ni ganas ni posibilidades.

Si miro atrás y pienso lo que estoy consiguiendo en tan poco tiempo me asusto. Pero, al tiempo y sin que sirva de precedente, considero que no es más que el fruto de una labranza ardua. Con más o menos valor, lo que he hecho en mi carrera siempre me ha granjeado un paso más. Y espero que el devenir sea un continuo y las ganas infinitas, sin ánimo de escape irredente.

Pero más allá de los agobios que no me dejan casi respirar, pienso que todo (hasta lo peor) me está mereciendo la pena. Puedo decir que me conozco mejor a mí mismo, mis límites y mis necesidades. Ya está bien de vivir tan del aire, de irrealidades que no suman sino todo lo contrario. Por eso tengo que entenderme en primer término y después continuar con la operación matemática que es la vida. Es mi propósito y por ello me voy a afanar. Aprendiendo de lo mínimo que es máximo y consiguiendo relativizar sin dramas vacíos de contenido. Navegando entre contextos (sonoros, también).