domingo, mayo 16, 2010

¡Qué país!

Aficionados estamos siendo a la ficción tan real de vida que nos rodea. Más allá del juego de palabras sabemos que las cosas están incluso peor de lo que parece. Algo que algunos nos han buscado y a lo que muchos han contribuido con ferocidad. Y es que hay cada especimen suelto, capaz de torpedear el estado de las cosas que produce un miedito inmenso. Me preocupa especialmente el territorio laboral. En las altas esferas y en las más bajas estamos invadidos por personal incompetente, desganado, morrudo e incapaz. Arrastrando a más con sus decisiones inútiles, sus visiones absurdas y sus querencias interesadas.

El dedo acusador da paso al alimentador, el que coloca sin mirar atrás en puestos impropios por muchas razones. El día a día lo invalida. Mientras muchos se matan y agotan posibilidades, hay quien ejerce la ley del mínimo esfuerzo o menos pero con ingreso máximo. ¿Dónde queda la dignidad? Se pierde en el camino de la ambición, en el olvido de un pasado sin padrinos. Injusticias muchas que nos amordazan y limitan sin remedio. Queda pues la resignación y el tragarse palabras, sufriendo caras de perro sin perrera pero sí con despacho y muebles minimalistas.

La tormenta imperfecta se avecina. Toca refugiarse de la maldad con inquina, de los complejos rebotados, de las miradas envenenadas, de las zancadillas pretendidas... Hay que ser fuertes ante los garbanzos negros. Nadie intercederá por ti. Lucha, lucha sin venderte ni rebajarte. Es lo que quieren, una humillación consentida. Pero NO.

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