domingo, julio 10, 2011

Suma dos más ocho

Dos números. Dos cifras posibles. El matrimonio perfecto que numera mi vida vía DNI. Y la matemática sumatoria que resulta diez. Así fue el saberme rodeado de tanto cariño y verdad el día en que el calendario marcaba soplavelas. Las únicas ausencias las marcó la distancia o el tiempo no chicle. Una noche mágica de micromomentos volteados en maxis por derecho. Me hubiera tragado un diccionario extendido y me hubiera quedado sin palabras igualmente. Qué saber estar, qué ganas de reír, de abarcar gentes, de agradar… En hechos así uno se da cuenta que algo hará bien para estar tan bien rodeado. Habrán pasado fantasmas, vientos de mal e inquina pero la justicia divina bien sabe hacer filtro. ¡Gracias! El Agua nos bendijo. La lluvia lloró caprichosa como desahogo o emoción. Pero nada detuvo el tiempo de la Amistad, retratada en mayúsculas por acto y definición. Con gafas miramos nuestro mundo con el descaro y la fina ironía tan necesaria. Sólo así somos capaces de hacer grato balance. Y vaya si lo hicimos. Despojados de la rutina y el más de lo mismo que consume tantas fechas de agenda. Sólo queda que el tiempo actúe y los corazones sigan el latido de su instinto. Juntos, revueltos y encantadores. Por siempre jamás.

1 comentario:

Septiembre dijo...

Que el paso de los años no diluya la creatividad y el estilo que derrochas en cada una de tus letras.