lunes, marzo 04, 2013

Sexo generacional



Este fin de semana he vivido un experimento sociológico a lo Gran Hermano. Una casa, doce habitantes. Mercedes Milá no pudo asistir por problemas de agenda, pero hubiera tenido sitio. Su escote, también. El resultado, una mezcla perfecta de conocidos y desconocidos que siempre implica sorpresas. Desde impulsos, personalidades chocantes, discursos surrealistas, bailes frenéticos... En todo encierro, la realidad se magnifica y se producen simbosis de catálogo. Es la magia. Y cómo no, los temas se suceden como una cascada infinita de palabras, opiniones, experiencias, anécdotas. Un no parar expositivo. El tema estrella resultó las diferencias entre el sexo adolescente y el actual (treintañero, en nuestro caso). En cuanto a todo, planificación, espacios, cantidad, efusividad... Los años pasan y algunos recuerdos se quedan, pero no necesariamente para perpetuarse en nuestras relaciones. El problema es cuando las circunstancias obligan y toca volver a reproducir esquemas paleolíticos de nuestros curriculums pasionales. El tiempo juega en contra de la improvisación, del descubrir ansioso, y da paso a la calidad sensorial, el diálogo perfecto. ¿Nos conformamos? ¿Acomodamos nuestros cuerpos y nuestra escenografía sexual? Seguramente sí. Pero es incuestionable que da mucha pereza volver a momentos robados, frenéticos por necesidad, de aquí te pillo, aquí te pongo un piso...

Cierto es que cada pareja es un mundo, más cuando se reformulan. Es ahí cuando abrazamos de nuevo la duda, la incógnita orgásmica, pero sin renunciar a nuestro bagaje. En los inicios todos podíamos escenificar soltura cinematográfica, pero poco más. Había que practicar y dejarse practicar para escribir las cuatro letras en mayúsculas. Y, aunque creo firmemente en la revirginidad (merece un capítulo propio), es cierto que hay cosas (posturas, técnicas, placeres) que nunca se olvidan. Puede que con los años nos olvidemos de nuestras ganas, o dejemos que en muchos momentos se queden dormidas. Dosificamos esos instantes de uno contra uno (más en terrenos de juegos viciosillos), pero apostamos por el saber hacer. Los teenagers son más producto de las hormonas, pura explosividad. No importa dónde sea, pero sí que pase. Ahora llegamos a programar los encuentros por motivos de agenda. Y somos capaces de reírnos de un mal polvo, cuanto entonces disimulábamos el fracaso (sabíamos que podíamos provocar depresiones). Al final, lo curioso de esto es que necesitamos el sexo oral, el que practicamos unos con otros. Nos encanta hablar de ello una y otra vez. Teorizar, compartir detalles escabrosos, recordar episodios de éxito y fracaso. Así somos. ¿Quién ganó? Es otra historia. Todos salimos nominados, pero creemos que no hubo edredoning.

martes, febrero 19, 2013

Siempre Caritona



Una de mis musas, Caritina Goyanes, me ha servido en bandeja la mejor reflexión del mundo. Quien pretende faltar a su verdad acaba perdiendo. Sudor y lágrimas costó a la hija de Cari (su marido no sabemos si la llamara Cari Cari en la intimidad) adelgazar esos kilos de más que la hacían de menos en las revistas del corazón. Su hermana bella pero simple era el blanco perfecto de los paparazis. En cambio ella, por hormonas o quizá hambre, era toda la paleta de colores. Mi querida Caritona, asesorada y entregada a su causa se quitó el peso de su mito y desinfló toda su esencia. Posó entonces cual efeba desengrasada, cual musa del destape. Lo merecía, porque sus hechuras siempre fueron de pija bien, de rasgos bellos. Objetivamente más que los de su hermaníiiiisima. Pero los kilos como se van, vuelven. Salvo los de los corruptos viborillas. Y ella, todo en sí, grande y sonriente ha vuelto. Ahora que Carla (qué obsesión por la raíz nominal) presenta un ¿libro? la buena de Caritina no ha escondido sus carnes excesivas, sin pasar por el Photoshop. Oriunda de éxito, con eterno pareo y marido poca cosa a su lado majestuoso.

Ocultarse es la peor herencia que pretendía imponer su mamá deluxe. Fingir ser otra un camelo tan grande como la autoría real del pretendido bestseller de su sister. Esta sociedad injusta y agónica nos engaña con los modelos y estereotipos más brutales, desafiantes, imposibles. Ella siempre fue un ejemplo de autenticidad en la jaula de las locas. Del cuore. La dictadura de las tallas, el silencio de las fajas. ¿Acaso eso es importante en una realidad corrompida? ¿En un mundo que se parte a cachos? Somos títeres de intereses e interesados para los que vender a una Caritina light era inspirador. Al consumo, a la autoestima negada. Caritona es un bien real en sí misma. Por ejercer un papel de visibilidad gorda (sin ofender). Se puede ser de buena familia, crear otra, tener una carrera de éxito y reconocimiento social y estar pasada de peso. Sí. Incluso se puede entrar a la casa de Gran Hermano, caso de la estilista sin una uña de tonta, Lorena. Ahora nos hacen creer que en su participación hay un aperturismo majestuoso. Bobadas. Es una granhermana como otra cualquiera. A mi juicio más mala, manipuladora y metete que otras. Por el hecho de tener obesidad no voy a salvarla. Quizá Caritina quería esa salvación, siendo inconsciente de que la única que puede (y debe) salvarse de la frivolidad es ella misma. ¡Viva Caritona!

viernes, febrero 08, 2013

CarnaMal



No es por aguar la fiesta a nadie, pero en el fondo me alegro por la repentina baja por depresión del cielo. Su llantina desdibujará disfraces y fantasías, pero me resulta la mejor metáfora del estado de las cosas. Con la que está cayendo ni las nubes aplauden unas carnestolendas absurdas. En tiempos de males opto por la reflexión y no por los gastos públicos en absurdeces ni puestas en escena. Bastante tenemos con nuestro personaje a cuestas todo el año y el cómic de días que unos tantos bastardos han relatado. Los mismos que se han reído de propios y extraños portando maletines y abriendo sobres. Me niego a celebrar la indignación, se debe gritar y patalear, pero no llenar de purpurina. Con mis neuras y traumas siempre preferí ser uno mismo que emular a otros en telas de trapillo. Antes de juntar estas letras informaban de un nuevo suicidio por desahucio. Otro más. Y así no hay quien se ponga la máscara, imploro que muchos se la quiten y, de verdad, rescaten nuestra realidad. Esa de la que ellos se ríen entre vinos y putiferios de descaro. Sumo surrealismos, testimonios de injusticia, parados de retorno confuso, ilusiones robadas, miradas perdidas y el resultado es desolador. Me cuesta encontrar la luz y positivizar el trece. Los profesionales estamos en tierra de nadie, de muchos Don Nadie. Comparsas humanas que despliegan incultura y fanfarronería a partes iguales, aprovechados de la necesidad. Ladrones de ideas, malos (o nulos) pagadores, tóxicos por definición. ¿Son ellos los payasos o nosotros por seguir tragando? Hace mucho que perdí mi nariz roja, pero me da miedo que mute el color de mi corazón apasionado, de entregado a mis causas. No quiero dar tanto poder a los Reyes del CarnaMal. Pero corro el riesgo de desfallecer. Y estas penas no se van cantando, ni escribiendo… 

viernes, enero 25, 2013

A la contra



Vivir sin complicación nos resulta aburrido. Por eso nos afanamos, día a día, en intrincar nuestra realidad. En torpedear el supuesto camino a la felicidad. El estado meta, el mismo que sin verdadera implicación luego pierde todo el sentido. Porque sabemos que la vida son momentos, pero nos engañamos ansiando un pasaporte infinito al bienestar. Pero los giros del destino no son una construcción mental, sino puritita verdad. Aunque, casi siempre, somos nosotros los únicos responsables de tal o cual situación. Estos días me llama la atención cómo el amor sigue siendo un auténtico circo. Amantes por estrenar, amados asqueados, enamorados de corazón limpio, embrutecidos que desincronizan los latidos, falsos querientes y ninguno se pone de acuerdo. ¿Por qué? Quizá porque no nos interesa la facilidad de una pareja bien entendida. Siempre aposté por las cuatro letras, hubo tiempos en que perdí los nervios por su esencia escurridiza y ahora más que nunca desoigo su necesidad. No niego las ganas de construcción a dos, pero siempre bajo unas condiciones inflexibles. No estamos para tonterías. No pondré de mi parte, pero tampoco silenciaré el vacío. El miedo no siempre es libre, a veces es el mayor prisionero. Lo es él en sí mismo y quienes lo arrastran. Tantos como rechazan lo que tanto sufrimiento les causó. Son incapaces hoy de positivizar cualquier hecho amoroso. Y se convierten así en víctimas de su propia angustia, dando bandazos o entregándose a la confusión como salida. No quiero eso, me quiero a mí. Y sé que las prisas no me van a ayudar. Habrá sentimientos enfrentados pero, por una vez, quiero ganar esta guerra. Contigo (a quien corresponda). 

martes, enero 15, 2013

Palabras al borde de un ataque de... positividad



Surgió por casualidad. Como un ejercicio divertido y un regalo diferente. Convocado a un 'Amigo Invisible', sin destinatario previo y con la premisa de ser pretendidamente personal, opté por la originalidad como sello. Y tres ideas a envolver. La primera, una selección musical para despedir el mundo (entonces aún se daba por cierta la profecía maya); con temazos como 'Se Acabó', de María Jiménez y 'Fin' por título recopilatorio. De segundo, un puzzle-postal con el Palacio de la Magdalena roto en mil pedazos y con premio final al arquitecto improvisado: una visita guiada por Santander, novia del Mar. Y amante de tantos. El trío era en sí lo más simbólico, lo que más me ilusionaba como creador. Convertí un cofre de madera, artesanía de quienes desconocen su valor y celebran su hoy desprovistos de sueños, en 'La Caja de las Palabras Positivas'. La suma de letras resulta evocadora, inspiradora y mágica. Por eso me afané en listar aquellos términos y expresiones que aúpan, sostienen, equilibran, magnifican, dan sentido a nuestra realidad. La antítesis a esos vocablos feos, machacones, invitados sin modales, cargantes y descafeinados. Cuidadosamente en tipografías varias plasmé las palabras en el lienzo blanco de unos cuantos folios, refugio perfecto de historias y proyectos. Una vez impresas, recorté una a una con cuidado preciso y fui depositándolas en el interior de su nuevo hogar. Un cartel identificador bastó para rematar el simbolismo que aquél pequeño rectángulo encerraba.

Llegó el momento de la entrega a ciegas, ante una audiencia bastante desconocida. Preso del miedo a resultar excesivo, a la par que pedante. Pero encantado de hacer valer la fuerza nominal, de sustantivar en positivo este momento dantesco. El destino (una palabra privilegiada en la caja) quiso que el lazo de mi intimidad cayera en buenas manos, las de una compañera de profesión que justamente me presentaron ese día regalado. Su sonrisa fue su mejor gracias. Pareció disfrutar de la colección letrada, pensada para una terapia personal o como recurso de entrega a los sujetos desairados. Muchas veces resulta curioso que quienes más nos revolcamos en el ejercicio de la palabra nos olvidamos de refugiarnos en ella(s) para sobrevivir. 

Tras la aplaudida entrega mascaba mi éxito como 'cajero' de la positividad. Ajeno a mi propia verdad, era yo quien más necesitaba esos trozos de papel enérgicos. Por suerte hay quien desde la sabiduría me recoloca y abrió los ojos a mi vacío léxico. '¿Has pensado en hacerte una...?', dijo con la levedad necesaria para no resultar imperativa. Caí en mi propia torpeza y subsané tamaña ausencia. Repetí la misma acción, cargado de espíritu y feliz por saberme dueño del arma de construcción masiva: la palabra. Esta vez opté por otro tipo de recipiente, más pop-art, en mi línea estridente. Una caja de 'Mujeres al borde de un ataque de nervios', para recordar el Peeeedro que hay en mí. Cada día, desde entonces, abro su tapa y buceo a ciegas entre el contenido hasta sacar una de las inquilinas de mi amiga. Y, a diario, me sorprendo por lo que son capaces unas pocas letras. La lección cotidiana es enorme. Hay días que me lo repito como mantra, otros que lo reflexiono en forma de 'tuit'. Pero lo más importante es que 'La Caja de las Palabras Positivas' consigue hacerme olvidar que los días son copias. Porque siempre nos quedará la palabra. Y la mente para conjugarla.

martes, enero 08, 2013

Trece



Hoy no es un día más. En realidad ninguno lo es. Pero esta fecha marca el inicio real del año 13. La rutina, esa prima venida de Cuenca o más allá se instala hoy para quedarse en nuestra silla de oficina, en el sofá o donde encuentren sitio sus prominentes posaderas. Es tan suya que más vale no contrariar sus designios y apechugar con su plan de habitanta imperfecta. Porque no vale engañarse, los propósitos que, en lista o no siempre escribimos, se desinflan al pasar unas semanas y nos quedamos reducidos a la misma realidad archiconocida. Esa que algunos se empeñan en decir todo el rato (pero todo el rato) que es perfecta y felicísima; la misma para otros pero en modo drama, de bajón constante y ojera incrustada. Muchas veces no sabemos lo que queremos y, mucho menos, lo que tenemos. Y así bailamos, entre la confusión y la angustia, olvidando el verdadero ejercicio: vivir. Hemos pisado días de excesos, de medias sonrisas, de felicitaciones absurdas, de estilismos imposibles, de conversaciones olvidables, de resacas memorables, de colas que ni Nacho Vidal (para comprar o no)... Sumamos pero en saco roto, porque cuando todo pasa únicamente pesamos de más en la báscula. Tenemos la capacidad insólita de olvidar y encaminarnos a nuevas frustraciones, sinsabores, retos (oh, qué intrépidos), pero en la carretera nos hemos dejado unos cuantos tequieros pendientes, unos abrazos de terapia o unas palabras necesarias. La incapacidad emocional no nos preocupa (ni ocupa), malgastamos la energía en aprender un baile ecuestre que hace de oro a un coreano. Así nos luce el pelo. Yo desde aquí proclamo que quiero cambios, y sé que con un discurso no es suficiente. Hay que mojarse y hacer del objetivo una obsesión. Implica altas y bajas, momentos oscuros, dudas no siempre razonables, encararse a miedos y fantasmas varios... Pero merece la pena, porque nuestro mejor yo siempre está por escribir, mirarse al espejo y sonreír. ¡Feliz Año! Vive, siente, crea y quiere.

lunes, diciembre 31, 2012

¡Felices 365!



Da vértigo pensar que tenemos 365 días por delante para seguir capeando el temporal, para desoír tanta negatividad, para olvidar a los olvidables, para remontar las caídas... Pero quién quiere pensar en todo eso... Me quedo con la gente que hará de mis días un guión perfecto, con las sonrisas que me animarán, con los proyectos con los que me reinventaré, con las emociones inexplicables... Contigo... ¡Apoteósico 2013! 

domingo, diciembre 23, 2012

Ella es Navidad


Felices Fiestas de Sonrisas y Siestas
Besos y abrazos a repartir

miércoles, diciembre 12, 2012

12 palabras



Talento
Confianza
Verdad
Energía
Amor
Quiero
Juntos
Sonrisas
Futuro
Recuerdos
Mejor

Ten CONFIANZA en tu TALENTO. Escribirás un FUTURO MEJOR. Podrás coleccionar RECUERDOS, pero la VERDAD pesa. Un te QUIERO es igual a ENERGÍA. AMOR no es siempre JUNTOS. Las SONRISAS son terapia.

domingo, diciembre 09, 2012

Disparos aquí



Reconozco mi pasión por las historias. La polisemia de vida nos regala tantos ejercicios contables que nunca alcanzamos la saturación. Y me gusta que el cine sea así, un retrato realista, un foco oportuno en miserias cotidianas, en palabras privadas, de las que poder aprender. Un cineasta que cumple con mi pretensión del todo es Cesc Gay. Me atrapó con su mundo coral y patético de ‘En la ciudad’ y ha vuelto a conseguirlo con ‘Una pistola en cada mano’. Hay quien le acusa de lentitud narrativa, pero yo defiendo su intromisión auténtica. Una vida es muchas veces un auténtico coñazo, un discurso monocorde y una suma de sujetos sin sentido. Que Hollywood nos haya engañado con el efectismo no significa que sólo haya un modo de narrar. Aquí lo hace desde una perspectiva masculina múltiple, con la incompetencia emocional como telón de fondo. Es un tema que me tiene un tanto enfadado, porque creo que esa incapacidad que muchos pasean no es más que producto de su dejadez. Asumo que no todos somos expansivos, pero creo en el empeño de superar miedos, distancias y silencios.

Pienso que muchos se aprovechan de esa brecha para encontrar otro tipo de acomodo, más sencillo, obviando las batallas necesarias del día a día. La incomunicación sigue siendo el caballo de batalla de toda relación, del tipo que sea. En cada uno está romper la burbuja y volcar todo lo que inquieta. Lo peor es enquistar problemas, acumular reproches, caer en la desgana. Así no se construye nada, más bien se aniquila cualquier vínculo. La sinceridad está sobrevalorada por necesaria y, muchas veces, cruel. Pero sin ella seríamos producto de un engaño prolongado y ya se sabe que todo lo malo se vuelve en contra. ¿Quién quiere una biografía sinónimo de tomadura de pelo? Basta ya de excusas, de escudos y de medias verdades. La vida hay que afrontarla de cara. Comprendiendo que en cuestiones de sentimientos uno más uno no siempre suman uno. Los lobos con pieles de corderos desorientados ya no pasan la criba. Bang, bang. Me quedaré sin cartuchos, pero nunca sin dignidad.