domingo, julio 01, 2018

Soy como tú



Hay miradas de muchos tipos. Unas te enamoran. Otras inspiran. Algunas provocan instintos malvados y crueles. Muchas te perdonan la vida. Tristemente, quedan de esas que te humillan con su golpe de vista. Me miran/nos miran por ser diferentes. Parece que aún cuesta asumir que la libertad es inherente a la persona y sufrimos desprecios por querer de otro modo. Ni mejor ni peor, porque los sentimientos no deben cuestionarse, sean del tipo que sean. Ni tengan un protagonismo fuera de la ‘norma’. Esa misma que por el mero hecho de mencionarse no deja de ser absurda. Porque cada la riqueza está en la variedad, en la capacidad de entregarse a la vida sin cortapisas. Estos días estamos inmersos en la celebración de un Orgullo LGTBIQ que sigue siendo muy necesario. Habrá referentes, armarios abiertos y visibilidad, pero no alcanza, ni mucho menos, a toda la sociedad. Aún quedan frentes oscuros, de discriminación e intolerancia.

Me ha alegrado mucho que en Santander se celebrara la primera manifestación con una ALEGA al frente, mucho más que una asociación. Un referente en la vida de muchas personas como yo. Hace muchos años alguien querido me animó a cruzar las puertas de su Centro Arcoíris y pude conocer a muchos iguales. Me emociono al recordar a aquel muchacho perdido, con necesidad de que le escucharan y entender la realidad que empezaba a despertar ante sus ojos. Agradeceré siempre aquella ayuda, las primeras piedras para construir mi identidad. Como aplaudo la lucha incansable de tantas y tantos que han hecho del activismo en Cantabria su constante. Que hoy en día pelean y logran ejercicios geniales como llenar las calles con un autobús multicolor, cargado de pasajeros desbordantes de amor y verdad. Imposible no recordar a quienes no están, pero desde su rincón en lo más alto observan que sus consejos no cayeron en saco roto. O que una Leticia Sabater haya puesto patas arriba el Río de la Pila con sus canciones innecesarias, pero ese talante arrebatador. Que llenara esa cuesta imposible también es una muestra de que otro Santander es posible.

Con más espectadores y las mismas ganas de mostrar orgullosos su talento compartí el concierto de OT, en el Bernabéu. Que los triunfitos sumaran discursos en positivo era otro motivo para celebrar que algo está cambiando. Son la nueva generación de ídolos y sienten que esconderse sería un error. Ya podían tomar ese camino más compañeros de profesión, encerrados en jaulas y asustados por el qué dirán. Pues dirán que eres persona, ames a quien ames. Como Cepeda al besar a Aitana. O Agoney al encogerse frente a un frío Raoul. La piel con piel no puede pasarse como las páginas de un libro. Ha de vivirse, aunque dé mucho miedo. Demasiado. Eso lo cuenta muy bien la película, del todo recomendable, ‘Con amor, Simon’. Fue especial compartir cada plano con alguien que nunca dejará de estar en el tráiler de mis días, pase lo que pase. Y disfrutar de una historia que retrata a quienes nos pensábamos enfermos, cuestionando esos pálpitos imposibles de frenar. Con momentos en los que cuestionabas todo y hubieras firmado dar la vuelta a la realidad. Cruzar no de acera, sí de pesadilla.

Porque no era fácil. Por mucho que tuvieras entornos en positivo, había microhomofobias duras de asimilar. Con los años toda esa maldad pasa factura y vuelve a martirizarte de la forma más tonta. Por eso es importante dar pasos, reeducar, implicar y compartir que no es un delito poner tu corazón a disposición de la vida. Con orgullo y pasión. No se olvida todo ese tormento, pero no merecemos castigarnos por nada. Activemos el modo ‘A quién le importa’. Así que aunque no esté en la multitud de Madrid los próximos días me sentiré allí de espíritu. Celebrando con los míos esas fiestas sin prejuicios, llenas de felicidad por ser. Y sí, soy como tú. Si lo dudas, te invito a conocerte.

viernes, junio 29, 2018

¡Qué orgullo!



Sentir no se elige. Humillar, agredir, intoxicar y despreciar, sí. Orgullo de tantxs que no pueden contar que la sociedad avanza, pero aún tiene mucho camino por entender.

domingo, mayo 06, 2018

Palabras a una madre



- Amor
- Complicidad
- Entrega
- Valor
- Sinceridad
- Constancia
- Sentimiento
- Energía
- Superación
- Honestidad

Podría completar esta lista de la no compra, sí de la madre que me sufre y me alienta. Ella que está en todo, entregada a su causa. Haciendo familia y cuidando en todas las conjugaciones posibles. Ni yo ni el tiempo hemos sido justos con lo mucho que representa, pero calla sin levantar la voz. Y vaya si tiene derecho. Total. Porque se lo ha ganado y sigue haciéndolo día a día. No puede evitar ser un corazón con patas, regalarnos a los suyos lo mejor de sí misma. Escribo esto porque ha luchado porque sea posible. En los peores momentos despertar y saberme a su lado fue siempre la mejor medicina. En los mejores, su sonrisa de orgullo fue el mejor regalo. Y sí, como canta una sabia, tenemos la mala costumbre de callarnos ese querer inexplicable. Hoy parece un buen momento, pero cualquiera lo sería, para reconocer que el suyo no es un papel de película es una saga de emociones. Por suerte, yo disfruto de la historia desde la butaca, a tu lado.

¡Gracias por tanto!    

sábado, abril 21, 2018

Apalabrado



Las lecciones más importantes de la vida llegan sin pedir permiso. Suelen extraerse de una frase de paso, una mirada comprometida, un gesto que lo dice todo sin mediar palabra. Caminamos con la prisa de los días y nos olvidamos de lo importante que es pararse, entender nuestro contexto y respirar. Este último, mucho más que un verbo de primera conjugación. Nos sometemos a una presión injusta. Sufrimos cánones absurdos. Bailamos con la más fea y olvidamos los pasos de la coreografía que nos hace felices de verdad. Los noes pesan demasiado y los síes vuelan sin apenas cobrar importancia. Esa matemática resulta mezquina para con nosotros mismos. Dejamos que los miedos ganen la batalla porque afrontar los ‘y si’ puede tambalear todo lo que somos. Si es que somos algo. Es una pena dejar que la duda nos mengue y acabemos con un balance triste de nuestra realidad. Hagamos apuestas sin pasar por el Casino, llevadas por las emociones. Esas que teclean estas líneas sin más fin que despertar corazones.

jueves, marzo 08, 2018

Ellas



Únicas. Trabajadoras. Valientes. Decididas. Capaces. Enérgicas. Responsables. Inquietas. Soñadoras. Inspiradoras. Motivadas. Eficientes. Creativas. Pioneras. Artistas. Sensibles. Tenaces. Sinceras. Altaneras. Preciosas. Orgullosas. Bravas. Emotivas. Impulsivas. Melancólicas. Románticas. Emprendedoras. Confiadas. Entregadas. Pasionales. Cariñosas. Prudentes. Miedosas. Irremplazables. Excéntricas. Misteriosas. Sensuales. Espirituales. Simpáticas. Incansables. Genuinas. Polifacéticas. Sabias. Prácticas. Rebeldes. Comunicativas. Estudiosas. Líderes. Estilosas. 

Llenaría hojas infinitas describiendo todo lo que os hace especiales. Pensando en alguna de mis musas, para trazar esa mujer ideal que no existe, ¡ni falta que hace! Porque cada una de vosotras representáis esa esencia que os hace ser y estar. No entendería mi vida sin el femenino plural que me define. Agradezco al matriarcado que me crió y luchó contra imposibles. A las guerreras silenciosas que dieron su vida por una sociedad más justa. A las miradas cómplices que me han acompañado, incluso en los mejores momentos. A las que están por llegar y, espero, sean libres de prejuicios y lastres absurdos. Necesitamos vuestra mejor versión y os merecéis ondear vuestras capas como heroínas de lo cotidiano. Gracias por tanto. No me cansaré de reconocer vuestro papel protagonista tantas veces como sea necesario. Como necesarias sois. En cualquier contexto. Así que vuestra lucha también es la mía y la de tantos hombres que no entendemos la realidad sin nombre de mujer(es).

miércoles, febrero 14, 2018

Descorazonado



La radiografía emocional no entiende de fechas, sí de latidos. Encogido entre sus miedos e inseguridades, espera su momento feliz. Hasta entonces, ¡sangra sin remedio!

¡Un #microcuento por San Valentín!

domingo, febrero 04, 2018

Si Goya levantara el cabezón...



Los Goya habrán dejado resaca a los invitados a la fiesta, porque lo que es al público, me temo que cero. Es más, la sensación global, a juzgar por lo leído en redes, es que ha sido la peor de los últimos tiempos. Y eso que ninguna brilló especialmente, hasta donde mi memoria me alcanza. La Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España (como Rosa y Amaia) se ha empeñado en poner a cómicos con tirón al frente del espectáculo y el resultado no acaba de conectar. Ni con la propia industria, ni con los espectadores. Es una pena, porque hablamos del acontecimiento peliculero del año, un escaparate para los profesionales de los planos, de los más invisibles a los de escarceos hollywoodienses. Con la oportunidad de reencontrarse y hacer contactos, que ya sabemos que la cosa creativa está muy malita. Y a nivel popular, la ocasión para descubrir algunos filmes que siendo nacionales no siempre tienen la mejor promoción. El caso es que por muchas ganas que pongamos, nos quedamos en una copia barata de los modelos engalanados de los americanos. Ayer, la alfombra roja fue muy pobre, salvo algunas actrices que supieron dar el punto excesivo al evento, muchos diseños se quedaban insípidos. Penélope destacó, como siempre, por ser ella, con su halo incorporado y esa sensación expresiva de estar de paso. Ha perdido aquella chispa de ‘La Quinta Marcha’, esa que su hermanísima no tuvo jamás. Aunque es de valorar que, pese a su nominación, apunte esta cita en su calendario y se pasee del brazo de Bardem para dar caché al show.

La escenografía sí me gustó, con el juego de los telones de entrada y salida, las lámparas vintage en diferentes modelos y alturas, las multipantallas de mirada inquieta. Aunque fue salir Ernesto Sevilla y Joaquín Reyes para sentir que todo chirriaba. Su guion era un ejercicio chanante con poco fuste. Impropio para una ceremonia de aspiración ‘sobresaliente’. Sus juegos mutuos resultaron tontos y las presentaciones por película muy largas. Se notaba el estupor del patio de butacas, quizá imaginando la ristra de críticas que no podrían esquivar. Ni el recurso de los vídeos fue lúcido, porque lo de Karra Elejalde en versión agradecimiento extendido poco aportaba o el vídeo de los actores con pelucón a lo Raffaella Carrá fue sosísimo. El transcurso de los hechos posicionaba los titulares del lado de ‘Handia’ y sus dos manitas de cabezones. Así como la inclusión constante del euskera, bien traído en el gag del euro con la librera de Coixet. La misma que ejerció de ella, entre ingenua y estudiada de más. El humor de verdad lo puso un Brays Efe en estado de gracia con su ‘Paquita Salas’. Aunque el monólogo de la representante quizá resultó excesivo para sus no fans, esa espontaneidad bien entendida cautivó por derecho. Tanto como Julita Salmerón, desbancando a Carmina como la madre más total del cine patrio. Esta mujer se merece un reality, porque su verdad engancha. Su discurso fue de los que se recuerdan, porque otros se quedan en una sucesión de tópicos sin chicha. No así el de Nathalie Poza, un actrizón que supo colar la reivindicación propia y colectiva, con total emoción y personalidad. 

Porque el discurso generalizado sobre el feminismo no acabó de convencerme. Está bien que se hable de una realidad injusta, pero no sé si es el lugar ni la forma. Algunas intervenciones al respecto parecían más efectismos de abanico que compromiso real. Ojalá que cualquier persona pudiera expresarse y cumplir sus metas sin ninguna condición. Eso sí, pondría unas cuantas a los entregadores/as, porque una gran mayoría más que estar a la altura del encargo, lo hizo de pena. Se espera de nuestras estrellas gracia, improvisación, sumar a la causa. Un ejercicio que Marisa Paredes bordó, aunque se fuera de tiempo y amnesia. Me repetiré, pero en noches así echo de menos las galas pomposas, los marcos incomparables, las parejas imposibles y los looks de brilli-brilli supino. El postureo viral ha matado esa viveza necesaria. Los Javis hubieran bordado todo eso y más, pero estuvieron en un perfil bajo, a la espera del premio que no llegó. La canción de Leiva es brutal, aunque esta película milagrosa se merecía más reconocimiento. Tengo que aplaudir el número de Marlango, introduciendo los temas nominados. La delicadeza de Leonor conquista y es de agradecer que esta apuesta musical fuera seria, no una coreografía maltrecha o un rap de Resines.

Espero que los mandamases de la cosa fílmica se recuperen de la party pronto, todo sea para que estudien otras posibilidades para contar y celebrar nuestro cine tal y como merece. De lo contrario, la nominación y expulsión directa llevará sus nombres. Ahora todos a ver ‘Handia’, que muchos no sabían ni que existía… 

miércoles, enero 17, 2018

Escape



No tengo tatuado eso de que 'Nadie dijo que fuera fácil'. Sabemos que vida no hay más que una. Que estamos de paso y, en efecto, todos los días sale el Sol. La lista de tópicos existenciales se antoja infinita, como los momentos en que destruiría la realidad. Sin medias tintas. Explosión de alto alcance y aquí no ha pasado nada. El caso es que, como intenso reconocido, doy vueltas al estado de las cosas. Las mismas que siento están en crisis total. En primer término las mías, como una suma de pésimas decisiones. La peor, errar en la prioridad y arrastrar un vacío que pesa demasiado. Pero si miro hacia otros contextos, incluidos los ajenos, el balance no es más esperanzador. Estamos enfermos. Algunos con diagnóstico y medicación crónica. Otros, ahogados en la ignorancia de su dolencia. Las listas de espera médica son la risión, en términos comparativos, si se valoran todas las maldades sostenidas. Interesa poco el parar y cuestionarse, porque los complejos o los egos nos impiden hacerlo.

Quizá mi defecto sea pensarme demasiado. Ejercitar la introspección, verbalizar mi torrente de desquicies. Lo prefiero a maquillar mi verdad. Podría vivir una historia de imperfecciones perfectas, de sonrisas enlatadas, de heridas por cicatrizar, pero sería engañarme y mostrar una versión distorsionada de mi esencia. No me lo merezco, ni tampoco las personas que, voluntariamente, han decidido acompañarme en mis días, soportar mis ausencias, tolerar mis silencios y amortiguar mis golpes. Reconozco que me busco y no me encuentro. Que mi alegría de vivir se ha tomado vacaciones con varias escalas y un equipaje descomunal. Ansío su retorno, que me dé la vuelta cual calcetín y me rete para continuar en positivo. Lo necesito, más cuando escribo esto en un lugar que no me corresponde. Del que quiero escapar sin mirar atrás y olvidar que mi momento no me pertenece. Ojalá que algún día pueda teclear con la pasión que me define. Entonces me reiré de los lugares comunes y disfrutaré del mío propio.

domingo, diciembre 31, 2017

Episodio 20.18



Con ganas de que acabe esta película y se estrene el episodio 20.18. ¡Suerte y a la vida!

¡Feliz 2018!

domingo, diciembre 24, 2017

La pregunta del millón...



¿Qué es la felicidad? Si te lo preguntan cuando pasen estos días, seguro que encuentras una buena respuesta. Con mis mejores deseos…

¡Feliz Navidad!

sábado, diciembre 09, 2017

Imperfectos conocidos



La promoción de ‘Perfectos Desconocidos’ cuenta mucho (demasiado) de la trama de esta película de Álex de la Iglesia. El mundo de la pareja, expuesto frente a las miserias y mentiras humanas. Quizá no sea el mejor resumen, pero sí el trasfondo sobre el que se articula este remake de origen italiano. Con unas interpretaciones muy ramplonas y ciertas concesiones a la fantasía absurdas, mi sensación final fue de decepción. Diré que el desenlace me recordó demasiado a una serie cañí totalmente cuestionable. Eso sí, me quedo con los temas que se plantean, especialmente el mundo ‘interior’, que de exponerse nos abofetea, incluso de forma literal. Especialmente cuando se trata del amor. No corren buenos tiempos para la sinceridad, así que cumplir con los cánones de Disney es una utopía. Reconozco que nunca he entendido a la gente que opta por llevar una doble vida, acumular falsedades y pretender salir indemne. Puede que haya situaciones o contextos complicados en los que finiquitar historias, aunque la madurez y no la genitalidad debiera entrar en acción.

Ahora con todas las aplicaciones para ligar nos hemos convertido en objetos de deseo a lo fast-food. De usar y tirar. Así es complicado que el compromiso se solidifique. Quedan excepciones maravillosas, ¡hasta que el móvil demuestre lo contrario! Porque es muy cierto que se ha convertido en una prolongación de nuestras emociones y, en muchos casos, de las braguetas. El desafío peliculero de exponer nuestro ‘aparato’ al juicio público puede ser controvertido. Habrá quien no tema que la intimidad de datos se comparta, pero es común que el bloqueo tenga razones de peso. Es triste pensar que la razón de comunicación se pierda con nuestros seres queridos y la tecnología sirva como soporte para el zorreo máximo. Igual soy un señor antiguo, pero es que todo eso me parece vacío. Que la gente soltera puede actuar en libertad, aunque ese libertinaje vía wifi me resulta innecesario. Quizá cambie de opinión algún día, hasta el momento tengo claro el modelo emocional que defiendo y en él no tiene cabida esa hipocresía. Ni el despiporre como doctrina. He dicho.

La amistad también vertebra esta comedia negra, exponiendo que la confianza es justa y necesaria. De lo contrario no se puede definir como tal. Cada uno elige qué familia no de sangre con quien compartir la realidad. Se supone que en base a afinidades y cariño espontáneo. Hay que alimentar y cuidar esas conexiones, no echar capas de incomprensión. Porque si no puedes mostrarte tal cual con tu gente, hablar de corazón, incluso valorar los silencios, ¿entonces qué vínculo es ese? Que le pregunten al personaje de Pepón Nieto.

¡Que la realidad es imperfecta es de sobra conocido! 

viernes, diciembre 01, 2017

Quiere en positivo



¡Por un placer sin riesgos! Y, cómo no, por tantas personas que hoy no pueden contar que la maldita enfermedad sigue latente. Los avances médicos son una realidad, pero eso no justifica que hayamos bajado la guardia. Hace un año tuve ocasión de escuchar testimonios en primera persona, puse cara a la lucha contra el VIH y entendí que somos muy hipócritas. Que podemos lucir su lazo en la solapa sin pararnos a pensar en su realidad. Su batalla es diaria, los prejuicios no se esconden. Los miedos, menos. Así que está genial celebrar este día y que la Historia se siga escribiendo en positivo. Como su ejemplo.  

sábado, noviembre 18, 2017

Latidos que duelen



Recuerdo cómo temblaba. No podía articular palabra alguna. Nada que ver con el día anterior, cuando me contó ilusionada aquella cita. Hacía tiempo que estaba soltera y tenía ganas de conocer a alguien. A él. En buena hora. La versión encantadora se esfumó demasiado rápido. Se habían cruzado una noche y el intercambio de miradas accionó esas mariposas tan dormidas. Mi amiga no recordaba un episodio así y recreaba cada paso del cortejo. Una vez intercambiaron su atención fue el turno de las presentaciones. Eso sí, fuera del local, ajenos a los ritmos vertiginosos de la noche. La charla fluía y el compartir su número de móvil fue casi un juego de niños. De esos que te cambian el gesto a sonrisa tonta. Así relataba su fugaz hechos el uno para el otro. Después llegarían las charlas infinitas, con emoticonos como cómplices. Y la proposición formal de una noche a dos. El calendario voló, como sus esperanzas por sentirse princesa de su propio cuento. El mismo que empezaba con «Érase una vez», aquella en la que desaparecieron las pantallas y, por fin, se reunieron a solas. Él propuso recogerla en su coche y a ella le pareció genial. Confiada y atraída por la caballerosidad. Mi cara no dijo lo mismo cuando desgranaba el plan ‘romántico’. Quizá mis idas y venidas amorosas, con desigual éxito, me habían convertido en un malpensado. No dije más, era injusto que la bajara de su nube. Por desgracia, los hechos lo hicieron. Puntual esperó a que llegara el supuesto corcel y su príncipe ídem. ¡Maldito Disney!

Conociéndola, seguro que sus ganas de verse enrojecieron su piel y multiplicaron la verborrea. En eso nos parecemos demasiado. Entonces, tal y como contó, él calló sus nervios con un beso. Esperado o no, sirvió para resolver la tensión inicial. La ausencia de destino y los problemas de aparcamiento acabaron en su garaje. Lo que parecía una decisión espontánea se convirtió en una pesadilla. Era una plaza oscura y siniestra, con un cercado que fue proporcional al que impuso a su presa. Se lanzó bruscamente y ella se asustó mucho. Intentó zafarse, pero él la tenía totalmente bloqueada. No recuerda cómo se quitó el cinturón y peleó con aquella puerta, zarandeando al majadero con una energía tan escondida como sus intenciones. Cuando quiso apearse apagó las luces y no podía ver. Se acercó al portón y él reapareció insistente. Dice que susurraba a su oído su nombre una y otra vez. Tan cerca y en la penumbra ella se envalentonó y le empujó con todo su rechazo. Sacó el móvil y vio que no había cobertura, pero con la luz pudo encontrar cómo accionar el mecanismo y salir corriendo. No quiso mirar cómo estaba el susodicho, pero debía retorcerse de dolor. Asustada entre aquel entramado de columnas, localizó a una mujer mayor que justo estaba llegando a su plaza. La contó que el malnacido había intentado aprovecharse de ella. Resultó que era su vecina y sabía que era todo un pieza. Intentó tranquilizarla y se ofreció a llevarla a casa. Esta vez sí actuó la bondad de la perfecta desconocida. Entonces apareció él, hecho una furia. Encarnando la peor versión inimaginable. Entre frenazos y pitidos lograron zafarse de sus ojos coléricos. Entonces su salvadora recordó que los peores rumores precedían al violento. Y la animó a denunciar, si quería, el episodio. Ella estaba tan en shock que negó, sin pensarlo. Cuando me lo contó la insistí en hacerlo. Más cuando su teléfono no paraba de sonar y tenía mensajes amenazantes.

El garbanzo podrido demostró serlo sin miramientos. No fue agradable pasar por Comisaría y todo el proceso posterior. El maquillaje de aquella noche se fue, la angustia aún la siente. Sé que aún no lo ha superado. A todo esto mucha gente la juzgó, la llamó estrecha o buscona. Otros, insensata. Ella sólo quería vivir algo bonito. Puede que cometiera el error de esperar normalidad y enfrentarse a un monstruo. Historias como la suya y peores, incluso con finales trágicos, son una constante. La conciencia colectiva debe accionarse contra la violencia y personajes tan deleznables. Porque la realidad nunca debió superar a la ficción.

Relato basado en una historia real | ¡Basta ya de agresiones, acoso sexual y Violencia de Género!

jueves, noviembre 02, 2017

Siete más tres



Han pasado siete años. Parecen muchos, pero a su lado es como un suspiro. Como el aire fresco que siempre imprime a cada momento. Entonces apostó por un cambio. Por descubrir opciones en una tierra que sentía propia, pero sabía que no sería fácil. Nada impidió que se abriera un hueco irremplazable, en su destino profesional y en las vidas de quienes somos afortunados de tenerla cerca. Lo nuestro fue progresivo, una historia de amistad bien entendida. Compartíamos mucho y, poco a poco, sabríamos que la conexión era de banda ancha. Aún recuerdo cuando me ayudó con las maletas de una gran ilusión. No tenía que hacerlo, pero salió de ella el estar en un contexto tan señalado. Después han sido tantos, con mil motivos y siempre con sus consejos. Unidos a su mirada cómplice, observando y analizando para intervenir con corazón y cabeza. Es un gustazo ser público de sus realidades, aplaudir su crecimiento y entender que la autenticidad no se elige. En deportivas o subida a unos tacones. Acurrucada en el sofá o entregada al universo evento. No importa el lugar ni el cómo, a su lado la emoción está asegurada.

Sabe rodearse y es un placer compartir sus círculos más íntimos. Como en una serie de personajes adorables, donde pasa mucho. No siempre bueno, siempre de verdad. Tiene demasiado por escribir, porque su talento no conoce límites. Algunos sí, esos que ha transitado en el mapa del mundo. Fotografiando instantes y lugares únicos, absorbiendo la esencia de la curiosidad infinita. Me gusta que me abrace fuerte, sentir que todo irá bien mientras parloteamos de paseo por la playa, en su sofá o sentados en su coche. Cuando habla de su familia es puro brillo. Así se entiende que sea una bondad con patas y bien largas. Porque sus padres cumplen con su cargo y han educado a sus tres chicas en unos valores de nota. El ADN de este núcleo de la sangre se construye de sensaciones y juntos bordan el papel. Temo el día que me diga que hasta aquí, que cierra etapa y se aventura con la pasión a otra parte. Lo entenderé, pero me dejará un nudo en el estómago y un vacío con nombre propio. El de mi Marta, mi chica siete más tres. La suma de diez que no me canso de calcular. ¡Gracias por tanto! 

domingo, octubre 22, 2017

Así sentí 'La Llamada'



Hay historias que te encuentran. Eso me ocurrió con ‘La Llamada’. Aquella noche en el Teatro Lara entendí muchas cosas y, aunque borraría algunos recuerdos, agradecí haber sentido semejante chute de realidad. Al despedir la noche, me recuerdo caminando por las impersonales calles de Madrid, entre gentes, rememorando el texto de la obra y ocupando aquellas tablas. Nunca fui a un campamento de verano, pero volvería en el tiempo si me aseguran que se trata de La Brújula. No había telón, sí ilusión. El patio de butacas sumaba complicidad, ante la mirada curiosa de sus creadores, ‘Los Javis’. Hoy son referentes de una generación que busca, arriesga y rompe con los convencionalismos. Quizá no sean unos adalides de la intelectualidad bien entendida, sino todo lo contrario, ejerciendo de petardos felices. Entonces eran unos actores teen con escasa credibilidad. La misma que su valentía ha cimentado. Aunque habrá quien reniegue de su modelo de ficción, nadie puede obviar que son un fenómeno total. Aplaudo su genialidad, por inspiradores y necesarios. En tiempos en los que todo parece más difícil, que las oportunidades han de crearse y el conformismo es un lastre, estos chicos han vivenciado que la autenticidad es un mérito. Dudo que aquella sesión imaginasen todo el recorrido posterior, pero transmitían una pasión que bien vale un éxito. Su éxito.

Para alguien que se ha criado entre monjas y curas polifacéticos, el argumento era algo atractivo, incluso cercano. No es cuestión de destripar el desarrollo, sí de reconocer que sobre las tablas, con pocos elementos, lograron recrear unas sensaciones magnéticas. De ahí los cuatro años largos de lleno milagroso. El tránsito a la gran pantalla se antojaba enriquecedor. Ha pasado el tiempo suficiente para que maduraran su criatura y la pusieran planos certeros. Sinceramente, creo que lo han logrado. Otra cosa es que mi conexión con la esencia teatral me remitiera demasiado al origen. Anoté el 29 de Septiembre, su fecha de estreno, como un día muy señalado. Acompañado de mis particulares compañeras de ‘cabaña’, me lancé a la emoción. Estaba hasta nervioso. Todo hasta que apareció Macarena García. Recuerdo entrevistarla diez años atrás, protagonizaba un musical de instituto americano, en su debut como actriz. Era lo que vemos hoy, un talento andante. Su mirada justifica esta versión cinematográfica. Esos ojos que cuentan lo incontable. Esa gestualidad que atrapa, incluso en los momentos más inverosímiles. El tándem con Anna Castillo es un sueño. Dos visiones del mundo, la interpretación y tanta verdad juntas. ¡Qué maravilla! Bajo los hábitos, una enorme Belén Cuesta, que de revelación ya no tiene nada, es un figurón del cine. A lo Gracita Morales del siglo XXI, con tipazo. Acompañada de la más firme en la fe y en la comicidad Gracia Olayo. Perfecta su evolución de las galas noventeras con su hermana gemela (y venenosa) a este personaje muy ‘Sister Act’. Del protagonista masculino, elogiar la voz y ese regodeo en las lentejuelas. Spoilers, al cielo.

Las secuencias musicales suman y sirven para dar brillo a este elenco en gracia. El balanceo entre la comedia y el drama funciona. Es, de hecho, el sello de la casa del par de directores. Humanizan sus relatos sin maquillar lo patético, echándole sentido del humor. Lo han demostrado con su ‘Paquita Salas’, ahora estrellona de Netflix y las mechas a lo Terelu. Veremos qué sacan de la nueva hornada de ‘triunfitos’. ¡La Academia tiembla! Volviendo a la película, me resultó curioso cómo ciertas escenas despiertan risas entre el público. Plantea temas muy universales como el descubrimiento sexual, la superación, la amistad, el amor… No conforme con el primer visionado, repetí y volvieron las guasas nerviosas. Con mucha juventud en la sala me resultó chirriante, aunque comprendí que el mensaje era en positivo. Que educa sin prejuicios y presenta hilos de vida insólitos. Estamos faltos de esos puntos de giro. Reproducimos modelos y esperamos que el resto hagan diametralmente lo mismo. En cuanto alguien se sale del guion causa revuelo. Así que es necesario que haya esa fractura, una locura a toda pantalla. Lecciones importantes en diálogos que también lo son. Como cuando María Casado (Maca) pregunta «¿A que cambiar no está mal?». O cuando reconoce su lema vital ‘Lo hacemos y ya vemos’, single de su grupo Suma Latina. Porque entiende que «Si sale mal a otra cosa, pero lo has intentado». Que así sea.

Reconozco que cuando sentí la llamada necesitaba un milagro. Hoy quizá, más. Me cambiaría por esa niña que subida al autobús, antes de una excursión piragüista, mira a la protagonista desde la inocencia y se despide. Porque nada volvería a ser igual. Lo mismo que yo experimenté entonces y estos días peliculeros he revivido. Imploro a lo más grande. Me sé el repertorio de Whitney Houston y necesito que me pasen cosas. Estaré en una litera o donde sea, esperando a subir la escalera…

miércoles, septiembre 27, 2017

No quiero más ‘Chabelitas’ en mi vida



‘Chabelita’ Pantoja es una auténtica hija de su madre. Al menos ha heredado de la tonadillera la capacidad de encadenar escándalos y portadas del corazón. No había cumplido la mayoría de edad y una cuenta atrás presagiaba que en Cantora había un bombo y platillo de chismes. Ahí empezó su escarceo con la socialité bizarra, inaugurando los 18 siendo madre y con un machirulo de dudosa reputación. Desde entonces su vida ha sido una sucesión de hechos informativamente absurdos, pero de cuantioso cotilleo. Eso sí, dando un pésimo ejemplo como joven expuesta al público. Sin estudios ni ganas de llevar una vida activa, dando bandazos a golpe de exclusiva. Su madre poco podía reconducir la situación, rejas mediante, aunque se ve que la muchacha atiende poco a razones. Se gasta un genio importante, que no es directamente proporcional a su madurez. El caso es que el otro día se hizo un ‘Deluxe’, que no es ninguna salsa, sino el programa que costea el surrealismo patrio, su marido veinteañero. Un chico que aparecía devastado por las infidelidades (siete que supiera) y los meneos emocionales de la celebrity-teen

Su relato se elevó a la categoría de ‘imprescindible’ y los dientes de los colaboradores se afilaron hasta infinito. Con los euros frescos y el despecho en el ídem el insípido entrevistado repasó sus cuitas más vergonzantes. Y es que, al parecer, su mujercita no le ayudaba a superar la cornamenta, es más le torturaba con la dotación (genital) de los amantes. Todo muy rosa. Lo triste fue comprobar cómo pusieron sobre el plató un tema tan doloroso como el de la Violencia de Género. Con demasiada frivolidad se contaron chantajes con fotos explícitas, llamadas a la Policía, vídeos de arrepentimiento… Tremendo que se trate con tanta ligereza un drama nacional, con la cifra sangrienta de víctimas. Rotular el 016, número de atención a las mismas, no justifica semejante amarillismo. Tampoco pensar que alguien pueda jugar a extorsionar así a su pareja y asegurarse un titular de suculento cheque. Quiero pensar que la juventud actual no está tan intoxicada por tan patéticos rituales. El maltrato no se puede normalizar, como tampoco el burlarse de una persona y restregar la intimidad sin pudor. El amor es otra cosa. Puede que Isabel Pantoja no sea el mejor ejemplo, si es que ha contado todo su historial a su pequeña del alma. Su hermano, en fin. Ni tampoco todo ese círculo de interés, de montajes y dientes, dientes.

Nos hemos malacostumbrado a consumir historias y personajes que dicen muy poco de los valores sociales. Carnes de memes, tertulias de risotada o grupos de WhatsApp. Mi miedo es que esa generación a la que pertenece el ridículo matrimonio asuma esos vacíos como propios. Quizá sea muy negativo al pensar que la deshumanización se ha apoderado de nosotros, pero es que asomándote a cualquier pantalla se muestra ese reflejo. Seré un intenso o un aburrido a los ojos de quien gusta del escarnio, la torticería y esa maldad sin edulcorar. No entiendo que alguien monetice el querer y su bragueta. Menos que así acumule poder mediático y seguidores que aplaudan sus idas y venidas. Estos críos, incluso con uno a su cargo, han banalizado su realidad. Alguien adulto debiera cortar de raíz este tormento, sin conexiones en directo o filtraciones a periodistas afines. Porque ellos habrán encendido la mecha, pero todos hemos contribuido a que su bola se haga más grande. Tanto que la aquí protagonista dice (previopago) haber vuelto con el machirulo de los orígenes que contó lo más grande de ella y su familia en la tele, se casó con una ex de su hermano DJ (¿?) y se desnudó sin vergüenza alguna. ‘Chabelita’ y su libre albedrío.   

miércoles, agosto 30, 2017

Vera…NO



Alguien dijo que era verano. Que había que cambiar los armarios. Sacar la ropa más fresca y hacer hueco a los polos de sabores. De niños era la época más feliz. Sin horarios, en la calle, entre golpes y juegos inocentes. Al crecer se supone que también, pues para los más suertudos es sinónimo de vacaciones, relax y desconexión. Recordemos que hay gente ‘normal’ que no puede permitirse esos lujos o que los intenta colar en los ratos de ocio, si es que sus agendas lo permiten. Eso sí, en la ecuación de los días un elemento caprichoso se antoja fundamental: la climatología. Escuchamos con atención al señor del tiempo y le hacemos vudú cada vez que mete la pata con las borrascas y los anticiclones. En este 2017 mirar al cielo ha sido directamente proporcional a la depresión colectiva. Los habitantes de las playas no han tenido apenas ocasiones para empadronarse en la arena, con el consiguiente moreno perdido. Ahí el tanto se lo marcaron quienes optaron previamente por los rayos, cuando no se enchufaron directamente el bronceado. La frustración no ha ocupado hamacas ni tumbonas, ¿será por el cambio climático? Las teles han demostrado su poco aprecio a los sufridos espectadores veraniegos, con refritos o programas de difícil digestión. Los conciertos fueron la banda sonora, junto a las verbenas, por mucho que alguno se saltara el playback, incluso la despedida. O que las colas ‘des-pa-ci-tas’ duraran más que el propio espectáculo.

A nivel gastronómico no han faltado los platos más ligeros o todo lo contrario, con copiosas comilonas familiares o barbacoas de amigotes, por mucho que cayeran chuzos de punta. Esa parte tan cañí no se pierde por nada del mundo. Si por ADN somos de bares, en época estival nos encontramos en las fiestas de los pueblos o en las ‘casetas’ y nos ponemos al día en un periquete. Hasta la clase política baja la guardia y congela sus discursos esperando la vuelta al escaño. Por mucho que la realidad se viera golpeada por la barbarie y tuvieran que dejar la segunda residencia para dar la cara. Si históricamente eran las bicicletas de ‘Verano Azul’ las que marcaban la ruta, hoy resuenan las excavadoras y hormigoneras de las obras que prometen bondades. Los charcos tan atemporales han vuelto a jugar malas pasadas a chancletas o sandalias mal calculadas. La rebequita o la sudadera de por si acaso no han defraudado, dadas las inclemencias torrenciales. Al final en esta tierra infinita muchos visitantes firman por el frescor y zafarse de la calorina, pero seguro que no esperan tamaño infortunio estival. Ni mucho menos es justo para los locales, hartos de defenderse frente a los nubarrones públicos. Estudios afirmaban que el mal tiempo agria el carácter, por eso se puede justificar que en este Norte no seamos los más dicharacheros ni expansivos y viajando al Sur sea todo lo contrario. Generalizar es siempre un error y hay personas de todo tipo con humor ídem, sea cual sea la isobara de turno.

Aunque, ¡mucho ojito! Todo es relativo cuando te asomas a Instagram y ves los perfiles de los famosos o de los anónimos que juegan a clonar las máximas de los otros. Consumiendo sus exhibicionismos veraniegos, cualquiera diría que éste año ha sido lo más de lo más. Mientras llueve y mucho, observas cómo en sus posados extremos todo es perfecto. De cuento. De cuenta, incluida la no corriente. Entonces entra una envidia insana, mezclada con el ansía de devorar más y más carne de celebrity. Esos veranos que no pixelan ni gotean, en apariencia, tendrían que estar subvencionados por la Seguridad Social. Entonces te despiertas pensando que todo responde a un maldito guión, con el mismo final de ‘Los Serrano’ y con un sí rotundo. 

martes, agosto 22, 2017

Males enredados



Las redes sociales tienen muchas cosas buenas, pero otras que nos deben cuestionarnos su uso. La deshumanización nos ha llevado a normalizar prácticas o palabras que no debieran tener cabida en nuestra realidad. Está claro que la barbarie ha de combatirse con determinación y firmeza, pero ciertas manifestaciones tan violentas y gratuitas no son el mejor modo de actuar como acusación espontánea. Se vomitan muchas opiniones que suelen estar vacías de contenido y conocimientos previos. El mundo de las fobias es muy peligroso, porque se extiende cual mancha de aceite con unos efectos aún incalculables. Tendentes a la generalización, caemos en errores que implican limitación de miras. Está muy bien dar rienda suelta a la libertad de expresión, siempre que no suponga un ejercicio de desparrame importante. Aquí es donde las redes han dado un espacio de carta blanca para despacharse con las noticias de turno o el personaje carne de titular. Que las fuerzas de seguridad tuvieran que pedir contención en el reenvío de imágenes sangrientas a los propios ciudadanos y, cómo no, a determinados medios de comunicación es una muestra de esa manga ancha que nada filtra. Era tremendo que ante el estupor generalizado algunos tuvieran más ansiedad por compartir en bucle que pararse un segundo a pensar en las consecuencias de semejante fatalidad. Algo hacemos mal si olvidamos el trasfondo de un suceso horrible como el de Barcelona y lo convertimos en un material viral. Está claro que las nuevas tecnologías han modificado los usos sociales de la información, pero también habría que puntualizar sus abusos. Que en el momento del atentado hubiera gente más pendiente de grabar vídeos que de prestar ayuda o mantenerse fuera de peligro dice mucho de esta corriente cuestionable.

Cambiando de asunto y lamentando que el terrorismo consiga golpear a su antojo nuestras vidas, ha saltado la noticia del uso machista o no de una imagen por parte del perfil social de Turismo en Cantabria. El origen fue la imagen de una joven con título de ‘influencer’ disfrutando de una de nuestras playas. Eso sí, en un sugerente bikini, como tantos que habitan las cuentas de esta comunidad de muchachas venidas a más no siempre con oficio, pero sí beneficio. El equipo de community managers o alguno de ellos por dar valor a ese contenido decidió emplear la imagen citando a su autora. Una práctica constante en Instagram o Twitter para generar más impacto. Y vaya si lo ha hecho. Hasta un partido político ha cargado las tintas contra esa ‘estrategia’ y ha provocado que eliminaran la fotografía. En mi opinión, no creo que hubiera una intención de explotar la parte de ‘mujer objeto’, sino de líder de opinión, con tropecientos mil fans que siguen a la susodicha. Es cierto que hay malos usos de la Publicidad, que aún tenemos que lamentar campañas estereotipadas, mensajes rancios e imágenes bochornosas, pero hay que saber diferenciar. Que unos medios sociales de carácter público empleen un icono sexy igual no es la campaña más adecuada para una tierra infinita, pero de ahí a poner el grito en el cielo. Para mí el auténtico asombro viene de aupar a personas en personajes, con méritos que suelen resultar dudosos. Convirtiendo sus días en una profesión rentable. Auspiciar públicamente fenómenos así me resulta injustificado. Ya me despaché a gusto en el post anterior, dedicado a Dulceida. Si tengo que reiterarme lo haré porque no entiendo la necesidad de repetir roles prefabricados y aspirar al más de lo mismo. El fenómeno flamenco gigante en la piscina es el mejor ejemplo. Se crean unas necesidades a través de la retahíla de Internet que niegan el juicio crítico y terminan en clonaciones patéticas. Más personalidad y menos cromos repetidos, por mucho que los haya impuesto tal o cual reina de los ‘megustas’. Disfrutemos de lo bueno de vivir enredados, sin caer en sus abismos peligrosos. Sin olvidar el valor de las distancias cortas, porque estamos perdiendo la cultura de piel con piel o del diálogo de mirada sostenida y eso asusta. 

domingo, agosto 06, 2017

La princesa del pueblo likes



Su nombre de cuatro letras, edulcorado en la red, se ha convertido en toda una marca. Se trata de Aida Domenech, popular por su alter ego, Dulceida. Por sus followers la conocerán. No necesita un talento desbordante en nada, sólo la jeta suficiente para aprovechar el tirón. Y es que las nuevas tecnologías han reinventado las reglas del juego de la fama. Los históricos iconos de la cultura pop eran rostros del cine o de la música. Hoy son los youtubers, como ella, exhibicionistas en bucle, que encuentran en las pantallas su modo de vida. En su caso, sin estudios, con experiencia como dependienta de Amancio, pero con una ambición semejante al magnate gallego. De colgar fotos de sus estilismos más casuales de adolescente ha pasado a cobrar ingentes cantidades de dinero por protagonizarlas. Las firmas más punteras han detectado el arrastre de estos nuevos fenómenos virales para enganchar a los públicos más diversos. La capacidad de juicio se nubla cuando el ‘ídolo’ establece la pauta. Las prendas vuelan, los fetiches se multiplican. Incluso tienen ‘recursos’ para hacer magia con sus ‘habilidades’. Pasan espontáneamente de emprendedores (lanzando colecciones de ropa, de joyería o mercados con su nombre), a DJ’s (siendo cabeza de cartel con el único talento de ‘pinchar’ la música que les hace gracia); de comunicadores (con contratos en importantes televisiones o webs ejerciendo de reclamo), a modelos (curiosamente, antes lo fueron Rociíto o Jesulina). Detrás de estos jóvenes, un grupo bastante numeroso y en el caso de la catalana organizado como un escuadrón, habrá mentes pensantes que se froten las manos. ¡Euros, euros, dubi, dú!

Es su momento. Aseguran llenazos en desfiles, discotecas o festivales. El griterío teen va de serie allá por donde pasan/pisan y el efecto llamada se multiplica. Porque los canales o vlogs crecen como lechugas, repitiendo juegos, mostrando intimidades, aspirando a captar suscriptores. El fenómeno tiene su lado positivo en cuanto a dar herramientas y visibilidad a los chavales. Sean como sean, pueden tener un espacio de libertad y encontrar semejantes. Eso sí, siempre que su realidad resulte rica y no una dependencia fatal de Internet. Antes se jugaba en la calle, ahora el patio tiene más arrobas que árboles. Sus educadores tendrán que poner en valor los valores y cuestionar el futuro de un desempeño laboral dudoso. Porque volviendo a la chica de oro, cada una de sus fotos tiene miles y miles de corazones gustativos. Y ahí es donde inocula los mensajes que pasan por caja. El bucle continúa en viajes de ensueño, hoteles de postal, una agenda imposible. Tanto como la frustración que puede crear entre sus fans. Su vida de cuento es un espejismo, una irrealidad que despierta anhelos. Como convertir su sexualidad en noticia o comercializar con su bodorrio de playa. Lesbos mediante. Hay algo inteligente en su estrategia de personaje, en hacer una telenovela de ella misma, porque ha sido capaz de ampliar su universo. Otras it-girls se canalizan en la moda y ahí son ‘referentes’ de estilo. En su caso no es la más guapa ni la que mejor viste, pero se ha convertido en una especie de Belén Esteban de la cosa enredada. Sin duda, es la princesa del pueblo likes y ella se muestra encantada de llevar la corona. ¿Hasta cuándo? ¿Se sublevarán sus «preciosos»? ¿Se acabará su dulce surrealismo? Pase lo que pase, habrá rentabilizado su «mucho amor».

lunes, julio 31, 2017

Bustamante, a corazón expuesto



Del andamio a las portadas de la prensa rosa, el viaje profesional y emocional de David Bustamante ha sido tan frenético como intenso. Su paso por ‘Operación Triunfo’ catapultó a la fama a una generación de anónimos que colapsaron audiencias y listas de venta. Semejante frenesí, aclamado y criticado a partes iguales, hizo que sus protagonistas vivieran una película de dimensiones infinitas. Exprimieron su ‘talento’ y quizá no les dieron suficientes herramientas para digerir su recién estrenada realidad. Así lo reconocían ellos en su reencuentro catódico, recuperando un ‘Mi música es tu voz’ y compartiendo sus vidas mediante. El de San Vicente de la Barquera supo encarrilarse musicalmente y demostrar que había llegado para quedarse. Eso sí, pagando algunos peajes, como los focos de la carnaza del corazón. Por suerte para él no tardó en encontrar a su princesa de cuento, una asturiana aspirante a las alfombras rojas, con escasos pinitos artísticos. Su fusión era perfecta, como su boda, que tuve ocasión de cubrir. Eran la viva imagen del amor ‘romántico’, de las portadas con saludo, del querer bien entonado, por mucho que él acudiera con una lesión. Desde entonces viralizaron su historia, aunque el verbo se accionara de verdad hace no tanto con la eclosión de las redes sociales. En ellas han compartido sus idas y venidas, en una especie de reality-show compartido, con declaraciones constantes, hashtags pastelones, fotos libres de no filtro…

Hace unos meses los rumores de ruptura y separación levantaron todas las alarmas e incontables titulares. Haciendo balance de situación, pasados los años en común, la buena gestión de la carrera de ella como reina del influir (o eso dicen) e imagen de cuantiosas marcas, voltearon las tornas en su poderío mediático. Aunque la muchacha como actriz, lo que se dice actriz, no ha destacado por méritos propios. Bueno, algunos dicen que su mejor interpretación fue en el momento justo de la polémica, cuando ejerció como carne de photocall y desplegó lágrimas de cocodrilo. Él intentó mantener la calma, aunque la presión de los paparazzi se lo pusiera difícil. La debutante celebración religiosa de su pequeña sirvió como marco de un teatro de comedia importante. En todo momento, han intentado mantener al margen a la chiquilla, aunque no han parado de subir imágenes con ella a sus cuentas en red. Como padres es lógica su actitud, aunque como pareja están resultando un tanto incoherentes. Guardar las apariencias no siempre cuela, menos con tantas filtraciones. Es su vida y ellos sabrán cómo lo manejan, pero lo triste es pensar que hay razones comerciales detrás.

Pueden acabar muy dignamente de forma pública, aunque entiendo que los canutazos cotidianos de la prensa sean un calvario. Como el episodio tan desagradable del cuestionable captador de vísceras que ha despertado los demonios del triunfito. Las imágenes de móvil, a modo de prueba, muestran el malestar y sus arranques de hartura frente a las provocaciones del susodicho. Un personaje sin escrúpulos, encantado de los focos y perfecto ‘material’ para generar contenidos a modo de chicle. Parece que la historia se alargará con acciones judiciales y la suma de dimes y diretes. Cuentan que un supuesto romance alentó el enfrentamiento y, de ser cierto, no hay nada malo en que el cantante rehaga su vida. Otra cosa es que no haya sido del todo claro, por muchos mensajes irónicos que lance en sus conciertos sobre su ‘soltería’. Llegados a este punto tendrán que decidir cómo finiquitar su historia de cara a la cosa pública, la misma que tantas satisfacciones les ha dado. Quizá sea hora de que la ¿parejita? acordara un comunicado para zanjar los chismes, sino van a tener seguimiento sin fin. O no lo damos todo por perdido y celebramos que nos vuelvan a edulcorar el Instagram. Revilla iría encantado a su reboda. Y yo a contarla, también.