El latido de la ciudad va por
horas. Sus habitantes, también. Hay quien de buena y primerísima mañana sale de
casa a poner las calles. Entre ellos se conocen. Apenas cruzan miradas. Han
asimilado cada ruido, cada rutina y ya poco rompe su esquema de días. Hoy me he
sumado a su cruzada de realidad. He saltado de la cama y, de pronto, me he
visto perdido en su universo. Absorto, imbuido del paisanaje particular, he
decidido sentarme en un banco. Solo. Cerrar los ojos y dejarme llevar por los
sonidos del despertar a un miércoles cualquiera. Subidas y bajadas de sonoridad
como estados de ánimo imperfectos han sacudido mis entrañas. Cuando recobré la
visión, algo cegado por el ejercicio de abstracción, me di cuenta de que no era
el único practicando el ejercicio zen. A mi derecha, una mujer rondando los
setenta, peinado semanal de peluquería, vestido dos piezas en flor, sandalias
cómodas y joyas de amor a cuestas practicaba la meditación mañanera. O eso
interpreté. Siempre he fantaseado con las historias ajenas. Pero la suya estaba
servida en bandeja. Sólo me faltaba llegar a su monólogo interior. Que lo
había. Entre inquieta y placentera, dejó pasar los minutos. Hasta que me di
cuenta que verbalizaba entre dientes un mantra, rezo o palabrerío sentido. Al
tiempo, acariciaba y daba vueltas a una alianza. Mucho más que un símbolo. Una
conexión con su querer lejano, pensé. Qué emoción. La suya y la mía, por asistir
a ese ritual tan auténtico. Quedan esperanzas para los descreídos de la cosa
latida. En ese momento mi vecina anónima se levantó decidida. Había marcado su
punto y seguido. Con destino ¿feliz? Sus pasos se encaminaron hacia el hospital
que se levantaba a escasos metros. Sería su miedo, sería su talismán, pero era
ella la protagonista de su propia historia. A su Salud lo comparto. Ojalá haya
recibido buenas noticias.
miércoles, agosto 06, 2014
jueves, julio 31, 2014
Tanto
Hay muchas formas de terapia,
pero perderme y encontrarme entre letras es mi salvación. No son sólo palabras,
son retazos de verdad. Ejercicios no verbalizados que cobran alas en forma de
teclas. Contengo demasiado, silencio por prudencia, pero intento aquí mostrarme
sin ninguna doblez. Desprotegido, quizá. Atrevido, a veces. Inquieto, siempre.
Mi esencia me pasa factura, pero seguiré en el esfuerzo de ser más fuerte.
Podría contar mil historias, expresar tantas dudas, quejarme sin remedio,
denunciar absurdos y surrealismos pero me gustaría limitar todo ese torrente y
canalizarlo hacia la creación. Porque no pretendo caer en el drama, exhibirme
en modo doliente. Pero sí construir, aprender y entenderme. Es la única manera
de afrontar el horizonte con valentía y arrestos. No puedo permitirme divagar
en terrenos en los que otros se recrean. Ni ser víctima de sus torticerías. De
mi depende el trascender todo eso y caminar sin mochila molesta. Puede que mis
metáforas y juegos de palabras se queden vacíos, incluso planos, pero mientras
me sirvan de válvula de escape bienvenidos sean. Me queda tanto por decir que
es momento de poner el punto y seguido.
viernes, julio 18, 2014
Adiós, monstruo
Una lágrima marcó su fin. Densa,
resumen de tanto dolor. La despedida resultó tan inesperada como el impulso
amoroso que conectó aquellos polos opuestos. Ella se había convertido en una
descreída de las relaciones. Cansada de promesas, buenas palabras y ejercicios
inauditos de don juanes de pacotilla. Él supuso una bocanada de aire fresco,
con su altanería y esa sonrisa de encantador de serpientes. Enseguida supo
entretejer cada latido de arrastrada enamorada. Y llegado ese punto desplegó
todas sus argucias de malo sin película. La primera bofetada consintió en
anécdota. No tardaría en acostumbrarse a los golpes y los insultos. Revulsivos
dolorosos en ausencia de te quieros. Su corazón se deshacía por momentos, pero
era incapaz de huir. Se temía, ya no podía respirar sin sus bocanadas violentas.
Callaba, obedecía y él machacaba su verdad. Se aprovechaba de esa dependencia
nefasta. Eran dos caras de distinta moneda, ahogados en una suma imperfecta.
Perdió toda su esencia, se desdibujó por obra y desgracia de su monstruo. Los
pocos momentos que fantaseaba con otra vida, un amor sin denuncias, un felices
para siempre, el contexto tornaba en infierno.
Era un día cualquiera, como todos para su martirio. Enlutada a sus treinta y pocos, confinada en los escasos metros cuadrados de su cocina. Su dueño llegó, siguiendo el guión de cada día, con unas copas de más y unas formas de menos. La empotró contra la pared y forzó el piel con piel. No tardaría en finiquitar su salvaje clímax. El hambre carnal despertó la fobia de ella. Hastiada de ser su juguete roto, desprendida de cualquier placer. Una vez servida su otra comida, emplatada a su gusto, prosiguió con su ritual de insufrible hombre de la casa. Una siesta separaba por un tiempo sus dos realidades. Sueño y nada. Aún aterida por su voracidad sufrió una reacción mecánica. Abrió un cajón, sacó un cuchillo y corrió hacia él. Una tras otra, cada puñalada era una respuesta, una deuda emocional pendiente. Como un cerdo, lo que era, él reaccionó entre sacudidas hasta que anuló la vida de quien hizo lo propio con ella. La sangre corría a su antojo a lo largo del sofá en el que estaba sentado. Pero en estado de shock se limitó a lavarse las manos en el fregadero, buscar una bolsa de la compra y envolver el arma blanca. Salió de casa con lo puesto. Lo tiró en la basura y fue a entregarse. De camino lloró, fue en ese preciso momento. Un fin que llegó demasiado lejos. Demasiado tarde.
Era un día cualquiera, como todos para su martirio. Enlutada a sus treinta y pocos, confinada en los escasos metros cuadrados de su cocina. Su dueño llegó, siguiendo el guión de cada día, con unas copas de más y unas formas de menos. La empotró contra la pared y forzó el piel con piel. No tardaría en finiquitar su salvaje clímax. El hambre carnal despertó la fobia de ella. Hastiada de ser su juguete roto, desprendida de cualquier placer. Una vez servida su otra comida, emplatada a su gusto, prosiguió con su ritual de insufrible hombre de la casa. Una siesta separaba por un tiempo sus dos realidades. Sueño y nada. Aún aterida por su voracidad sufrió una reacción mecánica. Abrió un cajón, sacó un cuchillo y corrió hacia él. Una tras otra, cada puñalada era una respuesta, una deuda emocional pendiente. Como un cerdo, lo que era, él reaccionó entre sacudidas hasta que anuló la vida de quien hizo lo propio con ella. La sangre corría a su antojo a lo largo del sofá en el que estaba sentado. Pero en estado de shock se limitó a lavarse las manos en el fregadero, buscar una bolsa de la compra y envolver el arma blanca. Salió de casa con lo puesto. Lo tiró en la basura y fue a entregarse. De camino lloró, fue en ese preciso momento. Un fin que llegó demasiado lejos. Demasiado tarde.
/// 016 Teléfono de atención a las Víctimas de Violencia Género ///
lunes, julio 07, 2014
Mi episodio 3.1
La mejor versión de uno mismo.
¿Un objetivo? O mucho más que eso. El tiempo nos recoloca y obliga a hacer
balance(s). Más cuando el calendario impone soplar velas, acumular recuerdos y
peinar canas de más. Durante 24 horas focalizas cariño, cercanía y buenas
palabras. Y te das cuenta de que la fortuna se puede medir en algo más que
números. Por suerte, siempre me he sentido muy querido y bien acompañado en
esta aventura que es vivir. Pero ilusiona que tu gente, como concepto abstracto
y peculiar, te dedique un tiempo de calidad, sea en el medio de expresión que
sea. Porque así entiendes que algo habrás hecho bien en estas décadas que ya se
van alargando. Porque no pierdes la emoción espontánea de abrir un regalo, de compartir
una mirada cómplice. Siempre subestimé el peso de la cifra impresa en DNI. Pero
es sumar y sentir su efecto. Seguramente porque las circunstancias no hayan
jugado a mi favor, como ocurre casi en general. No estoy donde pensaba, pero
tampoco me arrepiento de mi tránsito. Es más, algo me dice que todo puede
cobrar un nuevo rumbo. Que si me escucho de una santa vez, que si actúo con
honestidad con mi yo profundo, todo encajará. Son sólo sensaciones, tan necesarias
para afrontar los días. Enarbolando la lucha y la verdad como valores
personales, considero que en este episodio por escribir los párrafos serán tan
oportunos como auténticos. Y para mí, lo más importante será el saberme
respaldado por una familia única, el mejor ejemplo. Con unos padres que
demuestran su espíritu intachable. Supervivientes natos y buenísimas personas.
Unos hermanos siempre cómplices y con gran un futuro. Y mi otro núcleo
familiar, el de mi gente, amistades históricas, nuevas incorporaciones,
hermanas casi de sangre, equipos de trabajo que se convirtieron de vida.
Gracias a todas y todos soy. Tres letras que debo y agradezco hasta infinito.
Prometo seguir conjugando, sintiendo y entregándome.
/// fotografía Borja Uría ///
sábado, junio 28, 2014
Orgullosamente
Estaríamos perdidos si el sentir
fuera programado por ordenador. Nos llevaríamos las manos a la cabeza, víctimas
de la invasión tecnológica, dueña de nuestros latidos. Lo espontáneo mutado a
código binario. Pero por muy insólito, impensable o inalcanzable hay quien
aplaudiría tal insensatez. De hecho, lo han intentado históricamente negando,
condenando y rechazando la libertad emocional de muchos. Es triste que a estas
alturas queden mentes tan obtusas que no entienden de respeto. Y sí, me centro
en la celebración de los derechos de gays, lesbianas, bisexuales y
transexuales. De las personas que aman diferente. Con orgullo, con pasión, con
libertad. Palabras huecas para los moralistas y antiguos, incapaces de
esforzarse en tolerar. ¿Acaso va alguien a atacar su estructura de vida? No,
pues que no hagan ese ejercicio cercenador con el resto. Los años me llenan de
argumentos para pensar que todos esos neandertales no son más que víctimas.
Encerrados en sus mundos opresores. Limitados por miedo a ser ellos mismos. No
podemos permitirnos más silencios, ocultar nuestros besos, esas caricias
impulsivas o las miradas de deseo. Así se da alas a los tristes de espíritu y
sumamos peso a su impertinente negación. Desde mis primeros pasos de
reafirmación personal, encuentros con luchadores adalides de la visibilidad,
juergas iniciáticas, amores equivocados... mucho hemos avanzado. Lo sé. Tenemos
una ley de matrimonio y hay muchas conquistas (necesidades) en cuestiones de
salud si hablamos de VIH o disforia de género. Pero queda mucho camino por
recorrer. Aquí y mucho más fuera de nuestras fronteras. Incluso más allá de
Chueca y su arcoiris al viento. Un prestigioso psicólogo/sexólogo me decía hace
unos días que ya no encuentra testimonios desgarradores de identidad como hace
unos años. Sí de condena, de efectos secundarios por el rechazo frontal en
familias o entornos propios o de la pareja. Imposibilitando así quereres
auténticos, por la bajeza emocional de esos ¿seres? ¿queridos? No podemos
permitirnos rebajar libertades, depositar en manos ajenas nuestra verdad.
Violencia, insulto son manifestaciones de su incapacidad. Basta ya de hacernos
pequeños. Queremos, somos y estamos orgullosos. Y si a ti no te gusta habla con
tu mano o con tu armario.
sábado, junio 21, 2014
Recuerdos
La memoria de la piel y las
entrañas sobrecoge. Lo sentí el otro día al volver fortuitamente a los muros del
colegio que me vio crecer. Al contexto donde empecé a escribir mi guión. Fue
curiosa la sensación de nostalgia, angustia y emoción en miscelánea. Fotogramas
de unos días felices (y no tanto) se agolparon en segundos, viéndome desde la
distancia del paso del tiempo. Recordando las risas del patio, los nervios de
exámenes, los amores sin besar, las conversaciones de mayores, los bocadillos
rebosantes, los profesores emblema... No sé qué le diría a aquel niño que fui. Me
quedaría callado, observando sus movimientos, siempre locuaz y dicharachero. Seguramente
envidiaría su ingenuidad, sus ganas de comerse el mundo, su espíritu inquieto.
Parte de él está, se resiste a abandonarme. Pero muchas otras volaron por lo
destructivo de la realidad. Curiosamente poco después me encontré con un par de
compañeros, ya hombres. Se hace raro asimilar ese cambio, es como si un
experimento científico haya agrandado de golpe a uno de tus cómplices. Sin
acabar de verlo como lo que es hoy, remitiendo aún a lo que era. Y no pude
evitar sentir una desconexión total, una barrera que la vida ha levantado.
Quien compartió contigo tanto, de pronto muta a perfecto desconocido. Y sí,
juegas al bienquedismo, a las frases hechas, a programar un reencuentro que
sabes nunca llega. Porque, ¿tiene sentido? ¿Hay que forzar algo sólo llevado
por los recuerdos? Si algo echo de menos de mi yo es la sensación de caminar
sin mochila. Obviar los problemas, sobreponerse a todo. Mi intensidad me impide
hoy vivir como el propio verbo define. Y me da mucha rabia. Por eso me removió
tanto el contemplar mi pasado pisado, regresar por unos instantes a vestir
uniforme, a rezar por las mañanas y subir aquella cuesta que me dirigía hacia
mi futuro. Es lo paradójico de todo, que el tiempo es una ceremonia de la
confusión constante. ¿Lograré encontrarme?
lunes, junio 09, 2014
Lady Pestaña
Sus pestañeos delataban sus
emociones. Era incapaz de ocultar sus pasiones a golpe de miradas intensas.
Cada revolución hormonal, cada instinto pseudoamoroso se manifestaba a golpe de
pestaña. Tal cual. Ella decía que era incapaz de controlar ese contoneo
frenético, de presentarse cual ninfa ansiosa de placer. Lo intentaba
aplicándose una máscara para tal apéndice que ni cemento armado. Pero ni con
esas. Cada vez que veía a un objeto de latidos incontrolados su motor
ojiplático se accionaba compulsivamente. Lo curioso es que ocurría a cada poco.
Pues se decía enamoradiza. Pasear por la ciudad se convertía en un ejercicio
vertiginoso. Una suma imposible de improvisados quereres. Qué sería de la piel
entregada a tanta efusividad. Un día cualquiera, en un lugar cualquiera,
pensando cualquier cosa se cruzó con un chico que resultó hipnótico. Nadie
hasta entonces había logrado paralizar su pestañeo voraz. Él sí. No dudó un
instante en acercarse para desentramar tan enigmático misterio. Tocó su hombro
y sintió una electrizante cercanía. Lo que empezó en una conversación
espontánea, a pie de calle, se convirtió en un amor vibrante. Predestinados,
felices y completos. Como sus pestañas, en su sitio, cómplices de la historia.
No querían perderse ni un solo detalle, por eso desde entonces permanecen
erguidas, inmóviles. Sin más coreografía que el compás de la vida. El amor es
eso, un golpe duro en la línea de flotación de nuestra realidad. Una condena de
plenitud, un estímulo que cuestiona todo nuestro yo. Lo demás son
entretenimientos vacíos, ejercicios de deshonestidad con nuestras tripas. Ni la
ansiedad ni el conformismo conectan con la estructura auténtica del
enamoramiento. Las pestañas necesitaron mucho tiempo para comprenderlo. Y por
más que se agitaban, sólo cuando hubo de pasar pasó.
martes, junio 03, 2014
Siempre tacón
La actualidad marca realeza. Y me
salto el protocolo para hablar de ellas, divas irredentes y genuinas en su
especie underground. Las travestis, dragqueens y diosas del glitter en general,
protagonistas absolutas de ¡Que trabaje Rita!, la fiesta del momento en Madrid.
Sus surrealismos de lentejuela y sombras imposibles suman momentos impagables,
de buen rollo y personalidad. Precisamente son líderes en eso, en reivindicarse
y hacer visibles, desoyendo críticas y esquivando las miradas de los neandertales.
Los mismos que siguen violentando y atacando el ejercicio de vivir de los que
se escapan de sus cortas miras. Tremendo seguir derribando tantos muros y
soportando intolerancias por sentir. Desde lo alto de sus tacones todo parece
de color arcoiris, pero no lo es. Y nunca me cansaré de defender el derecho a
ser uno mismo. Eso sí, me quedaré con esa capacidad de reinvención, un espíritu
tan singular como hilarante. Cada domingo que me he sumergido en su cosmos ha
resultado peculiar, intenso y divertido. Ahí no podían faltar Alaska y Mario,
adalides de la movida 2.0, entregados a la noche. Cercanos y profesionales de
la cosa celebrity, posando con sonrisas y compartiendo risotadas con toda la
concurrencia festera. Derroche flúor, focazos y una perfecta vajilla de platos
DJ anima a cualquiera. El ánimo crece a medida que las miradas se pierden y la
belleza se encuentra. Y mucho. Luego es cosa de canciones de estribillo
pegadizo, copas que se evaporan y risas que marcan nostalgias. Como descubrir a
las Azúcar Peluca Moreno, no sin mi laca... más travestis que toda la población
travesti en sí misma. Sin olvidar el momento foto recuerdo, el freakismo
compartido con rostros que se hacen clásicos. Desde Cindys Lauper de
extrarradio a pequeños grandes hombres saltarines o aparcacoches venidos de un
hotel dos estrellas de la Costa del Sol. No importa quién seas sino lo que
representas: libertad. Rita trabaja por todos que nosotros seguimos de fiesta...
jueves, mayo 15, 2014
¿Fe?
No es fácil conservar tal cosa.
En cualquiera de sus sentidos posibles. Más divinos o terrenales. Más
abstractos o personales. El caso es que hace mucho que no gasto de tal cosa.
Justo desde el momento en que entendí que la realidad era del todo menos justa.
No es un recurso a la pataleta, pero sí una sensación de mala suerte la que se
apodera de mi. Total, que no veo brotes verdes, mientras tanto absurdo se frota
las manos. Hoy me deseaban felicidad y me parecía insólito. Claro que quiero
ser feliz, me encantaría. Sueño con ello. Pero parece que las circunstancias se
han puesto en fila para torpedearme lo más posible. No quiero despertar una
inquietud concreta, es más bien un todo que me hace no ser mi mejor versión. Y
eso me duele. Por no decir/escribir algo más rotundo y zafio. La propia vida
perra me ha dado muchas lecciones, puede que pensarme menos sea una de ellas.
Pero cuesta, más contemplando tanta ineptitud, tanta limitación ajena. Que
tristemente tiene efectos colaterales y arrastra a los demás sin remedio. Estar
quejoso me da pereza, la verdad, pero es que tengo que desahogarme aunque en
este ejercicio de decir sin decir nada. Cada día me convierto en un ermitaño
imposible, decadente incluso. Víctima de tanto y tantos. Me da miedo que este
estado de las cosas se enquiste. No lo merezco. Creo que he demostrado mi valía,
mi entrega profesional y personal, mi capacidad de superación... Parece que
nada es suficiente. Quizá mi momento pasó y no supe digerirlo. Puede que ahora
me limite a dar bandazos en una búsqueda fútil. Me hago mil preguntas y me
atormento con el silencio. Así que fe, cero.
domingo, mayo 04, 2014
A ti, mamá
Sé que un montón de palabras es
insuficiente. Que el calendario no marca mis sentimientos. Ni tampoco las
campañas de los grandes almacenes. Lo nuestro es diferente. Es real. Una
conexión única. Supongo que desde tu interior nos esforzamos por conocernos y
querernos. Y vaya si lo hicimos. Tanto que no concibo mi vida sin ti. Sería
como si mi mundo se fuera a negro. Porque tú me das ese aliento que tanto
necesito. Porque tus palabras son mucho más que sabias. Cada mirada me hace
mejor, me alimenta. Y es algo que desde la distancia aprecio más, evidentemente.
Te tengo al otro lado del teléfono, pero me resulta poco. Porque no me canso de
ti. De tus sonrisas espontáneas. De tu honestidad. De tu generosidad infinita.
De tu carácter afable. No sé si habré heredado algo de ti o si podré continuar
tu perfecto legado. Lo que tengo claro es que mis días a tu lado han sido
inmensos. Como una campeona te sobrepones a la adversidad. Te duele el dolor de
los demás y callas el tuyo. Así eres. No duermes preocupada por tu gente
querida. Dando vueltas siempre a las circunstancias, intentando facilitarnos la
realidad. Podrán intentar atacarte y respondes como un ser humano intachable.
Lo has demostrado siempre, entregada a los tuyos. Así lo hiciste por nosotros,
por mi el primero. Abandonando tu realización profesional por darme un mundo de
posibilidades. Siempre será el mejor regalo, porque no olvidaré mi infancia a
tu lado. Tu ayuda constante, tu tesón de madre.
Darte las gracias me resulta tan simple. Te mereces mucho más. Esa felicidad que siempre has perseguido y que espero algún día entre todos podamos devolverte. Has apoyado mis locuras, mis pasiones y siempre has mostrado una fe ciega en este hijo que ahora te escribe. Siento no poder acompañarte en el día a día, pero sé que entiendes que mi búsqueda vital ahora no está en casa. Y no es capricho. Porque desayunar cada mañana a tu lado no tiene precio. Aunque me eches café de más. No importa. Nada importa si sale de ti, porque sé que responde a tu mejor voluntad. Cada esfuerzo, cada ejemplo. Somos muy afortunados quienes te tenemos, porque nos das cada día lecciones de lo cotidiano. Incluso he heredado de ti esa tontería de guardar la ropa nueva para ocasiones especiales. Y como es una manía tan tuya no pienso perderla. Me encantaría decirte todo esto mirándote a los ojos, viendo cómo las lágrimas recorren tu rostro. Emocionados porque somos así de sentimentales. Así me hiciste. Por siempre jamás. Mamá sólo quiero que estés orgullosa de mi. Valoro tanto que nunca hayas presumido ni alardeado de nada. Natural, auténtica, sentida, elegante. Lamento que mi vida te asustara. Que tuvieras que temer perderme. No me lo perdonaré nunca. Pero el destino no podía separarnos. Ni lo hará. Seguro. Te quiero, mamá.
Darte las gracias me resulta tan simple. Te mereces mucho más. Esa felicidad que siempre has perseguido y que espero algún día entre todos podamos devolverte. Has apoyado mis locuras, mis pasiones y siempre has mostrado una fe ciega en este hijo que ahora te escribe. Siento no poder acompañarte en el día a día, pero sé que entiendes que mi búsqueda vital ahora no está en casa. Y no es capricho. Porque desayunar cada mañana a tu lado no tiene precio. Aunque me eches café de más. No importa. Nada importa si sale de ti, porque sé que responde a tu mejor voluntad. Cada esfuerzo, cada ejemplo. Somos muy afortunados quienes te tenemos, porque nos das cada día lecciones de lo cotidiano. Incluso he heredado de ti esa tontería de guardar la ropa nueva para ocasiones especiales. Y como es una manía tan tuya no pienso perderla. Me encantaría decirte todo esto mirándote a los ojos, viendo cómo las lágrimas recorren tu rostro. Emocionados porque somos así de sentimentales. Así me hiciste. Por siempre jamás. Mamá sólo quiero que estés orgullosa de mi. Valoro tanto que nunca hayas presumido ni alardeado de nada. Natural, auténtica, sentida, elegante. Lamento que mi vida te asustara. Que tuvieras que temer perderme. No me lo perdonaré nunca. Pero el destino no podía separarnos. Ni lo hará. Seguro. Te quiero, mamá.
domingo, abril 13, 2014
La llamada
No es una. Son muchas. A cada
cual más definitiva. Esperamos con ansiedad, o todo lo contrario, que el teléfono
suene, vibre o nos anuncie ceremonialmente ese momento, esas palabras, ese
deseo, ese hecho, ese drama, ese te quiero... Si a todos nos preguntan
podríamos quedarnos con una para el recuerdo. Por suponer ese antes y después
necesario. Por romper en dos nuestra realidad. Por callar nuestro mundo
interior. La tecnología nos ha convertido en esclavos de su poder infinito. La
mala cobertura, en víctimas peripatéticas. Lo que me inquieta es pensar la
importancia que le damos a un telefonazo, cuando otro puede hundirnos sin
remedio. Estos días, envuelto en mi suma surreal de contextos, angustiado por
tonterías de lo cotidiano, recibí una llamada. No era la esperada. Ni de quien
me hubiera gustado y levantado el suelo a mis pies. No. Era de alguien querido
que me anunciaba una muerte. Un adiós sin preguntas. No se trataba de un
familiar directo, pero sí de uno de esos secundarios que están en nuestra vida
por algo. Con pocas líneas de diálogo, pero con tantas miradas de complicidad.
Justo entonces, al conocer la noticia de su marcha, entendí que soy un ser
absurdo. Que pierdo tantas energías, que me consumo por mis circunstancias y
personajos protagónicos, que no puedo permitirme restarme. No cuando lo importante
es hacer de la vida un ejercicio sano, transparente y enriquecedor. Lo demás
son capas grises y ridículas que nos anexionamos para mal. Así que he pensado
que podrá sonar el teléfono. Podrán apilarse mensajes instantáneos. Podrán hacer
del chat una barra libre. Podrá acabarse la batería. Pero mi auténtica llamada
ya ha tenido respuesta.
lunes, marzo 31, 2014
De nuevo
El tiempo nos acciona a su
antojo. Hoy lo pude comprobar. Sus casualidades han querido que acabe volviendo
a un lugar que supuso todo y nada. Un inicio y un final abrupto. He mirado al
cielo y he entendido que nada es fortuito. Que si entonces mi historia tuvo un
punto y aparte, ahora es momento de iniciar un nuevo párrafo. Mi historia así
lo requiere, después de un cúmulo surrealista que tampoco me apetece convertir
en palabras. Sí mi total intención de hacer de mi apuesta personal un cambio
más radical. La respuesta a una necesidad dormida. Puede que sea madurez o
necesidad, pero el momento me tiene reconfigurado. Bastante desconectado,
asimilando el desafío. No quiero ir más a remolque, deposito las dependencias
en el cajón de lo olvidable y miro ligero de equipaje. Sin esperas, con actitud.
Entonces caminaba con pasión. Hoy lo hago con desconfianza. Pero con la osadía
de no querer dejar nunca de aprender. Quisiera seguir y seguir volcando todo lo
que se me pasa por la cabeza, pero el cansancio me vence. ¡Buena señal!
miércoles, marzo 19, 2014
Papá
Puede que se lo diga poco.
Incluso que me cueste. Pero con él nunca he necesitado muchas palabras. Nos
separan tantas cosas, pero la piel justifica el resto. Supongo que no respondo
al canon de hijo perfecto, pero quién dijo que la perfección tuviera sentido.
Recuerdo momentos desde mi niñez juntos, que ahora me resultan insólitos.
Acompañándole en su afición futbolera, que en mi caso se convertía en momento
de relaciones públicas. Su risa tan particular, entre el ahogo y el escándalo.
Sus bromas, caras indescriptibles y gracietas de sello propio. La diligencia al
volante, haciendo realidad mi sueño sobre cuatro ruedas ¡un chófer! Nos soporta
mucho, pero sin perder nunca su norte. Y admiro cómo no oculta su amor a ella,
ni en los pequeños detalles. Seguramente de pequeño nunca quise ser como él.
Ahora de mayor, a ratos. Evolución lógica de la especie mediante. Pero escribo
esto solo. En medio de una aventura que no sé cómo me va a salir. Añorando esos
ratos cómplices, de cocina, de baño, de salón... Aunque sea subidos a dos en su
coche. Y pienso que el tiempo tiene muchas cosas buenas y que, una de ellas, es
aprender a no guardarse nada. Sin hacer daño, que luego ella me riñe. Pero con
la honestidad de dejar hablar al corazón. Hoy papá quiero decirte lo que resume
todo, que te quiero. Que aunque reniegue si alguien me dice que me parezco más
a ti, en el fondo me enorgullece. Porque eres especial para quienes estamos en
tu vida. Y a eso es a lo que yo aspiro. A ser especial. No sé si padre. Pero sí
hijo tuyo. Que tuvo claro quién fue su padre, de apodo astro del fútbol, o mote
pseudochino. Lo importante es que nunca has renunciado a tu esencia: elegante,
caballeroso, generoso, divertido. No cambies nunca. Te Quiero.
lunes, marzo 03, 2014
¡Hola Ola!
Con distancia e incredulidad
asisto a la ceremonia del mal tiempo que asola mi casa, mi tierra, mis
rincones. El fin del mundo pasado por agua. Con esas olas majestuosas que
esconden una ferocidad brutal. Asustan por impredecibles. O todo lo contrario.
No es la primera vez que nos azota con tanta fuerza, pero cada ocasión en que
nos asola sorprende. Me produce auténtico pavor, imaginar un mundo derrotado
por los mares. Con toda la carga que eso conlleva. No entiendo a toda esa gente
que, envalentonada, se presenta frente al temporal y juega al gato y el ratón.
Salen mojados, arrastrados, cuando no peor. Yo no me jugaría el tipo de ese
modo. Es más, agradezco no estar ahí para evitar sufrir esos envites del
viento, esas caladuras indiscriminadas. Es curioso cómo hay fenómenos que
resultan tan poderosos que nos arruinan. Literalmente. La suma de daños de
estas ciclogénesis explosivas crece por momentos. Y lo tremendo es pensar que
la meteorología, la atmósfera, los elementos, llámalo como quieras, es/son
capaz/ces de dominarnos y dar al traste con nuestro día. Se nos escapa la vida
en un instante y no lo procesamos. Eso sí, lo retratamos con profusión. Me
cuentan que hay zonas de Cantabria con atascos monumentales por animados
visionarios. Ni en verano con una tasa infinita de ocupación hotelera. Vienen
las olas, amigos, y salimos. Vaya, si salimos. Los vídeos se convierten en
virales. Temporal, en trending topic. La anécdota se propaga cual humo de móvil
en móvil. Perfecto. Algo así inquieta, a la vez que despierta curiosidad. Pero
con las cosas buenas, ¿por qué no ocurre lo mismo? Mira que nos cuesta
vendernos, apoyar iniciativas, comentar en positivo. Tenemos unos bemoles enormes.
Y unas olas ídem.
lunes, febrero 17, 2014
Amor sin santo
No necesitamos ser esclavos del
calendario. Mucho menos en cuestión de sentimientos, porque perderían toda su
esencia. Hay quien encuentra negocio en impregnar de corazones nuestra realidad
y aspira a imponer su fetichismo de latidos previo pago. Es una tontería
supina, porque el querer no se estanca, se desarrolla cual ser vivo. Para bien
o para mal. Igual que los seres vivos. Y como sabemos, tantos se han ido por el
lado del mal... El caso es que defiendo la valentía del amor continuo. Sin
dobleces. De verdad. Nada que ver con el producto de una comodidad mal
entendida y una relación cogida con pinzas. No. Aplaudo las parejas que apuestan
a la inversa, sin ambages. Que no silencian los problemas, es más los ponen
sobre la mesa y son capaces de argumentar, debatir y encontrar salidas
oportunas. Me asquea el dejarse llevar por la circunstancia y el roce en suma,
sin mediar palabras honestas. Porque esa es la clave. Cada cual sabrá cómo se
gestiona en cuestiones horizontales, pero falsear planteamientos de amoríos por
cubrir un expediente resulta patético. Siempre digo lo mismo, pero hay quien se
empeña en cubrir ese hueco, papel, rol de enamorado con quien sea. Con prisas.
Ansiedad y cero criterio. Así no se construye nada, muchachada. Ese tipo de
persona suele tener disfunciones varias (esto se escribe habiendo pasado por) y
una suma de miedos que impide naturalizar el proceso amoroso. Se vuelcan (o
casi) en historias que no aportan más que vacíos y conviven con su necesidad
real. Caen en defender lo indefendible, convertir en buenismos los típicos
rancismos y así sucesivamente.
Mucha gente que aún no ha llegado a enamorarse
se pregunta qué se siente. Justo lo contrario a estas pseudo pasiones. El
estómago da ese vuelco. Sí. Lo da. No habrá mariposas, pero algo dentro de ti
indica quién es. Así, a las claras. Que luego pegues la vuelta es otro tema.
Las entrañas no mienten, nuestra psicología inversa sí. Y en estas la soledad
por deconstruir es básica para acceder después al mundo duado. Cada cual debe
entenderse, soportarse y, lo más importante, quererse. Sin eso no hay opción
para acabar arrejuntado y buscando nidito de dos. Mi nulidad sentimental me ha
pesado mucho en el tiempo, pero he llegado al punto de disfrutar de mi yo. Y punto.
Ni pienso en esforzarme por, ni aspiro a tener nada con. Es más, me da una
pereza horrorosa. Como María José Cantudo, igual. Más cuando sales a las calles
y te encuentras con fast food love. O ligoteo low cost. Hordas de desesperación
se entregan al trago más frenético. Embutidas presas se alborozan cuando los
cazadores disparan. Se me entiende. Que es un rollo macabeo y se necesita a un
ejército de CSI para localizar a ejemplares ajenos al embrutecimiento y lo
chabacano. Su suma de muescas triunfales supera en número a los que reparten
cada día en la cola de la charcutería. Nada fina. Y uno tiene sus límites. Por
eso me reía el otro día del San amoroso, que debería mutar de Valentín a
Calentín por mímesis con los tiempos que corren. Lógicamente, también en
reflexivo. De momento, mi única reflexión es esta. Con amor. Mi amor.
miércoles, febrero 05, 2014
Vuestro
Es de bien nacido ser agradecido.
Y ha llegado el momento de rendirme y mostrar mi total admiración y gratitud.
Sin ellas, ni yo ni nadie seríamos lo que somos. Porque su suma nos ha
permitido hacer del viaje de la vida un ejercicio único. No importa su tamaño,
sí su carácter y el tono. Se delatan a sí mismas. Y se pegan, unas a otras,
culebreando. Cada usuario se apropia de su inmensidad, acentuando su verdad y
jugando con su riqueza infinita. Se regalan y tantas veces se desperdician,
pero siempre alcanzan un significado. Analizarlas puede ser tan sesudo como
divertido. Muchas veces complican la existencia, poniéndose capas para
redefinirse. Me conquistaron de pequeño, desde mi inconsciencia. Y, algunas
veces, sufrí mi incapacidad total para verbalizar su esencia. Recuerdo las
bromas que me hacían por atreverme a ser mayor, salpicando mi discurso de loco
bajito con algunas piezas robadas a la madurez. Por aquella época, me rodeaba
tanto de mayores que asimilaba deprisa y corriendo multitud de ejemplares sin
saber, ni mucho menos, qué escondían. Porque suelen ser burlonas y travestidas.
Otras extranjeras, dudo que con papeles, vinieron para quedarse. Eso sí, la
gente se apropia de su valor de mala manera, dando pie a la risión de los más
exquisitos.
Algunas consiguen muchos premios, gracias al talento de unos cuantos hábiles en su deporte. Otras tienen mala prensa y se procura alejarlas de los más pequeños. Pero, no nos engañemos, tarde o temprano se rendirán a ellas, incluso a las peor vistas. Se pueden formular de tantas maneras que las nuevas tecnologías consiguen ponerlas en peligro. De pronto, se acortan y quedan en nada, víctimas del trastorno vago de quienes las necesitan. Son de amor. Y de dolor. Hasta un compromiso que no necesita firma. Son tantas, que resulta imposible conocerlas a todas. No habría contactos suficientes en el móvil, ni permisos de amistad en el caralibro. Se manifiestan por las calles, aunque Delegación de Gobierno no conoce mecanismo para contabilizarlas adecuadamente. Hay quien intenta callarlas, borrarlas o someterlas pero su poder acaba ganando en aliados. Lo mismo están en la música que en el metro. En un pueblo profundo que en la gran ciudad. Me fascina su capacidad para ser tan profundas como festivas. Raramente irrepetibles, de ahí su grandeza. Ahora entendéis que necesitara hacer públicamente esta declaración. Vacío de ellas no soy nada ni nadie. Desde aquí doy las gracias a las palabras por haberme dado tanto y lo que os rondaré amigas...
Algunas consiguen muchos premios, gracias al talento de unos cuantos hábiles en su deporte. Otras tienen mala prensa y se procura alejarlas de los más pequeños. Pero, no nos engañemos, tarde o temprano se rendirán a ellas, incluso a las peor vistas. Se pueden formular de tantas maneras que las nuevas tecnologías consiguen ponerlas en peligro. De pronto, se acortan y quedan en nada, víctimas del trastorno vago de quienes las necesitan. Son de amor. Y de dolor. Hasta un compromiso que no necesita firma. Son tantas, que resulta imposible conocerlas a todas. No habría contactos suficientes en el móvil, ni permisos de amistad en el caralibro. Se manifiestan por las calles, aunque Delegación de Gobierno no conoce mecanismo para contabilizarlas adecuadamente. Hay quien intenta callarlas, borrarlas o someterlas pero su poder acaba ganando en aliados. Lo mismo están en la música que en el metro. En un pueblo profundo que en la gran ciudad. Me fascina su capacidad para ser tan profundas como festivas. Raramente irrepetibles, de ahí su grandeza. Ahora entendéis que necesitara hacer públicamente esta declaración. Vacío de ellas no soy nada ni nadie. Desde aquí doy las gracias a las palabras por haberme dado tanto y lo que os rondaré amigas...
martes, enero 28, 2014
Sentirás volar
Cuando se secan las lágrimas
pensamos que ya no hay modo de expresar el dolor. El vacío que provoca tuerce
nuestro rostro, congela el alma. Así, arrastrando la injusticia impropia de lo
que fue, se pierde toda energía interior. Es momento de dejarse atrapar por la
magia y entender que las alas vienen para quedarse. Lo pude comprobar en la
exposición Mujer Mariposa, hasta el 9 de Marzo en La Posada del Dragón
(Madrid). Escalón a escalón ascendí a un universo de sensibilidad y delicadeza
únicas. En este contexto de prisas y hastíos, conviene pararse y entender el
valor de las imágenes. Cada fotografía es un canto a la libertad bien
entendida, a la feminidad como impulso y reivindicación en positivo. Frente a
los noes y los obtusos, las artistas proponen un viaje cuasi infinito. A cada
mirada corresponde llegar a ese más allá. Las mariposas aladas no son más que
el hilo conductor de un escenario tan imaginario como dolorosamente real. El
juego de la luz inquieta como atrapa, pero a nadie dejará indiferente. La piel
allí contada traspasa y se siente próxima. Tanto que quieres acariciar su
textura y recorrer en silencio su bella dimensión. Cada objetivo muestra sin
juzgar, abrazando la esencia mística y frágil de sus protagonistas. El propio
ritual que allí se crea invita a reflexionar con la voz interior y ascender a
la verdad de quien narra la vida. La misma que se escapa entre nuestros dedos,
escurridiza y emocional. Los miedos paralizan frente a las alas majestuosas,
reafirmación perfecta del yo herido. Del mismo que tiran las cómplices
voladoras, hechas a sí mismas con la determinación de su salvación. Mis
palabras son humildes trazos de un todo que llena y acciona la necesidad de
hacer de los días un ejercicio de honestidad. Costará limpiar de toxicidad
nuestro esqueleto socio-sentimental, pero se puede y se debe. Volando,
mariposas mías, llegaremos lejos.
Pd. Mi enhorabuena especial y sentida a mi admirada CaraMela Revuelta
(autora de la imagen). Lo que ven tus ojos alimentan nuestras emociones
siempre. No cambies.
Mujer Mariposa
Mujer Mariposa
hasta el 9 de marzo 2014
La Posada del Dragón
Cava Baja, 14 (Madrid)
posadadeldragon.com
La Posada del Dragón
Cava Baja, 14 (Madrid)
posadadeldragon.com
jueves, enero 16, 2014
Me estoy quitando
Cada día somos más tecnológicos y
nos volvemos menos lógicos. Perdemos realidad a cambio de apostar la mirada en
pantallas. Hace un tiempo que me quema, y mucho, la dependencia al teléfono. El
aparato útil, que ocupaba un lugar privilegiado en nuestras casas, se ha
convertido en nuestra extensión allá donde vayamos. Un estudio revelaba estos
días que miramos una media de 150 veces nuestro móvil en el tránsito de 24
horas. Yo confieso que seguramente las supere y me preocupa. Por mucho que
quiera 'quitarme', se complica cuando muchas relaciones laborales y amistosas
se circunscriben ya sólo a través del dichoso smartphone. Se está perdiendo el
valor real de la palabra, todo va muy deprisa y prestamos cero atención a
nuestros mensajes. Los que escribimos y los que contamos. Mal camino, más para
quienes confiamos en el poder de la comunicación en positivo. Hemos cambiado
los cafés y las miradas por textos exprés ilegibles. Las quedadas en grupo por
chat colectivos de desmadre, que me levantan auténtico dolor de cabeza. Me
quitaría de todos, pero tampoco quiero parecer un raruno. Como seres sociales
no podemos renunciar a la esencia del entendernos, del sabernos cómplices y
sentir la piel. Lo demás son meros adyacentes, complementarios pero nunca
exclusivos. Ahora se hace hasta raro tener una conversación telefónica,
asimilar la entonación, el sentido y la personalidad de cada charla y/o
charlante. En la limitación telefónica se crea confusión y se pierden detalles,
muchas veces esenciales.
Lo peor de todo, a mi juicio, son los ejercicios de mala educación que cometemos por ese victimismo pantallizado. No es posible prestar más atención a lo que nos vibra que a la persona que comparte nuestro tiempo. Eso está muy feo. A nadie le gusta que le ignoren pero así, a la cara y con descaro, queda fatal. Escuchando la radio contaban muy sorprendidos que un miembro de su equipo no tenía terminal y se hacía imposible localizarlo... Fuera de su horario de trabajo no tiene que estar supeditado al control. Pero claro, parece un extraterrestre al renunciar a su movilidad. Yo no llego a fantasear con ello, porque en momentos de ausencia de mi pequeño ¿hola, qué tal? lo he pasado francamente mal. Aunque sí asumo la necesidad de rebajar esa ansiedad y cuidar las relaciones interpersonales fuera de redes sociales y whastappeos espontáneos. Me entrego, por tanto, a disfrutar de momentos y contextos que hablen por sí solos. Sin melodías ni pitidos personalizados.
¿Cuándo quedamos?
Lo peor de todo, a mi juicio, son los ejercicios de mala educación que cometemos por ese victimismo pantallizado. No es posible prestar más atención a lo que nos vibra que a la persona que comparte nuestro tiempo. Eso está muy feo. A nadie le gusta que le ignoren pero así, a la cara y con descaro, queda fatal. Escuchando la radio contaban muy sorprendidos que un miembro de su equipo no tenía terminal y se hacía imposible localizarlo... Fuera de su horario de trabajo no tiene que estar supeditado al control. Pero claro, parece un extraterrestre al renunciar a su movilidad. Yo no llego a fantasear con ello, porque en momentos de ausencia de mi pequeño ¿hola, qué tal? lo he pasado francamente mal. Aunque sí asumo la necesidad de rebajar esa ansiedad y cuidar las relaciones interpersonales fuera de redes sociales y whastappeos espontáneos. Me entrego, por tanto, a disfrutar de momentos y contextos que hablen por sí solos. Sin melodías ni pitidos personalizados.
¿Cuándo quedamos?
martes, enero 07, 2014
Encantado de conocerme
Llámalo momento. O quizá contexto. Puede que instante. Sea como sea, sumamos retales de realidad que nos hacen personas. Algunas buenas y algunas, algunas... No podemos abstraernos de la fuerza de las emociones, de los sentidos bien entendidos, del querer de latido feliz... Nos empeñamos en perder energías en tonterías varias y anulamos el verdadero motivo que nos impulsa. Tras fechas entrañables o todo lo contrario, escenificaciones impúdicas de falsedad, materialismos a golpe de tarjeta, comilonas fuera de báscula... retomamos el mundo de lo cotidiano, nuestro particular circo. En pista, bajo los focos, parecemos nuestra peor caricatura. Desdibujados por egoísmos y absurdeces enquistadas. Presos de un guión de propósitos, de esperanzas y patrañas de autocomplacencia. No quiero caer en esta trampa de miradas equivocadas, de evidencias tapadas para no afrontar la verdad. Me niego a ser bufón de cortes injustas y catetas, venidas arriba por la fuerza de la ignorancia. Quererse es sinónimo de diálogo con uno mismo, sin más doblez que el de la sábana que duerme los sueños. Las esperanzas no son suficientes sin el auténtico empeño de apostar por el yo. Dos letras y el infinito por escribir. Seré yo quien se salga de los márgenes, en caso de emergencia, insolencia o descuido. Mi autor de párrafo largo, con sintaxis juguetona y verbo del revés. Lo seré por elección, no por imposición fatal ni corriente social. Echo fuego por verme estático, imposibilitado por las circunstancias. El no ya no es tal, sino una opción más de voltear las cosas. Creyendo que los días son mi lienzo particular, daré el brochazo de mi impulsividad y estamparé mi firma. Al precio que sea. Imputados serán los desconvocados a la fiesta, los jetas vacíos de contenido. Mis sonrisas no serán su juicio, sólo mi supervivencia.
Hola, ¿qué tal año nuevo? Un placer conocerte, pero más conocerme...
jueves, enero 02, 2014
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