lunes, febrero 29, 2016

Desgobernados



Era un niño cuando veía a Jesús Gil en un jacuzzi, de lo más surrealista, rodeado de mujeres florero, cuando no presumiendo de su caballo Imperioso. Decía que era político y tenía mucho poder. Demasiado. Lo que entonces parecía una majarada, un absurdo sin sentido, hoy se ha convertido en la definición mayoritaria de la clase gobernante. La escenificación será diferente, en un plató de palmeros, dándole a una tuerca de dudoso engrase, en un sofá junto a un folclórico de la ranchera… Efectivamente, el contexto cambia, pero el fondo, denunciable e indignante, permanece. Hace tiempo concluí que la clase dirigente era de dudosa confianza. Conociendo a algunos en las distancias cortas lo pude confirmar. Salvo honrosas excepciones, qué ego, que tontería subida, qué poco contenido… ¿Y son ell@s quienes nos representan? Mal vamos. Los casos de corrupción se suceden y estoy seguro que sabemos una milésima parte del todo. No podríamos asumir el estercolero de despachos, sobres, cheques, trajes, regalos, cenas… Por no hablar de los enchufes. Si hubieran llamado al gremio de la electricidad para conectar correctamente los fusibles que tantas veces manipulan, sería la categoría profesional más económicamente activa.

Es una vergüenza, en estos momentos asistimos a un país ingobernable, donde el tira y afloja puede más que el bienestar ciudadano. No hay capacidad real de pactar, porque sus intereses están muy por encima de las gentes que cada mañana se levanta a poner las calles, se esfuerza en sacar adelante a los suyos. Ellos, cuando no tienen sueldos vitalicios, se las ingenian para ‘colocarse’ en hiperbólicos consejos de administración. Tengo claro que necesitamos unos mandamases capaces, de ahí que mi utopía sería apostar por gestores acreditados, que pasen cribas estrictas y sean avalados por su experiencia. Esa que llena los CV de verdad, no a base de humo vacío. Reconozco que tenemos gran culpa de lo que ocurre, que hemos dejado manga ancha a unos y otros. El panorama, al menos, incluye hoy partidos nuevos, pero más pronto que tarde se contagian de muchas necedades de los viejos. Somos los ciudadanos los que debemos alzar, sin dudarlo, la voz. Tomar las calles y llenar las urnas. Exigir, demandar y proponer los cambios reales, que tanto necesitamos. Lanzar, sin más, la queja al aire, no sirve de nada. Accionemos nuestra verdad, para sacar a relucir tantas mentiras que son imperdonables. Subvenciones para quienes están sufriendo, no para estos encantados de conocerse. No es justo.  

domingo, febrero 14, 2016

Amor.0



Un 14 de Febrero sin teorías del amor es como un lunes sin sueño. Y claro esto va de dueños emocionales, del quererse, entregarse y esas cosas. Un ejercicio de generosidad, que bien formulado, y con la mejor parte contratante, puede convertirse en una aventura infinita y maravillosa. No es ninguna novedad que solemos concurrir en errores, repetimos roles fatales y ansias poco afortunadas. Así es como nos arrastramos por culpa de los fracasos, de esos exes de facturas trágicas (numéricas o no). Cicatrices, arrugas y golpes, en los casos más fatídicos y por denunciar, son el lado oscuro de la suma corazonal. La misma que los grandes almacenes imploran para llenar sus arcas. Con mensajes que dan más arcadas que otra cosa. El caso que hoy me ocupa es la pérdida real de la conquista, del mirarse, del ponerse burraco en el vivo y el directo para convertir a esta cosa del conocerse en un juego virtual. De ahí lo de San ValenTinder, San ValenGrindr o cualquiera que sea la APP o portal que propicie el milagro del ah-mor. Personalmente valoro en positivo estos dispositivos, dadas las dificultades reales del mercado, pues nos hemos vuelto muy rarunos, en general, y cuesta romper hielos. Los de la copa podrán derretirse y convertirse en una piscina municipal, pero nadie mueve un dedo en tomar la iniciativa. Nos volvemos muy divas y queremos todos los focos, atenciones y chulazos sin pestañear. Reflexión apta para cualquier orientación y/o género. Así, está complicado conseguir resultados. Mucho menos una flecha de Cupido. Con este estado de la cosa, parada y sosa, el teléfono y el ordenador se convierten en el mejor vibrador emocional. Con compatibilidades en juego, reducimos a los potenciales candidatos a perfiles con posibles, entre equis o corazones. Las primeras para mandar lejos a semejante despropósito. Los segundos esperando un latido feliz, el que llega cuando se produce la explosión en línea y salta un chat para empezar a preguntar lugares comunes.

Es poco frecuente encontrar un perfecto desconocido con un mínimo de conversación, el resto reduce su diálogo a estas preguntas tipificadas como necesitado busca. Puede que entre unas aplicaciones y otras los grados varíen, pero la mayoría busca más un orgasmo que un café. Y eso, cuando te has visto todas las pelis Disney no va contigo, ¿verdad, amis? De siempre, has creído en historias escritas con mayúsculas, en esa pasión que surge con una leve caricia, en construir un futuro con jardín y muchos niños. Y te encuentras respondiendo a un nick con una frase absurda de cebo, que creerá ingeniosa. ¡Qué pereza! Una y otra vez es la misma cantinela. La gente se ha acostumbrado a este fast love y se come poco la cabeza y más otros órganos ajenos. No encajo con esta formulación. Sé que me haría muy bien compartir mi todo con esa media fruta que me espera madurándose en algún lado. Pero no estoy dispuesto a caer en protocolos que me resultan vacíos. Me alegra infinito que mucha gente querida haya encontrado así su lover. Como de otras tantas parejas, pocas, que uno ve y dice: ¡así sí! Pero yo ya tengo una edad y muchas canas como para hacer tonterías. Creo en el querer como verbo de cabecera y lo ejercito con mucha gente, guardando mi mejor versión a ese milagro andante. Siempre dije, y mantengo, que el amor el amor es lo mejor y lo peor. A ver si hoy me asaetea una maldita flecha y cambio de idea. Pero, de momento, parafraseo el tema ‘Fiesta en el Infierno’, de nuevo y genial disco de Fangoria, ‘Canciones para robots románticos’: “El amor es una construcción burguesa. Una invención medieval. Un cuento de hadas desquiciado. Nunca más, nunca más, nunca más volver a creer en una fantasía tan delirante”. Pues eso.

viernes, febrero 05, 2016

Vivo sin vivir en fin



No sé cuánto tiempo ya. Hace mucho que perdí la cuenta. No recuerdo un momento en especial. Puede que sí un quién, pero poco importa. La cuestión es que el personaje se ha apoderado de mí. Oscuro, desdibujado, plano. La peor versión se instaló como un virus veloz y aquí estoy, viviendo los días en completo vacío. Construyendo un futuro imaginario que nunca llega. Ese en el que el querer fluye y los contratos son folios llenos de ilusión. Aspiro a que mi guionista se porte y escriba un genial punto de giro. Lo necesito. Prometo que mi interpretación estará a la altura. Tanta penuria ya pesa y la cara se me va a quedar enjuta. Y ya se sabe, la cámara es el peor chivato. Si algún día quiero llenar una estaría de premios, o colocarlos bizarramente en el baño, tendré que hacer algo grande, que sorprenda a los académicos. No este pastiche absurdo, sucesión de males y surrealismos con o sin diálogo. En resumen, esta película me sienta mal, muy mal. Pero, ¿cómo me salgo de cuadro? Ay, el cuadro. Dicen que mi historia se sustenta porque es realista. Pues maldita realidad. Me apiado de quien se arrastra sin rumbo, escuchando promesas y palmaditas en la espalda. Me cuesta no sacar el respe en esas tramas, pero dice mi director que se impone la sumisión social, la tontunez mal entendida. Y que traspaso la pantalla, no te jode, esto me traspasa a mí la piel. Hasta ahora había tenido papeles menores y mi representante me prometió que este proyecto sería mi gran oportunidad. Ya me veía enfundado en un traje prestado ante un photocall, saludando a las estrellas del celuloide ibérico e improvisando discursos con todo el santoral.

No me imaginaba que esto se alargara tanto y, menos aún, que me mermara de este modo. Me levanto cada día repasando el plan de rodaje y me deprimo más. ¿Pero hacemos ficción o documental? Ahora me arrepiento de no haber dicho sí a la propuesta de esa televisión privada de chillido incorporado y mamarrachas siliconadas de más. Un caché de muchos ceros bien valía un encierro en una casa absurda con otros tantos aspirantes absurdos, dispuestos a todo con tal de no pasar jamás desapercibidos. Pero ahora que lo recuerdo, se cruzó él y me obnubiló. Era tan intenso, tan especial, que no me hubiera perdonado caer en la bajuna telebasura. Confiaba en mi talento, o eso decía. Era perfecto dando las réplicas, con una única mirada calmaba mis peores fantasmas. La perfección se definía con su nombre, apellidos y una foto suya. Sonrisa mediante. Y sí, amigos, debió ser un mal sueño, porque cuando no lo había saboreado lo suficiente se esfumó. Asumo la culpa, llevarlo a aquella fiesta llena de víboras hipermusculadas, ansiosas de famoseo, fue el principio del fin. Fue entonces, ahogado por ese fin, cuando acepté este papel. Y aquí me hallo, buscando desesperando escribir estas tres letras y sentirme liberado. Despojado de esta mierda, por mucho que me asegure presencia en el tráiler y los títulos de crédito. Os invitaré al estreno. Seguro que él no se lo pierde y me dará dos besos intensos y un abrazo inapropiado. Y volveré a derretirme, pero la mirada inyectada en sangre de su víbora de su turno me recordará que estaba mejor en este camerino, maldiciendo y escribiendo este junta palabras tan patético.

jueves, enero 21, 2016

Eurodrama en bucle



Me sobraron veinte de los treinta segundos de adelanto que RTVE hizo de los temas aspirantes a Eurovisión 2016 para resumir en Twitter mi visión catastrofista: “Una vez más, los candidatos a #Eurovisión me dejan frío. Creo que no es el mejor sistema de búsqueda de talento y apuesta por el éxito. Mal”. Defiendo las majaradas de las televisiones privadas, sus apuestas absurdas y despilfarros económicos, pues con su dinero podrán hacer y deshacer, entrando ahí el juicio crítico del espectador. Lo que no tolero es que el ente público se empeñe en torpedear una oportunidad para artistas y compositores, en pro de los caprichos de unos pocos. No es justo ni entendible. Históricamente los procesos de selección han estado cogidos con pinzas, pero en los últimos tiempos nos han tomado el pelo. Suerte han tenido de la pasión eurovisiva, que no ha matado la emisión en términos de audiencia. Eso sí, los comentarios generalizados cuestionan el pésimo criterio de los mandamases de lo público. Cuando anunciaron el sexteto de predestinados a conquistar Europa el próximo mayo nos podíamos temer algo insólito (para mal). Un pronóstico que hasta el mismísimo Rappel empijamado hubiera acertado desde Guadalix de la Sierra. Ha sido escuchar los temas y gritar un OMG desafinado. Aquí mis apuntes, en riguroso orden ‘alfapatético’.

BAREI. La abreviatura que nunca empleó Bárbara Rey, no es más que un surrealismo que bien podría pinchar su hija MariSofi. Remite a otros temas. Se queda sin personalidad. Sobre el escenario sueco se perdería totalmente y ya sabemos las consecuencias de ello, ¿verdad José María Iñigo? Queda reducida a carne de divismo chuequero y portada de Shangay.

ELECTRIC NANA. Tiene un punto fresco, muy para banda sonora de dramedia teenager, esto es perfecta para los bailes de graduación. Bien de strasses y tules, exceso de autotune que en el directo veo difícil defender. La concesión del español queda pegote. Es como una canción loser de Soraya o las Tess (quien no recuerda a la fea de este grupo, siempre oculta tras su flequillo maxi). Lo siento, nena.

MARÍA ISABEL. El nombre artístico es lo más provinciano presentado jamás a Eurovisión, otra liga diferente a la de Eurojunior, majetona. Puede que la voz sea menos sencilla que entonces, pero una se queda muerta al asumir que se trata de una candidatura oficial. A un milímetro de la verbena y las bodas de DJ fan del agua con misterio. Bonita MI, estudia y plantea un futuro real como cajera de una gran superficie. La música ya no es lo tuyo. Sorry (por incluir un anglicismo ausente en el tema).

MAVERICK. Este latineo de pacotilla dudo mucho sea aprobado por su coach, Laura Pausini. Siempre me gustó la personalidad de este muchacho, pero aquí su calidad y personalidad vocal se pierden. Es un chavalito, se merecía un temazo acorde a sus gustos, que defendiera con orgullo. Esto no es más que una canción para el hijo de Betty Missiego. ‘Cachete con cachete, pechito con pechito’. Y ya. Lo siento. Juan Magán te reapellido con Fatal. No esperéis el éxito de esto. Pronostico un mundo infeliz.

SALVADOR BELTRÁN. Desde que escuché en la radio a este cantautor me atrapó su toque, ese feeling vocal y punto canalla. Me sé de memoria temas de su último disco ‘Reflejos en mi camino’, muy recomendable. Pero esperaba más de esta canción, que cumple el objetivo de entretener, pero no se retiene. Un hit eurovisivo atrapa en la primera escucha, no te abandona como el desodorante. Y aquí Capi no ha hilado fino. Pobre Salva, se merecía más en esta oportunidad. Si es el elegido me alegraré por él, porque se merece un puesto de honor en nuestra música. El talento ha de visibilizarse, pero el Festival son palabras mayores. Mi alegría se queda a medias.  

XUSO JONES. Tiene a su favor que cae bien. Se lució en ‘Tu Cara Me Suena’ y desde entonces ha formado parte del mainstream carpetero, en gran parte por el auge de las redes sociales. Este ‘Victorius’ es un intento de ‘Heroes’, pero ya quisiera el murciano tener el dominio escénico y esa mirada arrolladora de Måns Zelmerlöw. Se nota que los autores tienen todo que ver con el suequismo. La pincelada en lengua cervantina me vuelve a sobrar, parecemos unos acomplejados si renunciamos ¿a nuestra identidad? No se trata de eso, sino de epatar con una canción majestuosa, que no es el caso. Sin duda, sería mi seleccionada por tener mejor recorrido, pero no quiero ser agogero, no sumaría muchos más puntos que el ‘ieioe’ de la triunfita predecesora.

Yo hubiera apostado por un ‘come back’ de Raphael sinfónico y afectado, entre abrazos y loas de artistazo. Con estos mimbres, Massiel seguirá brindando por el acierto de suplir a Serrat con el ‘La, La, La’. N-a-d-i-e podrá arrebatarla el título de ganadora histórica. Y mientras, seguiremos dándole al eurodrama en bucle, con gallos e Igartiburu de maestra de ‘ceremomias’. ¿Aprenderemos algún día? Señores de los despachos inviertan bien el dinero de los contribuyentes, que quieren una representación digna de su país. Ea.  

martes, enero 12, 2016

Culpables



Esta sociedad insólita se apresura en juzgar a las personas corrientes, mientras tanto los auténticos malhechores, garbanzos negros y seres deplorables campan a sus anchas. Cierto es que últimamente se ha señalado a unos cuantos, aunque no es seguro que paguen por sus desmanes de forma proporcional a lo que hubiera padecido un mindundi en sus carnes corruptas o ladronzuelas. Pero no me centraré en ese nivel de enjuiciamiento social, no, sino en lo más sencillo y hasta mundano. Hoy en día una persona con trabajo, vida estable y una sonrisa de oreja a oreja dibujada en su rostro tiene que pedir perdón. ¡Faltaría más! ¡Qué falta de todo! No se tolera la felicidad ajena, es más, se pretende que desaparezca hasta convertirse en un lastre. El rebaño impone y es una pena, porque despreciamos la riqueza del individuo para alzar un desaire colectivo. Que estamos peor que mal lo sabemos y sufrimos mucho(s), pero de ahí a culpabilizar a quienes gozan del estado de ‘normalidad’, el mismo que nos han robado unos cuantos nefastos con sus decisiones idénticamente nefastas, no. No lo puedo aprobar, lo siento.

Me da pena que esta gente con una vida ‘aceptable’ tenga que silenciar sus quejas o decirlas muy en bajito, por miedo a las reacciones iracundas de muchos intolerantes. No todas las realidades son iguales, desde luego, pero eso no implica que cada quien no tenga derecho a su pataleta, a ahogarse en su vaso de agua, a aspirar a cambios a mejor, ¿por qué no? Espero de todos la empatía, esa cualidad que suena bien y sienta mejor. Igualmente me parece tremendo el recurso a auténticos dramas, historias de superación, incluso el peor de los desenlaces para callar un momento de desahogo, odio hecho palabras o semejante. Y personalizo, no me quiero comparar con nadie, pero tampoco acepto que se me arrebate la necesidad de vomitar toda esa negatividad que tan mal me hace. Que no estaré en un hospital, al menos no en estos momentos, que tengo una familia que me apoya (gracias mis héroes cotidianos), que tengo dos manos para ser productivo y ganarme el pan, bueno de aquella manera… En fin, que quiero y necesito soltar mis lamentos, que respetaré siempre los ajenos y que aquellos que se sientan menos mal defendiendo el mutismo, que se lo apliquen y nos dejen en paz al resto. He escrito.    

jueves, diciembre 31, 2015

¡Tecleando al 2016!



En mi librería el tomo del 2015 ocupa, sinceramente, un lugar olvidable. Por eso, aspiro a teclear con fuerza en este año nuevo, dando a las personas y a las palabras su lugar. ¡Felices 366 días a estrenar! Que el libro de vuestro 2016 sea trepidante. 

miércoles, diciembre 30, 2015

Queridos Papás Majos



Este año no he debido ser muy bueno, pues no tengo lo que tanto deseo y eso sabéis me frustra mucho. Pero quería escribiros esta carta. No para pedir, sino para daros las GRACIAS. Así sin más, lo necesito. Soy un vinagre, un frustrado, un pesado siempre con mis historias, pero por mucho que me pierda, por tantas pataletas y sinsabores, nunca habéis dejado de apoyarme, entenderme, soportarme… Tenéis porrones de paciencia y un cariño infinito. Sabéis cómo hacerme sentir especial y eso que un hijo viene al mundo con un pan bajo el brazo (en mi caso un mando), no con un manual de instrucciones. Recuerdo cuando de peque vivía con tanta ansiedad estos días y la llegada de sus Majestades, los Reyes Más Majos de la Casa. Con todo un protocolo de ilusión. Recepción de catálogos de centros comerciales e inicio de lista de deseos. Visita guiada por jugueterías, con caras de asombro y onomatopeyas de megusta/meflipa/loquiero en bucle. Escritura de mi carta, cuidando la caligrafía -Rubio mediante-, fantaseando con tantas cosas. Llegaron mis hermanos  (¡Hola! Pasad, pasad) y comencé a vivir esa magia a través de sus ojos, haciéndolo más especial y manteniendo así mi esencia infantil. A día de hoy, sigo siendo ese niño que imploraba a Baltasar, por mucho que en alguna cabalgata el pobre perdiera, por momentos, todo el color y la dignidad.

Con el tiempo entendí que los regalos son mucho más que un símbolo, toda una muestra de conocer a quien envuelves esa sorpresa, un gesto de cercanía lleno de lazos y brilli-brilli. Vosotros habéis acertado siempre, dándonoslo todo, disfrutando de nuestras reacciones. Siendo un ejemplo de crianza, de educación, de generosidad, de entrega. A estas alturas, mucho dudo que la vida me ponga el reto de reproducir vuestro papel perfecto. Pero está claro que he tenido a los mejores maestros. Ahora que están de moda las community madres, que los foros se llenan de consejos, los tutoriales inundan youtube y demás, el verdadero ejemplo está en la vida sencilla, con honestidad y entrega, que vosotros habéis construido para esta familia. Sabéis que me encanta haceros rabiar, sacaros una sonrisa y compartir momentos absurdos los cinco. No me cansaría de escribir más y más palabras, de volver entre recuerdos, de capturar esos instantes que se congelan para siempre y dan latidos al corazón. No son necesarias las muestras grandilocuentes, los pastizales sin querer. Me quedo con el querer queriendo. Así lo aprendí yo. De vosotros. Gracias por ser tan majos. Os quiero.   

jueves, diciembre 24, 2015

Eses y más eses



¿Qué? ¿Quién? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué? Responde como si también hubiera un mañana y llena tus momentos de cómplices, sonrisas, besos y otras palabras geniales, de ese final... ¡Felices Noches Buenas y Días Mejores!


domingo, diciembre 13, 2015

El voto y la vida



Una semana. Es lo que resta para que el país decida qué es lo que quiere. Para finiquitar el cortejo y optar por el Don Juan del poder. El dueño perfecto para agitar la Moncloa con su estudiada imagen y las infinitas medidas de salvación. Y aquí, como en el amor, mi sensación es que mucho prometer, hasta meter… la papeleta en la urna. En este tiempo de exhibicionista ‘tienda de campaña’, los candidatos a la presidencia han querido mostrarnos lo largo que es su compromiso y el ancho de sus dignidades. Eso sí, jugando recurrentemente al y tú más, al farfullar sobre los otros, enmierdando lo ajeno y gastando energía en el ejercicio de atacar. No entiendo este modelo, pues lleva a la confusión ciudadana. Les beneficia que nos manejemos en lo superficial, en la anécdota de turno, sin ahondar en los problemas estructurales, los males que tantos sufren, las injusticias que van en el ADN patrio, así como tanto estercolero que cada cual tiene de puertas para adentro y trata de disimular echando balones fuera. O ocupando una silla con María Teresa, revisitando sus vidas a base de covers de verbena con los Supersingles. O en la casa de Bertín, entre chistes y bravuconadas machistas. ¿Es el nivel que nos merecemos de nuestra clase política?

Hemos asistido a una espectacularización inédita del contenido, como se demostró en el Debate Decisivo. El reality, tan denostado, puesto al servicio de los mensajes. El cartón piedra, de dudosa construcción, llevado al terreno electoral. Sinceramente, todos los partidos han hecho de su cliché su mejor garantía. Pero no han debido hacerlo muy bien, indecisos mediante. Se ha hablado mucho de los hipsters, en una vuelta de tuerca surrealista, con su uso en vídeos o mítines. Vienen a ser las Normas Duvales del voto, sin escote, pero con las barbas más generosas y disputadas, que sientan bien a gaviotas, rosas, 'pijitos' o revolucionarios. Echo en falta a una Olivia Pope que tomara las riendas de este sainete, elevando a un salvador con soluciones, carácter y empatía. Yo sólo espero que la gente ejerza su derecho a decidir qué España quiere, nada de olvidar la cita con la democracia y luego quejarse porque no hay un mañana. El mío quiero que sea más justo, igualitario e ilusionante. Ojalá dejemos, de una vez, tanta oscuridad y entendamos que la vida es otra cosa. 

miércoles, noviembre 25, 2015

No es AMOR



Hollywood hace mucho daño a la concepción romántica del amor, pero l@s mal@s sin película, también. Basta ya de víctimas. Querer es otra cosa.


domingo, noviembre 22, 2015

Perfectos conocidos



Los tópicos venden. Aseguran la risotada y unas cifras de taquilla históricas. Vascos, andaluces, catalanes… Y, ¿qué hay de los cántabros? De los santanderinos, para ser más exactos. Son muchos los rasgos de común denominador (STV, Santander de Toda la Vida) que nos definen, pero hay uno que me resulta perturbador. En una ciudad pequeña, con ínfulas de quiero y no puedo, tan única como acomplejada… Se repite, en exceso, el fenómeno de la memoria selectiva. Por gracia de la tontunez compartida. Aquí nos conocemos prácticamente todos, pero nos hacemos los nuevos, a ver si cuela. Lo peor es que sí lo hace, porque la otra parte contratante reproduce el modelo de despiste/olvido/gilipollez social. Y el bucle no cesa. ¿El sentido? No dar el brazo a torcer y reconocer que cualquier tiempo pasado pudo ser peor y los recuerdos en común, un tabú que más vale esconder. Porque aquí somos muy ‘maricomplejines’, demasiado de piar de los demás sin piedad y poco de ejercer la mirada propia a lo que viene ser el ombligo. Así que las calles se llenan de idas y venidas a discreción, evitando saludos, con auténticos retorcimientos ‘espontáneos’ para evitar holas mayores. 

Cierto es que se da el fenómeno contrario, el otro extremo que ‘a grito pelao’ escenifica historias en común y se llena de aspavientos. Tampoco es eso, pero desde aquí apelo a la naturalidad, a comunicarnos sin dobleces y a defender la memoria histórica que nos define. Porque, queramos o no, somos producto de la suma de momentos pasado/pisados y las personas que los dieron vida. Santander tiene un potencial enorme y se queda ahí, estancada, porque somos cómplices de un modelo de ciudad dormida. Tenemos que agitarnos, reconocernos y defender lo nuestro sin pudor. Lo ajeno lo elevamos a los altares, lo nuestro lo cuestionamos sin remedio. Así es como nos limitamos y quedamos siempre en una zona de confort que pasea de El Sardinero a Castelar, sin representar a los vecinos de verdad, los que cada día ponen las calles y no se les caen los anillos heredados. Nos hemos conformado con vender ese señorío de pijismo recalcitrante cuando, en suma, somos otra cosa. No llegaremos a socios de un club de raqueta y postín, donde intuyo tampoco todos se saludan o si lo hacen es con hipocresía del postureo. Comemos algo más que patata cocida, pero nos callamos nuestro sentir santanderino, nuestra verdad, y así nos va. Hola fulanito, ¿qué tal? ¡Cuánto tiempo! ¡Estás igual...!

Ilustración | Jordi Labanda

domingo, noviembre 15, 2015

No



No tengo palabras. No entiendo este odio. No son humanos. No podemos vivir en el miedo. No hay un fanatismo bueno. No puede ser verdad... Tantos noes lloran de amargura.


lunes, noviembre 02, 2015

Amores perdidos



La realidad y la ficción se dan la mano para decirnos que no corren buenos tiempos para el amor. Hace unos días vi la película ‘Los Miércoles No Existen’ y me preocupó el mensaje desesperanzador, negativo y cruel del mundo de la pareja. Por un momento, quise poner en cuarentena la suma de relatos pesimistas, el cuestionamiento cruel a los quereres treintañeros, pero poco después hice un escaneo rápido a mi alrededor y me di cuenta que es la tónica general. Afortunadamente quedan unas pocas, sanas y estables relaciones, dignas de un altar mayor, que aplaudo y venero con todas mis fuerzas. Pero, ciertamente, son las menos. Por lo general, nos hallamos ante la soltería con frustración y desánimo o frente a un miembro/a asociado/a a una pareja disfuncional, de difícil entendimiento, pero en conveniente estado de ¿confort? Respeto esta opción de vida, pero me parece un castigo innecesario. Querer bien parece difícil, pero hacerlo mal deliberadamente, a sabiendas que esa historia es el peaje a la infelicidad, no me acaba de cuadrar. Que hay personas dependientes, que no saben estar en soledad… Lo sé, durante un tiempo lo padecí. De ahí que ahora pueda escribir esto y aconsejar a cualquiera a estar bien (o mejor) desde la individualidad y desde ahí esperar que el destino o Cupido hagan el movimiento adecuado. Ese que difícilmente llega si nos replegamos o nos escondemos tras una pantalla de ordenador o móvil.

La tecnología está enterrando el misterio de la seducción. Consumimos cual fast food a personas, olvidando sentimientos y elevando ideales en objetivo de caza. ¿Dónde quedan las personas? En el buzón de eliminados o tras la X de no me gusta. Así, nos dejamos llevar por prototipos que sólo existen en nuestra cabeza. Porque, qué son esos tipos, sino límites que nos imponemos. Desde esa exigencia boicoteamos muchas opciones. Incluso a sabiendas de los pésimos resultados de tal o cual carácter, rasgo o personalidad. O lo que es lo mismo, habitualmente somos nuestros peores consejeros a la hora de hacer el retrato robot a nuestro lover de cabecera. Luego está la comunicación y más bien su ausencia, que da al traste con la mayor parte de los romances. No aprendimos lo necesario de las tramas intensas de 'Sensación de Vivir' o 'Melrose Place' y caemos, sin remedio, en los mismos errores. Parece que la sinceridad, la honestidad, la transparencia quedan reservadas para definiciones del rosco de 'Pasapalabra' y muchos deciden enterrar historias por no hablar con su pareja, ni dejar las cosas claras. Encontrar o encontrarse es algo indescriptible, sí, pero también un ejercicio de responsabilidad que empieza en uno mismo y termina en el otro. Ojalá llegue el momento que nuestras relaciones estén limpias de polvo y paja y se cuenten en otra película (alerta spoiler) con final feliz.  

sábado, octubre 17, 2015

Ni en mis sueños



Sobraron las palabras. Desde lejos sus miradas dialogaron de la forma más fluida que jamás pudo imaginar. Esa que tan bien contaban las películas y que nunca se imaginó llegar a protagonizar. Siempre creyó que la expresión ‘siento mariposas en el estómago’ era lo más cursi del mundo, y se reía para adentro cuando se la escuchaba a sus amigas. Porque sí, tendrían mucho en común, pero su concepción del amor era diametralmente opuesta. Ellas se empeñaban en defender ese romanticismo de nubes de algodón, mientras Lena se distanciaba de los sentimientos edulcorados. Se reivindicaba como racional. Con todas las letras. Aunque aquella noche estaban tan en el suelo como la ropa interior sin costuras que estrenaba, para no marcar gomas antimorbo. En ese momento, por mucho que le costara identificarlo, y más reconocerlo, tenía mariposas máximas revoloteando esas entrañas de acero. En su discurso de soltera con causas, siempre defendió que no existen prototipos, que sus sentimientos poco tenían que ver con esquemas prefijados, que lo suyo era una conexión por encima de físicos… Hasta que apareció ÉL. Ciertamente su sonrisa eclipsaba por sí misma, pero toda la estructura perfecta que acompañaba, ese pelazo con el que jugaba arrebatador, unos ojos que prometían océanos de pasión… Vamos, que si hubiera tenido que dibujar a su príncipe de colores, el azul volvía a decir era ñoño, sin duda era ÉL. Intentó disimular, jugando con su copa, perdiéndose entre los surrealismos ajenos, pero volvía a reencontrarse con el mejor ejemplar que fusionaba la química y la física que jamás hubiera soñado.

Mientras las chicas se agitaban espasmódicas al ritmo de la juerga desenfrenada, ella apenas articulaba movimiento, como incapaz de accionarse. Se imaginaba a su lado de un salto, ajena a la realidad discotequera. Jamás pensó que aquel lugar fuera a esconder un tesoro en forma de latidos descontrolados. Su actitud pacata debió llamar su atención, porque no tardó en acercarse y con la mayor naturalidad susurrarle algo al oído. Una mezcla de nervios y reggaetón psicotrópico impidió a Lena descifrar su mensaje. ÉL se dio cuenta de su asombro sorderíl e hizo lo que un galán de telenovela. Agarró su muñeca y, sin carruaje pero con los modos principescos, la condujo a la calle. Ese trayecto le pareció tan eterno como mágico. El roce de su piel anticipaba unos fuegos artificiales premium, nada de burdas repeticiones o petardazos de mucha mecha y poca chicha. Fuera, Lena siguió en su estado catatónico, mientras ÉL se presentaba encantador, le interrogaba por su curiosidad buscándole toda la noche, interesado en saber si tenía o no competencia… Su mudismo fue la respuesta más precisa, que encontró premio, en forma de un beso largo y vivido. “Si besan bien, follan mejor”, decía su amiga Yess. ¿Por qué no comprobarlo? ÉL tenía el guión perfecto, sabía qué teclas tocar para mariposear a la mujer de hielo. Pocas palabras más y un ático de soltero de oro fue la siguiente parada. El contexto perfecto para perderse a dos entre espasmos inolvidables. Eléctricos. Frenéticos. La suma del uno más uno fue su mejor matemática en aquella noche, que comenzaba con una Lena escéptica y acababa como una Lena deseada y desfogada, orgasmos mediante.

-         — Tía, Lena, te has quedado frita. Pero has debido tener un sueño húmedo, porque tenías un careto de feliciana.
-         — ¿Qué dices? ¡Qué vergüenza! Pero tengo un pálpito, hoy tenemos que salir…

Ilustración | Pablo Sikosia

domingo, octubre 04, 2015

El Banquín



Si el lugar de todos pasa por la ansiada felicidad, el suyo se reduce a un banco. Sin banqueros, sólo con listones de madera. Tan astillados por el paso del tiempo como ellos. En un barrio cualquiera, frente a unos vecinos cualesquiera, su rutina pasa por habitar ese microcosmos de confidencias en voz baja, entre cameos de extraños y chascarrillos del entonces compartido. El mismo que les pasó por encima, por tomar malas decisiones y meterse en un círculo peligroso. Aquello no eran malas compañías, eran decisiones inocentes sin cálculo de daños finales. Los que escribieron muchos que hoy contemplan el banco desde su infierno no terrenal. Los yonquis de la realidad ningunean a estos otros, convertidos en zombies por la gracia de sus excesos. Familias rotas, silencios incómodos, miedos sin resolver… Sus historias no se cuentan, porque pasaron las páginas demasiado rápido y nos cuesta acercarnos sin prejuicios a su universo. Miramos con desdén su cotidianeidad, esa en la que el tiempo no importa. Sin sobresaltos ni opas hostiles. Siempre ahí, impertérritos, cual funcionarios de sus pésimas elecciones.

En su cárcel de extrarradio las marujas cuelgan las coladas, comparten el último cotilleo y la oferta del súper, otras compran el pan embatadas y con zapatillas de andar por casa. Los Manolos de turno se toman sus blanquines, entre bravuconadas varias. Estudiantes hiperbólicos aporrean sus teléfonos y dan patadas al diccionario. Autobuses siguen su ruta a destiempo, con el hastío de pasajeros. Algún perro se acerca, sí, recibiendo el grito ipso facto de sus dueños, con alergia a su verdad. Nadie se preocupa por lo que ellos sienten. Ni los comerciales de verborrea infinita gastan un ápice de energía en venderles el último pseudo-chollo. ¿Cuántos son? ¿Cómo viven? ¿Llegarán a casa y contarán su día en ‘el banquín’? O será al revés, justo en él se desahogan y son ellos mismos. No les importa sus ropas, nada saben de las deportivas último modelo, del coche que causa furor en el mercado, ni tampoco de móviles del más es más. Encuentran en plena calle, ajenos a todo, su mejor versión. Porque es precisamente allí, donde todas esas personas perdidas se encuentran. Un saludo cabeceado basta, una mirada compartida, melancólica y de dolor une más que un grupo de WhatsApp. Construyendo una amistad a sorbos, chutes o caladas, pero haciendo que su historia, tan denostada por el mundo real, sea menos triste en su contexto irreal. Y, quién sabe, quizás, ellos sí sean felices. 

martes, septiembre 15, 2015

Isabel fuma Nobel



Hace tiempo que el mundo del corazón estaba pidiendo a gritos algún latido de más, para llenar minutos de tertulias y conversaciones de peluquería. Hemos pasado una crisis de personajes e historias de segunda, demasiado contaminados por el submundo televisivo y sus criaturas de estercolero. Terelu tranquila, lo tuyo es otra historia. Pero, cual heroína de lo rosa y el baldosín, Isabel Preysler ha sabido mantenerse y dar carnaza en el momento más inesperado. Después de ser la mujer florero y ambiciosa por excelencia, se pensaba que explotaría más su faceta de viuda de… Pero no, ella necesitaba reconstruir su emocionario y encontró el latin lover perfecto. Así, lo que muchos han bautizado como Jurassic Love, se ha convertido en el dime y direte de otros tantos. Tan excesivo como inaudito, este amor ha sorprendido por lo incongruente de las partes. Una ex, de sangre y apellido, enfadada y enterada por los medios, unas hijas de portada y declaraciones previopago, unos hijos empajaritados encantados de la cobertura, el silencio elegante de la reina, los primeros tweets del escritor… Al tercero ya anunció su boda para el año que viene y el director de la revista del saludo se frota las manos.

Más allá del luto y del divorcio de aquella manera, aquí la edad juega un papel muy importante. Yo defiendo que el querer nada tiene que ver con el DNI de sus protagonistas, pero me resulta curioso el hilar fino de la socialité filipina de frente prominente. Sé que su círculo es tan de jet y todo eso, pero esta capacidad para superarse en el cónyuge y su billetera me resulta dudosa. Puede que, en la sombra, esta esbelta y elegante señora se haya dado a la pasión con fontaneros, camioneros o taxistas, pero su CV está marcado por su exquisitez horizontal. No creo que lo necesite para mantener sus contratos publicitarios, parece más una perversión personal de encamarse con hombres de nombre importante y dar envidia a todas las cuquis, pituquis y filuquis de su exquisita urbanización. Una pregunta que no puedo dejarme de hacerme, en una de las primeras citas, ¿haría una visita guiada al Premio Nobel por cada baño de su casoplón? ¿Habrán dejado que la lujuria se desatase, piel con piel, entre tanto lavabo VIP? El otro día en Nueva York brillaron con luz propia y dieron discursos épicos, escenificando un poderío y un magnetismo, sólo apto para las casas reales. La suya se escribirá en grandes párrafos, hasta que ella vuelva a sobrevivir a su amigo/amante y emprenda una nueva búsqueda de compañero de exclusivas. Ambrosio tiene mucho que decir sobre esto… 

martes, septiembre 01, 2015

Sin uvas no hay paraíso



Anoche no tuvimos capa de Ramontxu, doce uvas, champán ni lentejuelas. Pero quien niegue que asistimos a la auténtica NocheVieja, poco asume en sus carnes el calendario. Y es que hoy, 1 de Septiembre, comienza el año nuevo. El real, sin dobleces, con toda su carga de propósitos, ilusiones, retos, ansiedades y ese largo etcétera que cada cual escribe en sus agendas. Es ahora cuando nos planteamos todas esas tareas pendientes, esos idiomas imposibles, esa lucha contra la lorza, esas conquistas aún sin nombre… Aspiramos a voltear nuestras carencias, jugamos con la idea de encontrar nuestra mejor versión, esa que siempre nos queda pendiente de escribir. Y, queramos o no, entramos en un bucle complicado. O no conseguimos ese listado kilométrico y nuestra frustración se torna en ansiedad. O bien nos pasamos en redefinir nuestro yo y la tontunez nos despista inexorablemente. Así que más vale tener cuidado y no  ser presos de estos anhelos de otoño incipiente.

Cierto es que llega un momento que incluso esta fecha pierde esa inercia genial, la de los días marcados, el uniforme, la mochila y demás complementos del buen vivir. ‘A primera experiencia’, citando a un sabio, reconozco que hace tiempo que me despedí de esa corriente y me enfrento a un nuevo mes nueve con incertidumbre. Ahora más que nunca. En mi ‘despacho’ casero pesa la hoja en blanco, la duda y el dolor de un contexto difícil. En el que buscar trabajo se convierte en un videojuego de misión imposible y hablar de estabilidad parece un mal chiste contado a destiempo. Me encantaría vivir despreocupado, no dar importancia a todo lo que me atormenta, reírme sin miedo ante tanta absurdez, pero me cuesta. Y mucho. Me pienso y miro atrás, orgulloso de tanto esfuerzo, consciente de los altos precios que tuve que pagar, aunque parece que no fueron suficientes. Así, con todo esto, me da mucha pereza este Septiembre que viene a agitar los días de tantos y las conciencias, supongo, de otros. En mi caso, me hace algo más pequeño. Y eso me da mucha rabia, lo reconozco.   

jueves, agosto 20, 2015

Gracias a ti, Lina



Hoy todos estamos agradecidos y emocionados. Nos resistíamos a despedirnos de ella, pero ha llegado el momento de bajar el telón y dar el último gran aplauso a Lina Morgan. Una estrella como pocas, que hizo del humor su modo de vida. Tanto que quizá se olvidó de sí misma y relegó su vida personal en pro de los escenarios. Hoy me vienen a la memoria tantas noches en familia, especialmente con mi abuelo, disfrutando de sus éxitos en televisión. Aquellas revistas míticas, sus gags surrealistas y, cómo no, las películas que tienen un hueco reservado en nuestras retinas. Como loco bajito e insensato jugaba desde bien peque a recrear esos mundos que ella protagonizaba. ¡Qué atrevimiento por mi parte! Me atrapaba su capacidad para conquistar la pantalla, sin ningún artificio, sólo con su arte innato. Era, sin casi, patrimonio nacional, aunque a diferencia de otras compañeras fuera discreta al máximo. Mientras unos especulaban, ella se esforzaba por seguir dando rienda suelta a su pasión: el espectáculo. Siempre con su mirada tan vivaracha como triste, vacía por momentos.

Vivió y actuó con frenesí, sin perder nunca su personalidad. Ya podía doblar torpemente sus piernas, torcer el morro cual gansa o defenderse como la sempiterna solterona. Fuera como fuera, cautivaba. En otro país le hubieran rendido un homenaje en vida como merecía, con estrellas, boas y lentejuelas, pero aquí pecamos de injustos. Hoy muchos se limitan a morbosear con su final y juzgar su decisión de morir prácticamente sola. Dicen, quienes la conocían, que no quiso que la recordaran enferma, mermada, incapaz. Por eso se retiró e hizo del silencio su último gran papel. Y hasta en eso fue única. Allá donde esté seguirá arrancando sonrisas y bajando las escaleras con un porte inimitable. Porque no necesitó ser una mujer florero, ella era todo el ramillete de talento, del que hoy carecemos. Muchas actrices de ego supino tendrían que aprender del ejemplo profesional que representaba Lina. Sin ella el teatro y la comedia españoles se quedan muy huérfanos. No te robaremos nunca el estribillo que hizo Historia, solamente te podemos decir, gracias a ti por tanto sonreír. 

sábado, agosto 15, 2015

Inmunes



El más difícil todavía hace tiempo que salió de las carpas de los circos, para instalarse en nuestra realidad. Cada día, la actualidad se ha recrudecido con noticias que van de lo rocambolesco a lo dantesco. Y, especialmente, en el apartado de sucesos. Siempre han ocurrido historias fatales, pero los últimos años asistimos a la sobreexposición de finales inverosímiles, personajes que ni el más retorcido guionista hubiera parido, hechos que ponen de punta algo más que los ‘pelos’, directamente el alma. Nos hemos ‘acostumbrado’ a que informaciones así sean el pan nuestro de cada día, pasando de la plena atención al olvido, cual fast food de titulares. Se ha caído en la espectacularización del suceso en sí mismo, reconvertido en material que arrasa en audiencias, visitas digitales y agota tiradas de periódicos. Las otroras tertulias infinitas en televisión de latidos corazonales han mutado en mesas con expertos, que escrutinan datos y perfilan a implicados, víctimas, sospechosos, vecinos y familiares. Todo, con un tufillo morboso, que hace perder el sentido trágico. La gente consume, de forma voraz, este tipo de información, relegando el trasfondo por lo superficial. Así, creo que nos estamos convirtiendo en inmunes frente al dolor.

Son tantas las bofetadas, los vuelcos que nos han provocado este tipo de situaciones, que hemos perdido totalmente la capacidad de empatía. Eso sí, sacamos nuestros peores instintos a la plaza pública. Es donde muchos se erigen de sabios. Hablamos de las redes sociales, donde juzgan y comentan al libre albedrío y, una vez expresada su posición, pasan a otro tema con igual vehemencia. El libre pensamiento se ha formateado en reality show. Es el resultado de la estrategia de muchos medios y profesionales, que han considerado que lo emocional vende. Y mucho. En este tipo de exposiciones trágicas es el complemento perfecto, porque consiguiendo que la ‘opinión pública’ sea partícipe, estiran un contenido altamente eficaz. Mucho criticaron programas de los noventa, con rubia presentadora trasnochada y preguntas cogidas con pinzas de anatomía forense, pero lo que hoy, día a día, se ve en nuestros canales es la actualización de aquellas imposibles narraciones, esos silencios que hacían daño. Entonces, como hoy, primeros planos, foco en el drama, intensidad provocada hasta la lágrima y ¡zasca!, éxito. Como ciudadanos, tenemos que reconsiderar nuestro papel social y no entrar a este tipo de juegos macabros. Por respeto a los auténticos protagonistas del horror. Basta de especulaciones baratas y minutos catódicos prefabricados. Una muerte, un asesinato, un acto de violencia no tiene que ser, jamás, carne de share.  

miércoles, julio 29, 2015

Vésame



Era amor. Así lo sentí. Aquella noche no prometía nada. El más de lo mismo con las chicas. Nos sabíamos a fuego la coreografía de cada juerga de verano. Mismos bares, idénticas copas, absurdos con palabras encendidas. Estaba harta de sentirme dentro de un bucle. Sí, estábamos de vacaciones y parecía que se imponía brindar a lo tonto, sonreír por nada y bailar espasmódicamente. Sabía que me llamarían rancia o aguafiestas, pero cogí mi cartera de mano multicolor, besé a quien pude como despedida y me encaminé hacia casa sufriendo los tacones. Siempre llevo los auriculares en el bolso y la noche estrellada me pedía una banda sonora acorde. Tenía ya puesto el derecho, a punto de completar el par, cuando oí un silbido. En otro momento no hubiera hecho caso, pero era tarde, la calle estaba desierta y no era por creerme nada, pero era claramente para mí. Me giré y entonces le vi. ¿De dónde había salido? Apoyado contra la pared, cual James Dean, con una simbólica camiseta blanca. Sus ojos azules prometían mares de sensaciones, incluso desde bien lejos. Se quedó quieto, esperando que, cautivada, me plantificara frente a él y le dijera, por lo menos, ¿quieres ser el padre de mis hijos? El auricular izquierdo truncó sus expectativas, una vez bien colocado, me di media vuelta con cara de ¡y tú de qué vas, chavalín! y continué con mi camino. No llevaba ni dos acordes de un temazo cualquiera, cuando me tocaron el hombro. Me volví enérgica con un mi palma abierta para posarse contra la jeta del jeta de turno. Era él, más encantador en las distancias cortas, parando mi bofetón impulsivo con una sonrisa de anuncio. Soy Carlos. Me quedé tan parada, que no me salían las palabras. Te he estado observando toda la noche, continuó. Debí parecerle gilipollas, porque seguía embobada repasando esa cara perfecta, su mirada que prometía historias, aquellos labios que aseguraban escándalo. Perdona nosécómotellamas, si te molesto me voy. Me reí, con una de esas risas que llevan asociada una cara de tonta importante. Las mismas que de peque eras incapaz de ocultar con el chico que te hacía tilín. Y este, sinceramente, me hacía tolón, tolón. Perdona, me has asustado. Lo siguiente que recuerdo es que nos fundimos en un beso largo, húmedo, como rodado a cámara lenta. Aquella gallardía tuvo recompensa, pues me dejé llevar y acabamos refugiándonos en un portal cercano. No hizo falta verbalizar nada, porque las construcciones linguolabiales monopolizaron el contexto.

Pasados unos besos de más… Soy Marta. Encantado. Y continuamos el ceremonial de conocernos. Mi piel parecía feliz, con la carne vibrante de festín. Nunca me había pasado enzarzarme así, sin prolegómenos, con tanta intensidad. Vivo cerca.  En ese momento se me aparecieron todas las Vírgenes a las que nos hacían rezar en el cole cada mañana. No era ninguna mojigata, pero siempre había pretendido una coherencia sexual, y tener unas cuantas citas base para que entraran en la mía para marcar un tanto. Hasta el momento lo había cumplido, pero Carlos, ay, Carlos. Se levantó, evidenciando que algo más estaba en lo más alto, y me llevó espontáneamente. Aprovechando, eso sí, todo el camino para seguir buceándonos. Ni en mi mejor película podía imaginar un coprotagonista así. Llegamos a su casa. No me pidas detalles, porque no sabría dártelos. Se quitó la camiseta blanca, los vaqueros, limitándose a unos slips, también blancos, que no podían ocultar que tenía mucho amor que dar. ¿Estoy depilada? Me ofusqué por un momento pensando en los pelos o no pelos, pero si los había no parecía importarle. Me recorrió con ganas, hundiendo su mejor versión para trasportarme lejos, sellando varias veces mi pasaporte de la pasión. ¿Orgasmo? De limón y todos los sabores. Aquello no fue una escena de cama, fue una saga perfecta, bien escrita a dos. El calor del verano nos pegaba, pero así, juntos, hicimos historia. Al menos, en mi historial de niña en busca de querer. Dormimos desnudos y abrazados, terminando en un fundido a negro. ¿Fue real?, dirás. Claro que lo fue. Irrepetible. Porque a la mañana siguiente hubo desayuno perfecto y más besos, una auténtica orgía de salivas. Y así se acabó todo, porque Carlos desapareció. Su explicación, sincera y directa. Es verano y en verano yo escribo los besos con v. Hoy contigo y mañana, quién sabe. Pero limitarse es un error. Me quedé tan cuajada, que sólo pude recoger mis cosas y escapar con la música a otra parte. Adiós, vesos.